Flores color mostaza

Ajmer Rode
Traducción de: Olga Y. Mancinelli


Ajmer Rode nació en la región del Punjab, India, en 1940, y vive en Canadá desde 1966. Ha publicado varios libros de poesía, obras de teatro, relatos y traducciones en punjabi e inglés. Su libro de mil páginas, Leela (co-autoría con Navtej Bharati) es considerado un trabajo excepcional de la poesía punjabi del siglo XX. En inglés se publicó su poemario Poemas en el quicio de mi puerta. Ingresó en 1994 al Concilio Nacional de la Unión de Escritores de Canadá y el mismo año le fue entregado el premio Lifetime Achievement por el Departamento de Idiomas del Punjab.

 

Flores color mostaza

Si ves a un viejo que se sienta solo
en la parada de autobús
y te preguntas
quién será, te lo diré.
Es mi padre.
No espera a un amigo ni al vehículo
ni está descansando antes
de continuar su caminata.
No tiene intenciones siquiera de comprar
algo en las tiendas cercanas;
sólo está ahí, sentado en la banca.

De vez en cuando sonríe y habla.
Nadie lo escucha.
A nadie le importa.
A él parece no preocuparle
si alguien lo atiende o no.
Largas hileras de vehículos, autobuses
y gente fluyen en el camino.
Un río de imágenes, metáforas y
semejanzas flota en su mente.
Allá en su pueblo
todo se detiene a media noche
al apagarse las luces del tráfico.

El día comienza
cuando el semáforo
da luz verde.
Si alguien toca la bocina
el perro del vecino ladra.

Al pasar un auto amarillo 
mil flores color mostaza
brotan en su imaginación.

Un hombre alto transita con su sombra
que desaparece detrás. Mi padre
recuerda a Pauli quien dejó el pueblo
para irse a Malaya y nunca volvió.
Asoma una sonrisa
en sus labios, y se oculta.
Cuando parece que nada interesante
sucede, vuelve a hablar:
¿Dónde naciste y de dónde
vienes?
¿Volverás?  
Es el destino, sí, un juego del
destino, lo ves.
Murmura
e inquiere con la cabeza:
Y, ¿dónde morirás, amigo?

Cavilar en la muerte es más
dilatado y atractivo.
Guarda silencio y piensa en
la capilla de la calle Fraser
donde ha asistido a muchos funerales:
recapacita en los adornos
negros y rojos
y se imagina a sí mismo
descansando apacible
ante una fila de personas
que lo visitan  por última vez.
Sus ojos se iluminan. Quizás
sea esta la imagen que más disfruta
antes que el autobús la demuela
con su  llegada abrupta.
Los pasajeros descienden, marchan
como hormigas dispersándose con prisa.
El autobús se aleja.
Mi padre observa de nuevo
el tráfico para ver

si un auto amarillo está pasando por allí.

Enriqueta Febles
fotografía

 

 

 

 

 

 

 

 

Enriqueta Febles
Fotografía

 

 

Ciclo Literario.