El enigma Grinberg
Hacia el encuentro con Pachita

Lorenzo León Diez


Al comenzar su actividad docente Jacobo Grinberg inició el estudio de los correlativos electrofisiológicos de la experiencia del tiempo. Debido a que extrañaba a Pea, de quien se había separado, la buscó y la convenció para vivir otra vez juntos. Alquilaron una casa en Coyoacán. En este nuevo intento por estabilizar su relación amorosa, Jacobo inició una terapia psicoanalítica y frecuentó el Centro Maharishi, donde aprendió a meditar.
   Entonces Grinberg conoció a una joven que sería muy importante para su obra. Ella era sobrina del presidente José López Portillo. Se hicieron amigos y él le contó su intención de fundar un instituto especializado en el estudio de la conciencia. La chica se ofreció a ayudarlo y le consiguió una audiencia con su tía Margarita López Portillo, la mujer más influyente del país, con quien el científico congenió y empezó a frecuentarse. Una tarde de sobremesa llegó a la residencia de Los Pinos una humilde mujer. Entró a la sala palaciega cuando en el denso follaje los pájaros cantaban intensamente al unísono: era Pachita, la famosa curandera, quien simpatizó de inmediato con Jacobo y lo invitó a visitarla. Así empezó una relación que produjo uno de los libros más importantes de Jacobo y de la crónica mexicana.

Shomei Tomatsu / 1960
Fotografía

El cerebro y la conciencia

Cuando Jacobo conoció a Pachita estaba formulando su teoría Sintérgica, por ello sus vivencias con la curandera fueron una confirmación de sus intuiciones. En los meses previos a su encuentro con ella, se había dedicado a afirmar su teoría del espacio-materia. De tal manera que eventos como los que ahora presenciaría con la formidable mujer (increíbles y hasta espeluznantes), guardaban coherencia con sus ideas acerca de la experiencia como resultante de la creación del campo neuronal y su interacción con el espacio.
                  En estos planteamientos, que desarrolló posteriormente en El cerebro y la conciencia, Grinberg expresaba que era urgente la utilización y el desarrollo de técnicas que incrementasen las capacidades del hombre pues
el ser humano es capaz de ver auras –decía–, levitar, conocer en forma directa el pensamiento de los que lo rodean, ver a distancia y manejar en forma directa (a través del pensamiento) la materia.
Para explicar su teoría Sintérgica (de las palabras síntesis y energía), crea su concepto Cuantums mínimos de espacio (CME), que define la mínima porción de espacio capaz de contener una máxima cantidad de información.
¿Y cómo definir, a su vez, lo cuántico?: la velocidad de la luz es el límite de la velocidad y la luz es la manifestación omnipresente del campo cuántico.
Un ejemplo de ello es el siguiente: si nosotros hacemos un agujerito con un alfiler en una hoja de papel y por allí observamos el cielo en una noche estrellada; a través de esa mínima perforación podremos abarcar una cantidad de espacio correspondiente  con cierta dimensión cósmica.
Una concentración colosal de información en un algoritmo de gran poder sintérgico: Así es como la palabra “bosque” contiene todos los árboles, el término “mesa” contiene todas las mesas.
Nuestro cerebro es un modelo del universo, escribió Jacobo,  de la misma manera que un cuantum mínimo de espacio  contiene a todo el universo en un algoritmo energético. Este patrón actúa a un nivel atómico, molecular, neuronal, perceptual y social. Entre las complejas consecuencias que despliega su  investigación, está el aserto de que ejercemos una acción palpable y directa sobre la marcha del mundo a través de la expansión de campos neuronales;  el sistema nervioso, explica, transforma en códigos neuronales la estructura energética del espacio.
     Para exponer el poder que se manifiesta en lo que la cultura reconoce como hombres sagrados o de conocimiento (como Pachita, Don Lucio, Don Panchito y el conjunto de personas  que incluiría en sus libros de la serie Los chamanes de México), el investigador afirma cómo la morfología de un campo neuronal proveniente de un cerebro de neurosintergia elevada es tal, que altera las características organizacionales del campo cuántico, dando lugar a una zona del espacio, independiente de la fuerza gravitatoria.
    Seguir el pensamiento de Grinberg no es sencillo, exige asumir su rigor pero aceptar también lo sorprendente, y su estilo, aunque es preciso, pulcro, equilibrado, requiere de gran concentración.  Por ejemplo, a este espacio del campo cuántico lo llama principio de exclusión
gravitacional (PEG)
que es el que permite la levitación humana. ¿Cuál es la base de las llamadas curaciones psíquicas y de las influencias directas de unos seres humanos sobre otros? se pregunta. Es esta conciencia elevada o de alta neurosintergia, precisamente. Anticipa que no está lejos el día en que alguien desarrolle una técnica que desde ahora podría denominarse de purificación vibracional, que consiste en incrementar artificialmente la sinergia del espacio y así facilitar la experiencia de elevados niveles de conciencia en grandes poblaciones.
Este fenómeno está descrito por Grinberg en el llamado efecto Maharishi gracias al cual, si un 1 por ciento de la población medita consetudinariamente, se observa un efecto generalizado de incremento neurosintérgico en toda la población de la cual este 1 por ciento es parte.
El beneficio de la oración meditativa es una fuerza reconocida por algunos médicos que han efectuado mediciones con pacientes hospitalizados.
La experiencia, uno de los conceptos centrales de Grinberg,  en su nivel más básico y fundamental no requiere de la actividad cerebral. Es el sistema nervioso como lente o herramienta el que transforma el absoluto sintérgico en realidades específicas concretas que constituyen el contenido de nuestra percepción.

Brassai / 1935
Fotografía

La experiencia encuentra un sentido de evolución, cuando se incrementa la neurosintergia hasta el nivel de la desaparición de la interfase cerebro-espacio. Aquí estamos hablando de una vivencia que Grinberg llama el campo unificado: el Ser, de donde proviene la creación de la experiencia y todo el mundo relativo.
Si el Ser es el campo unificado, una persona que se encuentre en el Ser es capaz de ejercer una influencia y  manejar sin problemas todas las fuerzas descritas por la física.
    De la misma manera en la que es posible alterar la fuerza gravitacional, es factible modificar las demás fuerzas pues esto demostraría experimentalmente la identidad entre el Ser y el campo unificado.
Las señales que son interpretadas en épocas diferentes como milagros, poderes sobrenaturales, mensajes de la divinidad o accidentes, provendrían entonces de la realidad del Ser como unidad con el todo y de este último como campo unificado.
   Bajo esta lectura, Cristo-Jesús caminando sobre el agua o calmando una tormenta, ejerce esta continuidad entre el espacio y la conciencia. Concepto también fundamental en la obra de Grinberg, es el percatarse que lo que acontece en el "exterior" es idéntico a lo que sucede en el interior.
Estamos ante una expansión de la individualidad, el camino hacia la unidad,  de la "iluminación" que es, también, el amor a la experiencia
   Es difícil glosar el alcance de la visión de Grinberg que, con las herramientas de la razón, proporciona una explicación científica de lo que hasta hoy se consideran como fenómenos paranormales o extrasensoriales, pues estamos, nos dice, en el umbral de una nueva era en la cual la tecnología se trasladará del uso de máquinas -herramientas, al de influencias cerebrales directas sobre la materia; estas ideas fueron narradas en su novela El Prototipo, de la que hablaremos en otro lugar.
   Grinberg explica los mecanismos y procedimientos psíquicos que intervienen para lograr la visión remota, la levitación, la materialización del espacio, los viajes instantáneos y la existencia simultánea en varias localizaciones espaciales, entre otras experiencias documentadas por la tradición espiritual, pero también por reportes científicos.


Del espacio y la transparencia


              Grinberg creía que el espacio es una entidad organizada y es base y fundamento de la percepción organizada. De esta manera, un árbol visto por la retina se transforma en señales nerviosas. Es la imagen, precisamente, en cuya creación Jacobo identifica un concepto central para su teoría de la sintergia: el campo neuronal que surge como producto de las interacciones tridimensionales entre la activación electroquímica de los miles de millones de neuronas que forman el tejido cerebral del hombre y de otros animales. Dice quea través de millones de años de evolución, hemos desarrollado una serie de mecanismos neuronales, los cuales, aplicando una lógica algorítmica (conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema),decodifican la información contenida en cada punto del espacio y la transforman en un campo energético, el cual, interactuando con la organización del espacio, da como resultado la aparición de una imagen.
                    No obstante, nuestra capacidad perceptual, aunque extraordinaria, deja fuera lasondas de radio, los rayos cósmicos, el infrarrojo y el ultravioleta. Esto se comprende en latransparencia. En efecto, la diferencia entre la transparencia y la solidez es, no más y no menos que el grado de organización. Así,la materia es una organización del espacio que el cerebro humano y el de otros animales es capaz de decodificar y reducir a un algoritmo neuronal, mientras lo que llamamos transparencia y ausencia de materialidad es una organización del espacio tan compleja que no somos capaces de decodificar.

José Ángel Rodríguez
Fotografía

                    En otro sentido – prosigue–  el oído del murciélago está en el mismo espacio que el nuestro, percibiendo una realidad sonora que nos es completamente desconocida. Es, pues, indudable, que no percibimos la mayor parte de la información contenida en el espacio. Es inconcebible sostener que nuestra realidad perceptual es la única existente y, aún más, es imperdonable olvidar que nosotros somos sus creadores. Puesto que vemos espacio, en cualquier localización concreta en que nos hallemos “conviven” simultáneamente realidades insospechadas.
                     Grinberg  afirma que la materia es percepción simultánea de millones de porciones de espacios; la transparencia es incapacidad de percepción simultánea de porciones de espacio, es organización tan compleja que su decodificación es imposible. Es decir, transparencia significa incapacidad de percibir el todo común.
 
      Los ejemplos que da Grinberg para ilustrar esta abstracción teórica siempre son fascinantes: probablemente los seres humanos que vivieron en este planeta hace millones de años, veían como espacio transparente algunas de las cosas que nosotros hemos aprendido a percibir como objetos materiales. Y viceversa, probablemente en algunas etapas del desarrollo de la humanidad los hombres veían como objetos materiales lo que nosotros en la actualidad vemos como espacio transparente. En la Edad Media, por ejemplo, era conocimiento y experiencia común y compartida la percepción de gnomos, espíritus y apariciones etéreas. En algunas tribus del Amazonas, en nuestros tiempos, los indios son capaces de solidificar perceptualmente el espacio y utilizar esta visión para levitar.
                      Otro ejemplo de lo anterior es el LSD; su ingestión afecta de tal forma el sistema nervioso que (en muchos casos) el mundo, tal y como lo conocemos, desaparece para dar lugar a cambios energéticos geométrica o hipercomplejamente dispuestos en un espacio que deja de ser transparente para convertirse en un mosaico de filigranas y diseños preciosistas. La única forma de explicar tales percepciones es suponiendo que la droga permite un acceso directo a niveles inclusivos más cercanos a la periferia sensorial.
                    Con la direccionalidad de la experiencia, concepto que ilustra el logro de un manejo cada vez más unificado y abstracto de la información, Grinberg se explica el fenómeno de la proyección astral o la extraordinaria falta de temporalidad de los procesos telepáticos. Ambos fenómenos requieren, para empezar a ocurrir, que el sujeto visualice la imagen del receptor (en el caso del mensaje telepático) o el lugar del espacio que desea visitar (en el caso de la proyección astral). De esta manera, siendo el pensamiento un patrón energético en interacción con la estructura del espacio, cualquier cambio bien focalizado del producto de la actividad cerebral necesariamente influye en otros niveles de realidad. Los chamanes utilizan esta técnica continuamente. Recrean mediante su pensamiento una situación y le dan direccionalidad. Pronto se observan efectos notables en el mundo “físico” y en otras conciencias.
                    Una de las conclusiones es que el cerebro crea la transparencia del espacio y la materialidad de los objetos. Por ello, tribus que utilizan alucinógenos frecuentemente pueden llegar a un grado de maestría en su capacidad de percibir organizaciones espaciales.

Grinberg considera la organización cerebral como una especie de materialización lógica del espacio, y la conciencia, como propiedad emergente, sería el pináculo de toda una organización inclusiva. El científico ve un continuo espacio-célula-cerebro, resultante de transformaciones dimensionales de contenidos lógicos. Esto ya lo sabían los escritores del I Ching –dice–, quienes encontraron una semejanza espectacular entre lo que sucede en la naturaleza y lo que sucede en la conciencia.  L.León. (Continuará).

 

 

 

 

Ciclo Literario.