Poesía y crítica*
(o el fascinado continuum del lenguaje)

Araceli Mancilla


Desde el principio fue la poesía, esa manifestación del espíritu que el hombre, bajo una continuidad que sólo desaparecerá con él, no deja de desentrañar fascinado por su naturaleza reveladora e inasible. La poesíaes la forma más antigua de creación literaria y contiene en sí misma un hacer que es el origen de todos los géneros.
La poética, como estudio de la poesía, y de la literatura en general, surgió en la antigüedad para dar explicación a este fenómeno de creación, contenerlo y tratar de fijar sus principios. Así, la poesíaquedó ligada a la palabra y al lenguaje como realización humana que, a expensas de apresar la realidad, la recreó y rebasó transformándola en otra cosa, algo nuevo: narración mítica del mundo, acontecimiento épico, y, más tarde en lírica, narrativa, drama: escritura.
Su descubrimiento y estudio acompañó las primeras explicaciones que se dieron sobre la naturaleza de la vida y el origen de lo que existe. Por eso fue un filósofo, Aristóteles, quien recogió y nos legó esa palabra que aun ahora nos enfrenta con emoción a su poder generador de significados: poesis, creación, realización.

Shomei Tomatsu / 1971
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Las primera reglas retóricas para lograr un buen decir se dieron desde entonces, y quedaron planteados algunos de los asuntos pertinentes hasta nuestros días relativos a la organización, el contenido y la manera de desarrollar elCO discurso poético. Los problemas que plantea el Ars poética de Horacio1, el indispensable poeta latino, nos acompañan hasta la fecha en que se siguen discutiendo las viejas dicotomías que oponen al talento y a la inspiración del poeta, la disciplina y el adecuado manejo de sus técnicas; a la función didáctica del poema, la misión hedonista de la poesía, y al sentido y contenido del poema, su precisión formal. No fue menos importante en esta época y en el futuro el valor que se le dio a los conceptos de imitación, decoro y verosimilitud.
El camino abierto por la antigüedad hacia la sistematización de lo poético para orientarlo y explicarlo, fue ampliándose a lo largo de la historia y, en la Edad Media, comienzan a glosarse los textos, principalmente bíblicos, estableciéndose las técnicas  para hacerlo a partir de una interpretación literal o espiritual; ya para entonces se sigue un método de crítica textual aportado por el educador hispano- romano Quintiliano2, el cual alude a la necesidad de la explicación objetiva del texto, a la corrección de sus errores y a la emisión de un juicio, sentándose con ello las bases para la crítica literaria moderna.
La necesidad de explicar el texto en general, y el poético en particular, ha acompañado a la creación literaria a lo largo de los siglos. La relatividad del gusto y la libertad de apreciación en el arte no aparecieron sino hasta el siglo XVIII, cuando Kant postula que la belleza existe por sí misma, y, en tanto no se necesite para un fin concreto, se puede opinar libremente sobre la obra artística, que es la que nos procura placer, no conocimiento. 
La crítica como conjunto de juicios elaborados en torno de una obra de creación se rige, hasta el siglo XIX, por cánones estéticos bien establecidos, y aun cuando el romanticismo se abrió al criterio subjetivo del crítico, siempre fue dentro de los márgenes clasicistas. Así, sabemos que a partir de Saint Beuve se acepta un método de crítica literaria basado en el análisis de otras circunstancias de la composición, más allá de las reconocidas por los clásicos, tales como las biográficas, estéticas e históricas, más cercanas al individuo que al texto.
Pero es de resaltar que, al lado del predominio de la regla clásica relativa a las tres unidades dramáticas de acción, tiempo y lugar, también se reconoció durante la Edad Media y el Renacimiento, como se había hecho desde la antigüedad, la imposibilidad de una escritura de valía sin un gran conocimiento, de modo que queda establecido que el poeta sólo puede serlo si es un hombre o una mujer de saber y erudición.
El romanticismo, a contrapelo de los principios clasicistas y neoclasicistas, exaltó el individualismo dando un lugar a la conciencia histórica en el texto y aceptando la naturaleza cambiante de la realidad. Surge entonces la idea de que la obra de arte da forma concreta al espíritu, siempre subjetivo. De esta manera las reglas empiezan a trastocarse, comienza a evaluarse el arte a través del cambio histórico y queda claro que no puede haber reglas fijas. Ya Víctor Hugo decía que las únicas leyes que debía seguir un poeta se hallaban en la naturaleza; no se encuentran éstas en ninguna poética sino hay que extraerlas de la propia experiencia y de la inspiración, mas sólo la disciplina y el mucho estudio combinado con la inspiración, pueden evitar la mediocridad del poeta.
A partir de este momento cambia el punto de vista desde el cual se abordará la poesía y el arte en general pues, sin perderse la dimensión trascendente del arte, se le libera.

Keith Carter / 1990
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El siglo XX vio nacer estrictas corrientes para dirigir ese deseo humano por explicarse, entender y valorar la creación del Otro, manifiesta a través del lenguaje, que es la crítica literaria. Surgieron escuelas cuyos postulados siguen hoy en día dando pautas para el desciframiento del texto literario desde complejos mecanismos metodológicos: el formalismo ruso, el estructuralismo del círculo de Praga, el estructuralismo francés y más recientemente teorías como la estética de la percepción; todas ellas con pretensiones científicas o cuasi científicas, imbricadas en algunos casos de ciencias nuevas como la psicología y la antropología, elaboraron conceptos y  crearon teorías que pusieron en el centro del debate analítico a la obra literaria como estructura, como función lingüística o semiótica; intrincada maquinaria a la cual desentrañar desde sus más íntimos componentes.

La poesía, expresión máxima del espíritu en la literatura, se liberó definitivamente en el siglo pasado, junto con el resto del arte, de los corsés que la sometían a estructuras preestablecidas y, del lado de la historia y del pensamiento, acompañada de la fatalidad de las guerras que cambiaron al mundo, de los acontecimientos humanos que le siguieron y su consecuente reflexión, creció y se revolucionó creando sus propios puntos de partida y postulados, sin dejar de estar ligada a ese continuum que es la creación surgida de la tradición.  
Reconociéndose, valorándose, oponiéndose, rompiendo para renacer, el arte poético  se unió a las vanguardias, a las nuevas maneras de hacer y de decir, de apresar el instante incierto que es la revelación de los mundos que hay en la palabra, e incluso antes que ella, y que son descubiertos o creados por el poema como un hallazgo, producto del azar maravilloso.
A esta manera emancipadora de concebir la poesía responden los criterios sobre cómo abordarla, las poéticas y el ejercicio crítico de algunos de los más destacados poetas del siglo XX: Ezra Pound, T.S. Eliot, Paul Valéry, Cesar Pavese, Haroldo y Augusto de Campos, Octavio Paz, entre otros.
A estas alturas se sigue afirmando, como lo hiciera Borges, que la crítica enriquece a la literatura. Parece esto una obviedad y, sin embargo, al ahondar en las tareas de la crítica sus implicaciones nos rebasan, ya que se trata de seguirle los pasos al ejercicio intelectual que permite saber, bajo ciertos juicios de valor, quiénes vienen detrás o están logrando en el presente esa ambición de apresar el instante poético. La crítica literaria ha forjado su canon, la aprobación de generaciones y oleadas de lectores acuciosos, conocedores, especializados e inteligentes se ofrece a la mesa de los simples lectores y  de los lectores deseantes de la escritura a partir de lo leído, como son los críticos.
Pero en este recién nacido milenio en que múltiples formas de acometer  la creación poética se formulan a partir de la liberación de las pautas formales y materiales del poema, nuevos y complejos problemas se plantean a la simbiótica unión que existe entre poesía y reflexión; entre poética y crítica literaria, de la que se espera, entre otras cosas, seguir la historia del gusto literario y explicar sus causas
A partir de los cruces de caminos con mil rostros que se observan en la creación poética de fin de siglo y lo que va del presente, conceptos como sonido, sentido, imagen, poder de comunicación, apropiamiento del mundo social, histórico, físico, exploración ilimitada del lenguaje, transcreación, intertextualidad, metalenguaje, confesión, conversación, lirismo, coloquialismo son sólo algunos de los referentes que debe recoger en adelante el crítico literario para dilucidar el vasto y diverso territorio  en que se ha convertido la escritura de poesía.

Shomei Tomatsu / 1971
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Ante este sinnúmero de variables, ¿cómo desentrañar el acto de composición, aquel en el que se aprisiona o elabora la poesía en el poema, sea encontrándolo o buscándolo? 
Decía el poeta y crítico brasileño Joao Cabral de Melo Neto3 que dentro de las condiciones de la literatura de hoy, es imposible generalizar y presentar un juicio de valor. Esto, debido a la ausencia de un concepto de literatura, de un gusto universal determinado por la necesidad de aquellos para quienes se hace la literatura. De ahí que la crítica resulte una actividad tan individualista como la creación. De Melo Neto consideraba que la crítica se había transformado incomprensiva por excelencia en razón de sus alcances ante el poema moderno, que no sigue ninguna pauta de composición, y hace del poema un instrumento de expresión del poeta más que un vehículo de comunicación; condena a su vez el predominio de la inspiración sobre el trabajo intelectual del poeta moderno, quien, desde su punto de vista, escasamente se preocupa por realizar un trabajo de composición que aborde los temas que pudieran interesar a sus lectores, a través de un ejercicio intelectual profundo de su quehacer poético, en el que el poeta se imponga al poema.
Vista la escasez de crítica literaria en México, y en especial de la dirigida a la poesía reciente, pudiera ser que la dispersión del arte poético en múltiples variables de expresión, haya sido la causa del jaque puesto al crítico, dado que, para algunos teóricos como de Melo Neto, la proliferación de poéticas particulares disminuyó el campo del arte, mientras que para otros estamos ante una especialización indispensable para que el arte avance.
La nostalgia por los poemas de arte mayor que comprendieran géneros hoy prácticamente abandonados como la épica, anida en el ánimo de algunos lectores y críticos, y se someten a debate cuestiones como la necesidad de que la poesía, en aras de una expresión personal y formal llevada al extremo (que puede llegar incluso al hermetismo y una tortuosa oscuridad del poema), no pierda su papel de comunicación, si es que se cree que deba tenerlo.
     En México, en los años recientes, poetas y críticos han puesto de relieve la emergencia de poetas y poéticas de variado signo, sin que a ellas se corresponda la actividad crítica profesional que las sitúe y las coloque en la perspectiva de un desarrollo o evolución del arte poético mexicano. En cambio, se insiste en que cada vez se lee menos poesía; en que hay una eclosión de poesía, al tiempo que escasea la lectura y la crítica seria, no impresionista o no de reseña superficial, que permita valorar dentro de esta vastedad de novedades, las obras que aportan algo al género.
Si bien la necesidad del ejercicio crítico se señala especialmente en nuestros días, pocas épocas muestran mayores dificultades al ejecutante, quien, ante la multiplicidad de perspectivas, de referentes, de patrones, debe tomar decisiones metodológicas sin renunciar a su función de desciframiento e interpretación del poema; a su papel de compañero del lector y divulgador de la obra pues, fascinado por la continuidad del lenguaje, el crítico es un pensador que lee el poema no para traducirlo, sino para comentarlo y transmitirlo a través de una sensibilidad cultivada, conocedora y deseosa de exponer, de la mejor manera posible, sus hallazgos.

*Texto leído en el marco del Festival de la Palabra, Ciudad de México, el 2 de noviembre de 2008.
Notas:
1 Epístola a los Pisones
2 Institutio Oratoria (93-95 d.c.)

3 “Poesía y composición: la inspiración y el trabajo en el arte”. En Ensayistas brasileños, Colección poemas y ensayos, UNAM, México, 2005.

 

Ciclo Literario.