70 años de Francisco Toledo
El que dice el camino*

Lorenzo León Diez


 

Oaxaca es la única entidad que mantiene una infraestructura cultural basada en la sociedad civil, idéntica a la actividad de una persona: Francisco Toledo. Si hubiera en el país, no varios, sino otro hombre o mujer como él, otro gallo nos cantara en el alfeizar de la casa de las artes. Aquí existe un collar de instituciones que fundó y anima este artista. Es diferente vivir la cultura institucional a vivir la cultura civil, si este término nos sirve para expresar que se trata de gozar una gama de centros culturales especializados:

las soberbias bibliotecas de literatura y filosofía; la pictográfica, la fotográfica, la de artes gráficas, diseño y arquitectura; la del sistema braille para ciegos; las galerías del IAGO y el Centro Fotográfico Álvarez Bravo; la sala de cine y la videoteca del Pochote; la audioteca, el fastuoso Centro de las Artes San Agustín (CASA), en efecto casa de las artes. Y qué decir de su acervo de fotografía, pintura y grabado, entre otras variantes de la representación visual.
La importancia de Toledo como espíritu libre está en estas realizaciones complejas, que requieren cuantiosos recursos, salarios para mantener en actividad los muchos y hermosos y amplios salones, los patios que son manifiesto de una concepción armoniosa del hecho cultural libre; son recintos gratuitos y abiertos, donde todos podemos entrar y llevarnos incluso a nuestra casa sus libros en préstamo o leer en sus bibliotecas las obras que mantienen en orden una legión de jóvenes devoradores de libros, escritores y pintores algunos de ellos. Los jóvenes encuentran aquí opciones de desarrollo que deberían multiplicarse.
 La acción cultural de Toledo es una manifestación de una raíz muy antigua; si consideramos que Toledo es un artista que hace convivir en su obra mundos arcaicos y modernos, veremos que su obra como promotor cultural tiene correspondencia con su obra plástica. Toledo ha llevado el arte a la vida y la vida al arte porque es precisamente la dualidad “del cerca y junto”  -o sea la tradición indígena que florece en su representación- la que no se conforma con ser solamente un artista, sino un transformador de conciencias.
Toledo con su vida y obra expresa la sabiduría ancestral de las culturas que nacieron en estas tierras y que sutilmente perviven. Si vamos a la metáfora, él es parte de un linaje de sabios que vemos descrito en un viejo texto indígena: oficio de los “que miran, los que se afanan con el curso y proceder del cielo. Los que miran, leen, cuentan o refieren lo que leen, los que vuelven ruidosamente las hojas de los libros, de la tinta negra, la tinta roja, los que tienen a su cargo las pinturas. Ellos nos llevan, nos guían, dicen el camino. De esto se ocupan, de ellos es el encargo, la encomienda, su carga: la palabra divina”.1
    La carga celebratoria, frecuentemente abismal; la ironía de fusiones entre la naturaleza, los animales y los hombres. La imagen toledana del cosmos tiene su dimensión completa en la obra práctica, metódica, organizacional, social. El arte antiguo que respira en la modernidad de su figuración se expande en el acto cultural de quien atiende esta responsabilidad milenaria: su carga, su encomienda  de “decir el camino”.
El artista en la vida moderna está tan funcionalizado que es muy escaso encontrar personalidades que generen en la cotidianidad de su entorno creaciones sociales autónomas, independientes y libertarias.  El caso de un artista como constructor de espacios culturales con recursos de su propia bolsa es admirable y  muchos artistas en otras partes del país lo podrían emular.  Lamentablemente, Toledo es una experiencia  aislada en el territorio de las artes mexicanas. Su trabajo como inversor, gestor y administrador de un complejo cultural no tiene muchos antecedentes entre nosotros. La cultura siempre ha estado relacionada y hasta fundida en las instituciones del estado en México. Esto tiene su explicación en la formación autoritaria y militar del caudillaje cristalizada en el Estado-partido que hasta hace muy poco viene transformándose. Este origen hizo que los artistas y pensadores sólo encontrasen opciones económicas en las estructuras que ellos mismos colaboraron a crear.
Las opciones privadas o civiles han brillado por su ausencia. Al lograr Toledo una generación cultural independiente ocupa una posición que nos ofrece un caro espectáculo: la manera en que una voluntad particular (potente debido a su enorme talento) puede transformar expectativas, visiones, actitudes, vidas.
Por eso, el 17 de julio que se cumplieron 70 años de vida de este oaxaqueño, todos lo celebramos como un ejemplo a seguir.  (Lorenzo León)


1Se trata del Libro de los Colloquios, que a partir de unos “papeles y memorias”, Fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores reelaboraron y pulieron. Este testimonio corresponde a lo que, gracias al estudio de códices, textos en náhuatl y otras fuentes, podemos hoy conocer sobre la religión y visión mexicas del mundo. Los franciscanos vistos por el hombre Náhuatl. UNAM. 1985.
*Las obras de Francisco Toledo que se reproducen en este número pertenecen a la serie Franz Kafka, Informe para una Academia (2005). Cortesía del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO)

 

 

Ciclo Literario.