Jacobo y Estusha.
Autor: Lizette Arditi

 

Buscando al doctor Grinberg

Sam Quiñones

New Age Journal de Julio/agosto de 1997

Traducción Canek Castillo


Jacobo Grinberg se está metiendo en mi vida. Hasta hace poco yo no tenía ni idea de él. Y luego, como suele pasar, me lo encuentro a cada paso que doy. La otra noche el amigo de un amigo vino a verme porque se acaba de mudar a Xalapa, y quiere organizar unos talleres sobre temas varios. Cómo llegó a contarme de un cuate que había sido secuestrado por el gobierno para hacer misiles dirigidos psíquicamente, no lo sé. Pero uno o dos días después pasé a la Escuela de Escritores y Lorenzo León: me recordó a Grinberg y hasta me pasó un : artículo que acababa de bajar de la Internet.
Cuando volví a ver al amigo, le platiqué de éste y entonces reaccionó: “¡ése es el cuate de quien te platiqué el otro día! ", añadiendo que: al parecer apareció recientemente (Grinberg), en un asilo psiquiátrico, pero no tengo confirmación. Ahí les va, como introducción al misterio Grinberg.

"Otra idea que Padilla (el comandante de policía a cargo de la investigación sobre la desaparición de Grinberg) ha considerado involucra a Carlos Castaneda. La relación entre Grinberg y Castaneda era complicada, una mezcla turbulenta de mentes inquietas y egos poderosos. Una vez Grinberg escribió de su admiración por el autor reclusivo, diciendo que Castaneda había influenciado su manera de pensar acerca del chamanismo. En 1991,Grinberg, su esposa y Tony Karam visitaron a Castaneda a invitación del último en Los Angeles. Ahí, dice Karam, Castaneda propuso que Grinberg dejara su laboratorio en la UNAM para irse a vivir a su comunidad. Grinberg declinó. Su relación se desintegró durante un viaje que Castaneda hizo a México dos años después. Los amigos y la familia de Grinberg lo recuerdan llamando frecuentemente a Castaneda ególatra, más interesado en el poder que en la verdad. También recuerdan que Tere (la esposa de Grinberg) se quedó enamorada de Castaneda y su grupo. Los alumnos la recuerdan hablando de su amistad con Florinda Donner, una socia de Castaneda.
"Es una línea de investigación", dice Karam, quien hasta hace poco tenía lazos cercanos con el grupo de Castaneda. "Es un mundo muy extraño. La gente que se mete en ese grupo tiende a cortar lazos con el resto del mundo.
Nadie vuelve a saber de ellos nunca más. De todas maneras, he hablado de esto con ellos muchas veces, y me han dicho repetidamente que no saben nada al respecto. También parecen estar muy tristes al respecto. Padilla dice que no tiene evidencia de que Grinberg o su esposa estén con Castaneda: a través de un portavoz en la ciudad de México, Castaneda ha declinado hacer comentarios.”
Para más detalles sobre Grinberg, y su relación con doña Pachita, aquí hay más extractos del artículo "Buscando al doctor Grinberg", por Sam Quinones, del New Age Journal de Julio/ Agosto de 1997. El artículo empieza:
"Para Jacobo Grinberg Zylberbaum, 1994 fue un muy buen año. Claro, el resto de México se estaba desenvolviendo rápidamente. Los campesinos se habían rebelado en el estado sureño de Chiapas, el candidato presidencial del partido gobernante y su secretario general acababan ambos de ser asesinados y el año acabó con una devastadora devaluación del peso. Pero para Grinberg, el científico neurólogo: más controvertido de México, 1914 marcó un punto alto en lo profesional.
En su laboratorio en el departamento de psicología de la Universidad Nacional  Autónoma de México (UNAM), en la ciudad de México, registró las ondas cerebrales de un chamán, Don Rodolfo de Veracruz, en estado de trance. En Agosto, llevó estos hallazgos a una conferencia internacional en Alemania y regresó radiante por la respuesta.
El libro de Grinberg sobre su influencia seminal, Bárbara Guerrero, la curandera ciega conocida como Doña Pachita, sería finalmente publicado en inglés. Una beca generosa del Consejo Mexicano para la Ciencia y la Tecnología le estaba permitiendo comprar computadoras que harían en segundos cálculos que alguna vez habían tomado semanas.
Mientras tanto, habían más invitaciones a conferencias y seminarios. Después de casi veinte años en su laboratorio, estaba recibiendo reconocimiento  internacional, aún si su trabajo era en gran medida menospreciado por sus más tradicionales colegas mexicanos.
Seguro que los problemas conyugales con su segunda esposa, Tere, mantenían estresado a Grinberg. Ella, de 38 años, quería hijos desesperadamente. El, de 47, tan desesperadamente como ella, no los quería. Pero Jacobo Grinberg tenía todas las razones del mundo para quedarse con ella.
Luego, en diciembre, Grinberg faltó a algunas citas con estudiantes. Dos días antes de su tan esperado viaje a Nepal el 14 de diciembre, faltó a su propia fiesta de cumpleaños. Cierto, era impulsivo a veces, y además, Tere dijo que había tenido que ir al estado de Campeche repentinamente.
Pero Tere llamó después a un estudiante para pedirle que cuidara el laboratorio mientras ambos estaban en Nepal.
Esto era extraño porque Grinberg siempre había transmitido este tipo de mensajes él mismo.
Cuando Grinberg no regresó de Nepal conforme a lo planeado, nadie todavía pensó mucho en ello. Había estado emocionado por conocer al gran maestro de meditación dzogchen Tsoknyi Rimpoché. Todo el mundo asumió que probablemente había alargado
su estancia. Pero las semanas se volvieron meses. Hicieron llamadas a Nepal, a la embajada de India, a conocidos de otros países, a una tía en Israel que planeaba visitar en el camino. Nada. Ni un registro de que Grinberg o su esposa hubieran salido siquiera de México.
Era mayo de 1995, seis meses después de su supuesto viaje a Nepal, cuando finalmente se dieron cuenta amigos y familiares que Jacobo Grinberg había desaparecido por completo.
Fueron a la policía, hasta ahora, sin resultado. A dos años y, medio de su desaparición no se ha encontrado huella de él, vivo o muerto. Todo lo que queda son sus libros, sus teorías, recuerdos de un hombre complejo, y un caso de persona extraviada que tiene confundidos a su familia, sus amigos, y a los investigadores de la policía.
La familia de Grinberg dice que su vida adulta estaba dividida en dos fases: la primera secular, académica, y científica, la segunda mística. Pero en los últimos: años antes de su desaparición, las dos fases: parecen haber formado parte de su personalidad.
Hombre profundamente espiritual, Grinberg se había mudado de casas donde sentía una mala energía, creía que una vez había volado, y mantenía un cuarto de meditación donde se alineaban libros y fotos de gurús. Judío semipracticante, buscó a grandes pensadores de la cábala. Sin embargo también discurría de temas como análisis del campo eléctrico del cerebro, y era el único profesor en psicología de la UNAM que entendía del funcionamiento de un osciloscopio.
"Ninguno de sus colegas creía en lo que estaba haciendo, pero si había una gran mente en el departamento era la suya", dice Dulce María González, alumna de Grinberg. "Todo el mundo iba a preguntarle cómo hacer una medición de onda cerebral, cómo interpretar cierta información, por ayuda para su propio trabajo."
De los más de cincuenta libros que escribió Grinberg, algunos son textos estándar de neurofisiología en muchos países latinos; otros son leídos como misticismo religioso. Grinberg parecía encaminado a fundir las dos partes de su propia alma en su trabajo.
"Ese era su principal objetivo, tratar de encontrar una manera de justificar toda esta visión mágica del mundo a través de la neurología científica", dice Tony Karam, director, de la casa Tibet ]en la ciudad de México y amigo cercano de Grinberg.
La teoría por la que Grinberg llegó a ser conocido reflejaba su personalidad.
Basándose en la física y en sus experiencias con curanderos, un poquito de Einstein, un poquito de Doña Pachita, su mensaje esencial era cálido y  esperanzador: toda la humanidad está interconectada. Grinberg pasó casi toda su vida de adulto tratando de probar esta idea. Si tuvo éxito o no es un debate que continúa en su ausencia.
En 1977, Grinberg regresó a la ciudad de México a un puesto de docente en la UNAM. Alrededor de este periodo produjo algo de su trabajo más importante puramente científico. Escribió y publicó varios volúmenes sobre la fisiología del aprendizaje y la memoria, uno subrayando nuevos directores (sic) en psicología fisiológica, y uno sobre percepción visual. Pero también conoció a la persona que, él lo escribiría después, lo influenciaría más que ninguna otra:
Bárbara Guerrero, una ex cantante de cabaret y vendedora de billetes de lotería que de niña había peleado con Pancho Villa. Doña Pachita, como se le conocía, era curandera.
Pachita podía entrar en estado de trance durante el cual el espíritu de Cuauhtémoc, sobrino del gran gobernante azteca Moctezuma, ocupaba su conciencia. A través de Cuauhtémoc, Pachita curaba a los enfermos. O más bien, según Grinberg, realizaba operaciones exitosas sin anestesia, usando un cuchillo de monte. Remplazaba órganos enfermos por otros que aparecían de la nada, escribió. Grinberg pasó muchos meses observando las operaciones de Pachita y hablando y viajando con ella. El admitía que sus descripciones de las operaciones sonaban delirantes, pero insistía en que las había visto.
Sus experiencias con Pachita también influenciaron su pensamiento científico.
Grinberg se convenció que el campo neuronal que él había postulado interactuaba con lo que él llamaba una "matriz de información", un concepto complicado que sus alumnos todavía tienen dificultad para explicar. El creía que la experiencia y la percepción eran creadas como resultado de esta interacción, y que el poder curativo de los chamanes y curanderas como Pachita venían de su habilidad para acceder a la matriz de información y cambiarla, afectando por consiguiente la realidad.
Esta destilación de misticismo y ciencia exacta lo emocionaba. Para mediados de los ochentas, Grinberg estaba profundamente metido en la investigación de lo que se convertiría en siete  volúmenes sobre los chamanes de México. Pero lo que atrajo la atención de los científicos de otras partes fueron los experimentos que empezó a hacer en su laboratorio de la UNAM.
Grinberg diseñó un experimento... usando a dos personas en vez de una. Pusieron a los dos sujetos, con electrodos en la cabeza, en un cuarto oscuro, y les dijeron que intentaran lograr una especie de unión meditativa. Después de veinte minutos, mandaron a uno a un cuarto aparte. La persona que permanecía en el cuarto era estimulada con una serie de destellos luminosos o sonidos mientras registraban sus ondas cerebrales. Las ondas cerebrales de la persona aislada también eran registradas. En 1987 Grinberg grabó por primera vez una reacción simultánea al estímulo de parte de la persona aislada, no estimulada, un fenómeno que llamaba "potencial transferido". A través de los años, con equipo cada vez más sofisticado, documentó potencial transferido el veinticinco por ciento del tiempo, según escribió. Era un hallazgo notable, totalmente contrario a los principios de la corriente científica dominante.
Grinberg creía que ello le daba soporte a su teoría de un campo neuronal que conecta a todas las mentes humanas.
Sus colegas mexicanos ridiculizaron los resultados tachándolos de imposibles ¡Qué coincidencia que los resultados apoyaran una teoría que Grinberg ya tenía! Un colega sugirió que estaba midiendo interferencia causada por las máquinas.
E. Roy John se contaba entre los que creían que los experimentos no eran legítimos. "El tipo de pruebas a los que deberían someterse estos datos es bien conocido", dice John. "Con seguridad él sabía cuáles eran esas pruebas y nunca las aplicó. No creo que él fuera deshonesto de ninguna manera, pero ciertamente se hacía muchas ilusiones."
Sin embargo otros estaban entusiasmados con los resultados. "Los experimentos parecían muy buenos", dice Amit Goswami, profesor de física en la Universidad de Oregon y asesor de Grinberg, "establecieron que existen conexiones no locales entre cerebros, entre personas".
Karl Pribram, uno de los decanos de la neurología estadounidense junto con John, estaba lo suficientemente intrigado como para venir al laboratorio de la UNAM dos veces.
Pribram encontró interesantes los experimentos pero no concluyentes. "Si lo que estaba encontrando era cierto, podría ser muy, muy importante", dice, "pero creo que su trabajo necesita mucha confirmación y pruebas en otros laboratorios".
Los experimentos de Grinberg indujeron, de hecho, a un grupo a tratar de repetir sus resultados. "Su trabajo era seguramente uno de los más importantes que se estuvieran desarrollando en el mundo", dice Perry Andrews, director del Human Connection Project (Proyecto Conexión Humana) en la ciudad de Nueva York. "Establecer que la humanidad toda está interconectada es probablemente la cosa más importante que la humanidad necesita saber hoy en día.
Y así estaban las cosas más o menos cuando Jacobo Grinberg fue visto por última vez. 
El caso Grinberg es uno que genera todo tipo de especulaciones. Casi la única limitante a las posibilidades es que los amigos y la familia de Grinberg están todos de acuerdo en que él nunca hubiera dejado su trabajo o a su hija sin decir porqué. Eso echa abajo la teoría de que pudiera estar en una comunidad de chamanes o de gurús en algún lugar. Pero cualquier otra cosa es digna de considerarse.
Los investigadores quedaron aún más intrigados al rastrear el movimiento de Tere (su esposa) al momento de la desaparición de Grinberg. El 9 de diciembre, un día después de que él fuera visto por última vez, cobró un cheque de su distribuidora de libros por $1000. El siguiente día, le dijo al guardia de su casa de campo en el vecino estado de Morelos que no se presentara a trabajar, diciendo que su esposo había volado a Guadalajara.
El 14 de diciembre, le dijo a la madrastra de Grinberg, cuando él faltó a su fiesta de cumpleaños, que se había ido a Campeche y que se irían a Nepal en cuanto estuviera de regreso.
El 24 de diciembre, se apareció en la casa de Morelos con una mujer rubia extranjera. Se fue con su perro, utensilios de cocina, ropa, y una mesa.
Un vigilante del departamento de la pareja en la ciudad de México dice que Tere se mudó el 29 de diciembre, aunque su contrato no expiraba sino hasta marzo. Esto fue tres semanas después de que Grinberg fuera visto por última vez. Por ese tiempo, un hombre se presentó con el perro de Tere en la casa de su madre con un recado de Tere pidiéndole que cuidara al animal.  El perro sigue allí. Su madre primero le dijo a la policía que no había hablado con su hija en años, pero encontraron registros telefónicos que mostraban que ambas habían tenido reiterado contacto a finales de 1994.
Dónde pasó Tere los cinco meses siguientes no se sabe. Sin embargo, en mayo de 1995, apareció en la casa de su tía en Rosario Beach al sur de Tijuana. Se quedó como dos semanas, llamó a su madre en el día de las madres, y después se fue. Desde entonces nadie sabe nada de ella. Al menos nadie quiere decirlo.
Los familiares de Tere dicen todos que ella no mencionó nada acerca de que se hubiera casado y que la primera vez que supieron de un esposo es cuando la policía apareció con una foto de Grinberg. La familia de Grinberg, mientras tanto, vive con la idea de que Tere lo mató, "aunque no creo que pudiera hacerlo sola", dice Hilda Eltermann.
(Cortado...)
"...no tengo un cuerpo, no tengo sangre, no tengo un rastro. No sé", dice Padilla. "De ahí realmente es una cuestión de qué quieras creer. La evidencia
muestra que la esposa está prófuga... que podría estar en los Estados Unidos. Supongo que hay algo ilícito en todo esto y que ella sabe algo al respecto. Si está muerto, vivo o secuestrado es otra cuestión."
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Ciclo Literario.

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