Los muertos de Stalin

 


El pasado mes de junio en España se presentó el libro Comunistas contra Stalin: la masacre de una generación (Editorial Sepha, Málaga 2008) de Pierre Broué, director del Instituto León Trotsky, de Francia. Se trata de un acontecimiento importante no solamente para los militantes de esta corriente marxista que, aunque muchos no lo crean, subsiste y continúa sus debates teniendo como telón de fondo una de las más definitivas derrotas a sus expectativas de liberación de la explotación del sistema de clases. Con motivo de la aparición de su estudio, Broué ha dado varias entrevistas para explicar lo que fue la oposición de izquierda que encabezó León Trotsky (que este mes cumple 68 años de haber sido asesinado en México) ante el ascenso de Stalin, en la Unión Soviética. El objetivo de esta oposición era “convencer y ganar al corazón, al núcleo obrero del partido bolchevique. Para impedir esto hacía falta matarlos a todos (como diría Bujarin). Y Stalin los mató a todos”. Este “todos”, sin embargo, no era muy preciso. Para establecerlo, en 1989 el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias Rusa, cumpliendo una directiva del politburó de Mijail Gorbachov, encargó al historiador Víctor Zemskov, aclarar las dimensiones reales de la represión estalinista.

Fotografia
Samari Gurari / 1946
José Stalin acompañado de Mikolan, Jruschov,
Malenkov, Beria y Mólotov en el Kremlin.

Así, Zemskov tuvo acceso por primera vez a uno de los sectores más secretos de los archivos del Ministerio del Interior (Mvd-Mgb) y de la policía de Estado (OGPU-KKDV) de Stalin. Allí se encontró con una documentación pormenorizada y exhaustiva de la máquina represora de Stalin: el GULAG, las cárceles, la estadística de fusilados, deportados, etc. Broué describe cómo en la primavera de 1938 todos los trotskistas que habían sobrevivido a las anteriores matanzas fueron ametrallados en contingentes cotidianos luego de ser obligados a cavar nuevas tumbas para los próximos fusilamientos.
Es adecuado preguntar qué es lo que hizo fuerte a Stalin, sobre qué clase social estaba sustentado para llevar a cabo sus atrocidades. Este dato de Broué nos lo indica: “Baste recordar que el número de funcionarios, que ascendía a 800.000 en 1913 con el régimen zarista, pasó a 7.300.000 en tiempos de la Nueva Política Económica (NEP), instaurada en 1921; y aún quedan por sumar los funcionarios del Partido, sindicatos y cooperativas”.
Los trotskistas empezaron a hablar de un “Estado obrero degenerado”. Sin embargo, la catástrofe estaba más que anunciada por el mismo Trotsky y la célebre comunista alemana, Rosa Luxemburgo. El primero había escrito en 1904 estas líneas proféticas: “La organización del partido sustituye al partido, el Comité Central sustituye a la organización y, por último, el secretario general sustituye al Comité Central”. A su vez Rosa Luxemburgo, asesinada en Berlín en 1919, un año antes, en la prisión de Breslau, escribió La revolución rusa, folleto en el que saludó entusiasmada la conquista del poder por los bolcheviques, pero hizo unas críticas de su política en varios aspectos básicos. En uno de sus párrafos señaló: “Unas docenas de jefes del Partido, de inagotable energía y de un idealismo ilimitado, dirigen y gobiernan. Entre ellos, la dirección se halla en realidad en manos de una minoría de hombres de cerebro eminente, que de vez en cuando convocan a una élite de la clase obrera para reunirse y aplaudir los discursos de los jefes y votar por unanimidad las resoluciones que se les presenta. Es, pues, en el fondo, un gobierno de camarilla, una dictadura, es cierto, mas no la dictadura del proletariado...”.

La aparición del libro de Broué es oportunidad para presentar la primera entrevista que el historiador Zemskov concedió a una publicación occidental, La Vanguardiay cuyo testimonio ilustra uno de los grandes dramas del siglo XX. A la luz de esta cadena de tragedias, destaca la opinión de Zemskov: “Cuando H. G. Wells vino a Rusia en 1920, contempló un salvajismo total; se desmontaban las vías férreas, no había electricidad y todo se hundía, la gente moría de frío y hambre. Y antes de eso, aunque Rusia era periferia europea, había sido un país civilizado. Es decir, que cuanto más civilizado es un país, tanto menos deseable es la revolución, por las terribles consecuencias que ésta tiene”.

 

¿Existen cifras exactas sobre la represión estalinista?
- El criterio “represión” puede interpretarse de diferentes formas. Yo me limito a la “represión política”, es decir a los incriminados según el artículo 58 del código penal (“actividad contrarrevolucionaria y otros crímenes graves contra el estado”), que fueron condenados a muerte o a otras penas. Entre 1921 y 1953, pertenecen a este grupo unos 4 millones de personas. De ellos, cerca de 800.000 fueron condenados a fusilamiento. Además, suponemos que alrededor de 600.000 murieron en presidio, por lo que las muertes políticas fueron 1,4 millones.
- ¿Incluye esta cifra de 4 millones a los “kulaks” (campesinos acomodados), los pueblos deportados, etc?
- Los “kulaks” se dividían en tres categorías. Una es la de los detenidos y juzgados como delincuentes políticos. Estos sí que entran en nuestra estadística. Otra es la de los apresados y enviados a regiones del norte, y otra la de aquellos que simplemente eran expulsados de los pueblos y se buscaban la vida en las fábricas. Los dos últimos grupos, los más numerosos, no entran en nuestra estadística, de manera que entre los 4 millones el grupo de los “kulaks” es pequeño.
- ¿Por qué no los incluyen? ¿Acaso el destierro al Norte y la deportación no son represión?
- Sí, pero no eran juzgados. Sólo se les deportaba y se les confiscaba sus propiedades. Hay motivo para un debate...
- ¿O sea que, si no está formalizado jurídicamente, todo eso no es represión?
- Es la única manera de distinguir a los represaliados políticos del sufrimiento general. Consideramos que a partir de 1918, cuando empieza la expropiación de los terratenientes, de los capitalistas, del clero, eran represaliados quienes eran detenidos por la VCHK (la policía de estado), aunque, incluso si no eran detenidos, todos estos grupos perdieron todas sus propiedades. Con los “kulaks” aplicamos el mismo criterio; los represaliados eran los detenidos, mientras que los deportados eran simplemente víctimas de las transformaciones socio-económicas, crueles e igualitaristas. Esa circunstancia puede aplicarse a la mayoría de la población de la URSS, pues, de una u otra forma, la gente sufrió; se pasaba hambre, se vivía mal, etc.
- Efectivamente, pero el concepto “represión” debe abrirse a otras víctimas de castigo terrorista, que frecuentemente sufrieron una enorme mortandad. Por ejemplo, los estudios más convincentes señalan que entre 1,1 y 1,2 millones de familias “kulaks” fueron destruidas en la colectivización, ¿cuántos miembros de ese colectivo de 5,5 a 6 millones de almas murieron?
- La cifra aún no se ha establecido. En la bibliografía se dan cifras absurdas de 6 a 10 millones de muertos, entre ellos de 3 a 7 millones en Ucrania. Pero gracias a la estadística demográfica sabemos que en 1932 en Ucrania nacieron 782.000 y murieron 668.000, mientras que en 1933 nacieron 359.000 y murieron 1,3 millones.
Estas cifras incluyen mortalidad natural, pero está claro que la primera causa de muerte esos años fue el hambre.
- Los nacionalistas ucranianos consideran eso un genocidio nacional contra ucranianos, ¿está de acuerdo?
- No, porque esa misma situación se dio entre la población del Cáucaso del Norte, la región del Volga y Kazajstán, donde hubo hambrunas. Había que cumplir el plan confiscando parte de la cosecha, pero como a causa de la sequía no se alcanzaba lo necesario, confiscaron toda la cosecha. El estado cometió un crimen contra todos los campesinos, independientemente de su nacionalidad.

- Catorce nacionalidades de la URSS fueron deportadas por completo y 48 parcialmente. Sólo entre las etnias del Cáucaso se deportó a 650.000 personas en tres operaciones militares, vigiladas por un ejército de 100.000 hombres, sin contar 19.000 soldados del NKVD. ¿Qué se sabe de esa mortandad?
- En la propia operación de deportación no fue muy elevada. En el caso de los tártaros de Crimea, por ejemplo, murieron dos o tres personas en cada convoy ferroviario, en general ancianos. En total 191 personas. Pero al llegar a su destino, en Uzbequistán, murieron por decenas de miles. En los primeros años de destierro la mortalidad superó con creces a la natalidad. Sobre los chechenos, no se sabe con exactitud, pero por el camino tampoco murieron mucho, en cambio en su destino, sí.
- ¿Por qué la franja temporal 1921-1953? ¿Acaso concluyó la represión después de 1953?
- Entre 1937 y 1953 la represión era mortífera. En su periodo más cruel, 1937-1938, fueron condenadas más de un millón trescientas mil personas de las que casi 700.000 fueron fusiladas. En 1951 fueron condenados casi 55.000, y en 1952, 29.000... Veamos ahora 1958, con Stalin ya muerto: los condenados fueron menos de 2000, entre ellos 69 personas a fusilamiento. Es decir, el volumen de la represión se redujo veinte veces en comparación con los primeros años cincuenta, y en centenares comparado con los años 30. A partir de Jrushov ya no hay una escala extraordinaria.
- ¿Qué le parecen las cifras sobre represión y mortandad en la URSS barajadas durante la guerra fría?

Fotografía
Abbas/ 1998

- De lo que se trataba era de desacreditar al adversario. La sovietología occidental afirmaba que 50 o 60 millones habían sido víctimas de la represión, la colectivización, el hambre, etc. En 1976 Solzhenitsyn dijo que entre 1917 y 1959 en la URSS habían muerto 110 millones de personas. Es difícil comentar estas tonterías. La realidad es que la población del país fue aumentando por encima del 1%, superando el crecimiento demográfico de Inglaterra o Francia. En 1926 la URSS tenía 147 millones de habitante, en 1937 162 millones, y en 1939 170,5 millones. Los censos son fiables, y sus cifras son incompatibles con matanzas de decenas de millones.
- ¿Cómo reaccionaron a sus cifras?
- Lev Razgón, un conocido literato, polemizó conmigo. Defendía que en 1939 había más de 9 millones de presos en los campos, cuando los archivos evidenciaban 2 millones. Se basaba en impresiones, pero tenía acceso a la televisión, donde a mí no me invitaban. Más tarde comprendieron que yo tenía razón y se callaron.
- ¿Y en Occidente?
- El líder era Robert Conquest, cuyas cifras de represaliados y muertos quintuplican la evidencia documental. En general, la reacción de los historiadores fue de reconocimiento. Hoy ya son mis cifras las que se barajan en las universidades.
- ¿Hasta qué punto son exactos los archivos del Gulag, del NKVD, etc., a los que usted accedió por primera vez gracias a Gorbachov?
- La estadística del Gulag es considerada por nuestros historiadores como una de las mejores.
- ¿O sea, que los dirigentes conocían exactamente las dimensiones de su represión y de sus fusilamientos?
- Sí. Informaban regularmente a Stalin. Un solo caso de un preso desaparecido en un naufragio o fugado, genera todo un dossier de documentos y correspondencia.
- ¿Se conoce algo sobre cómo argumentaba Stalin y su entorno estas matanzas y violencias?
- Creo que de lo que se trataba era de deshacerse de la gente que no cuadraba con el proyecto comunista de futuro, así como de aquellos que tenían un gran instinto de preservación, aunque formalmente no fueran culpables de nada. Era una medida preventiva. Mólotov le dijo una frase reveladora al periodista Felix Chuyev; “no esperábamos a que nos traicionaran, nosotros tomábamos la iniciativa y nos anticipábamos a ellos”.
- ¿Qué piensa como historiador? ¿Hasta qué punto es única la historia rusa desde el punto de vista de la gran mortandad política?
- Con respecto a la historia de Inglaterra del XVII, la Francia del XVIII y la Alemania del XIX, lo de Rusia es único en el sentido de que eso ocurrió en el siglo XX, cuando ya existía una economía compleja e integrada que se hundió con la revolución. Cuando H. G. Wells vino a Rusia en 1920, contempló un salvajismo total; se desmontaban las vías férreas, no había electricidad y todo se hundía, la gente moría de frío y hambre. Y antes de eso, aunque Rusia era periferia europea, había sido un país civilizado. Es decir, que cuanto más civilizado es un país, tanto menos deseable es la revolución, por las terribles consecuencias que ésta tiene.
- ¿Quiere decir que la modernidad, en lo que tiene de capacidad de matar, es lo que hace más temible a Stalin que a Gengis Kan?
- Sí.
- ¿Tiene algo que ver el comunismo, la ideología, con todo esto? ¿Hasta qué punto tiene sentido para alguien que cree en Dios estudiar las víctimas de la Iglesia Católica masacradas en nombre de Dios?
- Tiene sentido porque no se puede creer en Dios de una forma absoluta, sino concreta. Todos aquellos desgraciados que quemaban en la hoguera, morían por creer de una forma “torcida”, equivocada, diferente a la disciplina del Papa de Roma. ¿La ideología? Se construía una nueva sociedad y se necesitaba un hombre nuevo para el futuro comunista. Los que mataron en 1937 eran los irrecuperables. Se mataba a los superfluos.
- ¿Se puede acusar a Cristo por la inquisición, o a Marx por Stalin?
- Marx hizo su teoría para Europa, no para Rusia y menos aun para China. La represión no es posible en cualquier régimen comunista, sino sólo allí donde hay un fuerte y cruel despotismo, como en la Rusia de Stalin o en la China de Mao. Una represión como aquella ya no fue posible con Jrushov, Brezhnev o Deng Xiao Ping.
- ¿Qué pensó al entrar por primera vez en los archivos secretos del Gulag y constatar que las cifras de la represión eran mucho mas bajas de lo que todos creían y decían?

- Al principio me asombré. Luego comprendí rápidamente que en Occidente se habían engañado mucho al respecto, pese a lo cual, todas las conclusiones acerca del carácter terrorista del régimen, por la represión a la que sometió a la gente, mantenían toda su vigencia. Sobre todo para que nada de eso vuelva a repetirse.

 

Ciclo Literario.

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