René Almanza: un alfabeto sacrificial y del deseo

 


Nací el 21 de julio de 1979 en Monterrey. Estudié Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Al salir empecé a trabajar en el grupo Reforma como ilustrador editorial (ilustré artículos de Lorenzo Meyer y Carlos Monsiváis).
Me contactó por internet el grupo editorial Shinseken, de Tokio, para participar en una colección dedicada a la historia del folclor de países latinoamericanos, de Asia y  Medio Oriente; se trata de libros publicados en cinco idiomas que se distribuyen en bibliotecas de todo el mundo; con ellos estuve trabajando año y medio. Como pagaban muy bien, esto me permitió salir del Reforma y decidí venirme a Oaxaca pues esta colaboración con los japoneses me dio libertad económica y tenía tiempo para mi trabajo personal.
Escogí Oaxaca porque tenía amigos sureños que me platicaban de este estado y me percaté que aquí había una comunidad grande de pintores que vivían de su arte,  cosa que en Monterrey es muy raro que se dé; los artistas allá no tienen acceso al mercado, quizá porque no hay tanta efervescencia como acá. Me pareció un buen lugar para crecer como artista.
Yo venía de trabajar ilustración por encargo y aquí busqué un trabajo personal. Mis imágenes tienen que ver con una cuestión introspectiva, trato de hallar mi dibujo, mi lenguaje personal, mi propio alfabeto para poder representar lo que veo: mi tiempo.
Lo que más me importa es el dibujo, y de ahí la gráfica tradicional: el hueco grabado, la litografía, la xilografía, por eso fundamos Uriel Marín, David Domínguez, Tomás Hernández y yo el taller Pata de Perro y la galería Cocodrilo. La idea de la galería fue impulsar un arte propositivo y tener un espacio para los artistas emergentes de Oaxaca, siempre con la mística de la gráfica y el dibujo,  tratando de buscar símbolos, imágenes nuevas. El proyecto ha sido hasta ahora completamente autogestivo. Nos hemos mantenido independientes completamente para no detenernos porque, a veces, si se depende de un apoyo y se cae el presupuesto, todo se para. Los artistas son los que nos han ayudado a soportar el proyecto.

En otros lugares es difícil mantener una constancia porque no se cuenta con un aparato cultural como en Oaxaca, que propicia que sea un lugar para producir. Esto tiene que ver con la infraestructura de la ciudad, las galerías, las bibliotecas, los talleres independientes y privados.
Un artista, cuando llega de afuera o es de aquí, cuenta con ese circuito donde moverse y crear sus propios espacios y dirigirse hacia sus propias metas, cosa contraria a sitios que no tienen esas características. Aquí todo está junto, cerca, no es fácil ser artista de ningún modo, pero la situación en Oaxaca es favorable.
Yo tengo bastante interés en la academia de pintores mexicanos; hasta los muralistas me hicieron bien. De los artistas contemporáneos a todos nos ha influenciado el maestro Francisco Toledo, Arturo Rivera; y de los extranjeros, principalmente Lucian Freud.  He aprendido mucho de la obra de ellos.
La exposición que acabo de tener en San Francisco en la galería Fifty24SF, fue muy exitosa. Esta galería exhibe cada mes artistas emergentes de todo el mundo. Presenté 50 dibujos y dos telas.

Lo que hago es una especie de automatismo, antes batallaba mucho, tenía un dibujo muy realista, muy trabajado, pero llegó un momento que me di cuenta que lo importante era hacer un dibujo personal y empecé a pensar en el dibujo como si fuera una escritura, como una especie de caligrafía y por eso mi dibujo tiene ese aspecto, como escritura. Aprendí de la escritura sintética, desde ver los alfabetos y analizarlos y de allí intentar a hacer el mío. Algo que me importa es una visión sicológica de las cosas, un poco metafísica. Trabajo intensamente con la ambigüedad, con la múltiple lectura, mis  escenas tiene que ver conmigo, con lo que pienso, pero las imágenes no te revelan todo, por lo general; trato de entrar en juego con el espectador para que complete su visión del dibujo, hecho de manera muy esencial, primordial, básica, por so me gusta tanto la tinta china, porque es simple; me permite aterrizar las ideas básicas, retratar en su esencia las cosas.
Durante el tiempo que estuve trabajando con los japoneses, algunos ilustradores  eran de edad y algunos de ellos se habían iniciado en la gráfica tradicional y la caligrafía; aprendí de ellos aunque no tuvimos tanto contacto; me lo apropié, me ayudó bastante.
Mi exposición en San Francisco se llamó “Verso descriptivo”, y es porque la serie de dibujos que expuse la veía más como alfabeto, como si fuera una historia.
Empecé en Monterrey con la historieta; hacíamos historietas, fanzines.  A los quince años, en el periódico Milenio, dibujaba una tira cómica y adquirí ese lenguaje porque era lo que tenía a la mano; en la casa siempre había cómics, yo los copiaba y asumí ese lenguaje. Después, cuando empecé a ilustrar, estaba entrando en las universidades el arte conceptual  y recuerdo que se veía mal que dibujaras; para qué si había otros medios, pero yo he tratado de no esconder este lenguaje porque siento que es parte de mi desarrollo y estaría negando mi origen.

El trabajo que estoy haciendo tiene códigos reconocibles para la gente en general, no sólo para la iniciada en el arte; me interesa que pueda haber muchas personas que puedan apreciarlo y entenderlo.

 

Ciclo Literario.

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