La iluminación incomprensible

Lorenzo León Diez


El último chamán
Conversaciones sobre Heidegger
Franco Volpi
Antonio Gnoli
Los libros de Homero
2009

Jesús Salazar Velasco dirige Los libros de Homero, editorial que vela por sus títulos y sus autores más que por cualquier tipo de ambición extraña al hilo de los pensamientos. Este sentido así expresado nos recuerda la nostalgia de Sándor Márai, el gran escritor húngaro, por una época en la que el libro era un objeto litúrgico, tanto como la pila bautismal o el tabernáculo. Cuando al libro todavía se consideraba un compañero de debate, un amigo, un enemigo (Ciclo 86).
Percibiendo seguramente esta voluntad del editor y traductor Jesús Salazar Velasco, el filósofo italiano Franco Volpi manifestó su interés para que Los libros de Homero editara, por primera vez al español su libro El último chamán, conversaciones sobre Heidegger, escrito en colaboración con el periodista del diario La República, Antonio Gnoli. Se trata de un libro de entrevistas a los últimos personajes que conocieron a Martín Heidegger, el famoso mago de Messkirch.
El libro se publicó en 2008 y Volpi acudió a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde departió con los jóvenes editores, que habían producido una primera edición no comercial, y entre quienes - dice Salazar Velasco-, se sentía en mayor confianza que con la comitiva de escritores e intelectuales que llenaban las salas con su nombre. Recuerda haberlo escuchado en una conferencia donde Volpi dijo que la muerte debía sorprendernos haciendo lo que nos gusta. Tiempo después, Salazar Velasco recibió una triste noticia de Italia, el filósofo había muerto mientras daba un paseo en bicicleta.

Víctor Rendón / 1991
Fotografía

En esta nueva edición, que circula en las librerías en colaboración con editorial Almadía,  se expresa el afecto que los creadores de Los libros de Homero sintieron por el autor de una densa obra filosófica y cuya obra y pensamiento fueron truncados en plena madurez. Sin duda, la claridad y profundidad de las preguntas que formula Volpi a los filósofos que convivieron con Heidegger, nos enseña que es un autor apasionado en su trabajo indagatorio, plenamente contemporáneo de los viejos profesores debido a su erudición y con quienes puede interactuar creativa y críticamente.
El título del libro lo expone con claridad el epílogo de Ángel Xolocotzi: Lo que Heidegger ha logrado con sus oyentes y lectores puede ser comparado con el chamanismo: los chamanes, a diferencia de los brujos, remueven de las personas aquello que no permite salir adelante. No se trata de un trabajo dirigido a una empresa concreta, sino más bien es un acto de liberación al quitar trabas que impiden vivir positivamente.
Martin Heidegger –nos dicen los autores en su introducción- fue un hombre controversial considerado cómplice del nazismo; para otros, fue víctima de un mecanismo político del cual, dada su novedad, no se podía prever la brutalidad y fiereza que manifestó después y a 30 años de su muerte, Volpi y Gnoli se dieron a la tarea de buscar a los personajes que asistieron a una lección, conferencia o seminario de ese chamán del conocimiento.

Hermann Heidegger
Heidegger, recuerda su hijo Hermann, que fue hecho prisionero por los rusos después de la guerra,  trabajaba a la luz de las velas. La parte principal de El Ser y el Tiempo fue escrita en la cabaña de Todtnauberg, donde no había electricidad. Tenía un sentimiento de pertenencia con la Selva Negra, aquel mundo de campesinos. Hermann también era su discípulo y menciona que su padre  tenía talento didáctico y abordaba de manera muy eficaz los argumentos más difíciles. El efecto en verdad sorprende, si se compara con la dificultad que surge al leer sus escritos.
Hermann regresó a Alemania de lo que fuera el frente ruso hasta 1947 y se dedicó a dar clases en una escuela primaria. En 1955 ingresó al ejército para trabajar en la oficina de investigación militar en varios encargos del Estado mayor y más tarde se dedicó a los estudios de historia militar.
Volpi le dice: su padre fue un católico que se convirtió al luteranismo. Pero sus escritos se pueden interpretar como una forma refinada de ateísmo. Hermann responde que Heidegger provenía de una familia católica, su padre era sacristán en Meekirch, por eso su educación fue profundamente religiosa. Pero pronto vio que no podía estar de acuerdo con los dogmas de la iglesia. Él no fue un ateo cualquiera, en el sentido banal del término. El suyo era, si acaso, un ateísmo filosófico. Sin embargo Volpi insiste: pero su filosofía puede ser leída como una gran especulación atea. Y él: Sí, pero siempre tuvo como referencia un principio trascendente.
Hermann, heredero de los escritos del filósofo, es hijastro de Heidegger, según él mismo lo confirma en un poscriptum a la edición de cartas de Heidegger a su mujer Elfride y que Volpi  reproduce. Su verdadero padre fue el doctor Friedel Caesar, amigo de juventud de su madre. Es gracias a esa publicación de las cartas, dadas a la imprenta por una nieta de Heidegger, que Hermann confiesa esa verdad histórica que lo libra “de un peso que me ha oprimido y atormentado por 71 años”, escribió en 2005.
Ernest Jünger
Cuando Ernst  Jünger visita a Heidegger en la cabaña de Todtnauberg, da un paseo con el joven Hermann y en un paraje le dice de súbito: “Y bien, querido Heidegger, ¿no encuentra que este sea un lugar perfecto para colocar ametralladoras pesadas para abrir fuego?”  Sin embargo, aunque Hermann comenta a su entrevistador que Jünger tenía obsesión por la guerra, Jünger confiesa a su vez a Volpi: Mi visión de la guerra estaba animada por un ropaje heroico, que algunos han malentendido en sentido militar. En realidad, la experiencia dominante para mí siempre fue la lectura: siempre he concebido y conducido mi vida como la de un lector, en el sentido en que sólo a través de la lectura me he motivado para la acción.
Personaje apasionante, que ha vivido dos guerras mundiales y escrito una obra nodal para el pensamiento moderno, tiene cien años cumplidos en el momento de este diálogo.  Jünger nos define como una sociedad de individuos masificados que, justamente por esto, solicita elites muy pequeñas y restringidas. El dicho de Heráclito que dice “uno vale diez mil”, habría que elevarlo a la n potencia. Volpi le pregunta sobre la angustia, que al decir de Heidegger, caracteriza la atmósfera de nuestro tiempo. El viejo sabio responde: Sí, quizá es el estado de ánimo fundamental del hombre, este extraño ser que atraviesa el tiempo y que en su lucha con la nada es llamado a otras inevitables pruebas: la duda y el dolor.

Víctor Rendón / 1998
Fotografía

Jünger en su ensayo Tratado del rebelde, concibe al Anarca como un hombre que se retira al bosque para comprenderse a sí mismo, enfrenta y vence la angustia, la duda y el dolor. Lo distingue del “anárquico”, un revolucionario que quiere transformar al mundo y para lograr su objetivo no retrocede ni frente al crimen ni frente al terror. El Anarca, por su parte se esconde exteriormente en la normalidad, puede ser un contador que sigue todo aquello que las leyes prescriben, pero en su interior, en la soledad de la noche, piensa y hace aquello que le parece mejor. 
 
Hans- Georg Gadamer
Heidegger, dice su discípulo Hans- Georg Gadamer,  tenía un modo completamente nuevo de hacer hablar los textos de la tradición. Escucharlo interpretar a los griegos, Platón, Aristóteles, y luego a Pablo, Agustín, el joven Lucero, verlo en el trabajo de sus primeras tentativas de encontrar un vocabulario filosófico nuevo para acoger el sentido de la existencia humana era verdaderamente una experiencia indescriptible. Casi como asistir a un espectáculo de la naturaleza. En el aire había la sensación de que un nuevo astro estaba naciendo en el firmamento de la filosofía alemana. Y Hans abunda: Heidegger poseía una imaginación ilimitada e impredecible, pero al mismo tiempo una disciplina laboral de hierro, y aunque se expuso al riesgo de perderse, pues tenía muchas tentaciones, especialmente con el otro sexo, alcanzó verdaderamente a realizar una obra filosófica de rara grandiosidad.
Este tema de la sexualidad de Heidegger, lo introduce Hans al mencionar a su alumna Hannah Arendt, quien le había hecho descubrir los placeres de la carne, lo había hecho feliz. Pero ella sólo sería el principio, como refrenda, a su vez, en el epílogo Ángel Xolocotzi: después vendrán Margot von Sachsen-Meiningen, Sophie Dorothee von Podewils, Marielene Putscher, Dory Vietta, Andrea von Harbou y muchas otras. Para explicarlo, hay una carta a su esposa Elfride: “Si mi existencia carece de pasión enmudece la voz y la fuente no fluye” Y en otra:” Mi naturaleza es mucho más encendida que la tuya; y no puedo demostrarte con ningún argumento que me es necesario vivir en Eros para así poder plasmar, aunque sea de una manera previa e incompleta, lo por crearse que todavía siento en mí como algo no resuelto y definitivo”.
Respecto a la relación entre Heidegger y el poeta Paul Celan, Hans afirma que el primero era un apasionado de la poesía de Celan y la admiraba como un gran arte, como una forma de pensamiento poético que él deseaba. A su vez, Celan estaba interesado en los motivos filosóficos que Heidegger trataba. Su desencuentro, al final, sería tan intenso como su mutua admiración.

   Ernst Nolte
Ernst Nolte señala que es una historia conocida aquella que se refiere al lenguaje oscuro de Heidegger. Es verdad para sus escritos, pero no para sus cursos, que eran en verdad entusiasmantes y generaban un gran acontecimiento. En su epílogo, Xolocotzi da más datos del efecto de sus clases, de las que –informa Eugen Fink- los estudiantes salían atónitos, emocionados, inspirados, habían tenido un resplandor, un encantamiento, un suceso carismático. Estas sesiones, en 1923, convocaban a 90 asistentes. Años más tarde Nolte estaría en aulas con más de 500 alumnos. Era –dice- como si este hombre, menudo de aspecto, crease mediante sus palabras una zona mágica y suspendida en la cual tomaba forma la filosofía. Un destacado alumno sería citado una y otra vez cuando expresó: “¡No entiendo ni una palabra, pero esto es filosofía!”  Nolte lo describe como un hombre simple. Su aspecto físico recordaba a ciertos campesinos de la Selva Negra. Pero aquello que más atraía de él eran sus ojos: espléndidos, agudos, penetrantes. Parecía que su mirada tenía la fuerza de leer el interior.
Volpi pregunta a Nolte ¿Adónde  quería llegar Heidegger con sus últimas inquietas experimentaciones filosóficas? Y le responde: Estoy convencido que intentaba de algún modo retornar a la experiencia religiosa. No en sentido católico, sino en una dimensión griega. Para él la filosofía habría debido mostrar cuanto de excepcional se oculta en el mundo ordinario de las cosas y de los animales: en una planta, en una casa, hasta en el canto de un pájaro. Era necesario recuperar aquel mundo, si se quería contrarrestar eficazmente la realidad de la técnica.

El último chamán es un libro fresco que nos hace visitar y revisitar la prosa de este enigmático escritor alemán, personaje cuyo nombre aparece como referencia en los textos de pensamiento profundo y que es más citado que leído. Es también una oportunidad para afirmar la vitalidad del género de la entrevista, cuyos valores dialogales cobran toda su plenitud cuando la pregunta abre respuestas tan luminosas como la de estos pensadores que desde la ancianidad, la mayoría, nos ilustran sobre una de las épocas más terribles y complejas de la humanidad.

 

 

Ciclo Literario.