Bajo control

Araceli Mancilla


SR tiene quince años y no sabe si debe proporcionar más información por el momento.

Ansel Adams- 1942
Fotografía

El guía le pregunta su número de código pero, a juzgar por la expresión de extrañeza en su cara, SR no lo conoce o lo ha perdido. Es difícil contarles esto, no se crean,  pues por momentos las imágenes son confusas. SR está enojado, parece, o quizá sólo tiene miedo. En fin. Continuemos. El guía hace una mueca y revisa unos datos en el monitor que tiene frente a él.  Deja pasar a SR. La puerta se abre invitándolo a entrar. Antes, SR voltea a su alrededor y confirma que no hay nadie en ese vestíbulo inmenso, sólo él y el guía. Escucha  una voz de altoparlante que le insiste en pasar a la sala de estalagmitas. SR ya traspuso la puerta y ahora se encuentra en un nuevo salón, pero este es circular. Cinco puertas de cristal muestran sendos letreros luminosos: Radón, Plutonio, Rubidio...de la palabra estalagmitas, nada. SR no sabe qué hacer, y esto me perjudica. Los momentos de incertidumbre me borran las imágenes e interrumpen mi narración. Discúlpenme, seguimos. Bajo los pies de SR se pueden ver cientos de helechos, palmeras, rocas, el piso también es de cristal, pero transparente. SR piensa en algo parecido al devónico o ¿carbonífero?, no le queda claro y menos a mí. De pronto se queda pasmado mirando el paisaje debajo de sus pies. ¡Qué aburrición¡ llevamos ya cinco minutos así, si no pasa algo pronto tendré que contarles otra historia. Esperen…SR reacciona. No ha encontrado la sala de estalagmitas pero el piso debajo de sus pies se empieza a estrellar ¡cada vez más! ¡y más! SR se aterroriza y esto tiene efectos en mí, me aturdo, no veo ¡hay que hacer algo! SR repasa de nuevo las puertas, ansioso. Ni hablar. Si no se decide, en un minuto caerá en las fauces  de un ¡dinosaurio! Sí, y sigue ahí, mirándolo (no lo duden, estos reptiles de que miran, miran) ¡Pronto! quisiera decirle a SR, pero no puedo. Eso sería interferir y no debo hacerlo. Es su historia, yo sólo la narro, pero si no hace algo ¡yo caeré con él! La puerta de…Uranio ¡Uf!, ¡vaya!…Entra, está agitado. Estamos agitados. Todo permanece a oscuras. Es un elevador por el que desciende, ¿o sube?, no, desciende, varios, muchos metros. Se abre la puerta. Huele a cebolla. Alguien prende la luz. El Doctor Henry observa sonriente a SR. Viste igual que siempre, como si fuera a ir a  un día de campo: una colorida camiseta con la imagen de una bicicleta al centro, pantalones de mezclilla, gorra y tenis. De hecho, hay una canastilla de picnic detrás del aparato con forma de acordeón que manipula con gesto experto. Saluda a SR sin dejar de accionar botones y cables. Alrededor del lugar hay ventanales que dan a un parque que…sí, no hay duda, es  jurásico. A lo lejos SR alcanza a ver la robusta efigie de un tiranosaurio y un escalofrío lo recorre. El Dr. Henry advierte que SR prácticamente está orinándose en los calzones y le asegura que no hay nada que  temer, “todo esto depende de nosotros, está bajo nuestro control, maestro”. SR no entiende qué quiere decir el doctor Henry con eso pero no le importa, siente que el corazón le va a reventar. El olor a cebolla se intensifica y detrás de un aparador ve salir a Homero Simpson con un platón lleno de cebollitas asaderas, además de elotes y  filetes T –bone, apurando “let´s take a break”. “A minute, friend” contesta Henry, “just let me end with this guy; half and hour, please”. Homero, con cara de pocos amigos, le hace señas de que saldrá y el Dr. Henry se concentra en llenar de aire una cama inflable donde hace que se recueste SR, quien todavía no recuerda bien a bien a qué ha venido, pero seguro que a algo importante. Lo intuyo pues su adrenalina hace que una nebulosa me opaque las imágenes y también se diluyen  las voces, que suenan  lejanas y demasiado lentas para ser plenamente comprensibles: sal---dre—mos—de—esto---en---un---un---un---. ¡Carajo!, si no me tranquilizo me perderé de todo. Respiro con calma. Después de unos instantes de penumbras en los que la noción del espacio se me confunde con un retortijón, regreso a donde los dejé. SR tiene puestos unos censores alrededor de la cabeza, pero no está tranquilo. Se pregunta que pasará con Homero y los dinosaurios allá afuera. Escucha un barritar que le produce temblores. El Dr. Henry tira la gorra al suelo, molesto, le explica que si no se está quieto la transmisión no se realizará de la forma esperada. SR cree empezar a comprender. El semestre…función de las fanerógamas, criptógamas; cigotos, mórulas, blastocitos y embriones que crecen a un punto en que un par de fetos gemelos caen de la lámpara del techo sostenidos por su bolsa placentaria y, adentro…juegan baraja. Estás delirando dice el Dr. Henry, no te preocupes, ya casi terminamos. Dentro del cerebro de SR. aparecen todas las combinaciones posibles del nitrógeno en el reinado de Luis XIV, y Versalles está a punto de estallar en medio de un concierto de Mozart. Mientras tanto, en la habitación de al lado, Kublai Khan le reclama a la directora del colegio el uso del horario de verano porque fomenta la impuntualidad y ahora no será posible realizar con Marco Polo el cronometrado viaje al centro de la tierra. El parcito empieza a discutir en el momento menos oportuno. Hay que ayudar a Homero Simpson a escapar de las bestias prehistóricas, el inútil no sabrá cómo hablarles cuando se las encuentre. Un estruendo parecido al nacimiento de un volcán se hace en el cerebro de SR y me produce un espasmo corporal que me eleva tres centímetros de la cama y hace que arroje las sábanas. ¡Listo!, dice el Dr. Henry, vayamos con Homero que el lunch nos espera. SR ve cómo en el cielo del parque sobrevuelan gastornis y enantionithes mostrando tremendas garras, e intenta objetar algo, pero  Henry  ya se ha puesto su gorra con la firme intención de lanzarse al exterior. SR no quisiera quedarse solo, los gemelos han crecido, han formado un grupo de activistas que exige la legalización de las vacaciones innecesarias y la plática ociosa en las reuniones de trabajo, regresando por donde vinieron. Por su parte, Kublai Khan y la directora se casaron para tener hijos con doble nacionalidad, viajar sin restricciones retando a las autoridades migratorias a que les impidan la entrada por ser ciudadanos de lugares inexistentes, y se han ido a vivir a un lugar llamado Xanadú. El Dr. Henry sale como si nada hacia el parque, ignorando el evidente pavor que invade a SR, y se aleja por un sendero de acacias arcaicas en cuyo fondo puede apreciarse el Fujiyama. SR. casi se decide a seguir a su maestro, cuando, de pronto, todo empieza a moverse, una fuerza tifónica hace que gire sin control y, abruptamente, es lanzado por el chorro gigantesco que lo deja bien plantado en medio del océano. SR. ve cómo se aleja la enorme ballena mientras flota en el inflable del Dr. Henry rodeado de nadie. Una voz que parece conocida, aunque la interferencia de las olas la distorsiona, le habla de una misión que se ha cumplido, o alguna jalada por el estilo y, por primera vez en mucho tiempo, dormimos como enanos.

 

Ciclo Literario.