Fabrizio León Diez:
Vibración y emblema


 



Salón Corona / julio 1986
El reportero gráfico toma todas las mañanas su “máquina” y acude por su “orden”. Encontramos en este desplazamiento el cíclico esfuerzo de Sísifo: empujar por la ladera una roca (¿una visión?) que, se sabe, regresará por el mismo camino; y el reportero, a la mañana siguiente, reemprenderá el esfuerzo con la única esperanza de seguirlo haciendo ad infinitum. La roca, como imagen, sugiere entonces que no se trata de la misma roca aun cuando sea el mismo camino el que se “capta”. Y quizá en esto esté fundada la esperanza del Istor, el testigo, el que ve. No es precisamente una descripción elocuente del “acontecimiento” lo que hará el fotógrafo con su toma, pues en ese caso el “suceso” perdería toda espontaneidad. Pero… ¿qué es lo que se repite?: tomar “la máquina”, acudir por la “orden” y en el camino, un hallazgo, ¡la catástrofe!: El desorden de la tierra (un terremoto), el desorden del cielo (un eclipse), el desorden de la máquina (una explosión), el desorden de la masa (una represión) y lo más catártico de todo: la falla de un penalty en un mundial de fut. Y otra vez, a empujar la roca por la ladera empinada del mundo, fotografiar para el diario retorno de lo mismo, la novedad del noticiero. Fabrizio León (México D.F, 1963) es un artista cuya raíz está en el clasicismo analógico; su “máquina” ha elevado a calidad de emblema un denso conjunto de imágenes identificables, como la  ilustración de una urbe (su famosa foto del penalty fallido de Hugo Sánchez en el Salón Corona) y con ello continúa una tradición: la del fotógrafo que en la trinchera (oh, Robert Capa), en el horror del fuego (oh, Enrique Metinides), en la caída del quinto sol (Tlatelolco 1985) está corroborando la fidelidad del artista al mito. Fabrizio León es un fotógrafo-fotógrafo (pues es necesario demarcarlo de tendencias, tipologías, modas, adjetivos); alguien presto a profundizar en una cirugía de emergencia, a ofrendar su sacramento al alud de ataúdes que tienen, de fondo, la parpadeante urbe de México-Tenochitlán; Mictlán más contemporáneo nunca se ha visto. Es un fotógrafo maestro en el arte de la oportunidad como maldición (él fue herido realmente por la culata del policía que aparece en la foto de portada). Fotógrafo que utiliza su “máquina” como defensa, la exposición como desnudez, la imagen como una totalidad que es un argumento sin antelación: el instante petrificado de una historia sacudiéndonos la memoria.


Eclipse solar / julio 1991


Edificio Nuevo León, Tlatelolco / 1985

 

 

Ciclo Literario.