Vivian Demuth

Traducción de Olga Y. Mancinelli


Vivian Demuth es poeta y escritora de ficción canadiense- americana cuyo trabajo ha sido publicado en diversas revistas y periódicos de Canadá, los Estados Unidos y Europa. Ha publicado la colección de poemas Breathing Nose Mountain y es anfitriona del encuentro de poesía Poetry on the peaks, que se lleva a cabo cada verano en la montaña donde trabaja como guardabosques observando la presencia de incendios. Recibió el premio Sarah Tucker de ficción que otorga la Universidad de Long Island Su primera novela, Eyes of the forest, se publicó en 2007. Parte del año vive en Nueva York trabajando con personas sin hogar.  Actualmente prepara una colección de poemas reunidos bajo el título de Wilderness Climbs. Su trabajo poético puede encontrarse en:
www. poetspath.com/exhibits/viviandemuth

 

Las Abejas

En mi infancia me picó una abeja cuando iba camino a casa de la bruja.
Ahora, cuando observo a las abejas de Chiapas que armonizan
saliendo del enjambre en grupo como hacen ellas, zumbando los tormentos
pacíficos de la muerte, me pregunto si estoy lista para el machete del dolor.
                                                                      En Estados Unidos
los insectos expiran por el mal llamado colapso de las colonias de abejas, no así
estas enlutadas abejas femeninas que se adornan con chales tejidos a mano
y negras faldas de lana; ellas cantan  para  mantener viva la memoria. Cantan
sobre la sociedad civil de abejas que zumbaron por la paz en diciembre de ‘97
y a las que dieron un  cuasimilitar apretón de manos hacia la masiva fosa
común.
En el trance de este canto, veo caléndulas anaranjadas con esencia de verdad
en el bajo mundo.  Veo matrices abiertas y desgarradas de mujeres encintas
que mecen suavemente a los fetos difuntos murmurando sus nombres. Veo a 49 personas muertas  bendiciendo con ramaje de pino a sacerdotes católicos;
a niños descalzos que no pueden dormir y a seudomilitares borrachos
que sí pueden.
Entonces tomo un sorbito de su néctar comunal y conforme la música crece,
una abeja de un metro y medio me toma con su cálida mano, ella
que fue picada en Acteal, se  detiene a consolarme. “Mira”, dice y señala,
“¿No son hermosas las danzas folclóricas?”

Antonio Turok
Fotografía

 

 

Ciclo Literario.