Génesis y decadencia del diario Unomásuno

Lorenzo León Diez


Morir de periodismo
Marco Aurelio Carballo
Axial, Tinta Nueva
2008

 

La vida profesional de Marco Aurelio Carballo ha cubierto casi la última mitad del siglo XX y en su ejercicio periodístico podemos recorrer los momentos más significativos protagonizados por este gremio. Podríamos decir que Marco formó parte de una utopía periodística que ha caducado y que consistió en lograr, mediante la asociación de los periodistas en cooperativas, independencia, autonomía y hasta autogestión en relación al poder del Estado y el capital privado.
Estos caminos por los que marchó el periodismo de nuestro país están suficientemente documentados en varios libros, aunque no conozco todavía un registro unitario que nos permita una perspectiva histórica y un análisis crítico de todos estos acontecimientos. Los propios periodistas que participaron en los conflictos y en las creaciones de periódicos y revistas han escogido el género de la novela, las memorias y la crónica para referir estas experiencias. Así podemos leer las gestas de esos años (que comprenden las cuatro últimas décadas del siglo pasado) en Los periodistas, de Vicente Leñero; Los presidentes, de Julio Scherer (aunque en casi en todos sus libros no ha dejado de contar su expulsión de Excélsior); Dos poderes, de Manuel Becerra Acosta (ahora personaje de este libro de Marco Aurelio); Morir en Golfo y la guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín, entre los más destacados.

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René Almanza

Estaba pendiente, en este periplo que va de la expulsión de Julio Scherer de Excélsior en 1976 a la creación de la revista Proceso y del diario Unomásunoen 1977, el testimonio de lo que pasó con este último diario, que en su origen fue también una cooperativa, la cual sucumbiría por complejas razones. El libro Morir de periodismo es ese testimonio.
Marco Aurelio estuvo bajo las órdenes de los periodistas más emblemáticos de este período: Julio Scherer García, Manuel Becerra Acosta y José Pagés Llergo; siempre pendiente y solidario con las batallas de sus compañeros de oficio, pues cuando los periodistas fueron echados de su casa, Excélsior, él les ofreció para sesionar, el flamante edificio recién construido de la revista Siempre!
El 8 de julio de 1976, Julio Scherer García y 400 cooperativistas fueron expulsados de Excélsior. Siete años después, el 8 de diciembre de 1983,  un grupo de periodistas, muchos de de los cuales formaron parte del grupo de los expulsados de Excélsior, como Miguel Ángel Granados Chapa, publicaban un desplegado titulado “Por qué nos fuimos de Unomásuno” y argumentaban que ese diario vivía “una grave crisis que es a la vez empresarial, moral y política” y acusaban a su director Manuel Becerra Acosta, quien había sido subdirector general de Excélsior cuando el golpe a este diario, de una “voluntad conservadora poco visible aun hacia el exterior”. Era un traidor, decían, “a su propia biografía.”
Estos son los escenarios de la novela de Marco Aurelio Carballo, plena de personajes y situaciones que ciertamente un historiador de la prensa no hubiese recogido, pues son propias de circunstancias cotidianas y personales, pero un novelista sí. Y están aquí los personajes que continuaron esta historia de rupturas y desencuentros: Carlos Payán, Carmen Lira y Héctor Aguilar Camín, quienes fundarían a su salida del Unomásuno, el diario La Jornada.
Es notable que el Unomásuno intentara recoger los principios que esgrimió el antiguo Excélsior, ahora en un formato novedoso y moderno. Desaparecen las páginas editoriales y se distribuyen los artículos en secciones temáticas y se crean nuevas fuentes, como “partidos de oposición y organizaciones independientes” (que serán motivo de importantes ingresos por sus insertos, pues en 1981 el ochenta por ciento de la publicidad que recibe el periódico es la llamada publicidad política). Otras fuentes nuevas son “Ciencias sociales”, “Ciencias exactas y naturales”, “Literatura” y “Medios de comunicación”. Es importante señalar también que se organiza un destacado cuadro de redacción en economía. Otra aportación del Unomásuno en la organización periodística es  la Junta de Redacción, un aparato diseñado específicamente para pensar la política del diario (y que Marco Aurelio reseña en su funcionamiento). Miguel Ángel Granados Chapa escribió que “el Unomásuno es un diario específicamente político que reconoce que en el periodismo se puede hacer política, un periódico que sirve de desfogue en forma de espiral, no de círculo. Y aunque surgió con un crédito gubernamental, esto no debe significar una atadura”.
Otra de las características de la organización novedosa del Unomásuno fue lo referente a la distribución de ingresos por publicidad. Se decide, como apunta Marco, establecer una bolsa común para repartir el 10 por ciento de comisiones entre todos los cooperativistas, no sólo entre los reporteros. Notemos que es el último coletazo de una ilusión igualitaria entre los integrantes del gremio. Aunque otras fuentes señalan que esos ingresos no se reciben por los reporteros y redactores, pues se acuerda que estas cantidades se aportarán como pago a la deuda contraída con Nafinsa.

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Brassai / 1930

En efecto, a diferencia de cuando fue perpetrado el golpe a Excélsior,  ya estamos en otro momento histórico de México, es el lopezportillismo y el tiempo de la reforma política impulsada por el secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles. Marco Aurelio nos cuenta que “de entre los huesos (o sea, los ayudantes de redacción y aprendices de reporteros) y muchos articulistas y arribistas, el director Manuel Becerra Acosta convocó a buen número para fundar el Unomásuno. El más conocido era Fernando Benítez, creador de los suplementos culturales de la segunda mitad del siglo XX.”  Fueron a ver a Reyes Heroles, quien “chupando un habano puro en la sala de juntas, prometió hablarle al oído al Presidente sobre la necesidad de editar un diario que difundiera los propósitos y alcances de la reforma política”. Según esto, también Julio Scherer había solicitado un crédito para abrir la revista Proceso. Dice Marco Aurelio:
“Se le dio el crédito al Unomásuno pero no a la revista Proceso. La gente del semanario pidió cien millones, se dijo, y la del Unomásuno doce”.
Continuando con la utopía de Excélsior, el Unomásuno se postuló también como una cooperativa, aunque en asociación con una empresa privada. “Una cooperativa –escribe Carballo- es una ilusión óptica en el vasto desierto soleado de la vida del reportero”.  Así, dice El Patán, uno de los más divertidos personajes de la novela: “Denme una cooperativa y haré que los reporteros muevan su culo el doble, incluido el mió”. El jefe MAC (alter ego de Marco Aurelio en Morir de periodismo)confirma: “La línea iba a quedar trazada por la búsqueda de la verdad periodística, basada en el reporterismo profesional y establecida a partir de que se trataba de una cooperativa, no de una sociedad anónima, aunque fuera editado por una cooperativa y una empresa privada”.
Sea como sea, a seis años de su aparición el Unomásuno se posicionó sorprendentemente entre el público lector de diarios. Granados Chapa sostiene que en 1978, a un año de fundado,  “los secretarios de estado leían el Unomásuno” y la analista de medios, Fátima Fernández Cristlieb se preguntaba: “¿Qué análisis tendríamos que hacer para saber cómo el Unomásuno, siendo uno de los periódicos más jóvenes de todo el país haya llegado a tener tanta o más influencia en la vida política nacional que El Universal y que el Excélsior que tienen 67 y 66 años de existencia respectivamente? ¿Qué fue lo que convirtió al Unomásuno en un actor político de primer orden en sólo seis años? ¿Fue la experiencia del director y del grupo de periodistas que como él tenían muchos años de oficio o fue la visión fresca (como dijo Carlos Payán) de quienes no habían hecho periodismo y sentían que se podían utilizar nuevos caminos? ¿O fue la combinación de esta experiencia y esta creatividad, o por otra parte fue la formación profesional y la honestidad de muchos reporteros, aunado al trabajo paciente y bien ejecutado de fotógrafos, caricaturistas y la gente de talleres y oficinas? ¿O es que las causas de la inobjetable relevancia del Unomásuno habría que buscarlas en el exterior? ¿Fueron más bien las condiciones del país las que propiciaron el desarrollo del periódico? ¿Cuánto tuvo que ver la reforma política en el nacimiento y en los primeros años del Unomásuno? ¿Qué tanto influyó la ausencia de un periodismo crítico, la falta de periódicos dispuestos a guardar una mínima independencia respecto al gobierno? ¿Qué tan aplicable sería aquello de que en este país de prensa ciega el Unomásuno es rey?
En efecto, la empresa tuvo un éxito comercial, cultural y político espectacular. Del grupo inicial que elaboraba el periódico, de alrededor de 70 trabajadores, el personal fue aumentando a partir de 1979, cuando Editorial Uno, la empresa que publica Unomásuno, (y que fue constituida por una cooperativa con el 60 por ciento de acciones y un socio industrial, editorial Bodoni, con el 40 por ciento) empieza su consolidación al comprar maquinaria e instalaciones. Cuenta Marco Aurelio: el Subdirector Eduardo Deschamps se opuso al “acto ilegal” de unir a la cooperativa con una sociedad anónima. Esta irregularidad le permitiría al director vender el uno. Así sucedería al final”.
Ante esta halagüeña perspectiva el diario se planteó no solamente como la empresa editora de un periódico, sino como una planta industrial maquiladora y ofertante de servicios gráficos.
Así, tres años después de que inició actividades, Unomásuno contaba entre talleres, administración y redacción con 250 trabajadores. Había que poner orden laboral. Carlos Payán, subdirector general, señaló en una conferencia: “El sindicato fue impulsado por la empresa deliberadamente para cumplir con los postulados del Unomásuno, tan discutidos en sus páginas”. Marco Aurelio confirma esta opinión. El sindicato –dice- lo organizó el director. El Sindicato de Trabajadores de Editorial Uno se constituyó el 16 de agosto de 1980. Es oportuno señalar también que un año después los fundadores de la cooperativa rompieron con su socio industrial (Editorial Bodoni) e instalalaron, mediante contratación de créditos con Nafinsa, su propio local y maquinaria.
Los directivos del Unomásuno, entre ellos Héctor Aguilar Camín, asesor del director general, idearon su crecimiento industrial con empresas paralelas con el fin –dijo él mismo-, de garantizar “en un momento de conflicto político (como había sido el caso del periódico Excélsior con las autoridades) el sostenimiento del periódico. Esta fue la razón que impulsó a los fundadores del Unomásuno a plantearse el periódico dentro de una estructura empresarial comercial: Unocolor y Unoacabados”.  Y Aguilar Camín hizo esta consideración: “En los años que el periódico salió hubo un movimiento en el conjunto de la sociedad de una extraña coincidencia con los propósitos del periódico; hubo una reforma política que permitió márgenes de tolerancia y conciliación social muy amplios, y entonces lo que empezó a ser un éxito comercial y político fue el periódico mismo y las empresas que estaban alrededor del periódico no tanto, pues se había escogido una rama muy difícil de desarrollar industrialmente: montar una buena imprenta es muy complejo porque exige más capital de máquinas, gran capacitación de mano de obra y precisión en el trabajo y en los tiempos de entrega que no era sencillo cumplir para una empresa que empezaba prácticamente sin capital propio y con préstamos muy exiguos”

Estas declaraciones las hicieron los funcionarios del periódico ante una asamblea sindical a finales de 1983, cuando se habían deteriorado las relaciones entre el director Becerra Acosta y su grupo de allegados y estaba a punto de estallar la primera huelga en un sindicato que ya agrupaba 400 trabajadores. El primer comité ejecutivo del sindicato había planteado que “la expansión inusitada de la empresa se debió, sin duda alguna, a la orientación económica que siguió para capitalizarse, restringir prestaciones los tres primeros años a sus empleados y colaboradores (..) la tendencia sostenida para el crecimiento fue el aplazamiento de los beneficios a la fuerza de trabajo”. Manifestaban los trabajadores, ante las negativas de aumentarles el salario, que la empresa “no podía seguir resolviendo su estabilidad financiera casi exclusivamente con los beneficios de publicidad que se originaba  por el prestigio del diario, que lo tenía por el talento, la capacidad y el profesionalismo de sus trabajadores y periodistas”. Marco Aurelio señala: “El sueldo de la tropa del Unomásuno era miserable, no obstante que se trataba de los reporteros mejor pagados del D.F.” Argumentaban que “la expansión notoria de la empresa excedía, en riesgosa proporción, los beneficios laborales que concedía y apuntaba hacia el rompimiento con los nexos de congruencia que se postulaban en la línea editorial”.
Aquí están los motivos que llevarían a la división y la ruptura, un panorama muy distinto, como se puede ver, a lo que había sucedido en Excélsior, pero que acabó igualmente con un proyecto periodístico. Por lo que Carlos Payán reconocería: “Hemos hecho nosotros más cosas hacia dentro que ponen en peligro la estabilidad del diario, que de afuera hacia dentro”.
Todos se dan cuenta que las empresas paralelas “no sólo no iban a sacar al Unomásuno de algún problema financiero o político, sino que estaban empezando a hundirlo”.
A partir de este embrollo que fricciona las relaciones entre los funcionarios y el director, entre el gerente (que Marco Aurelio llama K, solamente por la inicial de su apellido) y el sindicato, y también entre los funcionarios y el gerente, renunciaron a sus puestos “el subdirector general, el subdirector, la subdirectora de información, el asesor de la dirección general y el jefe de redacción, tres de los cuales eran al mismo tiempo miembros del Consejo de Administración”.  Según contó Fernando Benítez, Miguel Ángel Granados Chapa, a nombre de este grupo, “presentó amistosamente su petición de que el director se alejara para restaurar una relación deteriorada con quienes –los cinco mismos- habían entregado ya su renuncia. Manuel accedió en el acto y se retiró tres meses”.

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Alexander Rodtchenko / 1928

El Consejo de Administración, entonces “resolvió asumir la gestión empresarial”, reemplazando al gerente al que se le comprueban malos manejos y unilateralidad en la dirección administrativa a favor del accionista mayoritario, Manuel Becerra Acosta. Marco Aurelio denuncia en su libro algunas acciones en este sentido.
Este sería el principio de la segunda gran escisión de periodistas con su empresa originaria, y segunda parte de la historia que empezó con Excélsior. En diciembre de 1983 este grupo de renunciantes lo hizo de manera definitiva, pero salieron seguidos de la mayoría de los articulistas y paulatinamente de un gran número de reporteros, fotógrafos y técnicos para fundar el diario La Jornada.
En su manifiesto expresaron que “el original proyecto cooperativo, sin dueño, se convirtió en una empresa mercantil, Becerra Acosta asumió el papel de simple dueño que trata de resolver los problemas desde la típica posición que da el capital” Incluso se le acusó de ver “la reivindicación de las demandas de los marginados y  los trabajadores del país como un rentable negocio”. Lo acusaron de abusar de la buena fe y la confianza”, y burlar  “el pacto básico de cooperación y solidaridad entre iguales en que descansaba el proyecto”.
He querido dar este panorama en que surgió y transcurrió el Unomásuno, destacar su importancia en la historia de la prensa de México, para ubicar la narración múltiple que ha realizado Marco Aurelio Carballo en su libro, pues aunque él no llegó a la última etapa de la renuncia colectiva (se fue antes, sin cobrar liquidación ni indemnización ni sus acciones, cuenta) sí aparecen en su libro cómo fueron desarrollándose los conflictos en el diario. Son protagonistas de esta historia, Hugo del Río y René Avilés Fabila personajes como muchos otros: Antonio Andrade, René Arteaga, el célebre Patán, Rafael Cardona, el Diablo Ibarra, Catalina –o sea Kateri Aragón- Eduardo Deschamps,  León Roberto García, Sergio Von Nowaffen, Miguel López Saucedo; en fin, una lista larga de personas de las que Marco Aurelio no pudo olvidarse, al contrario, cultivó en sus recuerdos, pues esa es la labor esencial de Carballo, “reportear la vida”.
Marco Aurelio refiere que en una de las Juntas de redacción del Unomásuno, el subdirector editorial, el poeta Jorge Hernández Campos, alertó “Cuidado, puede haber un Leñero entre nosotros”. Y ahora es válido preguntar, ¿Será Morir de periodismo un testimonio similar al que escribió Vicente Leñero en Los periodistas? Sí y no. Aunque los dos autores no dudan en poner nombres reales a sus personajes, Marco Aurelio está más interesado en la vida cotidiana del periodista que en las relaciones de poder. En observaciones como ésta: “En los años sesenta y setenta del siglo XX, si algo caracterizaba a los buenos reporteros era su peculiaridad de ser conflictivos. Pero las cosas han cambiado, los periodistas empezaron a graduarse en las escuelas. Incluso ya no beben. Tampoco son destripados universitarios o alumnos de prepa que por falta de orientación vocacional llegaban a las redacciones como reporteros o como correctores de estilo”.
Estoy de acuerdo con Rafael Cardona cuando dice que Marco Aurelio es un humorista contenido y espero que esta vena la deje fluir a plenitud pronto, porque tiene todo el material para explotar este talento. El Patán y Antonio Andrade son personaje dickenianos. El libro concluye con una última aventura, la vida efímera del diario El Centenario, de Antonio Andrade, que contrató como director a su carnal Marco Aurelio, y que terminó rápidamente en una hilarante catástrofe. 

Morir de periodismo tiene un público privilegiado entre nosotros, los periodistas que hemos vivido o hemos presenciado cómo nuestros amigos y compañeros han cumplido estás labores, ilusiones y decepciones. Pero creo que los lectores en general también encontrarán en esta historia un motivo de diversión y reflexión, pues el libro de Carballo es un engarce importante para comprender cómo de ha desarrollado y hacia dónde se dirige lo mejor del periodismo en nuestro país.

 

 

Ciclo Literario.

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