Reconstruir lo amoroso en
términos de lo fantástico

Fernando Montesdeoca


Fernando Montesdeoca (Ciudad de México 1952) ha obtenido importantes reconocimientos a su labor literaria: el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2001 (Esta ilusión real) el Premio Nacional de Cuento Agustín Yánez, 2005 (Moscas) y el Premio Sergio Galindo en 2003, con su novela En los dedos de la mariposa (Editorial Era 2007), la que concibe como  “una novela del encuentro amoroso”, pero también “del viaje ‘iniciático’ para llegar a ese encuentro, pasando por el mundo que rodea a los protagonistas, porque es el mundo con el cual se encuentran en tensión”. El narrador se refiere así a su obra:

“El encuentro amoroso, aunque se vislumbra y anuncia desde antes, no sucede sino hasta la mitad de la novela, el centro; pensé que así tenía que ser y sin forzar las cosas resultó. Todo verdadero encuentro amoroso, te marca, marca tu vida, y la cambia; por tanto requiere de un viaje que es, al mismo tiempo, un viaje iniciático, y que además no sólo atraviesa una geografía, sino también las historias personales, de la protagonista, Neus, y del narrador”.

Montesdeoca, autor también del libro de cuentos Viaje nocturno,( UNAM, 1997),reflexiona sobre el papel de sus personajes: “Para que el narrador y Neus se encuentren en el rito de la entrega sexual es necesario, primero, el cumplimiento de ese recorrido mítico: el viaje de iniciación, que es también un viaje de conocimiento, e incluso de purificación, aunque en este caso se trata de una purificación inversa, es decir, un poco hacia el exceso, como dirían Blake, o los poetas malditos” 
“ Neus y el narrador en esta novela —continúa describiendo el escritor su obra—se ven por primera vez en un espectáculo sexual de cabinas alrededor de un escenario: un peep show. Allí, a través del cristal oscuro, se adivinan. Es una revelación... sin palabras, comunicada a través de la representación casi salvaje del acto sexual, en tanto acto de exhibición, en el hecho público de estar para otros,  de reducirse a objeto e intensificando su carga sexual, aunque tal vez alejándose de la experiencia amorosa.”

Javier Silva-Meinel / 2004
Fotografía

— ¿Estaría tu novela ubicada en el mundo del comercio sexual? ¿Se trata de una crítica a la cosificación del amor?
—No estoy seguro. Encuentro una especie de fascinación en el acceso indiscriminado que tenemos ahora para observar ese acto tan íntimo, no sólo por la acción sexual, sino por su colindancia extrema con el amor, y todos los mitos construidos alrededor. Me pregunto qué pasa ahí, es decir, ¿a dónde se van las emociones?, o mejor, ¿qué emociones permanecen y cómo? La idea de la novela partió de cuando me acerqué a un show así y vi muy cerca del vidrio esos ojos que me encontraron... y me contaron su historia, o yo me conté la historia a partir de lo que vi en la mirada de la mujer  en ese momento eléctrico.
Respecto a la estructura de su obra, el autor, quien se formó también como guionista y dirigió un cortometraje para cine expresa:
En“En  los dedos de la mariposa  la estructura es irregular, fragmentada, un recurso característico de la novela moderna, propia del siglo XX, aunque a lo mejor tiene antecedentes en autores como Aloyssius Bertrand, que narraba fragmentariamente, en Gaspar de la noche; o en Rimbaud, por ejemplo, en su poesía en prosa. Yo no buscaba por esto ser innovador; por otro lado ese tipo de estructura responde a la forma de estructurar mi pensamiento, de encadenar las acciones en mi vida, de una manera salteada, fragmentada. El hecho de que esté fragmentada una novela no sólo habla de una decisión estructural, sino de un mundo emocional, y de una opinión del mundo, un punto de vista... para mí por ejemplo, una estructura fragmentada, como la de esta novela, y de otras narraciones que escribo, tiene que ver con la creación de una atmósfera fantástica, porque tiendo a ver el asunto amoroso desde este punto de vista, el de la literatura fantástica”.
Fernando Montesdeoca, que vive en la ciudad de Oaxaca, donde es maestro en el CEDART “Miguel Cabrera” del INBA, abunda en su idea: “La experiencia amorosa, como la literatura fantástica, transgrede la realidad, nuestra noción de realidad, y cambia los signos de lo que leemos. Cambia los significados. Altera la realidad, introduce incertidumbre la cual, como dice Todorov,  es precisamente uno de los rasgos característicos de la literatura fantástica; en lo que escribo construyo, o mejor dicho reconstruyo lo amoroso en términos de lo fantástico. Es como un impulso intuitivo. Nunca me lo he planteado así antes de escribir. Me lo planteo ahora, en este momento”.
— ¿No se parece este punto de vista al del realismo mágico?
—Claro, es cierto: al realismo mágico en un sentido amplio, es decir, en el sentido de la irrupción de lo extraordinario dentro de lo cotidiano, que no se limitaría nada más a la literatura latinoamericana. En la representación del espacio busco producir una atmósfera enrarecida, irreal, aunque por otro lado busco un efecto de realismo. Sin embargo el amor en sí, las relaciones amorosas son tan volátiles o mutables o inestables, como una situación fantástica.
—En la novela se presentan luchas entre perros y personas, en una especie de arena donde los espectadores apuestan.
—Algunos lectores me han comentado que esta parte les resulta hasta cierto punto impactante. A mí también, cuando la escribí. De hecho me preguntan si ese tipo de peleas existe, si el lugar existe. De hecho me han dicho que creen que sí existe, porque les resulta muy vívida la reconstrucción. Para mí es una simbolización de la violencia, social, política, ideológica... de la violencia potencial que hay en todo acto de comunicación, porque lo que uno dice implica a menudo negar al otro, aunque sea muy suavemente... lo cual también tiene que ver con el amor. Ahora que, por otro lado, esta representación vívida de lo relatado, en contraste con la estructura fragmentada, tiene relación con la novela realista porque, a decir verdad, me interesa, también, contar historias en donde el lector se sienta involucrado.
Fernando Montesdeoca es un artista multidisciplinario, pues no sólo escribe, sino también ha sido actor de teatro y pintor. Resume finalmente su intento en su novela premiada:
“La voluntad de permanecer en lo que llamamos amor no tiene solidez. El amor es voluntad. Es querer estar, y es voluntad de invención, no es otra cosa, si es que permanece. Es ficción, y como las ficciones, existe, en la medida en que queremos que exista. Por eso es frágil. Ahora lo que tenemos es la conciencia de esa fragilidad, en comparación con algunas generaciones atrás, o en todo caso, tenemos una conciencia más aguda de esa fragilidad. A lo mejor sucede que las relaciones amorosas están de pronto demasiado dominadas por la necesidad del momento, que es una necesidad del cuerpo, la cual es por naturaleza cambio constante, fluctuación. Sostenerlas, como digo, es un acto de voluntad, y es esto lo que trato de decir con la novela. No quiero decir que vivir el amor bajo el predominio del cuerpo esté mal, sino que a lo mejor así sucede, y puede, de hecho, que esté bien... eventualmente bien”.

 

 

Ciclo Literario.