Aguantar y murmurar

Linda Lê
Traducción de Marie Claire Figueroa


 

Es divinamente hermoso y bueno, sencillo y antiquísimo, ir a pie.
R.W.

Pequeña prosa, Robert Walser,
traducción del alemán por Marion Graf,
postfacio de Peter Utz, ed. Zoé, 206 p.

Au bureau. Poemas de 1909, Robert Walser,
traducción del alemán por Marion Graf, ed.
Zoé, 122p.


“No deben los escritores creerse grandes  porque se rozan con la grandeza, al contrario, deben tratar de ser significativos en las pequeñas cosas”, notaba Robert Walser, en La Rosa. Unas páginas después, predecía que la guerra entre los discretos y los ruidosos, los tímidos y los sinvergüenzas, no acabaría nunca. Estridente, Walser lo era poco, y se deleitaba al describirse como un inútil, humilde, dócil, apegado a las naderías, conformándose con poco y abandonándose con gusto a lo “delicioso inexplicable”.

Leonard Freed / 1975
Fotografía

Cuando, en 1917, publicó Pequeña prosa, sabía muy bien que los autores de esbozos, de relatos cortos, y de novelas siguen su camino mientras “les hacen muy poco caso”. Al componer piezas humorísticas sobre él mismo y sobre algunos veleidosos quienes no las tienen todas consigo, estudiantes, literatos, ávidos lectores, anodinos transeúntes o maniáticos de la precisión, quería, según lo confiesa, perfeccionar extravagancias poéticas. Que se llamen Fulano o Nadie, que sean unos atolondrados, chiflados, ociosos, solitarios o necesitados, los personajes de Walser se cuelan en los márgenes y, como dice uno de ellos, han visto quebrarse sus esperanzas, truncarse  sus proyectos, hechos trizas sus sueños. Empero todos parecen regodearse en su “floreciente derrota”, han seguido la escuela superior de la despreocupación, a la imagen de su creador, quien cuenta cómo, doméstico en la casa de un conde, sacó de esa experiencia un gozo y una nueva impetuosidad: “Para quien la aguanta con rigor, la vida se vuelve un juego de niño. Arrojémonos a las olas como un buen nadador intrépido. “
W.G. Sebald, en Estancias en el campo, hace notar que Walser, desesperado, acosado por sombras amenazantes, desparrama sin embargo una luz agradable. La luminosa sencillez que nos encanta en Pequeña prosa estaba presente ya en el volumen de poemas publicado en 1909 e ilustrado por el hermano de Robert Walser, el pintor Karl. En esas páginas etéreas en las que, ya, como lo diría este mismo Sebald, minimaliza y abrevia de modo radical, el poeta desamparado, en busca de quietud, se exilia y delimita su territorio onírico: “Soy el elegido para recorrer / vastas lejanías olvidadas.” Mucho antes de que lo encerraran por largos años en Herisau, se había retirado del mundo, cavando su propio surco con la obstinación de un soñador dueño de un alma deshilachada.”

Traducción de Marie Claire Figueroa.
Tomado del Magazine Litterarie No 494,
febrero 2010.

 

 

Ciclo Literario.