Gestión cultural y género*

Alessandra Galimberti


Cultura y Género constituye un binomio que no ha sido todavía lo suficientemente explorado desde la multidisciplinaridad de los estudios culturales. Sin embargo, éste constituye un importante campo de reflexión y acción para aquellos y aquellas que trabajamos en el ámbito de la gestión cultural, ya que nos cuestiona y nos obliga a preguntarnos en qué medida contribuimos o, por el contrario, frenamos procesos de democratización social basados en la equidad entre los sexos.
      Mientras persistan mecanismos de exclusión que legitiman accesos diferenciados al consumo y a la creación cultural, o bien que omitan la contribución a la cultura por parte de las mujeres, estaremos ante sistemas arbitrarios de discriminación que ponen en jaque el ideal de democracia.
Al no tener sus necesidades culturales cubiertas, las personas marginadas de la vida cultural se ven imposibilitadas para alcanzar su desarrollo personal al verse coartadas en su libertad de expresión y manifestación, sus opciones de búsqueda existencial y sus posibilidades de cuestionamiento o invención. Del mismo modo, la mala redistribución cultural afecta a la sociedad en su conjunto en la medida que agudiza los conflictos, profundiza los abusos de poder y reduce los espacios de posible entendimiento, negociación o convivencia social.

Flor Garduño / 1989
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Así quedó claro en la mesa redonda Gestión Cultural desde la Perspectiva de Género, que se llevó a cabo en el mes de junio en la ciudad de Oaxaca y en la que participaron personalidades vinculadas directa o indirectamente con la gestión cultural a través de programas estatales, dependencias del gobierno local, centros culturales privados, organizaciones de la sociedad civil e iniciativas artístico-culturales de carácter individual e independientes.
El concepto de género, acuñado desde los años ochenta por la historiadora Joan Wallach Scott, permite sacar a la luz las estructuras de poder que rigen socialmente entre el sexo masculino y el sexo femenino y que se reflejan en relaciones asimétricas, construidas históricamente.
De este modo, aplicar la perspectiva de género a la gestión cultural implica, según lo apunta Patricio Chaves Zaldumbide, “comprender e identificar en el mundo de la cultura aquellas desigualdades sociales y situaciones de discriminación que se basan en los postulados naturalistas sobre el “deber ser” tanto de hombres como de mujeres”.
La “macrocultura”, donde se insertan todas las expresiones artístico-culturales, está sellada históricamente por una ideología que legitima la atribución arbitraria de roles, status y saberes diferentes a hombres y mujeres y, en base a argumentos biologicistas, los ordena de manera jerárquica, naturalizando así una relación de poder entre lo masculino y lo femenino, como lo señala  Lourdes Méndez .
Los aportes teóricos del feminismo, trasladados a las diferentes manifestaciones de las artes, han logrado poner de manifiesto las contradicciones que constituyen los cánones tradicionales de representación, significados y significantes, revelando el sexismo estructural que subyace y a la vez condiciona la producción y el consumo de cultura, de acuerdo con Griselda Pollock. Apropiándose de la teoría del psicoanálisis, Laura Muvley demuestra, por ejemplo, de qué manera el inconsciente de la sociedad patriarcal ha venido estructurando la forma del cine convencional, tanto en su narrativa como en sus contenidos. Asimismo, en su artículo ya clásico “¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?”, Linda Nochlin afirmaba: “La falta no está en nuestros astros, en nuestras hormonas, en nuestros ciclos menstruales y tampoco en nuestros vacuos espacios internos, sino en nuestras instituciones y en nuestra educación. Educación, considerada ésta como todo lo que nos sucede desde el momento que entramos a este mundo de símbolos, claves y señales significativos”.
     “Una cultura que invisibiliza a las mujeres no perjudica sólo a las poetas o a las compositoras, sino a todas. Cuando los políticos se preguntan, desesperados, qué se puede hacer para frenar la violencia de género, habría que sugerirles que no vayan sólo a los juzgados, sino también al cine”, dice  Laura Freixas.
     Oaxaca, que cuenta con una tasa de feminicidio por encima a la de Ciudad Juárez, no escapa a esta lógica fuertemente sexista. Con una cultura caciquil profundamente arraigada, unas estructuras estatales autoritarias y unas persistentes prácticas clientelares, Oaxaca es de raíz una sociedad fuertemente conservadora, elitista y segmentada de acuerdo a las variables de etnia, clase y género que, hoy en día, se ve sacudida por las bondades y los horrores de la globalización.
Si por un lado Oaxaca conoce la eclosión de un movimiento feminista que ha logrado abrirse brecha encontrando un nicho para su discurso y activismo social, o también el afianzamiento de corrientes artístico-culturales emergentes de gran pujanza, protagonizadas por jóvenes de origen local y artistas de afuera que radican en la ciudad, por otro lado sufre los efectos de una exclusión social en aumento de las mujeres.
En este contexto, junto con la mujer negra afrodescendiente, la mujer indígena oaxaqueña es la más desfavorecida: atrapada entre el campo pauperizado y abandonado por el éxodo migratorio, las colonias marginales e insalubres de la ciudad, la explotación en las maquiladoras o la precariedad de los empleos domésticos e informales, la mujer indígena no solamente sufre la infravaloración, sino también la enajenación y la pérdida de sus referentes y expresiones culturales originarias; situación misma que anula prácticamente todas las posibilidades para acceder a las manifestaciones, bienes o servicios de la cultura dominante.

Jane Evelyn Atwood / 1993
Fotografía

Las que cuentan con mayores perspectivas culturales son, sin lugar a dudas, las mujeres mestizas de la ciudad. Aun cuando faltan estudios específicos, tanto de carácter cuantitativo como cualitativo, es innegable que en términos generales, éstas –acorde con los procesos mundiales- han ido ganando terreno en el campo artístico-cultural de Oaxaca: asisten a talleres de poesía o de video, participan en certámenes de cuentos, acuden a bibliotecas, se inscriben en las carreras universitarias de bellas artes, van a clases de danza folclórica o contemporánea, se asocian en grupos y colectivos, como el de Guenda1 o MAMAZ2, enseñan historia del arte y otras disciplinas afines, se dedican a las artes visuales o a la música. Sin embargo, su existencia y actividad no queda reflejada en la amplia oferta cultural oaxaqueña donde programas de exposiciones, presentaciones de libros, mesas de discusión o carteleras de conciertos se caracterizan por una clara preeminencia masculina. ¿Qué mecanismos explican estos desequilibrios?
A partir de la sistematización de los aportes realizados en la mesa arriba mencionada, se identificaron para el caso oaxaqueño los que siguen:
Educativos: La educación formal en el contexto escolar y la educación no formal en el seno de las familias y demás ámbitos de socialización, constituyen los mecanismos principales de reproducción y transmisión de valores, símbolos, prácticas, actitudes, conductas y significaciones que ponen al hombre en el centro, legitimando y naturalizando la relación jerárquica entre hombres y mujeres.
En las familias oaxaqueñas persiste todavía una estricta división de roles de acuerdo a los cánones convencionales y aún se sigue educando a las mujeres para el matrimonio y a los hombres en un ambiente afectivo exento de nociones de afecto, ternura y otros atributos considerados exclusivamente femeninos.
Asimismo, la educación escolarizada carece de propuestas curriculares que incorporen el valor de la igualdad entre sexos. De ahí que el 90% de las ilustraciones en los libros de textos de primaria que se utilizan en las escuelas oaxaqueñas corresponden a representaciones de personas de sexo masculino, en tanto que las pocas ilustraciones de personas de sexo femenino recrean escenas donde la niña/mujer aparece desempeñando actividades “propias de su sexo”, tales como limpiar, ayudar a su mamá o cuidar de sus hermanos chiquitos. Del mismo modo, la totalidad de los programas de becas de estudios superiores existentes están diseñados ajenos a la realidad femenina. Los plazos de tiempo y edades estipuladas en las convocatorias correspondientes, se superponen la mayoría de las veces a las etapas de lactancia y crianza, por lo que las mujeres que optan por la maternidad, se ven limitadas en sus posibilidades de formación.
Sociales: éstos se ramifican en múltiples manifestaciones: la exclusión de la mujer de ciertos espacios y círculos de poder entorpeciendo su acceso a los canales de producción, difusión y/o promoción para sus obras terminadas; la mujer escribe, participa en talleres de literatura, en certámenes, pero luego difícilmente logra publicar o ser invitada a lecturas en público3 .
De los ochenta libros publicados por el Fondo Editorial del Instituto Estatal de Educación Pública, solamente cuatro son de mujeres autoras. El denuesto hacia la producción cultural de las mujeres es otro mecanismo social de exclusión muy vigente. Este tiene clara manifestación en el círculo literario de Oaxaca, donde algunos autores tienden a denigrar la labor creativa de las escritoras. Predomina una fuerte apatía hacia las obras femeninas y, como corolario, hacia la manera que tiene la mujer de aprehender el mundo a través de la escritura. En las artes plásticas se registra una especie de cumplimiento formal: a la hora de programar una exposición colectiva de arte, se invita a una o dos artistas mujeres, entre cinco o seis hombres, en calidad prácticamente de relleno visual.
Los prejuicios, en el campo del arte y la cultura, atacan especialmente a las mujeres que se plantean dedicarse de lleno a alguna actividad artística, y por ende, de desviarse de su rol tradicional, siendo víctimas de escarmientos y apreciaciones de carga peyorativa, tales como “mujer loca”, “mujer ingenua”, “mujer perdida”. Como comentaba la artista y gestora Ivonne Kennedy en la mesa de debate, las familias que se inclinan por apoyar o por no mostrar demasiada resistencia a las decisiones de sus hijas, son también objeto de críticas sociales y señaladas como descuidadas o demasiado permisivas.

Los estereotipos, por su parte, ayudan a crear y arraigar los modelos y los límites en los que ha de circunscribirse la vida de las personas según la pauta social: de ahí que muchas jóvenes pueden “libremente” cultivar la danza contemporánea siempre y cuando lo hagan para mantenerse en forma, adelgazar o estilizar su paso al caminar. De ahí la dificultad para formar a profesionales en esta o en otras disciplinas artísticas.
La exigencia social, mayor para las mujeres que para los hombres, supone asimismo mayor esfuerzo para poder sobresalir y la necesidad de tener que demostrar permanentemente sus capacidades, sus habilidades, sus conocimientos o su talento.

Per Morten Abhrahamsen
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Lingüísticos: El lenguaje escrito y hablado, como base de representación discursiva y transmisión de cultura es, en las sociedades occidentales, la burka de los países musulmanes: un elemento que oculta y rebaja a las mujeres: “la relación de la mujer con el lenguaje es intrínsecamente contradictoria porque el lenguaje la empuja a emplear un sistema de representación y expresión que la excluye y la mortifica” afirma Patricia Violi. En Oaxaca, cobran pleno sentido las palabras de Griselda Pollok cuando escribe: “el verdadero proyecto del discurso de la historia del arte es proponer una celebración de la masculinidad… las palabras lo revelan todo…” 4. Así es como el hombre que pinta es identificado con deferencia con el término de “maestro”, mientras que la mujer que pinta es referida con indiferencia como lo que es, simplemente como mujer que pinta.
     Económicos: la mayoría de las mujeres oaxaqueñas no cuentan con autonomía económica lo que les dificulta poder comprar libremente un boleto para un concierto o invertir en algún proyecto cultural específico. Aun cuando trabaja y percibe un sueldo, conquistando así una cierta independencia financiera, se ve frenada en sus aspiraciones culturales por una terca dependencia psicosocial que dicta que el dinero obtenido debe ser priorizado en cubrir necesidades de terceros, principalmente de la familia.
Psicológicos: el impacto de todos los mecanismos anteriores inciden negativamente en la integridad psicológica de las mujeres que interiorizan la desigualdad y la discriminación causando en ellas trastornos como inseguridad, baja autoestima, ansiedad o crisis emocionales derivadas de la disyuntiva entre tener que cumplir con las expectativas sociales o querer avanzar hacia las aspiraciones personales, muchas veces mantenidas en secreto.
Políticos: La práctica y concepción de la gestión cultural en Oaxaca está más cercana al simple ejercicio de la organización de eventos que a la inducción de procesos de transformación social y creación de significación simbólica. Salvo casos excepcionales, las políticas culturales, sobre todo las procedentes de la administración pública, son fundamentalmente de carácter formalista con poca sensibilidad hacia los contenidos y hacia la problemática de género5.
A modo de conclusión, consideramos que poner en marcha una gestión cultural con perspectiva de género es un reto que debiera plantearse toda persona que se asume como gestora cultural. Ésta, como intermediaria de mensajes entre emisores y receptores culturales, con capacidad para intervenir en procesos de desarrollo simbólico, tal como lo propone Eduardo Delgado, debiera asumir su responsabilidad social, cultural e histórica y en base a ella insertar su labor en el marco de las luchas sociales por la justicia que permitan aproximarse a la democracia real y a un efectivo estado de derecho con un claro equilibrio entre los hombres y las mujeres.

*Texto elaborado a partir de la memoria del evento Gestión Cultural desde la Perspectiva de Género. El evento, que contó con una conferencia y una mesa redonda, fue organizado por Ochú Arte en Movimiento y Babelarte A.C., y tuvo lugar el 27 junio 2009 en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Alessandra Galimberti: licenciada en Historia y Geografía con especialidad en Antropología de América por la Universidad Complutense de Madrid. Radica desde hace nueve años en la ciudad de Oaxaca donde actualmente coordina Babelarte A.C., una asociación sin fines de lucro que busca incidir en el desarrollo local a través de acciones de investigación, reflexión y promoción cultural.

 

1 Guenda: grupo que reúne a mujeres artistas de distintas partes del mundo, con sede en la ciudad de Oaxaca y que elabora estrategias de promoción colectiva a nivel local e internacional.
2 MAMAZ: grupo interdisciplinario de mujeres artistas que a través de sus obras expresan la inconformidad hacia los planes gubernamentales de introducir y expandir el maíz transgénico en detrimento del maíz nativo, base de la cultura y la economía de las comunidades indígenas.
3 El Fondo Editorial “Identidades” del Instituto Estatal de Educación Pública oaxaqueño está realizando un esfuerzo loable para evitar el lenguaje sexista en todas sus publicaciones a favor de un lenguaje incluyente.
4 Una excepción reciente, digna de ovación, es el certamen literario Aura Estrada que premia a mujeres escritoras.

 5 Desde la Dirección de Arte y Ciencias del Municipio de Oaxaca se llevan a cabo programas de promoción cultural que persiguen la transmisión de conocimientos al público asistente.

 

Ciclo Literario.