Oculto

Alfredo Coello


 

En esta nueva clase de física
no hay lugar para el campo y la materia
 porque el campo es la única realidad.
Albert Einstein

Una vez más viene, no sé desde donde, a visitarme. El sueño es una cortina mental que inventamos toda vez que, acostados o no, intentamos ver u  ocultar los designios de nuestra existencia. La cotidiana tarea de ejercer rutinariamente, en este ejercicio, las posibilidades que sostiene nuestra memoria oculta, nos invita al intento de entenderlo: los griegos en su abaton reservaban los sueños a su incubación, y en éste importante gimnasio se practicaba la curación, durante el sueño, cuando los “enfermos” eran visitados por los dioses.
Antes de ingresar al trance me veo en el umbral de la angustia, sensación más que sentimiento, me avisa o da señales de que algo tenebroso está por sucederme. Hablo desde el sueño y la falta de vigilia, sustancialmente altera todas las categorías de conocimiento del Ser, pues, no es el mismo sueño que cuando se vive despierto – comenta María Zambrano.
En los resquicios de mi memoria, aguarda un centinela de paso, figura descompuesta por la materia de su cuerpo, espíritu más de rebelde que de vigilante; a veces, no son guardianes quienes nos protegen, no están alertas al asalto de las mal-edades que flotan en el universo onírico de la humanidad toda. Vencidos por la fuerza de la imagen maligna, pululan  en el sueño donde puede más el mal que el bien.

Dave Glover
Fotografía

 Subo las escaleras de mi casa que llevan a la azotea, veo la puerta que se  ha quedado abierta, es de noche en mi sueño, todo oscuro, no hay límites de luz. Me digo o ¿hablo conmigo mismo? Es esto posible en un sueño, hablar con uno mismo nos obliga a preguntar si el sueño es un espacio temporal de diálogo donde la palabra no tiene sonoridad, ni tono, ni audiencia auricular que la reciba. La palabra es invisible, como siempre, en el sueño. Si grita no remite al aumento de su tono, simplemente sabes que gritas no porque la escuches, sino porque sabes que estás gritando. ¿Y a qué dimensiones nos lleva esta palabra cuando la pronunciamos?, ¿desde qué orificio oracular del universo está grabando nuestra efímera conciencia el sueño?
Los espacios inventados son en la realidad, material preciso, exacta copia de lo que es cuando no sueñas. Despiertas subes las escaleras y sin saber, sientes que estas subiendo, aunque no tengas plena conciencia del acto de “subir”. Te detiene el misterio ¿quién dejó la puerta abierta? La angustia provoca un gemido en el dolor de tu sueño, ¿es el principio de la pesadilla?
Si no existe el cuerpo, físicamente, en el sueño, entonces ¿por qué duele lo que ves?, ¿por qué te angustias?. ¿Quién tiene miedo? o ¿el miedo es absolutamente abstracto e inventado, según las esteras culturales en las que estás acostado y soñando?
Pienso antes de cualquier acción ¿se piensa en el sueño? Sí, y es un pensamiento que se aleja de toda gnosis inventada durante la vigilia de la humanidad. Tengo que cerrar las puertas antes de que me aborde la oscuridad, la empujo con mis manos, subo dos escalones más, estiro el brazo que veo como si fuera mío y en “realidad” es mío, trato de cerrar la puerta, o sea, la empujo hacia mí, pues las puertas de mi casa se cierran hacia el interior y no a su exterior.
Flota en el aire un grito enclaustrado en la oscuridad del sueño, la escalera no tiene barandal, vacío de muerte al asecho. Perennemente me observa, en el último instante, un guardián que puede romper la soga entre la vida y la muerte. Cuando te toca morir el azar entra y sale, se desvanece y ayuda a la salvedad, esconde su misterio y no devela sino su propio enigma.
Empujo la puerta y mi vida es la vía de mi desvío. Y viene de lejos, no sé de dónde, a visitarme esa sombra forastera y de entresijo. Al otro lado de la puerta, ¿cuántos lados tiene una puerta?
Alguien espolea mi sueño afuera y me devuelve la memoria, sigo sin entender qué o quién está actuando desde mi sueño, el sueño es tu propia mirada adentro, oscura mirada de tu repaso. Desde allá un niño empuja su puerta hacia la mía, grito y lloro, tengo miedo.

Alguna expansión desconocida explora mi angustia que provoca, aviva y sofoca una cosa, como si quisiera destruirme; la puerta se afloja, sus goznes guturales se abren antes de cerrar mi paso, dos pasos o tres, cuatro escalones de subida antes de bajar. Cuando me percato el miedo ya es horror, ¿por qué? No lo sé. Es mi hijo de tres meses caminando, y no es, es un duende despabilado en los secretos de mi sueño, camina hacia mí, pretende entender lo que soy. En el sueño ¿Yo soy? ...  No puedo despertar. El otro lado de la puerta abre su... puerta. En este campo flota mi conciencia donde no hay materia, pues las separaciones y limitaciones están en nuestras mentes.

 

 

Ciclo Literario.