Desenmascarar el sueño americano

Russel Banks
Encuentro con Minh Tran Huy*



Nacido en 1940, el autor de Trailerpark rinde tributo a los destinos sacrificados de un país que considera a la deriva en todos los aspectos: desigualdades sociales y raciales, política extranjera…

Novela tras novela, Russell Banks no se ha cansado de alumbrar la cara oculta de su país y de la American way of life. Marginados y solitarios que habitan los campers de Trailerpark, niños que vagan en Bajo el reinado de Bone, inmigrantes haitianos cuya desesperación hace eco a la de una familia del New Hampshire en Continentes a la deriva… Podría aplicarse al autor de Hermoso porvenir la fórmula que tuvo a propósito de su compatriota Nelson Algren: “Su obra es una mezcla de agresividad en contra del poder y de una profunda compasión por las víctimas de este poder.” Representante de los seres a la deriva, de los dramas de la vida cotidiana, de la América del Norte profunda y proletaria, también se interesa en figuras excepcionales quienes encarnan cierta visión de lo que debería, o hubiera debido ser esta América, tal como John Brown, abolicionista cuya acción radical llevó, para algunos, a la Guerra de Secesión. El retrato de este último, en Ajusticiador de nubes, entabló una reflexión sobre la historia de las razas que prosigue en American Darling, centrada sobre una niña de los años 1960, enrolada en los movimientos contestatarios. Después de haber tenido la tentación del terrorismo, huye a Liberia, en donde presencia el estallido de la guerra civil, consecuencia lógica del imperialismo y del poscolonialismo americanos… La lucha de clases y la exclusión, la violencia doméstica, o también la denuncia de la política extranjera de los Estados Unidos, son los temas que inervan la obra de un autor, quien declara admirar la “de Toni Morrison, Joyce Carol Oates, Louise Erdrich, Jim Harrison, Cormac McCarthy, Don de Lillo, y de otros cien autores americanos quienes, entre todos ellos, escribieron  la Gran Novela norteamericana mítica, este relato épico de múltiples facetas que captura la realidad esencial de la vida en Norteamérica”. En línea directa con esta tradición, nos ofrece una visión de la sociedad americana a través de la literatura y a través de sus mitos fundamentales, que han desempeñado un papel importante durante las últimas elecciones.

Milton Rogovin / 1972
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¿Diría usted de su literatura que es política o social?
Russel Banks. Es difícil, incluso imposible, cuantificar la influencia de los intereses y las preocupaciones del autor sobre su obra, que sean de orden político, social o histórico, a menos de que escriba estrictamente en la perspectiva de estas preocupaciones. Lo que, evidentemente, nunca es el caso en la ficción, en particular en la ficción literaria. Sin embargo, no podría concebir mis personajes de otra manera que sumidos en un contexto, y en condiciones políticas, sociales e históricas que los moldean y se introducen en mi ficción por su sesgo. La visión que tengo de estas condiciones queda influenciada por mi experiencia personal, mi educación, institucional y privada, así como, probablemente, por la ideología, hasta cierto punto: soy un hombre de izquierda que ha crecido en la América de los años 1960 y que ha viajado mucho en el susodicho Tercer Mundo. Además, desde la adolescencia, y aun desde la infancia, tiendo a identificarme con los individuos marginales, explotados o excluidos, y por consiguiente a ver el mundo a través de sus ojos. En el mero principio, se trataba de una identificación vagamente romántica y narcisista, que, después, tomó forma de manera más rigurosa, atañendo a la exigencia ética.
¿Se trataría, en sus novelas, de poner en tela de juicio el llamado “sueño americano”?    
No diría que mis novelas denuncian el sueño americano como lo harían de una mentira cruel, sino más bien que lo desenmascaran. La mentira radica en el espejeo de este sueño que presentan como accesible a todos los norteamericanos, cuando lo es sólo para algunos privilegiados. Su crueldad radica en que los que fracasan en concretizar este sueño se creen responsables de aquello y se vuelven instrumentos pasivos al servicio de la voracidad de las grandes empresas. Ello les impide tener una conciencia de clase, como cualquier forma de solidaridad más allá de las diferencias étnicas y racia1les. Tampoco pueden asumir su destino económico. Elementos como la casa en los suburbios, la familia y la jubilación son, supuestamente, ventajas adquiridas desde el momento en el que se encuentra usted en los Estados Unidos. El sueño consiste en elevarse desde este punto, trabajando duro, para volverse rico. Por supuesto, en los hechos, la mayor parte de los norteamericanos ni siquiera se encuentran en el punto de partida, de lo cual se sienten responsables, de alguna manera, como de un fracaso. El problema de los sueños es que se cambian en mitos y terminan, para el soñador, por reemplazar la realidad. La mayor parte de nosotros sabemos, cuando soñamos, que estamos durmiendo y que no es más que un sueño; por consiguiente, no existe ningún problema, ningún conflicto con la realidad bajo la forma de una ilusión o de una manipulación.
En América, nuestra historia, hace usted la distinción entre tres sueños americanos fundamentales: el sueño de libertad y de virtud moral, el sueño de riqueza, y el de la reinvención, de la fuente de juventud. ¿Piensa usted que éstas fueron nuevas características activas durante la última campaña presidencial?

Milton Rogovin / 1971
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Obama ha evocado mucho el sueño de reinvención, a través de la idea repetida de cambio, por ejemplo. Luego, ante el éxito aparentemente obtenido entre los electores, McCain declaró que él también estaba del lado del cambio, “un cambio que necesitamos”, de acuerdo con sus palabras. Al principio de la campaña, cuando el tema principal era la guerra en Irak, McCain trató de evocar el sueño de libertad y de virtud moral, colocando a  Obama, de este modo, en una posición difícil: si las elecciones  hubieran tenido lugar en marzo o en abril de 2008, McCain hubiera ganado. La imagen de un rápido enriquecimiento no fue utilizada por ningún candidato, quienes sabían que los americanos estaban demasiado heridos por la realidad económica del momento para no sospechar el capitalismo de alguna monstruosa lacra. Pero, con el derrumbe de la economía y la selección estúpida de Sarah Palin como vicepresidente, el momento, de repente, pareció propicio a la reinvención: volvámonos  un pueblo diferente de lo que hemos sido, o que creemos haber sido, hasta ahora. La idea de un presidente de color, joven y culto, con facilidad de expresión, capaz aun de elocuencia (lo que, desde Kennedy, no estaba considerado por los electores como cualidades requeridas para un presidente), comenzó a seducir. En mi opinión, Obama representa un hecho fundamental, aunque muy poco reconocido hasta ahora, de la vida y de la historia norteamericanas: nuestro pueblo está, siempre ha estado caracterizado por la mezcla racial. Nuestra nación nunca ha sido blanca, ni blanca ni cristiana. La presidencia es la prueba innegable, y el símbolo, de nuestra realidad histórica y social. Porque es el primer presidente de origen racial mixto, puede encarnar un símbolo. El próximo presidente de color o de raza mixta no desempeñará este papel que ya no necesitaremos. Los símbolos manifiestan, ante nuestros ojos, lo que no habíamos visto o creído antes.
                                                                      
*Ecritora y periodista francesa de origen vietnamita nacida en Clamart en 1979. Minh Tran Huy es redactora y adjunta a la dirección de la publicación Magazine Littéraire. Su primera novela, La princesa y el pescador fue muy bien acogida por la crítica, ganando numerosos galardones entre los que se cuentan el Goncourt para la primera novela y el Emmanuel Roblès.

Trad. por Marie-Claire Figueroa
Del Magazine littéraire, Nº 483,

febrero 2009

 

Ciclo Literario.