Pequeña geopolítica de la crítica literaria

Jim Holt


Los Estados Unidos abrigan un sinnúmero de publicaciones, a menudo despiadadas. Panorama de las fuerzas en presencia.

El paisaje de la crítica literaria en los Estados Unidos es muy vasto ; incluye periódicos difundidos en ciudades de varios tamaños, modestos mensuales o trimestrales, como The New Criterion o Salmagundi, gigantescos semanales, como Time y Newsweek, prensa financiera con buen estilo literario, tal como The Wall Street Journal, importaciones británicas como TLS y el London Review of Books, revistas políticas tales como The Nation (de izquierda) o Commentary (de derecha), revistas de reseña literaria de poca difusión como Bookforum, finalmente los benjamines a la punta de la vanguardia, como n+1. Sobre este terreno de diversa topografía, cuatro puntos neurálgicos gobiernan la atención de la intelligentsia norteamericana: The New York Times Book Review, The New Yorker, The New York Review of Books y The New Republic. Aunque muy diferentes, estas publicaciones periódicas tienen en común el poder de construir o destruir una reputación intelectual.

Arthur S. Mole - John D. Thomas / 1918
Fotograf[ia

En términos de difusión, el más importante es The New York Times Book Review (NYTBR). Suplemento de la edición dominical de The New York Times, con una difusión de alrededor de 1,6 millones de ejemplares, es la revista que lee todo tipo de gente. El NYTBR emplea una docena de lectores, quienes seleccionan entre los centenares de libros nuevos recibidos cada semana, la veintena de felices elegidos que serán reseñados.  Algunos críticos son célebres, otros son desconocidos; de todos modos, desempeñar esta función en el NYTBR es un medio excelente para lanzarse en una carrera de “crítico cultural” –carrera de miseria, pero muy glamour. El reproche recurrente que se le hace al NYTBR es el de ser un periódico aburrido, “apagado tapiz en el mundo del libro”. Pero no todos tienen la misma opinión. Algunos críticos de la izquierda denuncian un monopolio de los neoconservadores sobre el NYTBR y subrayan que durante los años Bush, el redactor en jefe era  Sam Tanenhaus, el biógrafo del icono anticomunista Whittaker Chambers. Y ¿por qué el NYTBR no reseñó The Assault on Reason de Al Gore? Estas interrogaciones periódicas, habitadas por la obsesión del complot, traicionan un defecto cognitivo de parte de los críticos, conocido por el nombre de “selección orientada”. El NYTBR padece algunas fluctuaciones ideológicas en función del número y de la diversidad de los críticos solicitados, pero su centro de gravedad permanece ligeramente a la izquierda, de acuerdo con los criterios norteamericanos.
        El bimensual The New York Review of Books (NYRB) acaba de festejar su cuadragésimo quinto aniversario. Esta publicación tiene un color político más uniforme. Lanzado durante la huelga de la prensa de 1963 por un grupo de intelectuales neoyorquinos, conservó como líder a uno de sus fundadores, Robert Silvers, lo cual es una hazaña. Ahora, a la edad de 79 años, Silvers es la figura más venerada del periodismo intelectual norteamericano de nuestros días. La difusión del NYRB, de alrededor de 130,000 ejemplares, es menor a la del The New York Times, pero la lista de sus colaboradores habituales – todos eminentes personalidades, tales como premios Nobel de economía, Robert Solow y Paul Krugman, o de física, Steven Weinberg, o de literatura, J.M. Coetzee, sin hablar de personalidades incómodas como Gore Vidal – le garantiza un nivel intelectual superior. Por otra parte, hecho único para este género de publicaciones, este periódico sale ganando. El NYRB siempre ha sido de izquierda con su memorable cóctel Molotov en su portada de 1967 – pero lo que lo ha distinguido desde hace ocho años es su violenta y sólidamente argumentada oposición al gobierno Bush, en particular por el no respeto a la constitución, la práctica de la tortura y la guerra en Irak. Independientemente de sus tendencias políticas, el NYRB permanece como un artículo literario de alto vuelo. En un número reciente, por ejemplo, Zadie Smith, la joven novelista británica, ha desarticulado las pretensiones del “realismo lírico”, forma dominante de la ficción anglófona de hoy.

William Klein / 1955
Fotograf[ia

        La sección de libros en The New Yorker, cuya difusión rebasa el millón, se manifiesta como la cima en cuanto a calidad literaria, con la figura dominante de John Updike, y gracias a la participación más reciente de James Wood, escritor de cuarenta años de origen británico, quien enseña en Harvard. James Wood es reconocido casi unánimemente como “el mejor crítico de su generación”, a pesar de ciertas reservas respecto a su persona de acuerdo con rumores recientes. Supuestamente apartado de la política como de la cultura popular, se acercaría, pero sin poder igualarlos jamás, a los grandes intelectuales de antaño (Irving Howe, Alfred Kazan, Mary McCarthy y Lionel Trilling), quienes desempeñaban el papel de críticos de la literatura, pero también de la sociedad.
El equivalente más cercano contemporáneo del intelectual neoyorquino clásico es, tal vez, León Wieseltier, redactor literario en jefe  en The New Republic, desde hace veinticinco años, lo que lo deja en segunda posición atrás de Robert Silvers en términos de longevidad. Esta revista política con sede en Washington, de obediencia social-demócrata, - pero, con el tiempo, con algunos alarmantes y abruptos virajes hacia la derecha – ha visto reducir su difusión a 60,000 ejemplares; sin embargo, sus páginas de “Libros” gozan de una vasta influencia debido a su agresividad. “Pienso que vivimos en una cultura de la admiración sin base alguna, en la que se elogia a los escritores sin razón ni propósito”, analiza León Wieseltier. Con una reputación legendaria por haber crucificado autores y obras, The New Republic publica por ejemplo una reseña de la última novela de un joven autor de moda que empieza en los términos siguientes: “Rick Moody es el peor escritor de su generación”, y todo en concordancia. Pero la sección literaria analiza con seriedad la filosofía, incluyendo de origen francés, e incluye largos artículos sobre Tzvetan Todorov o Alain Finkielkraut.
Estas son las cuatro grandes editoriales colocadas en cada esquina de la intersección sangrienta en donde se cruzan literatura y política. Si su vivacidad intelectual es innegable, su influencia comercial sobre los medios editoriales norteamericanos sigue siendo, sin embargo, inferior a la de la animadora de televisión Oprah Winfrey.

Trad. por Marie-Claire Figueroa
Magazine littéraire, No. 483

Febrero 2009.

 

 

 

Ciclo Literario.