Coriciana Jazz Quartet

Rodrigo García


La música se escuchaba en todo el Parnaso. Pan, Trane, Monk y Orfeo. Lento, melancólico. Un fondo de calmo piano marchaba sutil, entremezclándose con hojas y maleza. Las manos de Monk parecían estar sobre toda Coriciana. Era fácil perder conciencia de él, a pesar de estar todos sus escuchas cautivos. Olvidar un momento el piano para advertir la lira. Abruptamente se apercibían de que estaba allí, sin saber hacía cuanto. Abruptamente se encontraban solos con el piano, y en el momento en que la ausencia de la lira se había hecho aparente, brotaba otra vez.
        Aquí llegó la flauta de Pan. Como de muy lejos, cual tren vibrando en el riel antes de dejarse escuchar. Más y más fuerte, acercándose, ineludible y poderosa, un momento. Y cuando llega crece. Es imposible seguir el movimiento de sus dedos o distinguir una nota de otra. Pan toca a una velocidad vertiginosa; los sonidos que se sucedían parecen simultáneos y la siringa se agita de un lado a otro, su peso parece hundir al dios en la tierra. Se revuelve como serpiente. Ataca los oídos.
Entonces Trane avasallador explota en notas que hacen temblar el Parnaso. Un furioso luchar contra la lira que lo envuelve; jalado por la siringa constrictora, enredads en los pies por el piano de Monk. Pan disminuye su fuerza. Y si Dioniso está allí, embriagado, el sax lo levanta y el sonido de la flauta le sirve otra copa que apura de un trago. Porque el sax se libera lleno de energía y los toma a todos por los oídos y grita y se encuentra solo. Trane se levanta y revoluciona. Mira hacia abajo, al Parnaso. Y después, se cansa. Pan, Orfeo y Monk están inmóviles. El sax decae. Un segundo queda Coriciana en silencio. En vacío. Nadie respira.
Pero el piano y la lira retoman sin burla y lo inundan todo. Si Dioniso está allí quiere reír de tensión liberada, pero alguien le sirve otra copa y él disfruta; se recuesta en su piel felina. Thelonius da un paso atrás y acompaña.
Ahora Orfeo y la flauta conversan, se seducen; uno pensaría que se prestan a hacer el amor pero de pronto estallan y el Parnaso araña la tierra. Pan se posee por la siringa sabor a uva y el sonido se levanta en espiral y danza al ritmo de Monk.
Y el piano ahora es líder en el aire; y poco a poco baja, hasta casi tocar el suelo pero se eleva otra vez, baja y sube más, baja y sube más. Baja. Y antes de tocar el suelo Trane regresa en un largo solo. Un solo melancólico, magnífico. Orfeo y Monk retoman.
Después sólo Orfeo y los vientres se contraen, se anudan. La lira avanza. Se detiene. Sigue. La cacofonía de Orfeo y otra vez se contiene el aire en los pulmones. Desgarra. Acaricia y escupe. Muerde. Y nadie sabe cómo resisten las cuerdas al ver los dedos tensos. Y si Dioniso escucha, no respira. La lira suena.

La flauta la silencia. Pan avasalla y luego se lleva su sonido. Poco a poco  como un tren. Y cuando ya se ha ido, sólo resta Monk que lleva un piano calmo que acaricia, y la música termina. El Coriciana Jazz Quartet.

 

 

Ciclo Literario.