El enigma Grinberg*
El espacio vacío

Lorenzo León Diez


 

Jacobo Grinberg- Zylberbaum, notable científico de la Universidad Nacional Autónoma de México, autor de más de cincuenta libros e iniciado en varias tradiciones espirituales como la mesoamericana, la cabalística judía y la hinduista, desapareció sin dejar rastro alrededor del 8 de diciembre de 1994, días antes de cumplir, el 12 de diciembre, 46 años.

Jan Saudek / 1994
Fotografía

     Este hecho constituye un enigma, no solamente por el hecho mismo de su ausencia sin explicación,  sino por otras razones: la naturaleza de las investigaciones que practicaba en su laboratorio de picofisiología de la Facultad de Psicología de la UNAM, donde se dedicaba a demostrar la interconexión cerebral entre los individuos y las influencias cerebrales directas sobre la materia; la intensa relación que Jacobo había tenido con diversos chamanes, entre los que destacan la curandera Pachita y Carlos Castaneda. Y también por los postulados de su obra científica, que no obstante su riguroso carácter experimental, se fusionaban con principios que hasta antes de que él los teorizara con conceptos de su creación, eran parte de la tradición esotérica y mágica de diversas culturas tradicionales y primitivas. 
Cuando a Jacobo se le dejó de ver estaba casado en segundas nupcias con una mujer llamada Teresa, de 38 años, de quien no se sabe su nombre completo,  y a  la que él llamaba Terita.  Ambos habían tenido una intensa relación con el “grupo íntimo” de Carlos Castaneda y ella, en especial, con Florinda Donner.
Amigos cercanos a Jacobo sabían que estaba a punto de viajar a la India y a Nepal para impartir unas conferencias. La fecha de ese viaje estaba programada para el 14 de diciembre, pero días antes ya no asistió a varias citas con sus alumnos y el 12 de diciembre faltó a su propia fiesta de cumpleaños. Tere justificó esta ausencia ante Kemy, la joven mujer del padre de Jacobo, expresando que éste había tenido que salir al estado de Campeche repentinamente. Días después llamó a un estudiante para pedirle que cuidara el laboratorio que Grinberg dirigía mientras ambos estaban en Nepal. Algo inusual, pues en otras ocasiones el propio Jacobo daba directamente este tipo de instrucciones.
El tiempo transcurrió y nadie pensó que algo estuviese fuera de lo normal, pues Jacobo desplegaba siempre una gran actividad en diversos puntos geográficos. Recientemente había estado emocionado por conocer al gran maestro de meditación Dzogchen Tsoknyi Rimpoché y todo el mundo asumió que eso probablemente había alargado su ausencia del país. Pero las semanas se volvieron meses. La familia hizo llamadas a Nepal, a la embajada de México en la India, a conocidos en otros países, a una tía en Israel que Jacobo planeaba visitar en el camino, pero no se logró saber nada de ellos, ni siquiera había un registro de que él y su esposa hubiesen salido de México.
En mayo de 1995 ya habían pasado seis meses del supuesto viaje a Nepal, cuando finalmente amigos y familiares cayeron en la cuenta que Jacobo Grinberg había desaparecido por completo. Se denunció esta situación a la policía, esta puso al frente de las indagatorias al comandante Padilla, quien lo primero que hizo fue rastrear los movimientos de Terita. Había motivos parta ello. Un día después de que Grinberg fuera visto por última vez, ella cobró un cheque por mil pesos emitido por la distribuidora de sus libros (9 de diciembre). El siguiente día ordenó al cuidador de su casa en Morelos que no se presentara a trabajar, pues le dijo que su esposo había volado a Guadalajara. El 24 de diciembre fue vista en la casa de Morelos con una mujer rubia extranjera, quien la ayudó a mudar utensilios de cocina, una mesa, ropa y a un perro.
Grinberg tenía un departamento en la ciudad de México y el vigilante del edificio informó que ella se mudó de allí el 29 de diciembre (aunque su contrato no expiraba sino hasta marzo).
Algo más sobre esos días: Un hombre se presentó con el perro de Tere en la casa de su madre, con un recado de su hija en el que le pedía que cuidara del animal.
    Cuando el investigador interrogó a la señora sobre el paradero de Tere, ella afirmó que no había hablado con su hija en años, pero al revisarse los registros telefónicos se hizo evidente que ambas habían tenido contacto frecuente a finales de 1994.
En mayo de 1995 Terita apareció en la casa de una tía en Rosario Beach, al sur de Tijuana. Se constató que estuvo allí alrededor de dos semanas; llamó a su madre el 10 de mayo y después se fue. Desde entonces nadie sabe nada de ella o nadie quiere decirlo.
En las investigaciones los familiares de Tere declararon que ella nunca les mencionó que se hubiese casado y que la primera vez que supieron de un esposo fue cuando la policía apareció con la foto de Jacobo.

Jeanne Chevalier / 1985
Fotografía

Jacobo había conocido a Terita en 1990. La encontró “vestida al estilo iraní y con unos ojos rasgados que le daban una apariencia extraña”. Pero más rara le pareció a Jacobo su conducta y lenguaje. Es probable que hayan coincidido en la reunión con personas muy escogidas donde Carlos Castaneda presentó su último libro: El fuego interno.
Jacobo reveló sus encuentros con Carlos Castaneda tres años después de que sucedieron, no obstante éste le había pedido no hacerlo. Sin embargo, escribió el científico; no podía aceptar guardar secretos.
Terita, según se ve, tenía relación directa con Castaneda, pues ella acordó telefónicamente con él lo referente a una visita a Los Ángeles del “grupo mexicano” integrado por ella, Jacobo, Carlos Hidalgo, Tony Karam,  director de la Casa Tibet de México, y otras dos personas no mencionadas en la investigación de Padilla.
Castaneda ya había estado algunas veces con los Grinberg en su casa de Morelos y se había establecido una relación estrecha y personal entre los tres.
El encuentro en Los Ángeles tuvo lugar en 1991, días después de que Terita y Jacobo contrajeron matrimonio en Totonalpan, un pueblo de Morelos. Cuando se encontraron con sus amigos en Estados Unidos e hicieron comentarios sobre la boda, Castaneda y  su mujer, Carol se sorprendieron de la “coincidencia asombrosa” ya que ellos también se habían casado allí  “cumpliendo una orden de Don Juan y como una estrategia ante este mundo”.
Jacobo habla de la existencia de dos “grupos” alrededor de Castaneda: el “íntimo”, formado por personas que tuvieron contacto, como él, con el brujo Juan Matus; y el “periférico”, integrado por estudiantes, hombres y mujeres que asistían a sus clases de Tensegridad, ejercicios que impartía Castaneda en un salón enorme cerca del centro de Los Ángeles.
El primer grupo lo constituían solamente mujeres: su esposa Carol (la mujer Nahual), Nuri (hija de ambos), Florinda Donner y Ana. Este mundo “era cerrado y no admitía visitantes”, por lo que el grupo de México era una excepción debido a que existía una deuda con esta nacióny a ellos tocaba ser depositarios del pago, según les dijo Castaneda a los Grinberg, cuando los invitó a quedarse con él abandonándolo todo: trabajo, posesiones, casa y familia. Les explicó que, como Don Juan, él y su grupo tendrían que desaparecer en el otro mundo y el momento para hacerlo ya estaba muy cercano. A Terita la había invitado a quedarse con Florinda y a Jacobo le expresó que necesitaba de su cerebro para ayudarlo a comprender eventos inexplicables.
Luego de esta visita, Carlos Castaneda viajó a México dos años después, en 1993. Jacobo y Terita lo acompañaron en el Zócalo, en las grutas de Cacahuamilpa, en Tula y Teotihuacan.  Después de estos encuentros –dice Jacobo- no lo volvieron a ver. A partir de entonces Castaneda solamente se comunicaría con una mujer del grupo mexicano; Grinberg no especifica quién, pero podría ser Terita, pues le hablaba día y noche instigándola a abandonarlo todo y unirse a su grupo. La sometió a tal grado de presión que ella tuvo que pedirle no volver a establecer contacto.
Cuando el comandante Padilla, investigador de la desaparición de Jacobo, platicó con Tony Karam, éste confirmó la visita a Los Ángeles y después la de Castaneda a México. Reporta el detective que en las entrevistas que hizo a los amigos de Grinberg y a su familia  recuerdan a Castaneda refiriéndose a él como un ególatra, más interesado en el poder que en la verdad.
Según las indagaciones que hizo el comandante Padilla, Terita y Jacobo pasaban por un momento de tensión en su relación conyugal, pues “ella quería hijos desesperadamente. Él, tan desesperadamente como ella, no los quería”. Y en lo que respecta a la relación de Jacobo con Castaneda, era contradictoria, de admiración, atracción y repulsión. Tony Karam informó al investigador que la amistad de Grinberg con Castaneda se desintegró durante el viaje que éste hizo a México. Los amigos y la familia de Grinberg recuerdan que Tere “se quedó enamorada de Castaneda y su grupo”, el cual –según Karam- “es un mundo muy extraño. La gente que se integra a él tiende a cortar lazos con el resto del mundo”. Los alumnos de Jacobo refirieron que Tere hablaba mucho de su relación con Florinda Donner.

Jeanne Chevalier / 1985
Fotografía


Sin embargo, Padilla no logró evidencias de que que Jacobo o Tere estuviesen con Castaneda quien, a través de un portavoz en la Ciudad de México, declinó hacer comentarios al respecto.
 Jacobo, al rememorar su relación con Castaneda, lo reconoce como “una de las personalidades más valiosas de nuestro tiempo”, aunque no oculta su contrariedad y su disgusto con ciertas facetas de esa compleja personalidad que era sin duda el centro de un culto. Un ejemplo de esto ocurre  al tener noticia de Las Gordas, dos mujeres del grupo íntimo que se rebelaron, y para someterlas hubo de emplear el Nahual (Castaneda) toda su energía, lo que les provocó una crisis de locura y finalmente la muerte. Esta historia produjo en Grinberg una sensación muy desagradable. Había aspectos en que Carlos y Jacobo se confrontaban; el primero decía que el Universo era un lugar donde imperaba la violencia y la depredación de unos seres sobre otros, mientras Jacobo defendía al mundo como un sitio regulado por el amor, de lo que Castaneda se burlaba, diciendo que lo importante era la energía personal y el poder.
Frecuentemente las palabras del Nahual  deprimían  a Grinberg al punto de percibir el mundo y a él mismo como algo sombrío, triste, frío y sin esperanza. Muchas veces  Castaneda había dicho a Jacobo y Terita que no le importaba nada su amistad y que jamás fueran a pensar que su relación se basaba en el afecto y el cariño. Ellos tardaban meses en recuperarse  del terrible impacto que les causaba cada una de sus visitas y al fin el temor de verlo era mayor que el deseo de encontrarse con él.
Es evidente que Jacobo fue herido en su intimidad por Castaneda. Cuando quiso presentarle a su hija Estusha, éste se burló a carcajadas. “En ese momento algo se rompió en mi interior y empecé a ver al Nahual con otros ojos”, escribió Jacobo.
Es preciso tener claro que la “libertad” es un concepto nodal entre los seguidores de Castaneda, un “anhelo” al que todos quieren llegar. Cuando se encuentran en Los Ángeles, Castaneda dice al grupo mexicano: “El pájaro de la libertad está volando sobre sus cabezas. Dependerá de ustedes si lo dejan pasar o si se van con él. Si lo dejan pasar, jamás aparecerá de nuevo y habrán perdido una oportunidad que nunca se repetirá”. El Nahual insistía de dar el “salto” hacia la “libertad total”, como lo hizo Florinda la Grande, quien desapareció frente a su grupo el 19 de septiembre de 1985, el mismo día del terremoto de la Ciudad de México

Jacobo se preguntaba si el “Ave de la Libertad” cruzó por encima de su cabeza y la dejó pasar. Se recriminaba a veces por no haber dejado todo para entregarse totalmente al Nahual y su camino. Sentía que había perdido la oportunidad de su vida y que algo que deseó durante años se volvió realidad y no fue capaz de asirlo. (Continuará)

 

 

Ciclo Literario.