El pez diablo: ¿producto del sol?

Cuauhtémoc León


 

Nadie, aun en su peor momento de incredulidad o apatía, deja de sorprenderse al verlo, su silueta y rasgos son más que explícitos a su nombre y evocación. El pez diablo es famoso en las costas del Golfo de California y en las tiendas de brujerías.
No creo que sea posible fechar cuándo llegaron por vez primera estos animales a la ciudad de México, ni cómo dio inició su utilización ritual, pues actualmente se les puede comprar en los principales mercados tradicionales de las grandes ciudades, sobre todo del altiplano central, en los puestos de hierbas, magias y supercherías.
Está definitivamente asociado (aunque sin brazos) al averno, y su piel rasposa, que es piel sin duda (y aunque seca), demuestra que su fealdad esta asociada a un ser que en algún momento estuvo vivo. Es posible sin riesgo creer lo que en esos mercados afirman: se trata de fetos coleccionados alrededor del mundo.
Pero su origen es bastante más sencillo y al explicarlo se convence y justifica la ausencia de brazos y por supuesto de pies. El pez diablo proviene del Mar de Cortés o Golfo de California, en las costas de Baja California, primordialmente, donde cualquiera que haya cruzado sus desiertos habrá experimentado las temperaturas que se tienen prácticamente en cualquier época del año.
El pez diablo sale en las redes y en unos pocos anzuelos utilizados por los pescadores ribereños en los fondos arenosos; viven sobre la arena del fondo del mar, y son famosos en la región porque su cola (la misma que se ve en la foto) tiene una espina en forma de arpón que responde cual escorpión (y que también incluye – proteína tóxica- algo de ponzoña) y puede traspasar la piel de cualquiera que lo pise inadvertidamente. Ante el dolor, cualquiera confirma efectivamente, que debe ser animal demoniaco.

Berenice Abbot / 1944
Fotografía

El pez diablo es más pariente de los tiburones que de los peces verdaderos, no tiene huesos, casi todo es cartílago. Su tamaño es mínimo y en vida alcanza escasos 40 cm de largo. Cuando por accidente se pesca, no hay nada que hacer pues no se come. Sin embargo es común que los tiren en la playa, sin valor alguno y sin posibilidades de regresarlos al mar. El resto lo hace el sol.
El sol es quien le imprime su infernal calor para convertir a estas rayas (o manta rayas) en pez diablo, pero sólo hasta después de haber transitado las carreteras y cruzar la frontera de los 500 metros de altura sobre el nivel del mar, así traspone las barreras culturales de la ciudad y su universo de mitos nuevos, ya desprovisto de la capa de mar, entonces su fisonomía vulnerable y metamorfoseada por la playa lo corona ante los ojos temerosos del asfalto.
Donde sus ojos verdaderos quedan fuera del alcance de sus nuevos adoradores y usuarios, donde su cabeza y boca se transforman en ojos y orejas y semibrazos que nunca tuvo, las viejas aletas dorsales hoy caderas y sus vistosos claspers de macho, otrora órganos viriles, se transforman en piernas indudables, para quedar, una vez traspuesto el umbral del sol con su cola diabólica, sin que nadie sea capaz de dudar nuevamente de su origen marino, conservando para los citadinos su primer nombre y la certeza de su temeridad la cola y su apellido.
El diccionario UTEHA (1950), en la palabra diablo ----de mar dice: “En México, el pez Ceraptoptera vampyrus, del grupo de los batoideos. Sinónimo de manta” y mas atrás dice “en relación al ángel caído o espíritu del mal... es representado como un ser personal arrojado por dios del cielo y hostil al hombre”.
El animal al que hace referencia este libro seguramente es el mismo que bautizaron los españoles en el Golfo de California, y que enfrentaron los pescadores de perlas: “El pez demonio,  la gigante manta raya, la más grande  de todas las rayas, cuyo tamaño algunas veces alcanza los 20 pies de ancho, es quiza el único animal marino temido por los acorazados buzos”1
“El Cephaloptero utiliza sus apéndices como órganos prensiles y posiblemente como órganos del tacto; frecuentemente, por la mañana, al amanecer, se le puede encontrar suspendida de los cables sumergidos. Los pescadores de perlas, aun en los tiempos de gran calma, tienen que anclar sus pequeñas embarcaciones durante la noche con dos anclas, porque pueden ser remolcadas y alejadas por alguna manta que se haya fijado al cable del ancla”. Estos gigantes animales, habitantes del golfo de California fueron también cazados por valerosos pescadores, quienes se aventuraban a la faena de la pesca de la manta. “Para esto, son necesarios al menos tres hombres: uno se encarga de detener y maniobrar el remo, otro mantiene el arpón y el tercero la lanza, que está amarrada a una cuerda, igual que el arpón. Frecuentemente, los primeros golpes de lanza no son muy exitosos, el animal puede abrazar la canoa, hacerla zozobrar o golpear al pescador con sus aletas; En este caso, el  papel principal es del remero; con su remo deberá contrabalancear el esfuerzo del cephaloptero, mientras que los otros dos compañeros se agarran firme dentro de la canoa para evitar los golpes del pez, y se esfuerzan por alcanzar al animal con las lanzas.”2
Como lo presenta el padre Miguel del Barco (1770) “Dícese de este pez que, cuando descubre no lejos de sí a un hombre, que anda debajo del agua, como suelen los buzos, le acomete, le abraza y le envuelve con su mismo cuerpo estrechamente, sin dejarle más volver arriba. Por eso, los buzos tienen gran miedo de la manta. Y como ellos están en el fondo con los ojos abiertos, y ven todo lo que allí hay, cuando advierten cerca de sí la sombra, que este formidable pez hace con su ancho cuerpo, interpuesto entre ellos y la superficie del agua, procuran hurtarle el cuerpo, huyendo por otra parte...”3
Pero el pez diablo de esta exposición no es la manta gigante mencionada, es cualquiera de unas rayas pequeñas, ya sea reconocidas como “raya diablo”(Platyrhinoidis triseriata) o “pez guitarra” (Rhinobatos glacostigma o R. productus)4
Es una raya llamada comúnmente pez, pez diablo y su fisonomía fue identificada por los españoles y nuevos mexicanos de la Baja California,  si su pariente gigante era temida y denominada diabólica por su temible comportamiento y tamaño, el pez diablo sólo tomó su nombre por la silueta y fisonomía una vez muerto y seco.
De la misma manera que lo salvaje (sensu Bartra, R.5) se refiere a una suerte de atentado contra la cultura, y su evolución es posible rastrearla y reconstruir su origen como mito. Del mismo modo es posible rastrear las formas y piezas de la fauna que dio origen  y cuerpo a los entes diabólicos a tal grado que tomó prestados cuernos y pezuñas caprinas, colas viperinas, piernas y torso humanoides y, sobre todo, comportamientos sociales, que aunque reprobables perfectamente humanos.
Los faunos y sátiros son los arquetipos y piezas occidentales fósiles que pueden ser el eslabón perdido de los ancestros y símbolos del libertinaje y de lo conducente a la maldad que habita los distintos espacios geográficos y mentales de la realidad.
Son, junto con otros muchos símbolos, la antítesis de la cultura, entendida como área humanizada, de lo civilizado (como afirma Bartra) o como zona urbana, como espacio domesticado. Así, lo silvestre o salvaje, poblado de ermitaños, duendes, anacoretas, rebeldes y víboras expresa también un de las dimensiones humanas: lo silvestre era temido y poblado por la parte obscura de la sociedad.6
De modo que en algún momento entre la Grecia antigua y el medioevo, la evolución de los símbolos del libertinaje y la pasión, se convirtieron en la expresión de una nueva estirpe cuyo género estuvo asociado a los ángeles de Milton, nueva especie que capturó las extremidades de lo silvestre y frontera de la norma, expresión de libertad malsana y ausencia de leyes, del espacio cuya frontera se encuentra en los pecados, para desarrollar vía algunas expresiones literarias y pictóricas sus cuernos, patas de cabra y pelo, brazos y manos, torso, memoria y gestos humanos, cola de víbora.
Silueta que se genera con el binomio no de propiedades intrínsecas de la fauna de la que tomó su atributos genéticos (con excepción indudable de la víbora, ser temible mas allá de cualquier razón), sino de otros símbolos de lo silvestre, de una naturaleza de bosques y selvas asociados a un vacío mitad divino (lo angelical, el desierto que Bartra menciona en la tradición Judeo-cristiana) y a un entorno salvaje-silvestre mitad maldad.
A diferencia de otros seres simbólicos que toman atributos del comportamiento (humanizado) de la fauna, o bien tienen origen en el paisaje y cuentan con propiedades de ciertos animales como el león, símbolo y cumbre de poder; como el águila o el halcón, identificados con la nobleza, como el zorro astuto, como el oso fuerte; el pez diablo, en cambio, no tiene linaje ni carisma.

 

Notas
1Townsend, C.H., 1892. The pearl divers of the California Gulf. The Californian Mag., 2:116-125.
pag 116.
2Léon Diguet, M., 1898. Sur le Céphaloptere du golfe de Californie. Bull. Museum d’histoire naturelle, Serl, 3:127-129. pag. 127.
3 Del Barco, Miguel, 1988. Historia NAtural y Crónica de la Antigua California.. UNAM. Instituto de Investigaciones Históricas.
4 Secretaría de Industria y Comercio. Subsecretaria de Pesca. Catalogo de Peces Marinos Mexicanos (1976).
5 Bartra, R. 1998. El Salvaje en el Espejo Ed. Era

6Short, J. R. 1991. Imagined Country. Ed Routledge

 

 

Ciclo Literario.