Álvaro Estrada
Un clásico del chamanismo mesoamericano

Fons Lanslots*


 

Estaba en Bélgica cuando recibí la noticia: el 10 de octubre del 2008 falleció mi amigo Álvaro Estrada, autor de La vida de María Sabina y Huautla en tiempo de hippies. Aunque, llegando a México hace tres semanas, no me esperaba en el aeropuerto y tampoco lo encontré en su casa, sigo negando el hecho de su muerte para no sufrir esta pérdida.

María Sabina / Walter Reuter, 1982
Fotografía

Con su viuda, Adela Soto de Estrada, volví a contemplar su interesante archivo que contiene las traducciones de su obra a siete idiomas, libros sobre alucinógenos y plantas sagradas, cartas de Gordon Wasson, Albert Hofmann, Octavio Paz, Gutierre Tibón, Fernando Benítez y otros grandes estudiosos de la cultura pre-colombina. Como buen fotógrafo Álvaro hizo muchas fotos de Huautla y tenía una colección de fotos antiguas. Están los discos que escuchaba a cada rato: los cantos chamánicos de María Sabina, Bob Dylan, la música de salterio. Empezó a desarrollar su talento de escritor en la adolescencia, hizo un periodiquillo La Voz Estudiantil en la secundaria de Huautla. En el archivo están también los artículos que escribió para la revista Siempre!, Él, La Jornada, Excélsior, Noticias de Oaxaca y diversos medios de comunicación desde su llegada a la ciudad de México en 1965. Entre otras, una entrevista con José Alfredo Jiménez, cuyas canciones sabía de memoria. Debe de estar también la correspondencia con las editoriales, los borradores y muchas cosas más. Es muy posible que allá falten unos libros y artículos, en varios idiomas, de  autores que se inspiraron en la obra de Álvaro Estrada.
Ahora que estoy estudiando traductología, la ciencia de la traducción, aprecio más La vida de María Sabina. Álvaro tradujo al español las palabras y la manera de pensar de la sabia, del mazateco, una lengua no escrita. El curso de pensamientos y la gramática de una lengua hablada son muy diferentes a los de un idioma escrito. También el ideario y sobre todo las descripciones de lo que se siente cuando uno está viajando con los hongos, son muy difíciles de describir y a pesar de ello, después el libro fue traducido a siete idiomas y apreciado por muchos científicos del mundo. Gordon Wasson escribió la introducción en inglés; el descubridor del LSD, Albert Hofmann, al alemán y Roger Heim, el director del Muséum National d’ Histoire Naturelle de París, a la versión francesa.
De su libro R. Gordon Wasson dijo: “Este documento quedará como un texto clásico del chamanismo mesoamericano. Para mí es la realización de un sueño: hallar quien pudiera reducir a María Sabina, en forma legible, al mundo externo. Álvaro Estrada lo ha hecho y se lo agradezco”
   Octavio Paz : “Documento extraordinario y cuyo interés es doble: antropológico y humano. Un documento sobre una sociedad y un testimonio psicológico.
Gutierre Tibón: “Este excepcional documento etnológico y humano desafiará el tiempo”.
La interpretación y la traducción de un mundo caótico, arcaico, lleno de mitos y de afirmaciones no fundadas, un mundo basado en tradiciones y fábulas y sabidurías populares, a un mundo del raciocinio, del logos, de debate, de discusiones, de democracia y de argumentación, como lo hizo Álvaro con gran maestría, merece un lugar especial en la traductología.

María Sabina / Walter Reuter, 1982
Fotografía


En El hongo maravilloso, Wasson menciona mucho a Álvaro Estrada al investigar los códices, la poesía e iconografía náhuatl  que se encuentra todavía en la vida indígena contemporánea. En su introducción a La vida de María Sabina dijo: “Lo que es más: de estas páginas se desprende algo inapreciable para todos nosotros, el retrato de una persona que tuvo una genuina vocación religiosa y la llevó adelante hasta el fin de sus días.”
María Sabina, Mujer Espíritu el documental cinematográfico de Nicolás Echevarría y el documental alemán Narrenschwamme von Pilzen están basados en los textos de Álvaro, quien participó de manera activa en la producción.
Aparte de ser escritor, Álvaro Estrada era ingeniero de profesión, laboraba en el Metro de la ciudad de México, era profesor en el Politécnico y sobre todo un esposo cariñoso, un padre entregado a sus cinco hijos y abuelo orgulloso de cuatro nietos. Tenía muchos amigos en las cantinas del centro y en Netzahualcóyotl. Se llevaba igual con los intelectuales que con la gente más humilde y en las fiestas tocaba la guitarra, cantando con su conmovedora voz de adolescente.
Recordando a Álvaro Estrada, siento su presencia y revivo todas nuestras largas conversaciones íntimas y los convivios. Sus restos merecen reposar en la Rotonda de Hombres Ilustres de México. Y su archivo, que me enseñaba siempre con mucho entusiasmo, estaría bien ubicado en el Jardín Etno-Botánico de Oaxaca. La palabra “etno-micología” viene de Gordon Wasson, antes de que se empezara a usar la palabra “etno-botánico”. El acervo de un gran escritor es un ser vivo que siempre crece con nuevas ediciones y comentarios.

Las futuras generaciones podrán leer en los libros de Álvaro Estrada cómo fue la vida en Huautla antes de la construcción de la carretera (1959) y antes de la entrada de la tele, la compu y el súper, cuando gran parte del pueblo vivía según las reglas de la prehistoria, evolucionando muy despacio, al ritmo de un caracol, antes de ser perfeccionado el arte de la escritura.

 

 

Ciclo Literario.