El hombre más efectivo es un pirata

Héctor Loaiza


Es notable que Héctor Loaiza y Carlos Castaneda fueron buenos amigos. Ambos peruanos (Castaneda reconoce que nació en el la sierra norte del Perú), se encuentran para conversar en algún punto de América. Y sale a relucir César Vallejo, entrañable para los dos por lo que significa para la cultura de su país y como ícono de la modernidad, un ejemplo, según coinciden, de lo que no se debe hacer. Este diálogo es vibrante, saltan de los temas como bailarines cósmicos: la poesía, la suerte, la droga, la concepción…A través de Loaiza, Castaneda nos sigue entregando su legado.

 

H.L.: Te señalo una contradicción, ¿cómo siendo la filosofía de tu vida verdaderamente jocosa se concilia con un gusto por una poesía tan melancólica y tan trágica, como la de César Vallejo 1?
 C.C.: Como una distracción, yo le leía poemas de Vallejo a don Juan y a otras personas que no sabían nada de libros. Pasaba horas enteras hablando con ellos. A don Juan le gustaba escoger una sola estrofa de cada poema, nunca más de una, decía que esa estrofa sintetizaba toda la visión del poeta. Más allá de una estrofa eran quejas y llantos. Para mostrarme la veracidad de sus aseveraciones, don Juan me hacía leer esos poemas y me decía: “Mira, vuelve a leer esta parte, eso es lo único que vale en este poema, más allá eso es absurdo. El poeta debía haber acortado su poema y dejarlo en cuatro o cinco líneas”. A mí, me gustaba leerle poemas muy cerebrales, afrancesados, que a don Juan no le gustaban por ser muy frívolos, eran verbosidades, idioteces. Para mí, Vallejo representaba lo extremo, lo más opuesto a la posición de don Juan. “La otra estrofa es una aberración, un esperpento” decía.

Mary Ellen Mark
Fotografía

H.L.: Voy a darte mi opinión personal sobre la obra de Vallejo, ya no corresponde a la sensibilidad de nuestra época. Lo veo muy cristiano, muy doliente que asumió los cinco siglos de sufrimientos de los peruanos.
 C.C.: A mí no me gusta César Vallejo, lo siento tremendamente pueril, me molesta sobre manera la idea de la queja y del llanto personal. Cuando leo a Vallejo en su totalidad me dan nauseas, es demasiado triste. Para don Juan la idea de la concepción de un ser humano es importante, debe haber sido hecho por sus padres con una sensualidad extraordinaria para darle al hijo todas las opciones posibles. Don Juan creía que era una monstruosidad concebir niños en el hastío, en el aburrimiento, tenerlos después de años de casados, de haber adquirido ese amor filial que no tiene nada que ver con la pasión, pero sí con la civilización. Planear al niño después de años de casado, para don Juan era una monstruosidad sin nombre, tan espantosa como la de tener animales castrados en casa. Me dijo una vez que los animales se vengan de uno como seres irracionales, le comen a uno la energía directamente. Se relacionan con uno como seres energéticos y no como objetos. Una vez encontré a un gorrioncito que había caído de su nido, una rata le había comido un ala. Entonces agarré al gorrión y traté de cauterizarle la herida, para que no se desangrara. Le dije a don Juan que iba a recoger al gorrión en mi casa, saltando con dos patas sin volar. Don Juan me dijo: “Si lo tienes como monstruo, como esclavo orgánico y que depende de ti para todo. Es mejor dejarlo que se junte con el Nagual, con el infinito...” Don Juan decía que la gran tragedia de nuestro tiempo era la influencia de seres creados en el hastío, y por eso eran seres miserables que no podían moverse por sí mismos que dependían de todo el mundo, que eran cargosos, pesados, débiles... Lloran y se quejan como César Vallejo. Entonces la inteligencia, la melancolía, para mí son una aberración. ¡Una cosa espantosa! Parece que Vallejo era el quinzavo hijo de un matrimonio. ¡Uf!
 H.L.: Le tocó vivir una época muy difícil, tú sabes todo lo que se cuenta sobre los prejuicios en Perú a comienzos del siglo XX contra lo indio, lo mestizo, lo cholo y esos prejuicios continúan. El hecho de que en un poema famoso se queje de ser tratado de “huaco”2 es significativo.
 C.C.: Ese es el mérito de César Vallejo. Con don Juan llegamos a la conclusión de que en realidad le pasaron cosas tremendas. Don Juan usó el “vehículo” de César Vallejo como un elemento didáctico para mí. En lo que me atañe a mí, la idea de lo mal que me tratan, yo estoy viviendo de nuevo esa situación y estoy envuelto en otra vida vallejiana. He logrado escapar a los prejuicios que son tremendos en el lado del mundo en el que yo vivo.
 H.L.: Creo que ese es el problema de ser “diferente”. Toda aquella persona sensitiva, como Vallejo el poeta. Y en tu caso, con esa sensibilidad a flor de piel y teniendo conciencia de tu “diferencia”, siempre tendrás problemas en cualquier país en que vivas
C.C.: A menos que uno se comporte como guerrero. El vehículo didáctico de Vallejo, para mí tuvo una importancia sin igual: don Juan usó la vida de Vallejo y sus poemas como un ejemplo de lo que uno no debe hacer.
H.L.: He visto que no quieres revelar detalles sobre tu persona, evitas que se publique tu fotografía. Oí a menudo este comentario en Europa: ¿Qué pasa con Carlos Castaneda? ¿Está o no a la altura de lo que le pide la gente? ¿De qué manera alguien que fue iniciado a los secretos de una antigua gnosis, puede aportar a nuestra época crítica?
 C.C.: Bueno, del único modo, necesito encontrar una palabra adecuada, convincente, para que yo pueda persuadirte a ti. Utilizando otra vez su ideología, don Juan insistió en que el hombre más efectivo es el “pirata”. Éste no pide, ¡sino agarra lo que puede! El pirata es un solitario que se siente de lo mejor en medio de su soledad. ¡Que no grita, no se queja ni llora! Porque está dado a su “piratería” y esto le da una razón de ser. Como estamos tan lejos de donde venimos, llegamos a donde hemos llegado. Mi presunción creo que es correcta, es que tú y yo somos dos piratas. De modo que para que yo pueda convencer a otro “pirata” como yo para que pueda persuadirlo tendría que producir un resultado palpable.

Andrés Garay / 1985
Fotografía

 H.L.: Un hecho mágico.
C.C.: Tendría que —en los términos de don Juan— “detener el mundo”. Él consideró que todo es un juego de percepciones y por lo tanto es una cosa mutable. Hemos creado como seres organizados, un sistema de percepción que está constituido por unidades perceptivas. Cambiar el tenor de esas unidades de percepción, es “detener el mundo”. Si pudiera, por ejemplo, hacer en este momento un “milagro de intento” entonces podría persuadirte.
 H.L.: Si se tiene un átomo de sabiduría, se es consciente de lo que sucede en el mundo. Me parece que la sabiduría tendría que ser empleada para aportar con un grano de arena a que esto no termine mal. Creo que el “pirata” tiene necesidad de utilizar todos los elementos cognoscitivos para evitar lo peor.
 C.C.: De acuerdo, estoy terriblemente de acuerdo. La razón por la cual te dije que mi vida era monolítica y que trataba de ser un hombre impecable, sólo a través de la impecabilidad podría llegar a persuadirte a ti o a otra persona que sea como tú. Si no pudiera realizar esa reevaluación de energías, me sería imposible aplicar las enseñanzas de don Juan. Sería una tremenda pérdida de tiempo, porque no podría llegar a esa síntesis final. Lo que tú dices es imperativo, que uno aporte con un grano de arena y yo estoy contigo en un cien por cien, quisiera aportar eso. El único modo de lograrlo para mí es mantenerme dentro de los cánones de las enseñanzas de don Juan.
 H.L.: Me gustó mucho (creo que está en la traducción francesa de “Una realidad aparte”) la anécdota: Cuando haces la diferencia entre el yaqui que se ha entregado completamente al alcohol que, víctima de los acontecimientos, quiere poseer objetos materiales, una moto. Y la diferencia con el yaqui como don Juan que ha conservado su yo interior y que ha sabido revelar ese diamante de sabiduría que existía en él. Me parece que en esa situación ya hay el germen de un proyecto ético.
 C.C.: Precisamente lo que le da valor pragmático a la conducta de don Juan, es que lo hace desde un punto de vista de una ética de “guerrero” que trasciende totalmente la moral cristiana. No hay interrupción en su concepto ético, lo extiende de una manera total para cubrir todo. Entre nosotros, el mundo está fraccionado, tenemos una ética que se refiere a la política, a la jurisprudencia, un fraccionamiento extraordinario. No hay una ética constante que trascienda el fraccionamiento. La conducta de don Juan era la del guerrero lo que significa una constancia total. Su interés era guiar, no tenía por ejemplo interés en hacer amigos, siempre dije que no tuvo ningún interés en hacer un esclavo por su misión.

H.L.: ¿Cómo un hombre o un personaje como Carlos Castaneda que nació en un lugar recóndito de la sierra norte del Perú (Castaneda lanzó una carcajada como si le gustara mi insistencia para que él reconozca públicamente que era peruano) ha podido llegar a lo que ha llegado?
 C.C.: En verdad eso es imposible explicar. Todo lo nuestro me parece cuestión de suerte. No es posible creer que nosotros los que venimos de lo que llaman el “Tercer Mundo”, podamos confiar sólo en el trabajo, en el talento. Si no tenemos suerte no somos nadie. La suerte juega el papel final y es el “intento”. En mi caso es un “intento” desconocido que viene de fuera que no tiene explicación. No sé como podrás explicarlo, tú, personalmente lo que pasó en tu vida. Yo lo interpreto como la suerte, como algo etéreo, como si me hubiera sonreído la Dama.

Antonio Turok / 1991
Fotografía

 H.L.: O tener una buena estrella.
C.C.: Ese es el modo más adecuado. Una vez que llega uno a la meta, es esencial la impecabilidad que crea un vínculo con la “buena estrella”. Ya no es una cosa arbitraria del azar, una cosa precipitada.
 H.L.: Es tener el soplo necesario. Uno puede nacer con una “buena estrella”, pero sin el impulso vital, entonces uno termina practicando una filosofía mundana, snob...
C.C.: O acaba como jugador de póquer con mucha suerte (risas), haciendo fortuna en el bacará, en la ruleta
H.L.: Hay mucha gente que está pendiente de lo que tú digas, de lo que escribas. ¿Qué podrías decir sobre el uso de la droga?
C.C.: Don Juan me dijo: si uno pudiese verse a sí mismo de una manera brutal, sin pasiones, sin misericordia. Si uno llegara a comprender, antes que nada, esa idea de la concepción. Si uno fue concebido en el aburrimiento, es inevitable el uso de las drogas, de las supercherías, de los apoyos fáciles, como las substancias químicas, el psicoanálisis. De acuerdo a don Juan, el hombre moderno es el resultado de lo que él llama las “cogidas aburridas”. El individuo que es producto de un coito hastiado nace desesperado, sin matriz, sin dirección. Si esa persona pudiera tener una adición brutal de sí mismo, llegaría —según don Juan— a ser avaro de su energía, y a guardarlo para liberarse de las tremendas necesidades como son los cigarrillos, el alcohol... Debe ser que esa dependencia obedece simplemente a un descontento general. El uso de las drogas es simplemente una expresión. Don Juan creía que era un reflejo de la manera como fuimos concebidos.
H.L.: En la civilización posindustrializada, el padre ya no cumple su rol. En realidad, el padre es la tele. El padre no es más el educador de sus hijos. Para mí, la imagen ideal del padre sería la del maestro…
C.C.: Una de las cosas más terribles que me pasaron en mis relaciones con don Juan es lo que me hizo comprender sobre lo niño que somos nosotros, los varones. Si les ves con los ojos del brujo yaqui vas a notar que estamos envueltos en una serie de juegos y que las mujeres son mucho más fuertes. Parece como si fueran de otra especie, en cambio nosotros sólo somos niños. Eso es un producto de nuestra época. Ahora en los Estados Unidos se nota más que en ningún otro sitio, ves a un caballero de sesenta años que se siente chiquillo, y que arrastra a todos, hasta a las mujeres, en la búsqueda de la niñez, de la inmadurez. Pero no es la juventud lo que buscan, no quieren ser jóvenes. ¡Quieren ser niños!
 H.L.: En Europa, en Francia, he oído decir a las mismas mujeres frente a la crisis de la sociedad y al pretendido fracaso del poder masculino: “La culpa es la de los hombres, son ellos los que han provocado las guerras”.
 C.C.: Uno de los soportes de la ideología de don Juan es la idea de que las mujeres son básicamente superiores. ¡Y no hay discusión! Como chauvinista macho que viene de Sudamérica, me costó un huevo el aceptar esta posición. Ahora no tengo ningún inconveniente en aceptarla en toda su profundidad. Sería una revolución si las mujeres no tuvieran que depender de unidades conjuntivas robadas a la masculinidad del hombre. Ellas no tienen necesidad de mostrarse como “machonas”.
 H.L.: Ese es el riesgo de la imitación del poder masculino.
C.C.: ¿Por qué tendrían que imitar al hombre, si éste para ellas es el usurpador? Verlas vestidas de machonas, de lesbianas con bigotes. ¡No jodas! ¡Eso es demasiado traído de los cabellos!
 H.L.: ¿Y cómo ves Europa, desde aquí, desde América?
 C.C.: La veo muy viejita. ¡Je, je, je! Terriblemente carcomida, intelectualmente hundida. A mí me gusta los Estados Unidos porque te digo, allá no hay fronteras. Son unos salvajes, hijos de su chingada madre, como dicen ellos; ¡pero tienen la juventud y la iniciativa! En cambio Europa, envuelta en luchas tremendas de decadencia, representa lo que don Juan llama Torquemada.

 

Notas:
1 César Vallejo (1895-1938), poeta peruano, que vivió de 1924 a 1938 en París, donde murió. En su obra poética denuncia la injusticia, la desgracia y la fatalidad que se abate sobre el hombre, alaba el humanismo y la solidaridad.
2 Cerámica de las civilizaciones precolombinas con representaciones antropomorfas, rostros, especialmente en las culturas chimú y mochica que se desarrollaron en la costa del departamento de La Libertad donde nació Vallejo.

 

 

Ciclo Literario.