En busca de Laurette Séjourné

Susana Wald


En algún punto de África Oriental existe un sitio en que se han excavado esqueletos petrificados muy antiguos, de hecho restos de quienes se supone somos descendientes todos los seres humanos; en ese sitio ha estado trabajando durante toda su vida una pareja de investigadores, de apellido Leakey que han hecho descubrimientos sensacionales entre los que se encuentran las huellas petrificadas de una mujer. En la descripción que hace de estas huellas la Dra. Leakey en un número de National Geographic que me tocó leer en inglés hace muchos años, ella menciona que, analizando las huellas, se puede afirmar que eran de los pies de una mujer de talla pequeña cargando probablemente a una criatura en la cadera, que en un instante se detuvo para mirar hacia un lado porque, según la Dra. Leakey, “tuvo un momento de duda” y luego continuó su camino. El paso de esta mujer hace muchísimo tiempo tuvo lugar durante un evento volcánico, las huellas de sus pies se llenaron de ceniza hirviente que sirvió para preservarlas. La mención de este “momento de duda” me ha acercado mucho a la pequeña mujer que iba cargada, porque la condición humana está basada, fundada incluso, en momentos de duda en que nuestra percepción se agudiza y nuestra mente debe tomar decisiones que son la expresión de nuestra naturaleza esencial.
Todos compartimos con esa mujer prehistórica ese momento de duda, todos participamos del andar hacia un fin que suponemos conocer y el andar de todos nosotros se puede interrumpir del modo que se interrumpió el paso de quien dejó las huellas que ahora leemos atónitos.

Fabián Castro /2009
Fotografía

Uno de esos momentos de duda quedó descrito en una nota que encontré en mi biblioteca hace poco; la nota la escribió Laurette Séjourné el 16 de septiembre de 1964 en respuesta a la carta que le mandé poco antes desde Santiago de Chile, impulsada por el entusiasmo que me causó la lectura de su libro Pensamiento y Religión en el México Antiguo, publicado por el Fondo de Cultura Económica; la nota dice:
Chère Susanne Wald, Votre mot m’a profondément touchée;  Me croirez-vous si je vous dis que —ce même matin, pour la première fois depuis que je me voue à cette étrange besogne— j’avais ressenti l’angoisse de l’impossibilité de ne jamais pouvoir communiquer ce que je découvre dans cet univers précolombien? Et souffert pour la stérilité de tout mon travail? Affectueusement vôtre Laurette
(Querida Susanne Wald, su nota me ha conmovido profundamente; ¿Me creerá usted si le digo que —esta misma mañana, por primera vez desde que me dedico a esta extraña tarea— había sentido la angustia de la imposibilidad de poder comunicar vez alguna lo que yo descubro en este universo precolombino? ¿Y que me he dolido de la esterilidad de todo mi trabajo? Con afecto, su Laurette).
Puedo usar su frase y decir que al leerlas tras tantos años, las palabras de Séjourné “me han conmovido profundamente.” Entré en el internet para buscar información sobre ella; se mencionan sus numerosas publicaciones y su trabajo como arqueóloga francesa; que nació en 1911; que se nacionalizó mexicana y que trabajó durante 40 años para el INAH; que algunos arqueólogos lloraron su muerte a los 91 años acaecida el 25 de mayo de 2003; que “en 1937 entabló amistad con el novelista belga Víctor Serge en París” y con él huyó a Marsella refugiándose donde André Breton; que llegó a México con el grupo de éste; que al parecer nació en Italia y sus apellidos de soltera eran Valentini Crespi; que allá por la Primera Guerra Mundial se fue a Francia (supongo que más bien la llevaron, porque debía ser niña); que era “una destacada antropóloga francesa;” que Arnaldo Orfila Reynal, Director del Fondo de Cultura Económica y creador de la editorial Siglo XXI, “se unió” a ella “hacia fines del decenio de los cincuenta” (es decir, pocos años antes de que me escribiera esas líneas); se mencionan los años en que llevó a cabo sus investigaciones arqueológicas y los títulos de los libros que publicó y que Orfila fue el traductor de su obra; que “hasta los últimos años de su existencia mantuvo firmes sus ideales políticos” y también que “dedicó sus últimos años a llevar educación a los pueblos indígenas del sur de México.”
No hay, al parecer, una biografía ni una monografía sobre Séjourné; no se transparenta casi nada de su vida personal en todo lo que se dice de ella. Lo que sé es que —siendo una persona que había podido trabajar, publicar, explorar las áreas que le preocupaban—, a los 53 años tuvo ese momento de duda, de angustia, en el marco del cual hace una nota a alguien que no conoce, alguien que es 27 años más joven que ella y que no tiene entonces los elementos de vida que le den una luz sobre las connotaciones de la carta que está leyendo.
La nota de Laurette Séjourné está escrita sobre la primera página de una separata, un sobretiro de Cuadernos Americanos Nº 4, de julio-agosto de 1964. Lo conservo entre mis tesoros personales. La correspondencia que tuve con Séjourné no fue muy abundante; tras dos emigraciones y muchas mudanzas conservo otra nota suya escrita sobre otro informe de sus estudios, en marzo de 1965.
Me duele muchísimo no haber podido conocerla personalmente, no haber podido hablar con ella, cuando de hecho estuve viviendo en México nueve años antes de que falleciera; siento en esta omisión un gran vacío; quisiera haber compartido un espacio mínimo con ella, haberla tocado, haber pasado un minuto a su lado. Mi angustia hoy es reflejo de la que ella vivió en ese 16 de septiembre de 1964 y el mensaje que percibo en las notas de Laurette Séjourné es que ahora debo comenzar el proceso de encontrar la información para hacer una biografía de esta notabilísima mujer que pensó que el trabajo de sondear el alma precolombina era su tarea personal.

Se abren puertas y encuentro sin buscarla siquiera información sobre Séjourné. Descubro que hay documentos disponibles para hacer esta investigación y viven aún personas que la han sentido cercana y otras que han trabajado y convivido con ella. La huella que esta gran mujer dejó en México es muy profunda, su contribución es de valor excepcional y sospecho que fue un ser humano notable al quien muchos querrían poder acercarse. Todo ello me impulsa a partir en mi tarea de buscar a Laurette Séjourné.

 

Ciclo Literario.