Saúl Ibargoyen*:
Fragmente: erotismo con un
trasfondo místico


 

Fragmente, diario de un adicto al sexo
Lorenzo León Diez
Eón
2008

 

Yo me pregunto qué significa Fragmente: fragmentación, astilla, desperdicio, basura, partícula. Los fragmentes que circulan por todas las páginas de este relato son una especie de invisible estructura.

Steven Arnold / 1989
Fotografía

Pienso que es un libro magníficamente escrito, con fragmentos de prosa poética, de la cual podíamos poner muchos ejemplos, tomando diversas zonas dentro del relato, donde  el protagonista principal es la ciudad, con la que podemos ver una extraña relación de amor-odio. En efecto, la ciudad está vista negativamente, algo que viene del romanticismo del siglo XIX. Se perciben los bares, los hoteles, donde los personajes se revuelven para tratar de ir descubriendo algo que no tiene una definición o un sentido, y que, por eso, lo buscan.
Podríamos empezar por el final, lo que  propone el autor como  solución dialéctica a un problema que quizá no lo tenga. Es decir: hay una síntesis que se realiza en esa triada (la relación entre Barry, Radira y Eleanei) que tiene un fondo casi místico en la búsqueda de la unidad a través de lo amoroso, lo erótico, lo sexual.
Hay  otros personajes que aparecen. Uno de ellos es la luz, la luz de la noche está asociada siempre a algún rostro, a una mirada de mujer, al tono de la piel, a los colores que ofrece la noche, que se van quedando en la nocturnidad pero con un resto de la luz diurna. Otro personaje es el espejo, donde Barry, el protagonista se mira, un espejo que emite algo, emite una figura en la cual a veces el que mira es mirado, no se reconoce y podemos incluso preguntarnos en medio de este aparente desorden, saltando de cama en cama, cual es el motivo del viaje, ¿importa el viaje, importa llegar, importa haber partido? Son preguntas que nos surgen en la lectura.
Como lector me parece totalmente adecuado el utilizar los recursos de la dramaturgia, para dar esta solución. El escritor ya no presenta la plática con los recursos de la narrativa sino con los procedimientos del teatro.
Porque al final de la novela se nota como que había un cierto apuro, el tiempo de la novela, el tempo, exigía ese tipo de dialogo al modo teatral. Vamos directamente a la cosa, parece decir el autor, dejémonos de que si cruzó las piernas, o miraba el techo. Vamos directamente al dialogo, el nombre del personaje y su voz.
Los distintos tiempos que maneja Fragmente a veces se entrelazan sigilosamente en función de que esos fragmentos temporales,  partículas que dan una estructura casi física a  todo el relato.

Steven Arnold / 1988
Fotografía

Muchos de los personajes  (esas reuniones de cuates que se hacen en bares) son coros de los que siempre va a emerger el personaje principal. Barry es muy irregular en su prototipo de hombre literario, porque estamos hablando de una persona literaria. Lo vemos tanto como agresivo, voluntarioso, audaz, frágil, vulnerable, aparte del alcoholismo que padece.
     Y otro personaje es la soledad, que está esperando allí como una fiera en estado de quietud. La conciencia oscura, consecuencia de la imposibilidad de una culminación plena de la relación amorosa.
     Los psicólogos dicen que el deseo siempre es inalcanzable,  por eso para que sea alcanzable hay que matar el deseo. Esto nos lleva  a una proclividad casi mística: en una cama donde pueden estar tres. Aunque tampoco se llega a lo orgiástico, que para muchas culturas tiene un carácter sagrado.  Pienso yo que hay un trasfondo místico en esa propuesta de los personajes, no del autor, porque el autor, a pesar de lo que dice, sigue existiendo, hablo del personaje como el intento de una conexión con el mundo, una búsqueda desesperada por lograr esa conexión, que siempre de alguna manera se interrumpe porque hay un vaciamiento, no solamente de los fluídos corporales, hay un vaciamiento psíquico, hay un vaciamiento espiritual, se cae en la nada, la pulsación de la nada.
Fragmente no es un relato que podría seguir abriéndose constantemente. Para qué meter más mujeres, sin son muchas: Radira es la esposa de Barry, que por  la descripción física y por su vida está apegada a la tierra, Radira es un ser terrestre como son las diosas madres, Radira, en ese sentido simboliza a la diosa madre de las culturas llamadas primitivas, y después viene Kena, Mara, Sofía con su hija mayor, que parece está de buen ver, Yolanda, Rosa, la primera amante con la cual Barry se encuentra y allí vemos una caída, una poética de las ruinas, una poética de los escombros; Katia, Maira, Mona, esa virgen a medias, Dalia, Vanesa, prostituta que tiene más importancia de lo que parece, a pesar de su fugacidad en cuanto a personaje; Frida, Paty…son un chingo,  es un directorio… y Eleanei, que curiosamente viene de Oriente, es oscura, pelo negro, la podemos imaginar. Y es justamente la que junto con Radira y Barry harán esa síntesis dialéctica que cierra la novela, porque repito si el relato sigue abriéndose con nuevas apariciones, porque son apariciones, cuando hay un momento de vacío se dice simplemente y apareció Frida, y apareció fulanita, así, como aparecen las musas que también son inalcanzables, como todo poeta lo sabe.
Este relato  plantea más de una novedad, pero no se las voy a contar. Mejor léanlo.

 *Transcripción de las palabras de Saúl Ibargoyen en la presentación del libro en la Casa del Poeta, el 12 de junio de 2009.

 

 

Ciclo Literario.