Traducción y crítica *

Alfredo Coello


Cada uno de nosotros zarpa hacia sí
mismo, y hace escala en los otros.

Fernando Pessoa
 El libro del desasosiego.

La reflexión sobre la traducción es inescindible de la experiencia de traducir. La traducción existe. Siempre ha existido, siempre ha habido mercaderes, viajeros, embajadores, espías, traductores, interpretes culturales, para satisfacer la necesidad de extender los intercambios humanos más allá de la comunidad lingüística, y que funcionan como componentes esenciales de la cohesión social y de la identidad de un grupo.  Y si existe la traducción es porque los hombres hablan y se comunican a través del habla en más de 600 u 800 lenguas en todo el planeta tierra, según datos que aportan los etnolingüistas.  ¿Desde dónde parte el sujeto traductor hacia la traducción? Necesariamente son dos los términos esenciales que aparecen en el horizonte de toda traducción: lo extranjero--término que abarca la obra, el autor y su lengua -- y el lector destinatario de la obra traducida. Y entre ambos, el traductor, que transmite, que hace pasar el mensaje de un idioma a otro.
  En esa incómoda situación de mediador reside la prueba en cuestión. Paul Ricoeur (1948) cita a Franz Rozenweig para aclarar un poco esta peculiar mediación del traductor. Rozenweig  dio a esa experiencia  la forma de una paradoja. Traducir, dice, es servir a dos amos; al extranjero en su obra, al lector en su deseo de apropiación. Autor extranjero, lector que habita la misma lengua que el traductor. Esta paradoja revela, en efecto, una problemática sin par, sancionada doblemente por un voto de fidelidad y una sospecha de traición. Shleiermacher descomponía la paradoja en dos frases: ‘llevar al lector al autor’, ‘llevar al autor al lector’. Estamos, pues, a las puertas de los laberintos por los que ha de transitar toda traducción que desee se reconocida en representación de su propia lengua, es decir, que aquí se cuela el fantasma de la traducción perfecta.

Pedro Meyer / 1985
Fotografía

  Por el momento diremos que la resistencia a la traducción reviste una forma menos fantasmática, una vez que el trabajo de traducción ha comenzado. Las zonas de intraducibilidad están diseminadas en el texto, y hacen de la traducción un drama, y del deseo de una buena traducción un desafío. La poesía viene a ser la que ofrece el mayor grado de dificultad en la unión inseparable del sentido y la sonoridad, del significado y el significante. Sin embargo, Fernando Pessoa no se complica tanto; cuando aborda la traducción de poesía es claro y contundente al afirmar:
Un poema es una impresión del intelecto, o entonces, una idea transformada en emoción, comunicada al otro, por medio de un ritmo. Este ritmo es doble en uno solo, como los aspectos cóncavo y convexo del mismo arco: está compuesto de un ritmo verbal o musical y de un ritmo visual  o de imagen, que le corresponde internamente. La traducción de un poema debería, por lo tanto, conformarse absolutamente con la idea o la emoción que constituye el poema, con el ritmo verbal en que esa idea o emoción esta expresa; debería conformarse relativamente con el ritmo interior o visual, manteniendo las imágenes propias lo mejor posible, pero manteniéndose  siempre fiel al tipo de imagen. Fue este criterio en que basé mis traducciones para el portugués de…  no por causa de su grande valor intrínseco, mas porque eran un desafío permanente para traductores.
 Cuando nos enfrentamos a la traducción de obras de carácter filosófico las dificultades se revelan en otro orden  y, en cierto sentido, igualmente irreductible, en la medida en que surgen en el plano mismo de los diferentes recortes por los que pasa toda traducción, sería bastante complejo, por el momento, entrar a su reflexión.
Veamos tres aspectos generales de la traducción:
a) ¿Existe la traducción perfecta?
b) ¿La traducción es un acto cultural?
c) ¿El oficio del traductor es un oficio o una profesión?
La traducción perfecta no existe y el traductor debe renunciar a ella en el mismo momento en que empieza a tenderse la sombra de la fidelidad-traición. Sólo ese momento de renunciar a la perfección permite al traductor vivir, como una deficiencia aceptada, la imposibilidad de servir a dos amos: al autor y al lector.
Abandonar el sueño de la traducción perfecta es la confesión de la diferencia insuperable entre lo propio y lo extranjero. Es la experiencia de lo extranjero. En este sentido apunta la reflexión de P. Ricoeur  cuando afirma que “la traducción  no plantea únicamente un trabajo intelectual, teórico o práctico, sino un problema ético. Llevar al lector al autor, Llevar el autor al lector (como ya se ha señalado anteriormente), a riesgo de servir y traicionar a dos amos, es practicar lo que doy en llamar la hospitalidad lingüística … donde el placer de habitar  la lengua del otro es compensada por el placer de recibir en la propia casa la palabra del extranjero”. b) La traducción es un acto cultural que obedece a un Proceso Cultural donde se crean espacios situacionales de acercamiento entre las lenguas de los diferentes pueblos y naciones del planeta tierra, así como situaciones de tensión y conflicto.
De la misma manera, o en diferentes formas, la traducción rompe fronteras culturales y abre tiempos de acercamiento y hospedaje para intercambiar valores culturales, ideas científicas, experiencias creativas de diferentes culturas y que apuntan hacia un ethos innovador; entonces  la traducción es un modelo para crear una ética del mestizaje.
En este contexto nos podemos hacer la siguiente pregunta ¿Qué sucede con las lenguas que se encuentran en situación de resistencia colonial, y su traducción a la lengua dominante? El proceso de resistencia  lingüístico – cultural las ha obligado, al margen de las lenguas dominantes, a una situación de disglosia, lo que implica un dominio no sólo lingüístico sino esencialmente cultural.
Sin embargo, la resistencia disglósica, en estos tiempos modernos, se procesa y gesta en espacios de comunicación antes inexistentes en tiempos de colonización; entonces aparece el video, el cine y la literatura en el escenario lingüístico de las mal llamadas ‘minorías étnicas’ (véase como ejemplo las películas filmadas en lengua purépecha y náhuatl, los videos de los indios Kayapós del Parque Xingú en el amazonas brasileño o  la traducción del francés al náhuatl de la obra literaria ‘Esperando a Godot’ de Samuel Beckett. Este apunte es un mero intento de llamar la atención sobre estas lenguas a veces intraducibles.
c) Esta pregunta sobre el oficio del traductor se encuentra  hoy por hoy en  la mesa de discusión, y se hace necesario y urgente abordarla para su mejor comprensión. ¿Es un oficio? ¿Es una carrera universitaria y profesional? Consideramos que depende del país y desde la lengua que se traduce. En varios países del primer mundo se le considera como una carrera universitaria, profesional y con todos los derechos curriculares que le corresponden.
¿En qué se traduce  la figura del sujeto traductor de un texto? Me explico: El traductor(a) aparece en la obra acabada simplemente como N. del T (o de la T.) Se borra, se convierte en la sombra marginal del escritor; aquí se cumple la sentencia de que el traductor  sirve a dos amos, tanto al extranjero como al lector en su propia lengua.
El oficio del traductor  se enfrenta, entonces, a verdaderos desafíos cuando tiene que interpretar o acercar al lector a  través de una referencia  histórica, o cuando debe acudir al diccionario; entonces, hace simplemente una nota a pie de página y señala. N del T.
El desafío se escenifica tanto en el escenario laboral como en el contexto semántico, filosófico, antropológico y llega, a veces, hasta el psicoanálisis. Es de interés resaltar aquí  la significación de la N. del T., pues cuando se hace una interpretación referencial  sobre la traducción, no se anota  como Traducción del Traductor o como Interpretación del Traductor, o en caso ya extremo como aportación extra-textual del traductor al idioma del que traduce.
Lo que se quiere apuntar con estas situaciones referenciales del ‘oficio del traductor’ es que su ámbito laboral como el profesional, puede convertir la traducción en un drama que llegue a un buen final en el deseo de una buena traducción. No la perfecta.
Para finalizar este esbozo o intento por llevar la reflexión del traductor y la traducción a espacios prácticos, formulamos la pregunta ¿La condición laboral influye en la traducción?
Es la experiencia y la actividad de los traductores quienes nos acercarán a la respuesta.


*Texto leído en el marco del Festival de la Palabra, Ciudad de México, el 2 de noviembre de 2008.

 

Ciclo Literario.