Jacobo y Estusha.
Autor: Lizette Arditi

 

El ser perdido

Lorenzo León Diez



En búsqueda del ser es un diario del vieja de Jacobo Grinberg a la india
Jacobo Grinberg-Zylberbaum
Instituto Nacional de Estudio de la Conciencia
1987


En búsqueda del ser es un diario de su viaje a la India, donde estuvo recorriendo pueblos y ciudades alrededor de un año. Es un registro minucioso de siete meses: del 28 de enero al 4 de julio, quizá del año 1985 ó 1986.
¿Por qué escogió Grinberg este formato para dejar constancia de este periodo, sin duda de los más confusos y dolorosos que vivió y que nos lo muestran completamente desnudo, víctima de un estado extremo que iba de la más terrible depresión a estados extasiáticos, con puentes entre uno y otro sembrados de dudas, incertidumbre.
Es muy asombroso ver cómo Grinberg, que había sido iniciado por Panchita, se ve envuelto en una búsqueda que se manifiesta como una experiencia que tendría graves consecuencias en su vida.
Mientras Grinberg no aparezca o retorne estaremos ante una pregunta abierta. En este libro podemos vislumbrar la dimensión de su aventura y su temeridad, pues Grimberg ya no quería tener intermediarios con Dios, sino verlo frente a frente, a la cara:
A mi me persiguen los intermediarios de Dios. Al primero lo conocí hace más de dos décadas en un kibutz israelí. Un espíritu hablaba a través de su boca contorsionada por un rictus extraño. Veinte años después, conocí al Rey Cuauhtémoc a través del cuerpo de Panchita. Me enseñó a aceptar la supervivencia después de la muerte y me mostró la posibilidad de establecer un contacto con Dios a través de un intermediario. También conocí a Master en un monasterio. Miróme desde una fotografía de ojos omnidireccionales. Completamente calvo y dueño de un cráneo gigantesco, su figura parecía la de un ser extraterrestre sentado ante los controles psíquicos de un platívolo circular y elíptico de roca negra labrada. Una vez llegó a Tepoztlán Molanda, una mujer que tenía la misión de buscarme para decirme, mientras se convulsionaba en un trance: La búsqueda de la totalidad por la totalidad misma y la experiencia del manejo de esa misma unificación por el unificador, podía desembocar en la destrucción. La totalidad, me dijo, crea manifestaciones y sólo a través de estas es dable conocerla. Lo otro es peligroso e imposible. ¡El todo no puede conocer al todo en forma directa: el riesgo es muy grande y el resultado de tal osadía sería la desintegración.
Cuando Jacobo llega a la India es quizá uno de los iniciados más avezados del conocimiento que contiene la palabra brujería. Su sensibilidad refleja una India substancial pero a la vez substanciada en una individualidad obsesiva, pues Grinberg no encuentra la paz y va de un gurú a otro gurú, que incluye en el dominio de esa estelaridad a Sai Baba, de quien dice:
Siento que es una mente que no tiene ego. Es como Pachita, pero mil veces más poderosa. Me está protegiendo y me está internando en una atmósfera psíquica cuya cualidad más notable es la ausencia de dudas y la sensación de que cualquier cosa es posible.
Pero semanas después nos encontramos a un Grinberg, que escribe que definitivamente Sai Baba trastornó mi mente. Hace una hoguera con sus retratos, el incienso y otras cosas que le había regalado.
Luego de una cadena de experiencias con Goneka, Maharajá, lama Jeshe, Maetsumi, dice estar asqueado de los gurús, los caminos y las enseñanzas de esos seres que sólo traen desgracia al mundo y acaban con la fe sustituyéndola por sus imbéciles ritos y estructuras. Al reeler su diario se da cuenta que habían intentado manejarme desde dentro como si quisieran poseerme.
La conclusión de este recorrido es estremecedora: Estoy convencido que algo en la India me volvió loco. Se percata que el pueblo hindú es muy represivo. En realidad tiene una doble personalidad. Por un lado es sabio y espiritual y maneja un poder psíquico colosal. Por el otro es estructurado y represivo. El hindú es atontadamente concreto. En el área sexual, por ejemplo, sufre un retraso mental agudo. En su temor y respeto por la autoridad llega al absurdo.
Quien esperaba encontrar un himno a la sabiduría y mitología hindú se lleva al final un chasco. Grinberg es despiadado, la siente como tenebrosa oscuridad, locura, maldición. Empieza a sentir una gran indiferencia hacia todos sus problemas y un gran desprecio hacia ese país que tanto he idealizado. Es increíble que exista en mi una mezcla tan triste de autoevaluación, autocastigo, miedo al cambio y verdadero masoquismo.
En fin, En Búsqueda del ser resultó todo lo contrario de lo que esperaba Grinberg. Puede ser que el título más cercano haya podido ser La pérdida del ser.
La honestidad de Grinberg es siempre muy impresionante y este libro es un testimonio, como ningún otro, de su carácter. Hasta este momento no lograba resolver su emoción en relación a su esposa LIzette y su hija Etushka. Ambos nombres son un fuego ardiendo siempre en su pecho. “Regresaré a salvar mi familia poniendo toda i potencia”, escribe en algún momento de optimismo, sin embargo siempre está el dolor de esa lejanía que ha establecido con ellas, sobre todo de su hija, de quien teme ya no lo va a necesitar, pues está creciendo.
Grinberg sufre de una oscilación radical de sus estados de ánimo:
Sé que tengo una misión y que ella es más grande de lo que me imagino. Tiene que ver con el estado de la conciencia, con la luz que alimenta la esencia del hombre, con lo que sostiene la mente y el corazón humano.
No he creído y no creo en nada, no tengo proyectos o fantasías, no deseo nada ni nada me atrae, no comprendo nada, no siento nada, nada me asombra y todo lugar me parece lo mismo. Estoy vacío y todo es vacío, en ocasiones me despierta el amor pero no tiene objeto ni medida ni lugar. Y luego quiero ver a mi hija y de pronto siento que ella ya es grande y no me necesita y de pronto quiero ir a Israel a estudiar Cábala, pero tampoco dura. Lloro y río y alterno entre ser y no ser, no mantengo nada, nada quiero, nada espero pero todo espero y en el fondo del cielo de mi mente me entero que no vivo.
Grinberg está enojado, está casi rabioso:
Todo lo que he dicho es una mentira y yo mismo también la soy, lo único que me sostiene es ver estas letritas y además Dios que es el Yo Puro, que es Buda, que está dentro de mi mismo aunque todos estos gurús hipócritas devora mentes y sus devotos hiperretardados mentales traten de demostrarme lo contrario.
No comprendo porqué de nuevo vine al budismo.
Mi mente desea regresar a México a llorar.
Fui a mi cuarto y lloré, lloré por mi mismo, por todos, por mi vida, por Etushka, por el budismo, por la ausencia de esperanza, por mi incapacidad de tomar decisiones, por mi amor instantáneo y fallido hacia Beck, por India, por mi mamá, por mi mismo.
Cierto. Estamos ante un Grinberg dramático, vencido. Es un estado conmovedor que enseña cómo su mente e intelecto había llegado al límite y no había aprendido a amar en forma total.
Incluso afirma al referirse a Pachita: Ví poderes inmensos con Pachita y lo que más me gustó de esa maravillosa mujer era su capacidad de amar y no su milagroso trabajo de curación.
La lectura de estos apuntes nos enseña como Grinberg se siente incapacitado para dar un paso, para cambiar:
Cuando estoy a punto de hacer un cambio me lleno de temor, me paralizo, siento que mi vida va a terminar, que mi mente será destruida, que no existe luz en el firmamento de mi espíritu. Es terrible, sobre todo porque es nuevo, antes no me sucedía.
Es una situación trágica, sobre todo de quien había aprendido con Pachita que un ser humano puede hacer milagros y seguir siendo humano.
Grinberg, como todo ser mental, como casi todos nosotros, vive una dolorosa limitación que es la información y la racionalización incesante de la vida. Los intermediarios de Dios, como él los llama, son personas más desarrolladas para estar en contacto con el Ser, y siempre o casi siempre pertenecen al pueblo humilde de cualquier país.
Grinberg escribe con el tono de desesperación que domina el Diario: Puedo amar sin necesidad de conocer. Y en el punto y seguido inmediato: Mi mente desea regresar a México a llorar.
Es una punzante nostalgia que le provoca la similitud entre la India y México:
La energía de Hairakhan se parece mucho a la de San José del Pacífico, en Oaxaca , a la de Puerto Escondido en el mismo estado. México es divino y la similitud energética de un lugar tan poderoso como Hairakhan y Oaxaca me confirma que es en México en donde el contacto se realiza inclusive sin quererlo. Sin swamis ni técnicas de meditación, sino así, simplemente en la vida diaria.
A Delhi la volví a sentir con la misma energía, presencia y vibraciones que la ciudad de México en un día domingo.
No es Grinberg el único que lo hace notar. Octavio Paz ha escrito su visión o su vislumbre de la India, donde esta referencialidad es insistente. Por cierto, una visión muy distinta que la de Grinberg y muy lejana también. En otra entrega reseñaré con relación a la de Jacobo, la versión de Paz, que incluye, por supuesto el mono gramático.
La glosa de En Búsqueda del ser no toda es negatividad, tiene imágenes como esta al conversar con el santo Darsham Singh Era Arabia, era las mil y una noches, era la fantasía más desbordada, la música sufi, la poesía musulmana. El Sahara, una duna de arena en una noche estrellada, la luna vista a través de una palmera. El Islam y su vida misteriosa y llena de inspiración.
Pero esto cae al poco rato, a los pocos días, como el artificio con que se revela, el escritor no logra creerla y crearla:
En realidad yo sólo era un ser despreciable, incapaz de mantenerme vivo, confiado y optimista. Un ser que se ha desperdiciado en la dispersión más absurda y, ahora, lo único que existía era un dolor sostenido por un vacío de muerte.
Jacobo Grinberg se sumergió en varios continentes humanos: la ciencia, donde se dedicó al estudio psicofisiológico del cerebro y desde donde creó su teoría de la Sinergia: el de la brujería mesoamericana, que le mereció siete volúmenes; el del judaísmo, pues su sentido de identidad está ligado poderosamente con el ser judío. (amor a lo que no tiene forma o final); y el del hinduismo. ¿Hay mente que aguante esto? Es una pregunta que algunos me hacen cuando les describo el amplio campo de sus intereses.
Es importante considerar que no se trata solamente de un estudioso o un erudito. Grinberg es parte de la experiencia que narra. El flujo de su escritura se comporta de acuerdo a una variedad de modelos: el tratado científico y didáctico (sus libros de psicofisiología son textos escolares en las universidades del mundo), el reporte de investigación y laboratorio que es citado por autores como Deepak Chopra para argumentar sus exposiciones; la novela, la poesía, los cuentos, y como en este caso, el Diario.
La unidad de su pensamiento es en casos como el texto que comentamos, enigmática, cuando dice: en mi vida dedicada a la investigación psicofisiológica logré demostrar (a través de la teoría sintérgica y el concepto de procesador central) que el cerebro no es necesario para mantener la conciencia.
Grinberg va hacia los gurús hindis tendiendo un puente desde el poder que le habían dado en México Pachita, Don Lucio, el granicero de Morelos y los indios de Nepopualco.
Y es evidente que las relaciones entre los brujos mesoamericanos y las relaciones entre los gurús son igual de complejas, pues, aunque no lo quería, Grinberg cae en las redes del poder de los gurús:
Le dice Mahari:
Ve aver a tu Laxam Jhu a Srinagar, a tu budismo tibetano, y cuando quieras llegar a aprender a mantener el gozo y el Ser vuelve a mí.
Grinberg se la pasa en trenes, camiones, hoteles en tránsito hacia las comunidades de los santos.
El yoga tan intensivo del ashram me está provocando dolores de espalda y la falta de proteínas me tiene en un estado de hambre permanente que no se calma con nada. Cada vez que practico Vipassana es como si abriera un río de recuerdos del pasado muy lejano y la mezcla de hambre, dolores y recuerdos me tienen en un estado deplorable.
Grinberg está en una aventura realmente peligrosa en esta búsqueda de la paz. La duda que me salta es ¿qué no la pudo lograr luego de sus experiencias con los brujos mexicanos? Aquí nos encontramos un Grinberg asustado, incluso supersticioso. En todo están los signos astrológicos y siempre el hexagrama del I Ching, él mismo se da cuenta de esto y se reprueba.
En el flujo de estas densidades psíquicas están siempre sus reflexiones originales, que las trae a cuento como una necesidad de autoafirmación en ese océano de viencias físicas, psiquicas y espirituales:
Todos los seres sintientes somos lo mismo, nuestro origen es el procesador central, la esencia de la conciencia, lo que es Uno y transforma patrones energéticos en experiencias cualitativas conscientes.

Quien había llegado a estas conclusiones está ahora sometido a unahonda depresión que nos enseña tan noblemente la naturaleza de un hombre que tocó la verdad de sí mismo sin negar mostrar la fragilidad de su individualidad. (Lorenzo León Diez).

 

 

Ciclo Literario.

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