El enigma Grinberg
Don Panchito, el inmortal

Lorenzo León Diez


 

La serie de historias de los chamanes van apareciendo ante nosotros como cuentos o aventuras espirituales. Jacobo, cuando se encuentra en la India, en una dolorosa aventura que narra en su libro En búsqueda del ser, oye hablar de Don Panchito, que decían tenía 130 años de edad.

Duane Michals / 1975
Fotografía

En un templo de la ciudad de Rishikesh conoció a una mujer de nombre Daniela, nacida en Túnez, emigrada a Italia y que había vivido en Cancún pescando langostas; ella le habló de su maestro, un chamán-nahual maya llamado Don Panchito. Esto decidió a Jacobo, que había ido a la India buscando un maestro –y no lo había encontrado-, regresar a su país para buscar a este personaje a través de una de sus discípulas, Doña Sara.
   En su recorrido por la India, que lo decepcionó, Grinberg había ido a Nepal donde se enteró de la técnica Mahamudra, ideada, dice, para conocer la mente desde dentro, en un proceso de observación ecuánime de sus contenidos. Pues sería a muchos miles de kilómetros de distancia que encontrara a un maestro de esta técnica, paradójicamente no sería un lama tibetano sino un chamán maya quien le enseñaría a Jacobo una meditación que permitió al científico vivir al interior de esta observación mientras convivió con don Panchito, chamán monolingüe, en su solitaria cabaña de la selva.
“Al instante mi mente se me presentó con una claridad total. Podía seguir todos y cada uno de mis pensamientos. Si un perro ladraba, el sonido aparecía con todo y el proceso psíquico necesario para crearlo. Supe que aquello era el tan ansiado estado Mahamudra”.
Don Panchito es realmente un hombre asombroso en la constelación de personajes “espejo” (que es lo que en maya quiere decir chamán) que Grinberg reporta en sus exploraciones chamánicas. Doña Sara, antes de conducirlo  hasta él, se comunica con el anciano a través de “velaciones”, o sea, por medio de la llama de una veladora que, como nos ha dicho antes, es el espacio ingrávido. Jacobo expresa que su mente es un espejo consciente de sí mismo y de la realidad que crea. Detecta la dinámica interna de una mente capaz de verse a sí misma en el proceso de creación de su realidad.
Cuando Grinberg ve a Doña Sara y Don Panchito conversar en maya trata de entender cómo podía haberse sostenido un cuerpo humano durante 130 años y todavía verse tan sano. Tiene la impresión que la mente de Don Panchito flotaba alrededor de su cuerpo, ocupando la choza y el terreno circundante, y que su cuerpo se sostiene como una estructura cuya desaparición en nada afectaría esa mente. De alguna manera, escribe, Don Panchito era ya, por ello, un inmortal.
Doña Sara le informa que solamente un hijo de Don Panchito tiene 90 años y dos laureles que fueron plantados por él en su pueblo tenían más de cien años.
Como podemos ver, es un personaje con el que Borges se hubiera solazado y Grinberg acepta el privilegio de estar frente a él y atisbar lo que significa un espíritu tan poderoso. Siente que lo que le sucedía con Don Panchito era lo que estaba estudiando en el laboratorio de la Universidad. Nada espectacular, al mismo tiempo. Ningún milagro portentoso como los que Pachita practicaba, simplemente era un hombre que pasaba la mayor parte del tiempo meditando en su hamaca, inmóvil, mientras su mente se recorría a sí misma.
Doña Sara es la informante de Jacobo, y le dice que hay pocos curanderos y muchos hechiceros. Don Panchito trabajaba con hierbas escogidas y realizando también operaciones invisibles, utilizando cuchillos u otras herramientas.
Grinberg realiza tres visitas a Don Panchito y en la última permanece varios días con él, durmiendo a su lado, en la hamaca, compartiendo la vida cotidiana de ese hombre en el centro del cosmos, o sea, de sí mismo. Sin poder hablar, pues el chamán sólo habla maya, comienza a oír sus pensamientos. Su experiencia con Don Pachito es una plena comprobación de su tesis  de que el cerebro humano posee, como una de sus funciones naturales, la capacidad de establecer contactos energéticos directos con otros cerebros.
Doña Sara le informa a Jacobo que su maestro ha recibido todo su conocimiento en sueños. Al despedirlo le pide que cuide sus sueños, le recomienda que duerma mucho y bien porque Don Panchito se comunicaría con él por ese medio.

Carl Lumholtz / 1890
Fotografía


   Jacobo se percata que al igual que Pachita, Don Panchito tenía los ojos llenos de cataratas y parecía estar completamente ciego, por lo que daba la impresión que percibía utilizando la visión extraocular, fenómeno que más tarde explicaremos.
Como otros curanderos Jacobo comprueba que tanto Doña Sara como Don Panchito manejaban el cuarzo para recibir y transmitir información mental. Y aquí Grinberg inserta una nota bibliográfica muy atrayente, extraída de un Curso de mineralogía, de Betejtin (Ed. Mir, Moscú, 1970, p. 385): “En los grandes cristales de cuarzo son frecuentes las concreciones regulares con grandes individuos de feldespatos protésicos; ortoclasas o microclimas, que en las secciones pulimentadas recuerdan letras del alfabeto hebreo”. Señala el científico que los cristales de cuarzo se caracterizan por poseer una estructura molecular de alta coherencia, cuando un campo neuronal interactúa con éste se incrementa la coherencia del campo y esto hace que su capacidad de interacción con el espacio-tiempo haga lo propio, lo que explicaría por qué un cristal actúa como un mecanismo de recepción y transmisión de contenidos mentales. El conocimiento acerca de este fenómeno ya era patrimonio de los mayas.
   En su estancia con Don Panchito, Grinberg practicaba con él lo que exploraba como científico: los correlativos electrofisiológicos de la comunicación directa. Debemos notar que Grinberg nunca deja de escribir, de tomar notas, incluso cuando le es permitido graba las conversaciones. Doña Sara traduce el desacuerdo del chamán con esta actitud de Jacobo: “Don Panchito dice que no debes grabar nada y menos si es un mensaje de las estrellas acerca de la suerte (le había dicho algo que disgustó profundamente a Grinberg: para conocer la suerte de alguien, si aparece una figura muy alta y delgada, el Rey de los judíos, es señal de mala suerte). “Lo grabado queda fijo y luego se vuelve en contra de uno. Todo debe fluir, debe escucharse y después olvidarse, porque todo cambia”.

 

La tecnología del manejo mental


Jacobo, como los hombres y mujeres dedicados al arte de la videncia y la curación, tiene batallas con otras mentes. Nos cuenta que había una mujer que lo obstruía en su relación con Don Panchito, llamada Doña María: “Visualicé las entidades y las ataqué, les quité fuerza y las eché fuera de mi cuerpo”.
 Jacobo Grinberg es un hombre que no duda que la relación entre la creencia (que es una fuerza, según lo consideraba Pachita) y los fenómenos físicos está fincada en la realidad. Que lo mítico está relacionado con la manipulación de la mente. La mística o los místicos, son los que sostienen la conciencia humana en contacto con su verdadera esencia. “Sin ellos nos perderíamos en este absurdo sistema consumista que hemos construido creyendo, equivocadamente, que en él está la respuesta”.
 Los antropólogos al acercarse a los chamanes, brujos, hechiceros o curanderos no tienen en mente que estos seres ejercen poder físico, material o energético sobre la materia. Esta es la diferencia entre Grinberg y los antropólogos. En el mural de Los chamanes de México a Jacobo le interesa dejar muy claro esto. Él no está interesado en las correspondencias culturales de las diversidades étnicas ni en simbologías míticas sino, muy precisamente, en lo que llama la tecnología del manejo mental.
    Las palabras de los psicólogos autóctonos son   profundas, sugerentes. Le dice Doña Sara: Todos tenemos un cuerpo como si fuera una casa y tenemos una puerta, esa puerta puede estar aquí, en la mente. Así procede su maestro, Don Panchito, con determinadas estrellas. Le pide fuerza y luz a esa estrella, le explica y una vez que tiene fuerza, entra y trabaja con la energía de esa estrella, o sale y le hace una pregunta a la estrella. Mediante el palpitar de esa estrella obtiene una respuesta.

    En su visita a otro chamán maya, Don Rach Pech, Grinberg se centra en un concepto que podría ser título de un libro de poemas, La voz del ver, y que se manifiesta en la capacidad de lectura e interpretación diagnóstica del fuego (la llama en su teoría sintérgica ocupa un lugar importante como el espacio ingrávido por excelencia). Este chamán, a pesar de estar ciego, como Pachita, por medio del diagnóstico flamígero puede detectar la enfermedad en el paciente. Grinberg sostiene que existe una interacción entre el fuego y los contenidos informacionales que pueden ser decodificados a partir de la observación de la flama. Recordemos que este medio es el que utiliza Doña Sara y Don Panchito para comunicarse.
Una de las técnicas comunes a los chamanes mexicanos es el procedimiento de vista, que es la frotación con un huevo y que al vaciarse en un vaso, dependiendo de la forma de la yema, de las aglutinaciones proteicas de la clara y de las burbujas y su localización, el chamán puede decir qué es lo que el paciente tiene y qué influencias le están afectando. Grinberg llama la atención sobre este método común y poco estudiado.

Alicia Ahumada / 1994
Fotografía


Doña Pragedis es una chamana del linaje de los graniceros de Morelos, al que pertenecía Don Lucio. En su convivencia con ella Jacobo nota cómo se comunica con las nubes, como si estas fueran seres vivos, de igual forma como lo hace con sus hijos, los animales que la rodean, y aún los seres espirituales que afirma la visitan y aconsejan durante sus sueños.
Uno de los curanderos que le revelan un especial interés a este explorador de lo desconocido es Don Nicolás, del mismo linaje. Además Jacobo no siempre se presenta como investigador, también lo hace como paciente, pues, de alguna u otra manera sufre, como cualquier persona, trastornos físicos o emocionales. Así describe la técnica de los pulsos y las limpias. Don Nicolás le cuenta que hace treinta y cinco años, estando en el campo, le cayó un rayo; perdió el conocimiento y unos seres le explicaron el secreto de las curaciones, de las hierbas y los tratamientos. Después, dice, le volvió a caer otro rayo y despertó. Los seres le hablaron entre los dos rayos. Este chamán es contratado por Grinberg para hacer una limpia en una cabaña que había construido y donde siempre se sintió incómodo, inquieto, desasosegado. Doña Pragedis le había contado que en sus sueños habían aparecido una gran cantidad de pequeños seres espirituales, exigiéndole alimento y ella lo interpretó como entidades que alrededor de Grinberg le producían ese estado de incomodidad en su cabaña desde hacía seis años, sensaciones que no podía comprender y que en ocasiones lo llenaban de miedo porque su sensación subjetiva era de sentirse rodeado de experiencias extrañas que no le permitían dormir y que le provocaban una ansiedad incontrolable.
Grinberg, ante el mundo de los chamanes pone al límite su racionalidad como científico, pues no desecha como creencias o supersticiones todo lo que de este mundo emana. No lo puede cuestionar desde la perspectiva científica, pues ya está convencido de que la realidad tiene diferentes niveles de experiencia. ¿Existe una interacción energética entre seres humanos y entidades espirituales en las que estas se alimentan de algún nivel o estado que se activa en los seres humanos y que de alguna manera necesitan esta alimentación psíquica para subsistir? Se pregunta. Yo no puedo sostener esta explicación como objetiva, dice, pero tampoco soy capaz de desecharla totalmente, lo único que me es permitido hacer es describir mis experiencias y señalar lo más fielmente las explicaciones autóctonas sin hacer juicio acerca de las mismas. Jacobo es un hombre que salido de los laboratorios universitarios se dispone a presenciar, experimentar, describir y registrar la experiencia chamánica sin ningún prejuicio, asumiendo como nunca antes, desde la perspectiva sistemática, el misterio que practican estos hombres y mujeres iletrados la mayoría de las veces, y que mantienen un puesto prominente en la organización comunitaria, cuyas raíces se remontan en el tiempo a la cultura maya, zapoteca o mazateca o mixe o tarahumara, etc.
Jacobo describe la compleja operación que Don Nicolás practicó en su cabaña (enterró, por ejemplo, objetos de plata en cada esquina de la casa para que los seres etéricos se alimentaran de su aroma y no del psiquismo de los habitantes de la zona). Hizo tomar a Grinberg ciertas efusiones de hierbas para lograr algo que Jacobo llama marcaje energético y los trabajadores del tiempo lo identificaran. Narra con detalle sus sensaciones y los efectos que toda esta situación le provocó.
Grinberg pone frente a frente –sin menoscabo de ninguna- dos visiones, dos concepciones, dos perspectivas. En el caso de Don Nicolás y todo su complicado arte busca los puntos en común con su propio nivel conceptual. Así, lo que aquel denomina seres malignos para Grinberg son identificaciones con aspectos concretos de la realidad. Lo que Don Nicolás denomina alejamiento de estos seres de la persona de Jacobo, para él es lograr hacer distancia psicológica con respecto a ciertos contenidos relativos.
La experiencia chamánica del linaje de los graniceros de Morelos, indica que, como para la generalidad de los curanderos enraizados en la más auténtica tradición, el Universo posee mente propia e intenciones individuales. Así por ejemplo, escribe Jacobo, la consideración de que el rayo comandado por los trabajadores del tiempo decide donde caer, es la asignación de una mente a este fenómeno que el occidental contemporáneo simplemente considera como acontecimiento físico y natural, independiente de la conciencia y de la mente.

En cuanto a lo que Don Nicolás le da de beber Grinberg se pregunta ¿Cuáles son las características de esta hierba? Y ¿cómo provoca sus efectos? Recuerda que Don Lucio también le había dado un brebaje, que tenía que disolver con aceite de cocina y sus experiencias habían sido enteramente similares a lo que le provocó está substancia preparada por Don Nicolás, esto es, dice, una sensación de desidentificación con contenidos concretos y de aproximación a una sensación de liberación psicológica con respecto a estos contenidos. Y sugiere que este debería ser tema de investigación para la farmacología psicológica.

 

 

Ciclo Literario.