El enigma Grinberg
El campo neuronal y la organización del espacio

Lorenzo León Diez


 

Grinberg determina que el espacio parece ser igualmente o más complejo en su organización que el cerebro (el cerebro es un universo lleno de estrellas y al igual que el universo extracorpóreo crea campos energéticos de complejidad espeluznante), por ello piensa que el espacio debería ser consciente, aún más consciente que un cerebro, el cual, en una última instancia, no es más que una materialización del espacio.
Grinberg postula que cualquier cambio en la organización del espacio se manifiesta como tiempo. El tiempo es, entonces, una alteración en la organización del espacio. Así, el cerebro es capaz de convertirse en espacio y crear experiencia y conciencia. Apunta que no existe un solo tiempo, sino tantos como categorías o cambios de organizaciones del espacio. Multitud de distintos tiempos conviven en cada uno de nosotros; el envejecimiento es sólo un desequilibrio entre nuestros diferentes tiempos. Por ello, la sabiduría consiste en  la comprensión del tiempo.

Duane Michals / 1977
Fotografía

 Son varios los términos grinberianos: (cuantum mínimo de espacio, redundacia de cuanta y contenido informacional, entre otros), pero todos llevan a definir la conciencia, que es, en sus fundamentos, el mayor misterio; en sus acciones, la más increíble maravilla. La acción de transformar los tiempos que nos rodean en experiencias es su sino.
Jacobo Grinberg vivía intensamente la investigación y la construcción teórica y experimental de la fisiología psíquica, la física cuántica...pero también estaba inmerso en la experiencia mística, el chamanismo, la meditación, el yoga...nadie como él abarcó tan diversos campos de conocimiento en la ciencia, las culturas y tradiciones espirituales: la investigación cerebral, la cábala, el hinduismo, la brujería mesoamericana...y pocos han incursionado en tantos géneros de escritura: el tratado científico, el cuento, la novela, la poesía, la biografía,  la crónica, el ensayo.
Sus afirmaciones científicas las teje con manifiestos energéticos que son su experiencia espiritual materializada –su estancia con Pachita, su relación con Don Lucio, el brujo del linaje Graniceros de Morelos, su encuentro con Don Panchito, el silencioso chamán maya). No solamente el tejido cerebral es capaz de crear campos energéticos, dice. En realidad, cada órgano del cuerpo, como organización viva, se asocia a un campo de energía. La contención chamánica, según la cual el hombre es un ser luminoso, se refiere a la creación de campos energéticos resultantes de la actividad orgánica y celular. Las llamadas auras son un ejemplo de alteraciones energéticas orgánicas expandidas en el espacio.
Jacobo, siempre está llegando al final de cada una de sus afirmaciones, avanzando sobre su frontera, cruzándola. La densidad de la obra grinberiana no deja lugar a dudas de que el campo neuronal afecta el tiempo, la fuerza gravitacional.
El campo neuronal de seres con alta sintergia efectúa materializaciones y desmaterializaciones de objetos (como el conocido caso de Uri Geller, que altera la composición química de los metales) y permite prácticas extraordinarias tales como la levitación y el manejo de objetos físicos a distancia, entre otros fenómenos.
Manejar el tiempo implica la transformación de un tiempo en otro. Grinberg habla de un tiempo global, como conjunto de todos los tiempos. Establece también  que técnicas como la de la expansión del presente o la de acortamiento del tiempo constituyen la forma en que aparece ante la conciencia. Y hay un límite en la expansión del presente, lo denomina parar el tiempo: “yo mismo y otros colegas hemos sido capaces de expandir la duración de nuestro presente hasta el grado de mantener inmóvil el segundero de un reloj.”
Jacobo insiste que lo que vemos, oímos y sentimos es tan parte nuestra como la piel y nuestro estómago, que morimos innumerables ocasiones y revivimos incontadas veces. Somos simultáneos y al mismo tiempo seriales. Sobre todas las cosas creamos experiencias y determinamos conciencias.

Pachita: el marcapasos cósmico
Bárbara Guerrero es en el tesoro que Grinberg nos obsequia con sus siete tomos de la zaga Los chamanes de México, la gema más sobrecogedora. Se le conoció con el apodo de Pachita. Había nacido en Parral, Chihuahua, antes de la Revolución y calcula Grinberg que realizó más de dos mil operaciones, como la que describe: “Pachita tomó el cuchillo y sin inhibiciones lo enterró en el vientre de la mujer. Empezó a brotar sangre; Pachita extendió la herida con el cuchillo mientras yo luchaba para no gritar. De repente pensé que todo era una farsa. Como si hubiese escuchado mis pensamientos, Pachita me tomó una mano y la introdujo en el vientre abierto. Estaba caliente y húmedo y pude palpar los órganos internos de la mujer. Comprendí que aquello era verdadero.”

Juan Rulfo
Fotografía

Grinberg conoció a una gran cantidad de personas, en México y en otros países, de una destacada fuerza espiritual, pero ninguna como Pachita con quien aprendió que “la individualidad se conserva después de la muerte corporal”. Después de la primera sesión de operaciones el científico salió a la calle sintiéndose un espíritu y viviendo su cuerpo como una especie de vehículo. Había presenciado intervenciones asombrosas donde no había anestesia, no se suturaban las heridas; apenas si había dolor, vio reír a los operados mientras sus entrañas y sangre bañaban a los participantes.
El libro que escribió Jacobo durante los meses que convivió con la santa mexicana, es sin duda una obra mayor, sus dotes de escritor están en su mejor momento, alcanza páginas altísimas. Pachita, “no come, tampoco duerme. Su corazón es un marcapasos cósmico, su carne sólo apariencia”. Al verla actuar, sabía Jacobo que no alcanzaría a explicar cómo sucedía lo que era un hecho, “pensaba que Pachita funcionaba en una elevada neurosintergía y por ello su campo neuronal tenía tal poder sobre la materia”.
Su constante contacto con los milagros realizados por el Hermano (Cuauhtémoc), que era el nombre de esa fuerza posesionada de Pachita, había hecho cambiar el punto de referencia de Jacobo y tenía una fe total en Dios y una penetración en diferentes escalas y niveles de conciencia.
Cuauhtémoc se fue convirtiendo en un acompañante cotidiano de sus pensamientos y Jacobo establece un diálogo permanente con el último emperador azteca, “que se regocijaba en el interior del cuerpo de Pachita”, pues la conciencia de Pachita desaparecía y en su lugar aparecía la del Hermano, según se lo había enseñado a Pachita Charles, un hombre negro que la crió. Cuando Jacobo mira el cuchillo abrir los cuerpos escucha al Hermano: “Así hacíamos antes, eran nuestros sacrificios. No es cierto que lo hacían por crueldad, ellos investigaban, aprendían”. Jacobo comprende que Cuauhtémoc había sido brutalmente impedido de seguir su aprendizaje en la tierra; para pasar al siguiente nivel debía culminarlo a través del cuerpo de Pachita y de todos los que constituirían la cadena chamánica de la obra. Así es que, piensa Jacobo entusiasmado, el Hermano y otras entidades realizan coaliciones, tienen planes y luchan y se comunican y viven en una obra permanente y siempre defendida. Pachita le confiesa a Jacobo:”Tengo un rifle de Villa, es mi única herencia. A los 15 años Charles se fue. Estaba enfermo y se fue como los elefantes a morir en su tierra. A esa edad anduve con Villa allá por el 1914. Era yo un cuero, pero él no me gustaba. Lo que me encantaba era su hombría, ese sí tenía huevos.”
Cuando Pachita coloca pedazos de cerebro como injerto en una niña descerebrada (“Introdujo el cuchillo en el cerebro y cortó un pedazo de corteza el cual extrajo separándolo del resto de la masa encefálica. Enseguida tomó un tejido entre sus manos y le sopló su aliento mientras le ordenaba vivir”), Jacobo piensa que era trasladar parte de la conciencia de varias personas a otra por lo que la recuperación de esta última necesariamente debía ser distinta a la esperada sin las partes ajenas. ¿Qué sucede con la conciencia así injertada? ¿Quién es el que despierta?, se pregunta. Durante las consultas y curaciones Jacobo vio a varias monjas y sacerdotes, por lo que infiere que la iglesia y sus miembros no rechazaban la labor de Cuauhtémoc. Y él (a través de Pachita) le insiste: “Nunca hicimos sacrificios, hacíamos lo que has visto. Detrás de cada símbolo teníamos un dios”. Jacobo sabe que Cuauhtémoc y Pachita son dos entidades separadas en el nivel de la conciencia, pero unidas en el nivel del Ser. Pachita le enseña:    “A veces el espíritu todavía está cerca de un cuerpo que parece muerto, está allí y si no es capaz de ‘ver’, puede preguntarle y si al preguntarle contesta que todavía desea que el cuerpo viva, uno puede darle luz y ayuda y el sujeto se restablecerá”. Jacobo concluye que “uno de los efectos de la adquisición de luz es la capacidad de desprenderse de lo orgánico”.
Durante varios meses Jacobo asiste a las intervenciones de Pachita, siempre rodeada de un grupo de ayudantes que participan también con sus manos. Se percata que todas sus ideas, teorías, abstracciones e idealizaciones eran fantasías infantiles comparadas con la realidad que atestiguaba. Jacobo entiende que su tarea en esta vida es resolver el problema de la creación de la experiencia consciente y que sus experiencias al lado de Pachita le ayudarían a solucionar una preocupación que le intrigaba. La interrogante acerca del carácter relativo o absoluto de la individualidad: ¿Éramos muchos o no?, ¿nuestro yo estaba separado de los otros yos o todos formábamos una sola entidad?
Cuando Jacobo termina su libro se lo lleva a Pachita y días más tarde recibe una llamada de la Presidencia de la República solicitándole su presencia en el despacho de Margarita López Portillo, en cuyo escritorio Grinberg encuentra su manuscrito. La hermana del presidente le solicita no mencionar en su libro que había conocido a Pachita en Los Pinos, pues Jacobo registra la relación estrecha entre la curandera y la casa del mayor poder, donde con frecuencia era llamada a operar en presencia de Margarita y varios generales.
Escribe Jacobo que después de esta entrevista ríspida que mantuvo en los Pinos llegó al lado de Pachita pero su lugar en la mesa de operaciones ya estaba ocupado por otra persona. Pachita le confiesa que ha recibido amenazas desde la Presidencia; le dijeron que debía despedir a Grinberg de su lado, de lo contrario, alguno de los dos moriría. Jacobo abandonó la casa de la curandera y nunca la volvió a ver.

La experiencia chamánica

  Jacobo continuó dando clases en la Universidad Anáhuac “deslumbrado por la belleza de sus alumnas”; Pachita murió meses después. Antes de su deceso le pidió a Jacobo regresar a su lado para seguir trabajando con ella, a lo que él se negó. Al publicar los libros sobre Pachita, sus compañeros de la Universidad Nacional “empezaron a pensar que había enloquecido” y Memo, el hijo mayor de aquella, lo llamó por teléfono para amenazar con demandarlo si no accedía a darle dinero. Él enfureció y le dijo que lo publicado era una descripción verídica y llena de alabanzas hacia su madre a la que en verdad quería. Memo, que ni siquiera leyó los libros, había declarado en una entrevista a la televisión que en ellos no había verdad. Más tarde volvió a comunicarse con Jacobo en un tono más amable y le pidió ayuda pues su situación económica era un desastre, por lo que Grinberg accedió a darle parte de las ganancias de los libros.
Jacobo se retiró a una vida de ermitaño durante un año. Vivió en una casa construida por él mismo en un bosque cercano a la ciudad. A cinco kilómetros estaba el pueblo de Don Lucio, un chamán que sería también muy importante en la construcción de su teoría de la sintergía.
La experiencia chamánica es un concepto acuñado por Grinberg en el transcurso de su ambiciosa investigación con hombres y mujeres que visitó en todo el país y a quienes  llamó psicólogos autóctonos. Este proyecto lo propuso a CONACYT como un trabajo de sistematización de lo que ya había vislumbrado y aprendido con Pachita y Don Lucio, a quien conoció en Morelos. Cabeza del linaje de los graniceros, Don Lucio era un chamán que  mantenía contacto con entidades etéreas denominadas trabajadores del tiempo, quienes le asistían en sus predicciones atmosféricas para prevenir tormentas,  ayudar a los cultivos y curar. Los graniceros eran personas que habían sufrido el percance de ser tocados por un rayo; si sobrevivían se les llevaba con Don Lucio para su iniciación.
   La colección de personajes que aparecen en los siete tomos de la serie Los chamanes de México es un panorama muy completo de la experiencia chamánica. Grinberg viaja a diferentes puntos del país y documenta asiduamente el trabajo de chamanes portadores de la más profunda sabiduría y experiencia. Narra sus visitas a los curanderos con gran detenimiento y precisión, pues a diferencia de las decenas de antropólogos que se dedican a estudiar las actividades de estos personajes populares, Grinberg tiene un método que va más allá de las particularidades étnicas y simbólicas y una visión donde las palabras de los curanderos y videntes van formando un mosaico complejo, suntuoso y poético, que es la demostración de los campos neuronales de mentes en alta sintergía en relación con el espacio y la materia, en niveles de alta complejidad. Sin duda su libro es una aportación definitiva para entender a plenitud algo que se considera como tradición cultural y no como una acción contundente y asombrosa de la conciencia sobre la materia, o el poder de transformación de la mente sobre otras mentes y la mente del curandero sobre los cuerpos (la curación), así como la capacidad de  predicción de los acontecimientos y el poder de influir sobre los mismos. Esto lo aborda una teoría de la nueva física conocida como la inexistencia del azar, que reseñaremos más adelante.
Grinberg transcribe entrevistas con los chamanes, todas ellas son documentos fundamentales para ilustrar su teoría sintérgica. Las palabras de Pachita, Don Lucio, Don Panchito, Don Rach Pech y Don Rufino de Yucatán, Doña Josefina de Oaxaca, Doña Regina de la Sierra Madre, Doña María de Mérida, Don Antonio y Doña Sara de Quintana Roo, Doña Rufina de Puebla, Doña Josefina de Ciudad Netzahualcoyotl,  el Cuate de Chagala de Santiago Tuxtla, Doña Matilde de Soconusco, Don Anastasio de la Sierra Tarahumara, Don Rodolfo de Xalapa, Pepito de la Sierra de Puebla, Juan Diego de Veracruz, Don Agustín de San Juan Copala, entre otros, indican el grado de compromiso que asumió Jacobo en la investigación y el registro de la experiencia chamánica y su apego a la razón científica para explicar los fenómenos sobrenaturales que estos personajes protagonizan. Acepta Jacobo que no es fácil entender la dinámica y la neurofisiología de la experiencia chamánica, sobre todo porque su estudio apenas se está iniciando. Para Grinberg, la experiencia de los chamanes manifiesta un modo de funcionamiento extremo de la conciencia. La comunicación que logran entre ellos –siempre siguiendo su idea central que afirma que la experiencia es la resultante de la interacción entre un campo neuronal producido por el cerebro y la estructura básica del espacio-tiempo (el campo cuántico)- se produce cuando un sujeto con la suficiente sensibilidad y desarrollo, interactúa con un campo cuántico saturado de campos neuronales provenientes de cerebros chamánicos. Grinberg establece que chamanes como doña Josefina, doña Licha o don Lucio, están interconectados en un nivel energético sutil y cada uno de estos personajes actúa como un elemento de convergencia holográfica de la totalidad de los chamanes.

  La constancia de la comunicación mental entre doña Sara y don Panchito, por ejemplo, intuye Jacobo, tiene una posible explicación en las iniciales investigaciones de la física contemporánea, que especula sobre la existencia de elementales partículas supraluminales, es decir, capaces de viajar a velocidades mayores que la de la luz y, por lo tanto, de modificar el tiempo de su trayectoria; a estas partículas se las denomina taquiones. Grinberg reconoce no saber aún cómo explicar la sorprendente capacidad predictiva de los chamanes. Dice que en los términos de la mecánica cuántica posrelativista, quizá el cerebro de estos chamanes funciona en una modalidad taquiónica supraluminal, independiente de la dimensión temporal. Esto indicaría, sostiene, que ellos han aprendido a funcionar en un nivel de la realidad en la cual no existe el tiempo.

 

 

Ciclo Literario.