El Bebé Francófono *

Kurt Hackbarth


 

Cuando el bebé de la familia Johnson empezó a hablar francés, había motivos para preocuparse.  Lo llevaron a toda prisa a una pediatra y un experto lingüista, quienes confirmaron el diagnóstico: el bebé hablaba francés, y nada más.
        −Lo hubiéramos traído antes, −dijo la señora Johnson en tono de disculpa−, pero sus primeras palabras se parecían tanto al inglés que no notamos nada extraño.  Sólo eran un poco diferentes en…
        −Énfasis silábico.  Sí, por supuesto, −dijo el experto lingüista.
        −…lo cual sólo las hacía parecer más tiernas.  Nos decía ‘Ma-maah, Pa-paah’, con sus grandes ojos azules, y…
        El señor Johnson miró a su esposa con recelo.  −Pero ¿por qué el francés?  Es un idioma para maricones −interrumpió, preguntándose si el bebé no habría pasado demasiado tiempo a solas con su madre.         
        −Es algo sin precedentes −dijo la pediatra−.  Ya por el séptimo mes del periodo de gestación, los movimientos precisos del feto sincronizan con las unidades verbales de la madre.  El bebé nace listo para reconocer el patrón sonoro de su madre.  ¿Le han expuesto a música o películas francesas?  
        −No.   
        −¿Le han leído en francés, antes o después del parto?                    
        −¿Cómo hubiéramos podido leerle en francés si no lo hablamos? −protestó el señor Johnson.
        −Bueno, al menos el francés tiene muchos cognados −dijo el experto lingüista.
−¿Cognados? −repitió la señora Johnson, asustada.
−Sí.  Palabras que tienen el mismo significado en ambos idiomas −explicó el experto lingüista−.  Usualmente derivados del latín, o tomados directamente del francés al inglés en épocas anteriores.  Les ayudarán a entender lo que dice.        
−Dejémonos de pendejadas −dijo el señor Johnson−.  ¿Cómo vamos a hacer para que mi niño hable en inglés, y sólo en inglés?
−Si no ha empezado ya, en un ambiente de inmersión completa en el inglés desde su nacimiento, no veo por qué empezaría ahora −dijo el experto lingüista.
−¿Qué tan talentosos son ustedes en la adquisición de otros idiomas? preguntó la pediatra.

Carlos Pérez Siquier / 1959
Fotografía

Los Johnson buscaron segundas y terceras opiniones, pero salieron igualmente insatisfechos.  Y a pesar de sus intentos por mantener silencio acerca del caso, la noticia se filtró de todos modos.  Afortunadamente, tenían buenos amigos que se unieron para animarles con noticias sobre cómo las cosas eran peores para otros.
−Los vecinos a dos casas de la mía tienen un chiquito que está empezando a hablar en ruso −dijo Bill Forrester al grupo reunido en la sala de estar de los Johnson−.  Intentan hacer que no salga, pero lo puedo oír cuando estoy pasando el rastrillo por mi jardín.  Es inconfundible.           −Y yo estoy trabajando con una pareja en el centro comunitario −agregó su esposa Jill, una trabajadora social−.  Son inmigrantes del Perú, pero su bebé de la nada empieza con una serie de galimatías que nadie puede entender, entonces llaman a un experto lingüista, creo que es el mismo que diagnosticó a su hijo… −dijo, dirigiendo una mirada a los Johnson. 
−Ah sí, ¡Esa eminencia! −profirió el señor Johnson.  Se estaba apoyando sobre la repisa de una ventana, siguiendo la discusión.   
−…y él llama a algunas personas, y resulta que es un dialecto del cantonés que sólo se habla en unas determinadas regiones de Guangzhou, China.
−¿Un cantonés que solamente hablan en ciertos cantones? −terció la señora Johnson.
−Está bien, cariño, ya basta −dijo el señor Johnson, preguntándose si este tipo de cursilerías de su parte no hubiera sido el detonador del francés en su hijo.
−Estos al menos son idiomas hablados −dijo Pauline Knapp, una compañera de tenis de la señora Johnson−.  ¿No oyeron ustedes de la pareja con gemelos, uno de los cuales habla… −dijo, sacando de su bolsillo un recorte del periódico− ‘…el germánico antiguo, y el otro, un compuesto desconocido de dialectos malayo-polinesios? Los padres aturdidos, cuestionados por los reporteros, no podían hacer más que rascarse la cabeza,  ¿Pueden creer eso?
−Eso no es nada −dijo el esposo de Pauline, Steven, inclinándose con complicidad hacia el centro del grupo−.  Hay un tipo en el trabajo, un tipo genial, Charlie, acaban de darle un ascenso, y él tiene una nena que empezó a hablar en….proto-mundo.
−¿Quién es Tomundo? −preguntó el señor Johnson.                                −No, proto-mundo −precisó Steven−. La niña habla proto-mundo.
−Y ¿qué es eso de pro-Tomundo? −persistió el señor Johnson.    
−¿Te puedes callar? −exclamó Steven quien, dirigiendo una mueca al señor Johnson, intentó rápidamente regresar a su volumen anterior−.  Se especula que el proto-mundo es el idioma raíz de la raza humana entera.  Hay investigadores que han estado intentando reconstruirlo desde hace doscientos años, y allí viene esa nena que lo habla, sí, pero… −dijo, bajando la voz hasta casi un susurro− la FBI nada más vino y se la llevó y nunca han sabido nada de ella y nadie les da razón a los padres.  La esposa está fuera de sí. En ese momento, el bebé de los Johnson entró bamboleando desde la cocina a la sala de estar, buscando entre los invitados a su madre.  −Maman, je veux un biscuit, −balbuceó.
−¡CÁLLATE! −gritó el señor Johnson, cerrando las cortinas de un tirón.
A pesar de este nuevo cariz de las cosas, los Johnson decidieron pronto despachar su problema por vías diplomáticas. A cambio de un châteaude ochocientos años en la campiña de Bordeaux, cedieron discretamente la tutela de su hijo al Ministerio de Cultura del gobierno francés, que equiparon al niño con Baudelaire y lo esgrimieron como una muestra de la superioridad innata de la lengua gálica.  La noticia de este trato también se filtró, y condujo a una epidemia mundial de tráfico de bebés, o “Johnsonismo” como llegó a ser conocido por la prensa, realizado por los padres cuyos niños hablaban idiomas modernos diferentes a los suyos; con los que hablaban idiomas muertos, los padres obtuvieron ganancias más lucrativas de fundaciones científicas internacionales.  Condenada por la iglesia y las organizaciones benéficas, la práctica persistió de manera clandestina hasta el día en que Pauline Knapp entró sin aliento a través de la puerta principal de la casa de los Johnson.    
        La sala casi vacía estaba llena de cajas; el señor Johnson estaba en la sala de estar llenando una de las últimas cajas con las fotos enmarcadas de la repisa de la chimenea y platicando con Forrester. 
−…entonces estoy un poco preocupado por el hecho de que vamos a estar criando al nuevo bebé en Francia, pero me han garantizado maestros particulares para toda la educación del niño para que lo atiborren de inglés… −dijo, golpeando una mano con un puño− …no importa qué idioma nazca hablando.
−Bien, −dijo Forrester, mientras Pauline pasaba resoplando. 
−Y vamos a formar un equipo de béisbol en el lycée local.         
Pauline encontró a la señora Johnson, embarazada de varios meses, en el cuarto principal tomando una pausa de su tarea de empacar el contenido de los closets. 
−¿Oiste? −dijo Pauline, jadeando. 
−¿Oir qué? −preguntó la señora Johnson, sentándose sobre la cama. 
Pauline logró contener su respiración.  −Estos nuevos niños, nuevos casos −dijo−.  Nacidos en familias separadas, en lugares diferentes, sin ningún contacto entre ellos, todos perfectamente normales, pero cada niño…  −Se detuvo, sacudiendo la cabeza como si estuviera considerando lo que acababa decir sin haber terminado de decirlo.
−¿Sí, cada niño..? −apuntó la señora Johnson.
−Cada niño hablando su propio idioma creado a partir de cero −dijo Pauline−, y absolutamente nada más.


* Traducido del inglés por Kurt Hackbarth y Tania Román.


Kurt Hackbarth es poeta, escritor y traductor. Su primer poemario Man With Luggage fue publicado en el 2005 en los Estados Unidos, y su obra también ha aparecido en The Adirondack Review, The Boston Review, y en México, en la primera antología del concurso Mano de Obra: Relato Breve.  Su blog sobre la política mexicana, en inglés, se encuentra en el sitio: www.deconstructingmexico.blogspot.com.  Reside con su esposa Tania en Oaxaca.

 

 

 

Ciclo Literario.