De esposa de un oficial de la SS,
a modelo de desnudo*

Elfriede Jelinek


Elfriede Jelinek nació en 1946 en Mürzzuschlag, en la provincia de Estiria (Austria); cursó estudios de piano, órgano y composición musical desde edad temprana. En 1967 abandonó sus estudios en la Universidad de Viena, donde cursaba ciencias del teatro e historia del arte, para dedicarse por completo a la literatura. Es autora de novelas, poesías, ensayos, obras de teatro, además de guiones de cine e incluso un libreto de ópera.

 

Fotografía
Helmut Newton / 1987

¿Es escribir el don de la docilidad, del amoldamiento cariñoso a la realidad? Desde luego uno con gusto se amoldaría, ¿pero entonces qué sucede conmigo? ¿Qué sucede con aquellos que en realidad no conocen la realidad?
Siento como si, desde que aprendí a leer, no hubiera hecho otra cosa, y como si a partir de entonces cualquier otra actividad me pareciera un desperdicio de tiempo. Es como si entrara en algo tosco (sobre todo en lo que se respecta al contacto con la gente); probablemente todo sea culpa mía: que leo para no tener que vivir (y por eso también escribo).

E. J. La palabra disfrazada
de carne.
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Los excluidos
Elfriede Jelinek 
Ed. Mondadori
 Barcelona, 2005
Traducción: Carmen Vázquez de Castro.

El señor Witkowski volvió de la guerra con una pierna amputada pero erguido; entonces era más que ahora: estaba ileso, tenía dos piernas y pertenecía a las SS. La firmeza que demostró tener en la elección de su profesión, ahora la pone de manifiesto en la dedicación sin límites a su hobby: la fotografía artística. Sus enemigos de entonces se desvanecieron por las chimeneas y los crematorios de Auschwitz y Treblinka, o cubrieron tierras eslavas. Las mezquinas barreras morales que fueron impuestas a Alemania las franquea el señor Witkowski diariamente mientras fotografía. Estas barreras afectan al pequeñoburgués solo en su vida privada; la fotografía encuentra sus limitaciones en la vestimenta; pero Witkowski hace saltar todas las barreras de vestimenta y moral. El señor Witkowski tenía una visión perfeccionista de su hobby. ¡Quítate la ropa, Margarethe, vamos a hacer unos desnudos! ¿Desnudarse otra vez? Siempre se te ocurre justo cuando estoy limpiando la casa. ¿Quién sino yo mantiene a esta familia?, pregunta el señor Witkowski, que soy pensionista de día y portero de noche. Después de mi lesión, lo único que me alegra la vida es mi hobby, la porno-fotografía. Para la gente madura no existe la pornografía, solo para aquellos que tienen que ser manipulados, y puesto que mis hijos no me secundan en mis aficiones, tendrás que hacerlo tú, Margarethe. Y ahora, date prisa que la máquina está esperando a ser disparada. ¿No me puedes fotografiar vestida como hacen otros? No, eso puede hacerlo cualquier fotógrafo de pacotilla. Además, yo les saco doble partido a las fotos, primero cuando las hago y luego cuando las someto a juicio crítico. Los pasos intermedios de revelado y ampliación también me divierten. En el arte siempre hay que pensar en el resultado final. También entra en la foto tu autodominio. El talento de un artista se ve, entre otras cosas, en el fondo llameante de sus ojos.
Entonces, manos a la obra: un ama de casa, que se está arreglando en la cocina, es sorprendida por un extraño. Intenta cubrirse, pero a su alcance solo encuentra objetos inapropiados, como un trapo de cocina. Este no le tapa, gracias a Dios, lo más importante. Y lo importante es lo que interesa. Como, además, la mujer es algo torpe, se tapa lo que no tiene que taparse, y deja al descubierto lo mejor. Vamos, Margarethe, tú puedes.
Pero, imbécil, ahora te has dejado en la sombra lo más importante, el coño. ¡Si lo estoy haciendo igual que la última vez! Eso es lo que está mal, tienes que hacerlo cada vez de manera distinta, para que se produzca un efecto artístico original. Tú déjalo en mis manos, ¿quién es el especialista aquí? Tú, Otto. Bueno, pues eso.
La madre, que había conocido días mejores (como esposa de un oficial de las SS), ahora convertida en la mujer de un artista, se esfuerza afanosamente por lograr la perfección pero no hace más que empeorado todo.
Tienes que adoptar una expresión de miedo. Vencer obstáculos siempre es excitante. En la guerra tuve que vencer muchos y liquidar a mucha gente yo solito. Hoy me tengo que fastidiar con mi pierna, pero en aquellos tiempos las mujeres se me tiraban al cuello por el encanto del uniforme. ¡Era tan elegante…! Todavía recuerdo que en ciertos pueblos polacos la sangre nos calaba las botas. Adelanta un poco la cadera, idiota, ¿dónde has vuelto a poner la almeja? Ahí está...
La señora Witkowski tararea una melancólica canción de Koschat acerca de un banco de abedul. Está pensando en un campo de trigo y en un paseo al aire libre, cosas que difícilmente se le pueden insinuar a un cojo, ya de entrada porque puede destrozarle la disposición de ánimo. El padre piensa en el campo del honor en el que no ha sabido mantenerse, y para contrarrestarlo se ocupa de la educación familiar, para que la cerda de su mujer no se la pegue con hombres sanos. No puede vigilarla constantemente, y ¿qué es lo que hace cuando va a la tienda del panadero?
La señora Witkowski dice que de vez en cuando es necesario respirar aire puro. Aire puro te voy a dar yo a ti, contesta el señor Witkowski mientras le lanza un objeto contundente contra el hombro que la hace estremecerse. Me va a salir otro cardenal. Cállate, puta. Tampoco exijo tanto. ¡A que te doy con las muletas! Antes me hubiera abalanzado sobre ti, algo que ahora ya no puedo hacer porque un cojo no puede abalanzarse sobre nadie (le costaría demasiado trabajo volver a levantarse). Es como el pez, que, a pesar de no tener columna vertebral, nada con gracia y elegancia. Por eso soy un excelente fotógrafo. ¡Y ahora, espatárrate!

Mi ojo clínico acaba de advertir que no te has lavado el pelo como te ordené. Tengo que lograr una calidad sedosa, no de estropajo desgreñado. Llevas mucho tiempo obstaculizando el camino de realización personal que he encontrado en la fotografía de desnudos. Me gustaría romperte el cráneo cada vez que te resistes a acompañarme en mis excursiones al reino de la fotografía. Pero si yo no me resisto, Otto. (Transcripción. Aria Cavamonas)

 

 

Ciclo Literario.