¿Por qué Salambó?*

Gerardo de la Torre


 

Una vez me gasté la quincena entera en una orquídea —dijo José Emilio Pacheco treinta años después. Habían ocurrido ya Morirás lejos y Batallas en el desierto, y estaba por conferírsele el Premio Nacional de Letras, aún muy lejos del Reina Sofía que se le otorgó en 2009.
Aquel magnífico ejemplar de orquidácea se hallaba destinado a adornar la gracia de una por entonces muy joven actriz que se iniciaba en las lides teatrales y al cabo de unos años, cada vez más guapa y embarnecida, saltaría al cine y luego a la televisión, donde en las telenovelas haría de dama joven y perduraría hasta nuestro tiempo como esposa, madre, abuela, bisabuela, ¡ay!

Gertrude Kásebier / 1898
Fotografía

A finales del año 1957 formaba yo parte de un grupo teatral del Seguro Social que se reunía en la Casa de la Asegurada de Obrero Mundial y Vértiz (donde hay ahora una tienda del ISSSTE). El maestro de actuación era Carlos Ancira, casado con Thelma Berny, prima de José Emilio. En la Casa de la Asegurada ensayaba por esos días, bajo la dirección de Ancira, un grupo de alumnos de la escuela de la ANDA al que pertenecía la joven actriz. Una vez a la semana, o cosa así, José Emilio acudía a visitarla y le llevaba flores. En una de ésas me puse a conversar con él.
A sus dieciocho años Pacheco destacaba ya en el ámbito de las letras y preparaba la publicación de La sangre de Medusa, su primer libro de cuentos. Le dije que me gustaba leer y en ocasiones me atrevía a escribir. Quería escribir poesía y novelas de intención social, dije, y a la vez confesé que era yo un absoluto ignorante. Leía sin darme cuenta si probaba literatura buena, mala o pésima, aunque sin duda se trataba de literatura entretenida. José Emilio me miraba como a bicho raro, quizá porque al principio revelé que jugaba yo futbol americano en un equipo Politécnico. “¿Cómo puede ser que te guste el futbol americano y la literatura?”. No supe qué decir.
Le pedí que me recomendara buenas lecturas y sin mucho reflexionar sugirió que me consiguiera una antología de poesía española que recogía textos de Ángela Figuera Aymerich, Gabriel Celaya Cincuenta, Blas de Otero y otros poetas de compromiso social; además, unos cuentos de Albert Camus reunidos en El exilio y el reino y el Salambó de Flaubert (aún ahora no entiendo por qué me propuso Salambó y no Madame Bovary).
Al día siguiente me fui a la librería Zaplana de avenida Juárez y Bucareli y adquirí esos títulos y me puse a leer con desenfreno. Poco después volví a ver a José Emilio en la Casa de la Asegurada y esta vez le pedí nombres de buenos autores policiacos. Por entonces leía yo con denuedo ciertas noveluchas de crimen que publicaba Editorial Novaro, firmadas por autores como Bart Carson, Edgar Wallace y Arthur Upfield, o bien me limitaba a esa literatura del asesinato en el jarrón veneciano producida por Dorothy Sayers, Agata Christie, S.S. Van Dine.
—De policiacos no sé nada —dijo José Emilio—, pero la próxima vez voy a traer a Monsiváis, que es experto.
En efecto, una o dos semanas más tarde compareció con Carlos Monsiváis. Y aunque no recuerdo con exactitud qué títulos o autores sugirió Carlos, sí estoy seguro de que me señaló una línea de avanzada.
Así, a Monsiváis le debo en buena medida las satisfacciones que he hallado en la novela negra. Hammett y Chandler, y también Patricia Highsmith, Jim Thompson, James M. Cain, Ross McDonald y en años recientes Henning Mankell y Stieg Larsson.

José Emilio Pacheco fue el primer escritor que traté y en primer término le debo mi aproximación a Camus. A partir de El exilio y El reino leí y veneré la obra entera del autor francés: novelas, obras de teatro, ensayos. Todavía no hace mucho retomé El extranjero, El mito de Sísifo y El hombre rebelde.

Pero de entonces a esta parte me he seguido preguntando por qué Salambó. Y me digo que quizá porque esta novela cartaginesa contiene elementos históricos y grandes movimientos de masas.

Ya se lo pregunté a José Emilio.


* Texto leído el 25 de julio en Oaxaca durante el 18 Encuentro Internacional de Escritores Hacedores de Palabras, en homenaje a  los 70 años de José Emilio Pacheco.

Gerardo de la Torre (1938, Oaxaca, Oaxaca). Escritor, crítico literario, periodista, argumentista de cine y guionista de televisión. Formó parte del taller literario de Juan José Arreola.  Cuenta con una extensa obra publicada, en su mayoría novelas y cuentos, entre ellos: El otro diluvio (1968), Morderán el polvo (1999) y La casa del mono y otros crímenes (2002). Ha obtenido varios reconocimientos nacionales, el más reciente el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2009 por su obra Nieve sobre Oaxaca. Desde 1994 pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

 

Ciclo Literario.