Jacobo y Estusha.
Autor: Lizette Arditi

 

De la Solidez a la Transparencia, El Cerebro y la Conciencia.

Lorenzo León Diez


El cerebro consciente
Jacobo Grinberg-Zylberbaum
Trillas, 1979


Nuestra conciencia es un tentáculo de Dios.

JGZ

La obra de Jacobo Grinberg-Zylberbaum está en peligro de ser olvidada y existe el riesgo de que las nuevas generaciones carezcan de un referente científico y espiritual que explica y da coherencia a acontecimientos que comúnmente caen en el ámbito de lo mágico y esotérico, cuando el esfuerzo de este investigador mexicano fue aclarar y relacionar dos mundos que han estado separados por fuerza de la razón y el dogmatismo: la mística y la ciencia.

Desde su misteriosa desaparición en 1994, los más de 50 libros de Grinberg no han vuelto a editarse, por Trillas, donde aparecieron fundamentalmente sus libros de carácter científico, y por el Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia (INPEC), que él fundó. Y si se han reimpreso algunos, como Pachita o Los Chamanes de México, se ha hecho al margen del reconocimiento de sus derechos como autor heredados por su hija Estusha Grinberg Arditti.

No obstante la trascendencia de sus aportaciones al mundo de la ciencia y de la espiritualidad, Jacobo no tuvo discípulos que continuasen su trabajo ni en el laboratorio de psicofisiología ni en el trabajo de campo.

Es importante para la cultura de nuestro país que se reediten la totalidad de sus libros y que los jóvenes se acerquen a uno de los más audaces aventureros que abrió para la ciencia los misterios de la naturaleza de la conciencia humana.

En Ciclo hemos reseñado algunos de sus libros. Ahora, recorriendo los estantes de la librería oaxaqueña La Proveedora Escolar nos encontramos con El cerebro consciente (Trillas, 1979), dedicado a la memoria de Alberto Einstein.

Una de las razones de que la obra de Grinberg esté ausente de los referentes periodísticos se debe, por supuesto, a la complejidad y originalidad de sus planteamientos. Es casi imposible glosar, para una lectura popular, el alcance de su visión que resuelve en forma contundente, con las herramientas de la razón, lo que hasta hoy se consideran como fenómenos paranormales o extrasensoriales, pues estamos en el umbral de una nueva era en la cual la tecnología se trasladará del uso de máquinas herramientas, al de influencias cerebrales directas sobre la materia.

En este libro Grinberg argumenta y explica los mecanismos y procedimientos psíquicos que intervienen para lograr la visión remota, la levitación, la materialización del espacio, los viajes instantáneos y la existencia simultánea en varias localizaciones espaciales, entre otras experiencias documentadas por la tradición espiritual, pero también por reportes científicos.

Del espacio

Grinberg creía que el espacio es una entidad organizada que es base y fundamento de la percepción organizada. De esta manera, un árbol visto por la retina se transforma en señales nerviosas. Es la imagen, precisamente, en cuya creación Grinberg identifica un concepto central para su teoría de la sintergia (vocablo formado por los términos síntesis y energía): el campo neuronal (surge como producto de las interacciones tridimensionales entre la activación electroquímica de los miles de millones de neuronas que forman el tejido cerebral del hombre y de otros animales). Dice que a través de millones de años de evolución, hemos desarrollado una serie de mecanismos neuronales, los cuales, aplicando una lógica algorítmica (“conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”), decodifican la información contenida en cada punto del espacio y la transforman en un campo energético, el cual, interactuando con la organización del espacio, da como resultado la aparición de una imagen.

No obstante, nuestra capacidad perceptual aunque extraordinaria, deja fuera las ondas de radio, los rayos cósmicos, el infrarrojo y el ultravioleta. Esto se comprende en la transparencia. En efecto, la diferencia entre la transparencia y la solidez es, no más y no menos que el grado de organización. Así, la materia es una organización del espacio que el cerebro humano y el de otros animales es capaz de decodificar y reducir a un algoritmo neuronal, mientras lo que llamamos transparencia y ausencia de materialidad es una organización del espacio tan compleja que no somos capaces de decodificar.

En otro sentido el oído del murciélago está en el mismo espacio que el nuestro, percibiendo una realidad sonora que nos es completamente desconocida. Es, pues, indudable, que no percibimos la mayor parte de la información contenida en el espacio. Es inconcebible sostener que nuestra realidad perceptual es la única existente y, aún más, es imperdonable olvidar que nosotros somos sus creadores. Puesto que vemos espacio, en cualquier localización concreta en que nos hallemos “conviven” simultáneamente realidades insospechadas.

Grinberg  afirma que la materia es percepción simultánea de millones de porciones de espacios; la transparencia es incapacidad de percepción simultánea de porciones de espacio, es organización tan compleja que su decodificación es imposible. Es decir, transparencia significa incapacidad de percibir el todo común.
 
Los ejemplos que da Grinberg para ilustrar esta abstracción teórica siempre son fascinantes: probablemente los seres humanos que vivieron en este planeta hace millones de años, veían como espacio transparente algunas de las cosas que nosotros hemos aprendido a percibir como objetos materiales. Y viceversa, probablemente en algunas etapas del desarrollo de la humanidad los hombres veían como objetos materiales lo que nosotros en la actualidad vemos como espacio transparente. En la Edad Media, por ejemplo, era conocimiento y experiencia común y compartida la percepción de gnomos, espíritus y apariciones etéreas. En algunas tribus del Amazonas, en nuestros tiempos, los indios son capaces de solidificar perceptualmente el espacio y utilizar esta visión para levitar.

Otro ejemplo es el LSD, su ingestión afecta de tal forma el sistema nervioso que (en muchos casos) el mundo, tal y como lo conocemos, desaparece para dar lugar a cambios energéticos geométrica o hipercomplejamente dispuestos en un espacio que deja de ser transparente para convertirse en un mosaico de filigranas y diseños preciosistas. La única forma de explicar tales percepciones es suponiendo que la droga permite un acceso directo a niveles inclusivos más cercanos a la periferia sensorial.

Con la direccionalidad de la experiencia, que es logro de un manejo cada vez más unificado y abstracto de la información, Grinberg se explica el fenómeno de la proyección astral o la extraordinaria falta de temporalidad de los procesos telepáticos. Ambos fenómenos requieren, para empezar a ocurrir, que el sujeto visualice la imagen del receptor (en el caso del mensaje telepático) o el lugar del espacio que desea visitar (en el caso de la proyección astral). De esta manera, siendo el pensamiento un patrón energético en interacción con la estructura del espacio, cualquier cambio bien focalizado del producto de la actividad cerebral necesariamente influye en otros niveles de realidad. Los shamanes utilizan esta técnica continuamente. Recrean mediante su pensamiento una situación y le dan direccionalidad. Pronto se observan efectos notables en el mundo “físico” y en otras conciencias.

Una de las conclusiones es que el cerebro es el que crea la transparencia del espacio y la materialidad de los objetos. Por ello, tribus que utilizan alucinógenos frecuentemente pueden llegar a un grado de maestría en su capacidad de percibir organizaciones espaciales.

Grinberg considera a la organización cerebral como una especie de materialización lógica del espacio, y la conciencia como propiedad emergente sería el pináculo de toda una organización inclusiva. El científico ve un continuo espacio-célula-cerebro, resultante de transformaciones dimensionales de contenidos lógicos. Esto ya lo sabían los escritores del I Ching, quienes encontraron una semejanza espectacular entre lo que sucede en la naturaleza y lo que sucede en la conciencia.

Del tiempo y el espacio

Grinberg determina que el espacio parece ser igualmente o más complejo en su organización que el cerebro (el cerebro es un universo lleno de estrellas y al igual que el universo extracorpóreo crea campos energéticos de complejidad espeluznante), por ello piensa que el espacio debería ser consciente, aún más consciente que un cerebro, el cual, en una última instancia, no es más que una materialización del espacio.

Grinberg postula que cualquier cambio en la organización del espacio se manifiesta como tiempo. El tiempo es, entonces, una alteración en la organización del espacio. Así, el cerebro es capaz de convertirse en espacio y crear experiencia y conciencia. Apunta que no existe un solo tiempo, sino tantos como categorías o cambios de organizaciones. Multitud de distintos tiempos conviven en cada uno de nosotros; el envejecimiento es sólo un desequilibrio entre nuestros diferentes tiempos. Por ello, la sabiduría es la comprensión del tiempo.

 

Sería imposible reseñar la cantidad y profundidad de los términos grinberianos: (cuantum mínimo de espacio, redundacia de cuanta y contenido informacional, entre otros), pero todos llevan a definir la conciencia, que es, en sus fundamentos, el mayor misterio; en sus acciones, la más increíble maravilla. La acción de transformar los tiempos que nos rodean en experiencias en su sino.

Jacobo Grinberg vivía intensamente la investigación y la construcción teórica y experimental de la fisiología psíquica, la física cuántica, la química...pero también estaba inmerso en la experiencia mística, el shamanismo, la meditación, el yoga...nadie como él abarcó tan diversos campos de conocimiento: la investigación cerebral, la cábala (por su origen judío), el hinduismo, la brujería mesoamericana...y pocos han incursionado en tantos géneros de escritura: el tratado científico, el cuento, la novela, la poesía, la biografía,  la crónica, el ensayo...podemos decir que no hay nadie aún en México que esté investigando su obra, relacionando en un corpus la variedad de sus intereses.

Por ello sus afirmaciones científicas siempre están ilustradas con la experiencia espiritual: No solamente el tejido cerebral es capaz de crear campos energéticos. En realidad, cada órgano del cuerpo, como organización viva, se asocia a un campo de energía. La contención shamánica, según la cual el hombre es un ser luminoso, se refiere a la creación de campos energéticos resultantes de la actividad orgánica y celular.

Pero no solamente un organismo vivo desarrolla campos energéticos (las llamadas auras son otro ejemplo de alteraciones energéticas orgánicas expandidas en el espacio). No es arriesgado decir que ciertos trazos deben provocar efectos energéticos peculiares; el simbolismo religioso y místico debe estar basado en lo anterior.

La densidad de la obra grinberiana no deja lugar a dudas de que el campo neuronal afecta el tiempo, la fuerza gravitacional, efectúa materializaciones y desmaterializaciones de objetos (como el conocido caso de Uri Geller, que altera la composición química de metales) y permite prácticas extraordinarias tales como la levitación y el manejo de objetos físicos a distancia, entre otros fenómenos.

Concepto central de la teoría sintérgica es la experiencia, que es el resultado de la actividad cerebral. Es todo lo dado, desde el mundo visual hasta el pensamiento más abstracto. La experiencia, en resumen, se localiza en el espacio en el cual se expande un campo neuronal junto con la estructura cerebral. Por ello, al percibir el mundo nosotros somos quienes materializamos el espacio.

Manejar el tiempo es la transformación de un tiempo en otro. Grinberg habla de un tiempo global, como conjunto de todos los tiempos. Establece también  que técnicas como la de expansión del presente o la de acortamiento del tiempo constituyen la forma en la que el manejo del tiempo aparece ante la conciencia. Recordemos que en otro libro, Los chamanes de México, registra la experiencia de los graniceros de Morelos, concretamente la experiencia de Don Lucio, que es un trabajador del tiempo y su labor consiste, precisamente, en hacer llover.

Grinberg escribe acerca del límite de la expansión del presente, lo que denomina parar el tiempo: yo mismo y otros colegas –dice- hemos sido capaces de expandir la duración de nuestro presente hasta el grado de mantener inmóvil el segundero de un reloj.

En este libro de exposición meticulosa y de gran eficacia comprensiva, no obstante su complejidad y abstracción, Jacobo Grinberg bosqueja la teoría psicofisiológica del campo unificado. Esto quiere decir que, lo que vemos, oímos y sentimos es tan parte nuestra como nuestra piel y nuestro estómago. Morimos innumerables ocasiones y revivimos incontadas veces. Somos simultáneos y al mismo tiempo seriales. Sobre todas las cosas, creamos experiencias y determinamos conciencias.

Jacobo Grinberg fue visto por última vez el 8 de diciembre de 1994, unos días antes de un viaje que debía emprender a la India y a Nepal para impartir unas conferencias, destino al que nunca llegó. La naturaleza de su trabajo en el campo de la conciencia y su repentina ausencia han dado lugar a todo tipo de especulaciones que van de las “terrenales”: una vida conflictiva y de torturada relación con las mujeres (con él desapareció o se ausentó su compañera, con la que se había casado, llamada Teresa o Terita), a las que involucran intereses afectados por sus investigaciones en el área de la tecnología y el militarismo, pasando por las versiones de carácter esotérico o mágico.

Hasta ahora, no hay respuesta sobre lo que pasó con Jacobo Grinberg, una de las inteligencias más avanzadas y de mayor honestidad en la ciencia, la espiritualidad y la cultura. (Lorenzo León)

 

 

Ciclo Literario.

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