Eres la fragancia de las rocas

Ramakanta Rath
Nota y traducción de Araceli Mancilla


Conocí a Ramakanta Rath en la ciudad punjabi de Chandigarh, al norte de India, durante el festival Kritya al que asistí recientemente en compañía de las poetas Rocío González y Natalia Toledo.
Fueron sesiones de poesía leída en varios idiomas de ese país y en las lenguas de los participantes extranjeros, todos traducidos al inglés y al hindi, en una experiencia inusual por la riqueza lingüística y la gama de temáticas, estilos y tonos poéticos, que nos dejó una emoción intensa y perdurable
En nosotras, las mexicanas, se sumó a la calidez del encuentro el reconocimiento de las semejanzas en la diversidad étnica, la fuerza del sentimiento religioso y las complejas y dolorosas disparidades sociales que son comunes a México e India.
En ese contexto pluricultural pude conversar con Ramakanta Rath, corroborando la correspondencia entre la suntuosidad y  fineza de su poesía, y su trato gentil, apacible a la vez que apasionado. Ramakanta Rath nació en el estado de Orissa en 1934. Su obra es ampliamente conocida en su país y, al lado de una importante carrera en el servicio público, ha obtenido numerosos reconocimientos literarios. Su poesía se distingue por su experimentación en forma y estilo. Las inquisiciones místicas, los enigmas de la vida y de la muerte, la íntima soledad del individuo, y la subordinación a los deseos carnales y las necesidades materiales, son algunos de sus temas recurrentes. Los contenidos de sus poemas han variado de una interpretación modernista de la literatura sánscrita, observable en su famoso poema amoroso Sri Radha, a la cautivante conciencia de la muerte expuesta en Saptam Ritu.

El poema que se publica a continuación fue escrito originalmente en lengua oriya y forma parte del libro Poemas (Grassroots, 2004) donde se reúne una selección de la obra de este poeta hindú traducida al inglés por él mismo.

 

Eres la fragancia de las rocas

Eres la fragancia de las rocas
La lamentación de cada flor
El insoportable ardor de la luna
La helada serenidad del sol resplandeciente
El lenguaje de mis cartas a mí mismo
La sonrisa con que nace toda desesperación
Los milenios de espera sin pegar los ojos
La futilidad última de toda rebelión
El exquisito ídolo hecho de aspiraciones
Los verdes ayeres de los desiertos
El monzón ataviado de hojas y flores
El iluminado sendero que va de la tierra al planeta más lejano
El momento fantástico que es mitad día y mitad noche
La eternidad del breve silencio del mar
El solazado final de los sueños incompletos
El enmarañado momento de despertar con un sobresalto
La reticente estrella brillando en el cielo al amanecer
Las palabras no dichas ante la despedida
El inquieto viento condenado a una reclusión solitaria
El cuerpo de la niebla sentado en un trono
El reflejo dormido en la cama abismal del río
La oculta mina de las joyas más preciadas
Los perfiles de la demencia grabada en el espacio,
y la impronunciada historia del rayo.

Tú has soportado siempre, querida
todas mis fallas sonriendo.
Sé que no estoy destinado a traerte de vuelta
una vez que has partido.
Todo lo que puedo hacer en adelante, hasta el último día de mi vida,
es recoger los fragmentos de lo que eres
y tratar de juntarlos.

Henri Cartier-Bresson / 1966
Fotografía

 

Ciclo Literario.