Confesiones

Bertha Cenobio


 

Sábado

Para evitar las maldiciones
salía temprano de casa,
          me llevaba las supersticiones de mi madre.

Mis recuerdos de la libertad
           son efímeros como la alegría,
    lejanos como los países desconocidos,
    ausentes,
           soñados como el amor.

La multitud que no conozco
    viene a juzgarme,
pero las víctimas también tienen la culpa.

Quisieran ser como yo
         que no entiendo la realidad cotidiana
ni mantengo una relación normal con la vida.

¡Ay, qué dolor!,
         el antiguo espectáculo de la condena
donde se desahoga el odio humano.

La rigidez del mundo es aburrida
       ¿dónde viven los prisioneros de las leyes?,
¿dónde viven los olvidados de dios?

 

Los olvidados de dios

Sólo fuimos por unas cervezas
      creímos que nadie nos iba a ver
             pero el miedo nos hace asesinos
                 tuvimos miedo de morir
            entonces disparamos y nos fuimos
     pero dios se olvidó de nosotros
y nos descubrieron.


Declaración

Lo llevaron ante el tribunal para que
confesara:

--Antes de vagar solitariamente tenía cartas,
       fotos viejas y el perfume de mi madre.

       Por las noches me sentaba a escribir
para decir que el amor me ha negado todo.

Ayer cogí el oro, las monedas y el odio ajeno.

Hari

Mi padre fue un asesino
  y mi madre una puta,
dicen que por eso él la mató.

Yo tenía 5 años;
   una madrugada
   mi abuela me llevó a la ciudad
y ahí
   me dieron dulces,
   me dieron pan,
   me dieron juguetes,
y  declaré en contra de mi padre.

Fotografía
Héctor García / 1963

 

 

Ciclo Literario.