No hay lugar de gracia para el olvido

Rachel Meireles de Oliveira


Crónicas escogidas, Joaquín María de Machado de Assis.
Editorial: Sexto Piso.
2008
Traducción de Alfredo Coello

 

Joaquín Machado de Assis es un clásico de la literatura brasileña y de la literatura universal. Escritor prolijo, nieto de esclavos libertos en un Brasil del siglo XIX donde estuvo vigente la esclavitud hasta el año de 1888, fue hijo de un pintor de brocha gorda y de madre portuguesa. Nació en Río de Janeiro en 1839 y murió en la misma ciudad en 1908.

De salud frágil, epiléptico y tartamudo, se sabe muy poco sobre su infancia y juventud. A muy temprana edad quedó huérfano de madre y cuando llegaba a los doce años de edad murió también su padre por lo que fue adoptado por su madrastra María Inés, quien trabajaba vendiendo dulces en un colegio del barrio de San Cristóbal (hoy el más poblado por los migrantes nordestinos en Río de Janeiro) y Machadiño, como le llamaban, también vendió dulces cuando era chamaco pobre en un barrio pobre. Aun así en su temprana juventud aprendió francés y tradujo Los trabajos de mar de Víctor Hugo, también aprendió inglés y tradujo al portugués el poema El Cuervo de Edgar Allan Poe. Tiempo después de manera autodidacta aprendió el alemán. 

Fotografía
Sebastiao Salgado/ 1997

 Difícil era para un mulato en el siglo XIX ser escritor y casi impensable que llegase a ser socio fundador  de la Academia Brasileira de Letras y su primer presidente, pues en el Brasil colonial los negros eran los excluidos, esclavos que nunca soñaron con tener una educación formal y menos participar en los quehaceres sociales o políticos de la época.

Incursionó en varios géneros literarios, entre los que destaca su novela de madurez literaria  Memorias póstumas de Brás Cubas, considerada por la crítica especializada como la sucesora de la Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy de Laurence Sterne. Entre otros Harold Bloom lo incluye en su lista de “Genios”, del que opina que el espíritu de Sterne liberó  a Machado de las exigencias meramente nacionalistas que le habría podido imponer su Brasil natal: “Machado de Asiss es una especie de milagro, otra demostración de que el genio literario es independiente del tiempo y el lugar, la política y la religión, y todas las demás contextualizaciones de las que se cree falsamente  que determinan los dones humanos… El genio de la ironía nos ha legado a pocos que se puedan equiparar con el afrobrasileño Machado de Assis, a quien considero el artista literario negro más importante hasta el día de hoy. Machado hubiese desechado esta afirmación como otro chiste shandiano”. Celebramos, pues, la apreciación del maestro Harold Bloom; en este año que se cumple el centenario de la muerte de nuestro clásico brasileño, el mejor homenaje que le podemos ofrecer es leerlo.

 En los días de hoy en el Brasil del siglo XXI su legado es un paradigma obligado de referencia en la historia literaria y en la voz colectiva de nuestra memoria, su contribución a lo que se pueda entender como identidad cultural de los brasileños. Los escritos que nos legó el maestro mulato, son hoy pilar fundamental para abrir las puertas literarias de un pasado que nos enseña a valorar la construcción histórica de nuestros valores culturales.

Otra de sus aventuras en las letras se la debe a la maestría para escribir cuentos (escribió más de doscientos),  también fue periodista y ejerció durante cuarenta años el género periodístico de la Crónica. Da inicio a su actividad como cronista en el Diario do Rio de Janeiro (1860) y le pone fin a este ejercicio periodístico en la Gazeta de Noticias (1900).

Las crónicas que se presentan en este libro abarcan un período que va desde 1876 a 1896. Selección de varias antologías publicadas en Brasil. La traducción de estas crónicas había estado inédita en español y por primera vez se publican en México en una excelente traducción de Alfredo Coello y publicadas por la editorial Sexto Piso.

El estilo de Machado de Assis en su quehacer de cronista alcanza límites con la ficción. Es considerado como uno de los pocos autores y escritores de este continente que practicó el género de la crónica con una originalidad a veces inigualable, sobre todo cuando aborda la temática de la transición al “modernismo” urbano en el Brasil y enfáticamente en la ciudad de Río de Janeiro: Crónica de lo antiguo en confrontación con los inventos que la electricidad pone a prueba en las mentes y conciencias de los cariocas de Río de Janeiro, escenario físico de una ciudad que en su época era la capital de Brasil y es ahí donde suceden las crónicas del periodista, colaborador consuetudinario en los diferentes diarios de circulación nacional. La ciudad de Río contiene en sus playas y en su quehacer cotidiano el energúmeno humor tropical de la risa y la ‘sacanagem’ de los cariocas.

El lector podrá encontrar en estas crónicas, el juego de las diferencias entre los pasajeros que viajan en los tranvías (bondes) jalados por burros sobre vías y el asombro del cronista al ver por primera vez en su vida un tranvía eléctrico; al mismo tiempo, la disertación filosófica de los burros que se sienten desplazados por la modernidad, pero en el fondo de su conciencia asnal reconocen al hombre como el inventor de sus relaciones de parentesco; a final de cuentas, todos somos un poco burros y si no, que se lo pregunten a estos filósofos que son nuestros primos cercanos.

Fotografía
Sebastiao Salgado/ 1997

Y es ahí donde Machado de Assis tiende el puente del relato con la crónica, de la fábula con la crónica y la crónica con la vida cotidiana y política de la ciudad y la nación. La crónica del parlamento juega un papel central en sus temáticas. Por lo tanto, la referencia a la crónica política se reitera desde una ironía lacerante y que le resta toda solemnidad a esa crónica decimonónica  desorbitante  y orgullosa de todos los nacionalismos; en nuestro autor es todo lo contrario, no es que arguya la calumnia, sino que se burla y juega con estas conciencias erráticas por lo que uno no puede más que convertirse en su cómplice. Sobre todo si extrapolamos algunas situaciones a las que vivimos ahora, a más de un siglo después de que éstas fueran escritas.

El lector de estas crónicas machadianas continuamente va encontrarse con la palabra bonde o bond, viene del francés y significa tranvía en español. Machado de Assis la usa indiferenciadamente para nombrar tanto a los tranvías jalados por burros como a los eléctricos. En el Brasil de hoy, se le da el mismo uso, con la salvedad de que en la ciudad de Río de Janeiro ya no existen bondes (ni de burros ni eléctricos); los últimos (eléctricos) que transitaban por el barrio de Santa Teresa a los Arcos de la Lapa, desaparecieron hace pocos años.

Otro referente que prima en estas crónicas machadianas es la Rua do Ouvidor (literalmente  la calle del que escucha) esta calle fue muy famosa en siglo XIX (cuando Río de Janeiro era la capital de Brasil) y después hasta la primera mitad del siglo XX, pues ahí se concentraban las oficinas de la mayoría de los periódicos nacionales de Brasil, era el barrio bohemio de los periodistas.

El lector aprenderá un poco, entre el humor y la crónica, como era esa ciudad maravillosa de Río de Janeiro, viajará a conocer los barrios y sus personajes, los locos, los asesinos, los poetas, los músicos y un sin número de situaciones que nos aclaran nuestra memoria como seres humanos que somos, en el tránsito por este mundo.

Quien se atreva a leer estas crónicas, sin duda se identificará con el Machado ironista, con el escéptico que juega con la posibilidad de la locura en un país donde hace demasiado calor y tal vez por eso es que la crónica en el inicio, como señala en una de la suyas, tiene conexiones con el clima cachondo y sensual: “Existe un camino más o menos seguro de comenzar la crónica por una trivialidad. Simplemente decir: ¡Qué calor! ¡Qué desatado calor! Se dice esto, agitando las puntas del pañuelo, resoplando como un toro, o simplemente sacudiéndose el abrigo”. ¡Buen viaje en su lectura!

Nota:
Harold Bloom: Genios, un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares. Edith. Anagrama. Barcelona 2005.

 

 

Ciclo Literario.

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