Afirmar la vida


Lorenzo León.-Con las palabras podemos hablar, comunicarnos; podemos leer y comprender; con las palabras podemos cantar. Ludwig Zeller, ¿qué es la palabra? ¿de dónde crees que viene?, ¿por qué dedicaste tu vida a las palabras?
Ludwig Zeller- Hay en mi infancia, en el desierto, una imagen muy fuerte que es la de los espejismos, mis padres fueron personas cariñosísimas conmigo, yo estaba siempre encantado con ellos. Cuando era niño y adolescente había una cosa que me prohibieron. Era salir al medio día al desierto. Es tal la sequedad, que aparecen tierra adentro inmensas mariposas, o enormes pájaros, o barcos que surcan el mar y que son reflejos de cosas que suceden en la costa. Para uno es tan intenso que trata de alcanzar esa mariposa y naturalmente se desvanece. Mi padre, que era alemán, en casa tenía una pequeña biblioteca. Es cierto que las palabras expresan muchas cosas, pero también acarician. Es un elemento que es maravilloso, que puede, a lo largo del tiempo, ligar a las personas, hacer algo de ellas. Si me duelo, es que soy demasiado áspero para hablar de poesía.

Christer Stromholm / 1965
Fotografía

Escuchemos ese ulular que pule el oleaje de la quietud
¿Cómo llega esta imagen?
Trabajé años con mi primera esposa, Wera Klose en la traducción de textos del romanticismo alemán de escritores como Friedrich Hölderlin, Henrich von Kleist, Achim von Arnim. Me fue inevitable después de unos años, inclinarme hacia el surrealismo. Era una solución para mí. Era ver en una frase elementos distintos y que sin embargo tuvieran una cierta armonía. En esto hay una verdadera obsesión y es quizá lo que hace difícil mi poesía, pero al mismo tiempo es lo que atrae a mucha gente. Esto me lo decía un amigo muy querido, el gran poeta chileno  Rosamel del Valle. Le debo tanto a mucha gente; los surrealistas me han apoyado. Hicimos excursiones charlando de muchas cosas con Elisa Bindhoff, la mujer de André Breton, que era chilena. Fuimos a visitar distintos lugares y ella, como sabía que yo había tomado ácido lisérgico, me pidió tomarlo también. Entonces Breton me escribió una carta y me dijo: por favor, que Elisa no vaya a tomar esa droga.
-Eso quiere decir que tú has visualizado tu mundo poético más allá de un horizonte que podríamos llamar la normalidad.
-Yo creo que el poeta ve un poco más allá y puede transformar las imágenes en su mente. No es necesario que seas realista.
Bajo la tierra silban nuestros huesos
Para mí ha sido muy fuerte la influencia del lugar donde nací; me crié en el Desierto de Atacama. Allí, en esas soledades, de vez cuando la gente iba a huaquear. Así llamaban su trabajo de excavar las tumbas de sus antepasados. Mi padre fue el que hizo finalmente que se cubrieran esos lugares con arena, para que no fuéramos a sacar calaveras. Todas las cosas son posibles en lo poético.
Haz que florezcan nuestras llagas
Esta oposición se da porque nosotros tenemos la sensación de que las llagas nos están doliendo, pero es tan importante que, si tenemos llagas, florezcan, la sangre se abra en pétalos, que una cosa negativa, pueda tornarse positiva.
-¿Y esto tiene relación con lo místico?
-Claro, has tocado un punto que para mí es clave. Hay elementos desconocidos que emergen desde dentro de uno, aún dentro de las fallas y el polvo que lo cubre todo, de todas maneras florecen. Yo hago collages, que son trozos muy distintos que están aunados; son como distintas realidades que hacen una tercera realidad. Pero esto también lo hago en la poesía.
La puerta de marfil
sangra en los goznes

Lo mejor que podemos pensar nosotros de una puerta es que sea de marfil, imaginamos inmediatamente que tiene repujados, grecas, diseños,  y lo que nos queda sonando es que sangra en los goznes de tan depurada que es. Cobra vida, de nuevo se dan dos realidades, esa es la clave en mi poesía, es la clave en el surrealismo. Naturalmente, en muchas oportunidades, yo anoto sueños. En una novela que escribí y se llama Río Loa: estación de los sueños, se plantea un pueblo imaginario donde son  posibles todas las realidades. Voy en compañía del demonio, pero el demonio es un buen amigo, no es un peligro. Se trata de explorar la parte en que no existe maldad. Los seres humanos tenemos la posibilidad de ser positivos y absolutamente bondadosos y este demonio que me acompaña a Río Loa resulta como un doble de mí mismo, es un buen amigo, converso con él; hace algunos juegos como de fantasía, puede poner una cosa en el aire, hacer correr el agua.

Helmut Newton / 1981
Fotografía

Al horror de entender que somos paja ardiendo
Hay cosas que nos atemorizan y tenemos que aceptarlas, como esa idea que uno es paja ardiendo, que está deshaciéndose, pero al mismo tiempo, sin olvidar que las llamas son también como pétalos, no hay que ver la parte negativa, así se da una poesía que afirma la vida.
Esta guitarra ardiente que delira es tu cuerpo
Cuando tenemos nosotros un deseo amoroso hay algo tan fuerte, tan intenso que uno piensa que va a cubrirse de improviso de hojas, o ser envuelto en llamas a pesar de que uno sepa, quizá, que la otra persona siente otra cosa, pero nuestro deseo es que ardiera en llamas, de que fuera como el sonido de una guitarra.
Te acorrala el deseo, cuando gritas gotea la miel de tus pezones
En el amor la mujer te ofrece parte de su cuerpo prácticamente, es toda la felicidad. Yo soy un enamorado perpetuo.
Pues lo que hiere en verdad es el hielo implacable de los días
Hay un suceder en el que uno espera que algo cambie. Uno piensa que en una semana más, todo va a ser distinto, voy a tener un libro, voy a poder viajar, voy a tener nuevas posibilidades. Me ha sido verídico esto. No pensaba, por ejemplo, en mi viaje a España, que iba a tener un catálogo, un libro con imágenes. Ya sabes, muchas de las calles de Santiago de Compostela tienen un metro veinte de ancho. Viene una mujer, se cruza contigo. Necesariamente tiene que pasar cerca de ti. Siempre hay sorpresas para mí, los días me dan cosas mejores de las que yo espero. 
Abriendo en veloz cruz el misterio de tus piernas

Hay una cosa preciosa en lo amoroso. Parte importante de mi obra está dedicado a este trato con lo femenino. Tengo 81 años y siento tan vivo esto. Volvería a vivirlo naturalmente. A mi edad escribir sobre el amor es inevitable.

 

 

 

Ciclo Literario.