El eterno retorno o la
voluntad del creador


Lo que sigue es la transcripción editada de un tema abordado en el primer capítulo del libro de Julio Quesada, La Belleza y los humillados,  en donde este autor intenta dialogar con Nietzsche a partir de los postulados de Hannah Arendt, discípula, amiga y amante de Martín Heidegger, a cuyo emblemático dicho: “el hombre es para la muerte”, ella opone: “el hombre es para el recomienzo”, y a diferencia de su maestro, piensa Hannah, “los hombres no son tanto mortales, como natales”.

 

La belleza y los humillados
Julio Quesada
Ariel 2001

¿Quién habla de victorias?
Sobreponerse es todo.
Rilke

El concepto del  eterno retorno de Friedrich Nietzsche y su capacidad para crear cosas y seres nuevos plantea ¿cómo compaginar la repetición con la diferencia? Con el fin de responder a esta cuestión sumamente difícil del Dios eterno creando cosas nuevas, san Agustín encuentra necesario refutar, en primer lugar, los conceptos cíclicos del tiempo que tienen los filósofos, en la medida en que lo novedoso no puede ocurrir en los ciclos.
El hombre fue creado en lo singular y para propagarse a través de individuos. Lo que comienza es el qué pero lo realmente nuevo que entra en el juego del mundo es el quién.

Oscar Lejlander / 1860
Fotografía

La creación del hombre tiene su razón de ser en la singularidad individual de cada nacimiento, individualidad que se manifiesta a través de la voluntad gracias a lo que puede haber en el mundo personas.
Si la acción como comienzo corresponde al hecho de nacer, entonces el discurso corresponde al hecho de la distinción y es la condición de la realización humana de la pluralidad, es decir, de vivir como ser distinto y único entre iguales.
El hombre en tanto “un nuevo comienzo” sabe que tiene un principio y un final; pero, al mismo tiempo, es “un nuevo principio” en virtud de su nacimiento. De ahí que los hombres no sean tanto “mortales” como “natales”: El lapso de vida del hombre en su carrera hacia la muerte llevaría inexorablemente a todo lo humano a la ruina y destrucción si no fuera por la facultad de interrumpirlo y comenzar algo nuevo, facultad que es inherente a la acción a manera de recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar.
¿Cómo se puede sostener a la vez la categoría de eterno retorno junto con la de un nuevo comienzo? El eterno retorno de lo nuevo es posible porque la Vida está sostenida por la facultad creadora de los hombres. El mundo se pone en juego porque gracias al nuevo comienzo el mundo se sigue poniendo en juego. La nueva jugada, lo insólito, hace su aparición en el mundo de la mano del individuo creador que relanza el juego del mundo creándose a sí mismo, dándose a luz a sí mismo como poeta de la existencia.
La categoría del eterno retorno está vinculada forzosamente a la voluntad del creador. Esto quiere decir que el eterno retorno no es una formula científica como la que da cuenta de la ley de gravedad; no, no hay predicción matemática ni estadística en la voluntad de poder crear sino el milagro de la propia voluntad: ¿quieres (tú) que se repita esto una y otra vez? El milagro del eterno retorno, la persistencia del niño frente a la nada, el vacío y la ruina natural de todas las cosas, no obedece a otra ley que a la de la Voluntad.
La primacía de la Voluntad implica entonces la primacía del futuro en la consideración agustiniana sobre el tiempo, de igual  forma que el eterno retorno es la condición de la continuidad o persistencia del tiempo.

Jan Saudek
Fotografía

En “De la visión y el enigma”, el discurso en donde Zaratustra habla de forma más clara del eterno retorno, el tiempo gramatical del “presente”, ese portón que se abre al “antes” y al “después”, lleva un rótulo: Instante.
Esta afirmación vertical de la Vida hace de la vida de cada individuo un ser rigurosamente único, una eternidad lograda que ya no espera su meta ni el trasmundo celestial ni en el más allá histórico del reino de los fines; por eso su tiempo gramatical no podía ser más que el del Instante, es decir, la voluntad de afirmar aquí y ahora…y para siempre.
El nacimiento de nuevos hombres y un nuevo comienzo es la acción que son capaces de emprender los humanos por el hecho de haber nacido. Una forma de sobreponerse a lo pasado facilitada por historiadores y narradores que inspiran a renarrar lo ocurrido y mantener vivo ese contexto de sentido tan necesario para los nuevos comienzos.
La historia deja de ser automáticamente lineal y se curva, vuelve a mirar hacia atrás para señalar un “instante” que historiadores y narradores tratarán de salvar. Nos sobreponemos al pasado reinterpretando, sacando a la luz de la memoria esa “perlas” del fondo del océano: “ Lo que guía este pensamiento es el convencimiento de que, aunque es cierto que lo vivo sucumbe a la ruina del tiempo, el proceso de putrefacción es a la vez un proceso de cristalización, y que en la custodia del mar…surgen nuevas formas y figuras cristalizadas, las cuales, curtidas por los elementos, perduran y esperan a un buscador de perlas que las saque a la luz, como fragmentos o como fenómenos originarios sempiternos.
La tarea histórico-narrativa del “sobreponerse” hace del hombre el que se sobrepone a la “prueba” y “carga más pesada” que la vida misma. Escribe Rilke: “¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo”.
Nuestra condición humana haría de la comprensión, una actividad existencial sin fin. “Comprender” significa por el contrario analizar la carga que los acontecimientos nos han impuesto y llevarla conscientemente.

La versatilidad y riqueza poética del lenguaje son las que garantizan la comunicabilidad haciendo de puente entre el pensamiento y la realidad para devolvernos al mundo común.

 

 

 

Ciclo Literario.