Tanizaki /Araki
El desnudo fotográfico en la literatura


La serie periodística de Ciclo iniciada hace 9 años (el mes de junio de 2001 apareció nuestro primer número) ha vinculado el texto literario y la imagen fotográfica, procedimiento de edición que nos permitió adentrarnos en la historia de la fotografía. En el No. 83 comenzamos a publicar textos relacionados con este tema: la muerte de la fotografía analógica y el fin de la página cultural. En el No. 94 destacamos las nociones conceptuales de esta historia, al reseñar el libro de Michel Frizot, El imaginario fotográfico. Ahora comenzaremos a mostrar los vasos comunicantes más específicos entre fotografía y literatura. Esta primera presentación es entre Junichiro Tanizaki y Nobuyoshi Araki. En los siguientes números publicaremos textos de Elfriede Jelinek, laureada con el premio Nobel y Catherine Millet, la prestigiosa experta en arte contemporáneo, cuya novela La vida sexual de Catherine M. causó grandes controversias. Asimismo
   En el siguiente texto del novelista Junichiro Tanizaki y las fotografías de Nobuyoshi Araki hay más de una coincidencia, pues el célebre fotógrafo japonés, que acaba de celebrar sus 70 años, acompaña sus fotografías con textos en forma de diario íntimo, como está escrita La llave. Próximamente, en otro texto de nuestro programa, mostraremos la relación entre literatura y fotografía con Brassai, el fotógrafo de origen húngaro radicado en Francia; Anais Nin, autora de uno de los más extensos diarios íntimos;Henry Miller, quien escribió sobre su amigo Brassai El Ojo de París y Marcel Proust. Más tarde presentaremos la investigación de Jean-Pierre Montier sobre las relaciones entre la imagen fotográfica y la literatura. 
Junichiro Tanizaki (1886-1965) nació en el corazón de Tokio, donde su familia tenía una imprenta, y estudió literatura japonesa en la Universidad Imperial. En sus primeras novelas se observa la influencia de Poe, Baudelaire y Wilde. Después del terremoto de 1923 abandonó el cosmopolitismo de Tokio para instalarse en la tranquila región de Kyoto-Osaka. Allí se dedicó al estudio de la tradición japonesa y renegó de la occidentalización que había marcado su primera etapa. Durante  poco más de medio siglo de producción, cultivó la novela, el cuento, el ensayo, la poesía, la dramaturgia y el guión cinematográfico. En 1949 obtuvo el Premio Imperial de Literatura.

Nobuyoshi Araki (Tokio 1940) ha causado polémica entre los grupos feministas debido al contenido de muchas de sus fotografias, donde aparece la mujer atada y sometida. Sus primeros libros son Sentimental Journey y Winter Journey. En el primero están las fotografías de su mujer Yoko durante la luna de miel. Ella muere en 1990 a causa de un cáncer de ovario, las tomas de sus últimos días aparecen en el segundo libro. Araki es bien conocido por las fotografías que documentan la industria sexual japonesa

 

Junichiro Tanizaki, La llave, Muchnik Editores, 2002.

 

14 DE FEBRERO

Fotografía
Nobuyoshi Araki

Hoy Kimura me ha dicho algo inesperado cuando Ikuko estaba en la cocina. Me ha preguntado si había oído hablar de una cámara fotográfica llamada Polaroid. Parece ser un invento norteamericano, una cámara que revela y hace copias de las fotos. La utilizan para tomar las fotos fijas que muestran en la televisión al final de los combates de sumo, como una ayuda para explicar los detalles de la llave vencedora. Según él, es una cámara muy fácil de manejar, tan fácil como una cámara corriente, y también fácil de transportar. Si se utiliza un flash estroboscópico es posible tomar fotos sin necesidad de trípode.
Kimura me ha dicho que las cámaras Polaroid son todavía muy escasas en Japón, e incluso hay que importar especialmente la película (papel de copia superpuesto al negativo). No obstante, un amigo suyo tiene una de esas cámaras y abundante película.
―Si quiere probada, se la puedo prestar ―me ofreció.
Mientras él hablaba, se me ocurrió una idea. Pero, ¿cómo ha adivinado que me satisfaría conocer esa cámara? Es algo que me deja perplejo. Parece notablemente enterado de lo que sucede en nuestra casa.

24 DE FEBRERO

Ya he usado dos veces la cámara Polaroid. He hecho fotos de Ikuko de frente y de espalda, y también he fotografiado cada una de sus partes, desde los ángulos más atractivos: tengo fotos de ella doblada, estirándose, enroscándose, con brazos y piernas contraídos y en toda clase de posturas.
¿Por qué hago esas fotografías? En primer lugar, disfruto haciéndolas. Crear esas poses, manipularla libremente mientras duerme (o finge dormir) me proporciona un gran placer. El segundo motivo es el de pegarlas en mi diario a fin de que ella las vea. Entonces, ciertamente, descubrirá la insospechada belleza de su cuerpo y se quedará asombrada. Una tercera razón es mostrarle por qué deseo tanto mirarla desnuda. Quiero que me comprenda, tal vez incluso que se solidarice conmigo. (Me atrevería a decir que es inaudito que un hombre de cincuenta y seis años esté tan fascinado por su mujer de cuarenta y cinco. Ella haría bien si pensara en eso.) Finalmente, quiero humillada al máximo, para ver hasta cuándo se hará la inocente.
Por desgracia, la lente de esa cámara es bastante lenta y carece de telémetro. Como no se me da bien el cálculo de las distancias, a menudo mis imágenes están desenfocadas. Tengo entendido que existe una nueva película Polaroid muy sensible, pero es difícil de conseguir. La que me trajo el amable Kimura es vieja y su fecha de caducidad ya ha pasado. No puedo esperar que me dé unos buenos resultados. Por otro lado, tener que utilizar el flash resulta molesto.
Dado que con esta cámara sólo puedo realizar el primero y cuarto de los objetivos, por el momento no pegaré las fotografías en estas páginas.

27 DE FEBRERO

Cuando Kimura se disponía a marcharse, le devolví la cámara Polaroid.
―No tener que revelar los negativos es una gran ventaja ―le dije―, pero no me gusta usar flash, ¿sabes? Creo que me arreglaría mejor con una cámara corriente. Me parece que vaya probar con nuestra Zeiss Ikon.
―¿Dará usted la película a revelar? ―quiso saber él.
Por mi parte, ya había pensando a fondo en ello.
―¿Podrías revelarla tú? ―le pregunté.
Él me miró un poco azorado y me preguntó si no podía hacerlo aquí. Le respondí que sin duda él sabía la clase de fotografías que yo estaba haciendo. Replicó que no estaba seguro.
―No se trata de ese tipo de fotos que no quisiera que nadie viese ―seguí diciendo―, pero no estoy en condiciones de revelarlas en casa. Y, además, quiero algunas ampliaciones... y carecemos de un lugar apropiado para utilizarlo como cuarto oscuro. ¿No podrías revelarlas en tu casa? Mira, preferiría que no las manipulara un desconocido.
―Es posible que tengamos un sitio para ese fin, en alguna parte ―respondió―. Hablaré con mi casero.

Fotografía
Nobuyoshi Araki

3 DE MARZO

La verdad es que aún no me había decidido a confiarle el revelado de la película. Sin duda era la persona apropiada para esa tarea, puesto que ver a Ikuko desnuda no era precisamente una novedad para él. No obstante, incluso él sólo había tenido unos atisbos de esa desnudez, y nunca la había visto en aquella variedad de poses seductoras. ¿No era probable que las fotografías le excitaran? Ciertamente, eso no era asunto mío, pero ¿no conduciría a algo más? En ese caso sólo podría culparme a mí mismo.
            Además, me he visto obligado a considerar la posibilidad de que le muestre las fotos a Ikuko. Ella se indignaría, o lo fingiría, no sólo porque las he tomado, y sin su conocimiento, sino porque le he pedido a otra persona que las revele. Incluso podría razonar que, después de que su marido la haya exhibido ante Kimura en un estado tan vergonzoso, tiene autorización tácita para cometer adulterio con él.
            Había dado rienda suelta a mi imaginación, hasta tal punto que empezaba a experimentar unos celos atroces, una sensación tan intensa, tan voluptuosa, que ansiaba aceptar el riesgo. Le di el carrete a Kimura y le expresé mis deseos de que lo hiciera todo él solo.
            ―Asegúrate de que no las vea nadie ―le dije―. Cuando hayas terminado, elegiré las que quiero que amplíes.
            Era imaginable la exitación que él sentía, pero externamente no se le notaba.
            ―Me encargaré de todo ―convino, y se marchó enseguida.


           
14 DE MARZO

••

Parece ser que Kimura-san había prometido prestarle cierto libro francés a mi hija, y ayer, cuando ella pasaba ante su casa, se detuvo para recogerlo. Él no estaba presente, pero Toshiko entró de todos modos y sacó el libro de la estantería. Al abrirlo descubrió varias fotografías entre sus páginas.
―¿Qué significa esto, mamá? ―quiso saber.
Repliqué que no sabía de qué me estaba hablando, y ella me acusó de que trataba de engañarla. Supuse que las fotografías eran las mismas ignominiosas imágenes que vi el otro día en el diario de mi marido... y, tal como había supuesto, la mujer fotografiada era yo. Pero no se me ocurrió ninguna explicación rápida. Supongo que Toshiko imaginó que aquello era el indicio de un verdadero escándalo, algo mucho peor de lo que en realidad había ocurrido. Es evidente que esas imágenes parecían pruebas de unas relaciones ilícitas entre Kimura-san y yo. Tanto por su bien, como por el de mi marido y el mío propio, debería haber tratado de aclarar las cosas en seguida, pero aunque hubiera sido completamente sincera con Toshiko, me temo que ella no me habría creído.
Tras un momento de vacilación, le dije:
―Puede que sea difícil de creer, pero hasta ahora mismo, cuando me lo has dicho, desconocía la existencia de esas fotografías. Si existen, será porque papá las hizo mientras yo estaba aletargada, y lo único que ha hecho el señor Kimura ha sido revelárselas. No hay en absoluto nada más entre nosotros. No sabría decirte por qué papá me coloca en esa situación, por qué me fotografía y le pide a Kimura que revele el carrete en vez de hacerlo él. Ya te he dicho todo lo que puedo decirte aunque seas mi hija, y te ruego que no me preguntes más. Créeme, por favor, sólo he obedecido a tu padre. Hago lo que él quiere, incluso contra mi voluntad, porque considero que es mi deber. Puede que te resulte difícil entenderlo, pero me educaron en la moralidad tradicional, y para una mujer como yo no hay posibilidad de elección. Si él tiene tantos deseos de fotografiarme desnuda, estoy dispuesta a olvidarme de mi vergüenza y abandonarme a la cámara... sobre todo si es él quien la maneja.
Toshiko estaba escandalizada.
―¿Lo dices en serio? ―inquirió, y respondí que sí―. ¡Eres despreciable, mamá! ―exclamó. Empecé a intuir que disfrutaba ofendiéndola, y que de alguna manera había exagerado mis verdaderos sentimientos―. Crees ser una esposa modélica ―siguió diciendo ella, con una sonrisa fría e irónica―. ¿No es así?
Al parecer, tampoco ella podía entender los motivos de su padre. Que otro hombre revelara las fotos era totalmente incomprensible para ella. Dijo que él me había humillado y que había atormentado a Kimura-san sin ninguna razón, y siguió denunciándole hasta que la interrumpí.
―¡No voy a tolerar que te mezcles en esto! ―exclamé―. Dices que papá me ha humillado, pero ¿estás realmente segura de que eso es cierto? Yo no lo considero así. Incluso ahora me ama con pasión... supongo que necesitaba convencerse de que tengo un aspecto juvenil y soy hermosa para mi edad. Eso quizá parezca anormal, pero puedo entenderlo.
Como tenía necesidad de defenderle, fui capaz de decir cosas que de ordinario no habría podido decir, y creo que lo hice con bastante habilidad. Quizá será mejor que él lea esto y agradezca mi intento de protegerle.
―No estoy segura de que eso sea todo ―dijo Toshiko―. Es evidente que papá se ha comportado como un sádico, pues sabe lo que Kimura siente por ti.

No repliqué a esa observación. Toshiko añadió que no podía creer que aquellas fotos hubieran sido abandonadas entre las páginas del libro por descuido, «puesto que ha sido Kimura-san quien lo ha hecho». A su modo de ver, tenían algún significado: tal vez quería que ella llevara a cabo determinado cometido. Y me reveló otras cosas que había observado en él, y que será mejor que no repita en estas páginas.

 

 

 

Ciclo Literario.