Jacobo y Estusha.
Autor: Lizette Arditi

 

El sacrificio mexica en dos relatos

Lorenzo León Diez


Uno de los actos centrales en la cultura teocrática mesoamericana, marcadamente en la mexica pero propio de todas las civilizaciones del territorio central de América, es el sacrificio humano.
Este acto está presente en el relato de la conquista y en la representación plástica y escultórica de esas milenarias culturas.
En la reelectura de los manuscritos de frailes, soldados e indígenas nobles hispanizados y latinizados, y en el sinnúmero de interpretaciones modernas de esas imágenes, el sacrificio representa uno de los actos que estamos aún lejos de comprender y explicar.
Al ser destruida la cultura mesoamericana este acto fue el argumento más importante para justificar la moralidad de la conquista y el triunfo del Dios occidental sobre ese mundo de dioses oscuros, cuyos celebrantes, libros pintados, ídolos, enseres rituales, y todo lo que podría llamar a esos demonios, fue acabado por el mazo y el fuego.
Todos están de acuerdo en que el sacrificio humano era una representación civil o pública y cuya raíz en la conciencia colectiva yace "oscura, ajena y primitiva", como escribe Hugh Thomas, el historiador y poeta inglés, en su libro La Conquista de México. (Ed. Patria 1994) "Asombrosas, a menudo espléndidas y eventualmente hermosas barbaridades".
La arqueología y la antropología tienen un catálogo importante sobre este tema, que simbolizó a las culturas descubiertas como objeto de la condenación. La imagen del sacrificio tenía su correspondencia en el mito cristiano, como aparición de lo infernal pero también de lo divino y sagrado.
Por ejemplo la imagen eclesial del sagrado corazón de Jesús, la bebida de su sangre en la liturgia y la lectura de la palabra bíblica en el libro de San Juan (6,53,55,57): "En verdad les digo que si no comen de la carne del hijo del Hombre y no beben de su sangre, no tienen vida en ustedes. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Quien me come vivirá en mi".
Esta doctrina fue masivamente divulgada entre los indígenas, fundamentalmente en el conocido teatro de evangelización.
Y lo que se trataría de saber es qué procesos de conciencia se experimentaban en el acto sacrificial. Pero para ello realmente no tenemos mucho en el relato de la conquista, pues como textos teológicos que son, el sacrificio existe como el signo que satura una gama de vocablos: abominable, terrible, sanguinario, despiadado, cruel...
Las preguntas sobre esto tienen delante silencio cuando apartamos los adjetivos que los registran.
Poco a poco, sin embargo, se empieza a abrir esa cortina que guarda el pasado de los habitantes originarios de mesoamérica, antes de que aparecieran los soldados y clérigos de España.
La antropología, como todas las disciplinas y especialidades modernas, distingue entre ciencia y magia. Iván Sprajic, que describe hermosamente el rito sacrificial del juego de pelota a partir de una página del libro pintado de los mexicas conocido como Códice Borbónico, (La estrella de Quetzalcóatl Ed. Diana 1996) lo hace con la opinión de que los "procedimientos de la magia se parecen a los de la ciencia, pero su base son asociaciones falsas de ideas: los principios mágicos no son leyes científicamente comprobadas sino creencias tradicionales de la comunidad".
Estas visiones características de la cientificidad (lo binario verdadero-falso) no obstante pueden describir el fenómeno religioso como lo hace el arqueoastrónomo Sprajic no puede penetrarlo en su significado y en su operación materializadora.("Los continuos rebotes de la pelota imitaban el eterno movimiento de los astros; así como el sol se desplaza de un lado del mundo al otro, la pelota brincaba de uno al otro extremo de la cancha; así como Venus, durante un periodo de visibilidad matutina o vespertina, aparece sobre el horizonte, en los días siguientes asciende al cielo y, de nuevo, desciende hacia la tierra, también la pelota subía y bajaba sobre la cancha")
Dos relatos
¿Qué diablos hacían en sus pirámides esos sacerdotes que vestían pieles de desollados? La arqueología, que es la ciencia de los escombros, tiene piezas como: la que está en el Museo de Antropología de Xalapa, donde vemos un personaje con una piel humana sobre sus hombros, que confirman la existencia de estos sacerdotes.
Con la intención de desplazar hacia otro relato lo que allí sucedía, iremos a las investigaciones de Jacobo Grinberg- Zylberbaum sobre el chamanismo mexicano y sus investigaciones en el campo de la energía Sintérgica (vocablo que une energía- síntesis).
Aunque Guy Rozat no desarrolla ni amplía su concepto de "pensamiento de la acción ", creo que el relato de Pachita (Ed. Heptada 1990) -a través de la cual habla una entidad nombrada como el hermano Cuahutémoc- es tan válido como el relato de los conquistadores sobre el sacrificio.
Porque así como no sabemos a ciencia cierta nada sobre el sacrificio tampoco lo sabemos sobre la cirugía mexica.
Esta entidad que hablaba y operaba en las manos y voz de la famosa curandera de cuyas intervenciones hay registros fotográficos, dice: "Nunca hicimos sacrificios, hacíamos loque has visto". (pag. 203) Pachita permitió entre sus ayudantes no solamente a personas de su familia y de su círculo social, sino a médicos y hombres de ciencia, como Grinberg. A ellos le dijo, una vez que terminaban la jornada de consultas y operaciones: ¿Qué pensarían si en este momento entrará la policía y me viera rodeada de jóvenes cubiertos de sangre?".
Esta pregunta es pertinente en relación al otro relato, el de la conquista, pues para nosotros, como dice Guy Rozat, se trata de "un mundo extraño y lejano con el cual no tenemos ninguna relación verdadera más que con la imaginación".( Fronteras semióticas. escritura y alteridad en las crónicas Novohiospanas).
Los testimonios del relato indígena y de ciertas representaciones arqueológicas, sobre la práctica de asesinatos rituales y canibalismo, puede ser interpretada de las más diversas maneras. Por ejemplo, Cristian Duverger en su libro La flor letal (FCE 1993), se pregunta: "El cuchillo del sacrificio ¿no desempeña en la sociedad azteca la misma función que el reactor atómico o el acelerador.de partículas de nuestras sociedades contemporáneas?"
Grinberg escribe (e imaginemos aquí que Pachita está actuando sobre una pirámide): "Con ella aprendí que la individualidad se conserva aún después de la muerte corporal". Supongamos que "el pensamiento de acción" del sacrificio implica un nuevo fundamento de la materia. Un cuchillo de monte, una mesa de madera desnuda.
"No hay anestesia, no se suturan las heridas; apenas hay dolor, los operados ríen mientras sus entrañas y su sangre nos bañan".
Es una penetración a las diferentes escalas y niveles de conciencia que se corresponden con el cuerpo prehispánico, pues los personajes que estudia Grinberg están vinculados a ese pasado, pero no solamente como tradición, como etnia, sino se trata de la manifestación del "pensamiento actuando" a través de un cuerpo ("No come, tampoco duerme. Su corazón es un marcapasos cósmico, su carne es sólo apariencia") sin el cual todo es inexplicable o explicable como asunto pagano y a destruir.

Entonces es preciso una arqueología del cuerpo mágico de la antigüedad prehispánica. Y para ello no son suficientes los relatos de la conquista, que están acotados por sus propios límites simbólicos y que hacen decir a los interpretes occidentales, como Hugh Thomas:  “La misericordia y la compasión eran emociones tan desconocidas para los mexicas como fueron para los griegos de la antigüedad". (Lorenzo León Diez).

 

 

Ciclo Literario.

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