Las batallas simbólicas *

Fernando Gálvez de Aguinaga


Un jaguar apareció en el año 2004 en la comunidad de Cristo Rey La Selva perdida en las serranías de Oaxaca. La noticia de su aparición era casi una novela o el retorno de los mitos indígenas a la realidad contemporánea. La fiera había dividido a la comunidad puesto que se había comido varias vacas y borregos, así que los hombres jóvenes del pueblo querían asesinarlo, mientras que los viejos aseguraban que matarlo era una afrenta con los dioses y los ancestros, puesto que en su mitología fundacional, ellos provenían de un mítico jaguar que había señalado los puntos que delimitaban el territorio perteneciente al pueblo. Pero el felino siguió devorando ganado e hizo que la discusión fuese ganada por los jóvenes, a ellos no les importaban las razones esgrimidas por los mayores: “No éramos pueblo ganadero, las vacas y borregos nos llegaron recién por medio de programas gubernamentales. Somos nosotros los que hemos desmontado selva y entrado al territorio del jaguar para criar ganado. Somos pueblo que durante siglos ha vivido con la selva y de la selva.” Así pues, los jóvenes olvidaron estas razones y sus mitos originarios como descendientes de un jaguar y contrataron a un tigrero para que cazara al manchado intruso. El rudo cazador de una comunidad vecina solía llevar colmillos de jaguar a modo de collar y amuletos, recordando sus hazañas de cacería. Pero en esta ocasión falló, regresó espantado del sitio dónde había tendido una trampa al jaguar con un becerro muerto. Su relato era deslumbrante: “Subimos a un gran árbol al pie del cual habíamos colocado al becerro muerto. Teníamos una pata del animal atada a una cuerda que a mi vez tenía atada a un brazo. Nos acomodamos mi compañero y yo con los rifles y las linternas apagadas en dos grandes ramas y nos dispusimos a esperar.  Cuando sentimos ruidos y el primer jalón al animalito muerto, volteamos hacia abajo, era ya tarde y nos habíamos quedado dormidos, pero vimos en lugar del jaguar una luz muy intensa que resplandecía, creímos que se había hecho de mañana pero eran las tres o cuatro de la madrugada.  Era el jaguar lo que brillaba y cuando intentamos disparar, se metió al monte, como un sol corriendo entre la selva.” El relato del fracaso de la caza era el retorno de los mitos. El jaguar continuó devorando ganado, y entonces el pueblo ideó la forma de cazarlo vivo. Le tendió una trampa en una cueva y logró encerrarlo. Luego pidió ayuda a amigos para que se gestionara la liberación de su Dios en un lugar más remoto de la selva.

Fernando Aceves Humana / Mi
padre es un infiltrado

   Tanto Fernando Aceves como yo nos vimos involucrados en esta historia. Recuerdo que pintó un estupendo cuadro para subastarlo y obtener recursos para desarrollar alternativas productivas al pueblo que les permitiese ir abandonando la ganadería que estaba confrontándolos con el jaguar y acabando con la selva. El precioso jaguar era un rugido de advertencia que parecía decir: “Están entrando a uno de los últimos manchones de biodiversidad que quedan en el país, en tanto yo exista, querrá decir que el ecosistema aún está sano. En cuanto empiecen a penetrar mi territorio, nos iremos extinguiendo, nosotros los grandes felinos y detrás nuestro, toda la diversidad de flora y fauna con la que compartimos territorio.” 
   Escribo esto en la ciudad más grande y poblada del continente americano. Pienso en las pinturas que José María Velasco pintó en el siglo XIX del valle que hoy aloja este monstruo urbano. No queda nada de aquellos paisajes. Solo una herencia pictórica que se ha transmitido hacia el pulso de dos o tres pintores de mi generación, entre los cuales sin duda está Fernando Aceves Humana. Ayer, al subirme al metro, pensaba en ese cuadro de unos monos corriendo al atardecer sobre  un oleoducto. Por la ventana del metro vi un anuncio del Gobierno de la Ciudad que decía: “En 2010 puede acabarse el agua.” Cerré los ojos y sentí muy claro el mensaje del prodigioso cuadro de Aceves: nos estamos hermanando ya con las especies en extinción, ya estamos acabando con el petróleo y por el petróleo y con el petróleo estamos acabando con el  planeta y hemos demolido cien veces la paz entre las naciones. Pero también estamos acabando con el acero con el que se fabricaron los oleoductos y mucho más grave, estamos acabando con el agua bebible.  
   Los cuadros de Fernando, pintados con su firme pincelada llena de una energía que en muchos de estos cuadros se torna furiosa, son, más que una denuncia ecológica,  nuestro espejo. Cuando se gestaban algunos de estos cuadros simiescos en el taller oaxaqueño de Fernando durante el año 2006, afuera, en las calles, se estaban dando las grandes batallas entre el movimiento popular de la APPO y las fuerzas gubernamentales. Mientras Aceves se encerraba en los gabinetes reservados del Museo de Historia Nacional de París para dibujar y pintar las especies extintas o con grave riesgo de desaparición, las noches de los suburbios parisinos se convertían en hogueras de autos incendiados por los jóvenes sin futuro de los barrios de inmigrantes. En tanto se desarrolló esta serie, se dio el colapso del sistema financiero internacional y con ello millones de personas se incorporaron a las cifras de quienes morirán de hambre, esa es la verdadera crisis, y esos millones de personas no van a sobrevivir porque ya se estabilizaron las cifras de los mercados bursátiles, ni los ríos van a llenarse con bonos del Tesoro Estadounidense, ni muchas de las especies que hoy miramos pintadas con crudeza en contextos urbanos por el pincel de Fernando, van a caminar otra vez por la tierra, ni siquiera por una tierra cubierta por asfalto. Qué nos queda, volver a mitificar a los animales, volver a hacerlos sagrados para así respetar los últimos especímenes que quedan y entender que salvarlos es salvarnos. Al menos tengo la esperanza de que los pintores que dicen algo con su arte, algo que valga la pena mirar y escuchar en nuestros adentros, no son una especie en extinción y van a empezar a decir las cosas que tenemos que entender, como sucedió en la gran crisis de los años 30 del siglo pasado, cuando había una efervescencia creativa que contrastaba duramente con las guerras, la depresión económica y todas las calamidades causadas por los juegos del capitalismo en aquel momento.

Fernando Aceves Humana / Le viol

   Pareciera que todos estos años trabajando en los diversos aspectos de la pintura y la gráfica por parte de Fernando, todas esas exploraciones en torno a la luz y los claroscuros, esa insistencia obsesiva en el dibujo desde que éramos adolescentes y lo veía en el salón de clases, dibujando al maestro de historia o matemáticas bajo la pálida luz eléctrica, dibujando las bancas, las muchachas que nos gustaban, su propia mano, pareciera también que las persistentes salidas al campo buscando pintar del natural el paisaje y un templo asiático perdido en la jungla y los valles vistos desde las colinas, pareciera, digo, que todo aquello fuese un aprendizaje para venir a crear una serie de obras que no tienen nada que ver con el mercado, esa instancia que hoy domina y regula también al arte. Se trata de cuadros casi invendibles, cuadros para quien entienda de pintura, para quien sepa lo que significó Bacon o las pinturas negras de Goya, para que los veamos todos. Trabajos en que el creador no piensa sino en su necesidad por decirnos algo que trasciende al mero discurso poético, pues es preciso hablar claramente de lo que nos está sucediendo como especie, como seres históricos, y el artista percibe que es momento de alertar y para alertar no hay como pintar bien, mejor que nunca, entonces se entenderá inevitablemente la terrible denuncia. 
   Un gran monolito prehispánico apareció en el subsuelo del centro histórico de México y frenó la construcción de un edificio contemporáneo que iba ser erigido justo frente a Templo Mayor. Fernando ha ido a ese sitio a pintar las ofrendas aztecas conforme fueron apareciendo. Las realidades culturales y animales que han sido exterminadas, siguen sin embargo actuando, lanzando sus señales, sus metáforas, más allá de lo que podemos comprender racionalmente, batallas simbólicas que son base para esta serie de pinturas que serán referentes de nuestras crisis.

* Cortesía Museo de los Pintores de Oaxaca

 

 

Ciclo Literario.