La muerte de la fotografía y el fin
de la página cultural

Lorenzo León Diez


El tiempo que vivimos, inmersos en una cascada de revoluciones tecnológicas, impacta todas las actividades humanas. En el caso de la fotografía y el periodismo son evidentes estos cambios y para quienes participamos de su creación nos demandan constante reflexión. La revista El Alcaraván del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (No. 1 dic. 2008) publicó un interesante ensayo  de Cuauhtémoc Medina sobre la muerte de la fotografía analógica o química y, por su parte, en La Jornada Semanal (No. 737 del 19 de abril de 2009), el editor y poeta José Ángel Leyva respondió inteligentemente a una pregunta sobre el lugar de la revista literaria en el siglo XXI. La pertinencia de estas dos opiniones están vinculadas con el trabajo que en Ciclo Literario venimos realizando desde hace seis años, y nos da pie para señalar algunas situaciones que definen el momento actual de la imagen y el texto periodístico contemporáneo.


Edouard Boubat

Crister Stromholm

Abigael González

Pedro Meyer

Henry Peach Robinso

Antonio Turok
*Una muerte hermosa: sobre La última foto (2006)
Rosângela Rennó

    La experiencia que obtuvo Cuauhtémoc Medina, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, a partir del proyecto La última foto de Rosângela Rennó (Sao Paulo Brasil, 2006) inspiró un texto* que glosamos puntualmente por su importancia conceptual:
1.     La exhibición consta de 43 fotografías del Cristo Redentor de Córcovado, símbolo de la ciudad de Río de Janeiro, tomadas por fotorreporteros, fotógrafos comerciales y artistas visuales. Las cámaras, artefactos de diferentes tiempos de la era de la fotografía mecánica, coleccionadas y reconstruidas por la artista, las prestó la convocante, Rennó, a cada fotógrafo. A un lado de la foto exhibida se colocó en un nicho la cámara, velada para siempre con pintura gris en su lente (una colección de ojos muertos).
2. Esta exposición nos entrega un mensaje triste: de hoy en adelante la cámara óptica y la película foto sensible (cuyo negativo era fuente de cada fotograma) revelada con fluidos químicos e impresa bajo el brillo rojo de la luz de seguridad, serán piezas de museo, materia de expertos y curadores. Ahora, la creación de imágenes que parecen fotográficas pero que jamás requirieron de la cámara, funden la relación o la frontera entre registro documental y manipulación visual.
3. Se ha quebrado la relación entre la creación artística y el registro indéxico (registrar ordenadamente datos e informaciones). La fotografía digital convierte a la fotografía en un arte de descripción e invención, en vez de un registro confiable y ser proveedor de la verdad óptica por excelencia.
4. Desmaterializada, privada de la expectación alojada en el tiempo en que la imagen permanecía latente en la emulsión fotosensible antes de ser impresa, indeterminada en términos de su tamaño, contraste e incluso color, debido a la versatilidad de la posproducción en computadora, y banalizada debido a su infinita disponibilidad y reproductibilidad, la imagen ya no es un objeto único que contiene, por virtud de los sedimentos químicos en el papel o en una placa de plata, un destello de lo distante y de lo que fue. Circulando a través de Internet o proyectada en reverberaciones fantasmales sobre una pantalla, una fotografía digital no puede ser poseída y atesorada. La pura información es incapaz de suscitar fetichismo.  
5. El proyecto de la artista Rennó no responde sólo a la amenaza abstracta de la revolución digital, sino a la decisión comercial de las grandes corporaciones fotográficas de acelerar la defunción de la fotografía tradicional y abrazar el cambio en los medios. Al dejar de producir papel fotográfico, las compañías multinacionales llevaron a la fotografía analógica a su colapso.
6. Recordatorio y elegía, esta exposición se refiere a la especificidad del negativo y la cámara en los primeros dos siglos de imágenes producidas mecánicamente. La anotación de Cuauhtémoc Medina nos trae a la mente la noticia de hace algunos años, en el sentido de la compra masiva que hacía Google de los archivos fotográficos europeos y del mundo para guardarlos en una mina de sal en Estados Unidos para ser escaneados y conservados digitalmente.
7. En esta exposición la artista nos hace partícipes de las cualidades distintivas de cada cámara, y la importancia del formato y la temperatura de color de cada clase de película en el carácter de las tomas fotográficas.  Rennó enfatizó el maridaje entre la cámara misma y las cualidades particulares de la imagen, subrayando las texturas y efectos que están inevitablemente condenadas a morir con el arribo de la imagen pixeleada. Cada módulo de la serie demuestra “la personalidad” que ofrece una cierta combinación de cámara y película: el grano sombrío y suave de un negativo 110 tomado por una Minolta, la velocidad de penetración de la película de color 35 mm- el negativo estándar del siglo XX- en una réflex Canon AE1, o las ricas tonalidades de una panorámica obtenida con una Ricoh. Rennó acabó ofreciendo el rol estelar a las propias cámaras que había coleccionado, reparado y distribuido a sus colaboradores, exhibiéndolas junto a las imágenes, como especímenes de un museo. Las cámaras aparecen  como los restos de una era cultural e industrial periclitada, en donde el más fino oficio de relojería y la miniaturización  electrónica permitían un máximo de control de la exposición de películas altamente sensibles.
8.     Los diversos formatos de cámara y película involucraban distintas formas de percepción. Un modo de ver específico que habrá de sucumbir al arribo de los estándares uniformes característicos de las cámaras digitales. Las diferencias de óptica, contraste y temperatura emocional, no sólo eran una cuestión estética o de “estilo” fotográfico: dependían en igual medida del “cuerpo” de la cámara y de la naturaleza química de la película.
9.     La defunción del negativo hará que la valoración de las diferentes películas y cámaras se vuelva un conocimiento esotérico y arqueológico, reservado únicamente a los curadores y conservadores de museo.
10.   Medina cita a Lev Manovich: “La imagen fotográfica tradicional alguna vez representó lo inhumano, objetividad diabólica de una visión tecnológica. Hoy, sin embargo, parece tan humana, tan familiar, tan domesticada en contraste con la aparición enajenante y todavía poco familiar del despliegue de una computadora con su resolución de 1 280 por 1 024, 32 bits por píxel, 16 millones de colores, etc.”
11.   La defunción de la fotografía química/analógica traerá retos culturales que irán mucho más allá de la incertidumbre en torno al valor de verdad de la producción digital de imágenes y el borramiento de la frontera entre lo virtual y documental. Se trata de un nuevo estándar industrial que suprime el concepto de una sombra fija o de una memoria materializada. La información digital es enteramente indiferente a la naturaleza de su soporte. No es sólo que la imagen digital parezca ser inmune a la entropía (Medida de incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo), no importa cuantas veces se la reproduzca o qué tan ampliamente circule: la información digital no requiere de ser inscrita en ninguna superficie reconocible.
12.   Pese a la velocidad con que se inventan cámaras digitales cada vez más poderosas y de crecientes megapixeles, es evidente que guardamos un luto verdadero por la muerte de la cultura fotográfica. Incluso para aquellos que arguyen que la fotografía preserva una continuidad fundamental a través de sus diferentes regímenes tecnológicos, el colapso del horizonte clásico de la cámara y la película aparece como un vuelco en el concepto de la fotografía.
13.   Cuahutémoc Medina cita a Geoffrey Batchen: “En todo caso, incluso si seguimos identificando a la fotografía con ciertas tecnologías arcaicas, como la cámara y la película, esas tecnologías son en sí mismas la encarnación de la idea de fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos”
14.   No hay duda: la fotografía como tal no habrá de morir por efecto de la conversión de la fotografía análoga o química a la imaginería digital. Medina cita a Lev Manovich: “la imagen digital aniquila la fotografía, mientras que solidifica, glorifica e inmortaliza lo fotográfico”.  Y a Steve Edwards: “En tanto las imágenes digitales reproducen las características peculiares de una imagen hecha con un lente y una película plana (la mayoría lo hace) ellas siguen siendo fotográficas”.
15.   La fotografía fue un agente crucial de la modernización y testigo de sus crímenes.
16.   En esta exposición la artista escenificó la muerte de la fotografía. Cada cámara rindió pleitesía a la efigie de Cristo por una última vez, antes de ser cegada para siempre estropeando con pintura el interior de su óptica, poniendo en práctica el ideal de una muerte romántica, en el que la persona que está muriendo debe fijar su mirada en un crucifijo en anticipo de las delicias de la vida eterna.
17.   Condenadas a la regresión al convertirse en cámaras totalmente oscuras, desplazadas por una nueva forma de producción, tras su obturación final las cámaras de Rennó son alineadas con los ojos nublados como pescados muertos. Acaban pues como monstruosos cíclopes puestos a dormir con la vaga esperanza de que habrán de volverse, al menos, objetos de contemplación.
Por su parte, José Ángel Leyva, contestó así a esta pregunta: ¿Cuál es el lugar de la revista en el siglo XXI?:
Es un lugar que tiene más que ver con cierto romanticismo, con una idea antigua de la letra impresa y con el placer de hojear. Pero hay que reconocer que las páginas web, que los blogs, que la intercomunicación cibernética ocupa mucho más tiempo que lo que lleva la lectura de una revista impresa. Eso hace que la gente sienta que no tiene que comprar una revista si puede verla en Internet. El tiempo no alcanza para tanto. Las revistas son como esa terquedad de permanecer atados a una vocación editorial, de no querer que nos lleve ese vértigo de la electrónica y sentir que todavía estamos con los pies en la tierra, que podemos palpar y tocar algo que se vuelve cada vez más virtual. La revista es eso, sentir la carne de la imagen.

Anónimo / Walter Miller, 1912
Fotografía

Es notable que la información tiene una relación antropológica con el sujeto. La revolución tecnológica, en la imagen digital, está a punto de echarse encima de la lectura textual. Cuauhtémoc Medina señala el bien conocido temor que padecemos por la posible sustitución de los libros impresos en papel por la circulación de información en términos de caracteres evanescentes en la pantalla electrónica de la computadora. Sin duda el paso del libro de papel al libro electrónico será tan importante como el paso del texto medieval manuscrito a la imprenta de Gutemberg y tendrá consecuencias aún inimaginables, de un estadio marcado por la materialidad de una biblioteca a la liviandad de un libro con pantalla luminosa donde pueden estar archivados varias bibliotecas. La relación entre el hombre y el objeto (el libro como economía de los deseos) será completamente diferente. El texto, como la imagen atesorada, dejará de existir. Todo estará en el aire y los árboles descansarán, al fin, de su depredación en la superficie de la tierra. Recordemos el dicho de Karl Kraus: Un periódico diario significa la muerte diaria de cientos de miles de árboles.
   Mientras eso sucede, los que tomamos fotografías con cámaras mecánicas y disfrutamos de la fotografía impresa en los libros de fotografía que cubren dos siglos de creaciones críticas y deslumbrantes; los que empezamos nuestro trabajo periodístico en redacciones aturdidas por el tecleo de las máquinas de escribir Olimpia o Remintgon; quienes formamos páginas con el tipómetro y corregimos pruebas o galeras impresas en planchas de lingotes fundidos en linotipos, y luego formamos páginas en papel fotográfico para ser negativadas y emulsionadas en las placas de zinc, vivimos atados a la página impresa en papel como seña de identidad no sólo cultural sino existencial.
   Porque concebimos la página impresa como una materialidad que ofrece aún un espacio de convivencia entre la información y el sujeto, que tal vez no se pierda del todo en el futuro, algunos periódicos, algunas revistas, algunos libros realizados de la manera tradicional o clásica, serán reductos de cierta psicología que se detiene en su nostalgia al borde del abismo que significa la Red.
    La página cultural o el suplemento cultural están a punto del colapso. Los diarios, que antes naturalmente asumieron la creación y el mantenimiento de estos espacios dentro del cuerpo del periódico, están decidiendo su reducción o desaparición ante las presiones que supone el costo de papel. Pero también por consideraciones de otro tipo, como son los recursos que exige la profesionalización de la escritura especializada en la diversidad de los géneros de creación y crítica. Se concibe, así, que la información de las páginas culturales es prescindible.

Don Ortiz / Wynn Bullock, 1958
Fotografía

   Ante este panorama desolador, los editores de páginas y suplementos culturales enfrentamos una realidad que nos exige no solamente gran energía para lograr los acuerdos económicos que permitan su mantenimiento, sino el convencimiento de portar un emblema que es signo de identidad intelectual y espiritual del escritor y del artista visual, en una época adversa donde la comercialización y la superficialidad que conlleva la visión inmediatista, suprime la crítica y la oxigenación del lenguaje escritural y visual.
Ciclo Literario, desde su nacimiento, ha difundido la obra de los fotógrafos de la era analógica. El texto literario lo vinculamos siempre a la imagen fotográfica porque creemos que la metáfora escrita encuentra naturalmente su correspondencia con la imagen de alguno de las decenas de fotógrafos que revisamos mensualmente. Es para nosotros el momento más pleno y bello de la edición: la lectura fotográfica del texto literario.
   La nueva impresión de Ciclo, a partir del No. 80, en el sistema offset a diferencia de la rotativa en que se imprimía, y el cambio de papel “revolución” a “educación”, permite una reproducción más fiel de las fotografías de los maestros y en ellas podemos ver –como dice Medina- la riqueza de la información que yacía en los detalles microscópicos de cada toma.
En la serie de los números publicados (ver nuestra página web) el lector podrá encontrar ejemplos de lo mejor de la fotografía de la era clásica, un muestrario, precisamente, de las temperaturas y emociones que imponía cada fotógrafo, mediante su herramienta y los procesos de revelado e impresión, a la imagen.

   Se trata de una difusión que cobra importancia progresiva, pues los jóvenes deben seguir disfrutando este arte de sus padres, abuelos y bisabuelos, que ya es prácticamente un asunto de bibliotecas y museos. La relación entre imagen y texto en la página periodística que en Ciclo practicamos, se instaura como un abrazo entre dos artes (la fotografía analógica y el texto artístico impreso en tinta sobre papel industrial) que están al borde de su desvanecimiento en la inminencia virtual.

 

 

Ciclo Literario.