Un dios que perdona

Kenia Cano


 

127 (above, right) A LADY WATCHING HER DOG DRINK WINE FROM A BOWL (above)
bóveda celeste estrellas en mi ropa interior  vacío
mi interior como una bóveda oscura en la que duermo y me recuesto

la sábana un cielo cálido sobre nosotros   
translúcida para leer las horas del día

como todas las niñas hacía casas con mis sábanas
amarraba la tela hacia las cuatro esquinas de la cama
esta vez nadie nos descubriría ni siquiera los pájaros

un vencejo murió en la ventana sólo que no quisimos verlo

los vencejos tienen las alas más cortas que las golondrinas
y según el diccionario se trata de un pájaro común
(right)
nos dimos lo justo   abriste mis labios con tu índice
trazaste colinas blancas      nieve en mis ojos
pero este cuadro es cálido       el cielo crece a mi derecha
ramas de una madre bondadosa me cubren
una línea escrita dice en una lengua muerta lo que nos toca vivir

no me da miedo verte en gozo
(right)
lo justo vertido en un tazón con un árbol
dormidos bajo el árbol
bebidos en el árbol
enredados entre las ramas
vertidos como una lluvia necesaria
sobre un árbol sencillo
solamente árbol
 (watching her dog)
odio los perros pequeños    blancos            encorvados
con cuerpo de gato      sólo me interesa tu ojo negro
como lo que me gusta de mí cuando no me tengo

tengo las piernas apretadas            una tela suave plegada cae
un arroyo de leche para bañarte
uno de mis pies acaricia al otro
(her dog)
tengo la imagen de un caballo erecto en la frente
pero se está borrando y tú eres solamente un perro
(a lady watching)
una viendo en medio de un mundo seco
sé donde hacer con mis ojos agua

mete su lengua descuidada
irrumpe la quietud como cuando me miras sin miedo
(a bowl)
siempre un tazón grande y uno pequeño

¿De cuál beberá el animal?
uno más oscuro que el otro

no se puede beber la claridad

en un recipiente un árbol sin culpa
en otro un templo para aceptar al árbol

a veces soy el perro sediento          otras el líquido dentro del árbol
hoy el listón negro en las bragas                una hoja seca y
presente
la cola del perro agachada sin gracia         el sexo que incomoda            
el injusto     el gozoso         dueño de sí mismo
un jarrón que no habla del cielo y sí de las buenas costumbres
nunca la rosa semiabierta    el capullo limpio        
sí el fondo ocre pálido para que te tiendas
la tierra en la que caen las hojas que no dice el poema
el mensaje de un dios que perdona escrito en raíces que no veo
la blanca laguna que rodea el ombligo desde el que no pasa nada
la ojiva doble que me sugiere         la armonía entre la trinidad   
mis dos ojos rasgados y el hueco rasgado en que me tienes

estoy dispuesta a perderlo todo        ya el mundo me dejó tenderme sobre ti un rato

Fotografía
Ana María McCarthy / 1990

 

 

 

Fotografía
Ferdinando Scianna / 1993

 

 

Ciclo Literario.