Guadalupe Ángela

Lázaro

(fragmento)


El día que murió mi hermano
era jueves. Lloviznaba.
Yo, antes de saberlo, 
vestía de negro.
Recibí la noticia por  teléfono
no había suficiente señal,
preguntaba si estaba enfermo
o muerto.
No podía oír nada.
Usé el teléfono de la vecina.
La noticia descompuso mi cuerpo
perdió su peso 
cayó
como si sólo cayera la ropa
que lo abrigaba.
A mi vecina nunca
 se le ha muerto un hermano.
¿Cómo reaccionar ante tal noticia?
38 años, los que tengo ahora.
Miré su rostro alargado
por la muerte,
toqué sus axilas,
aún había ese calor
que me ofrecía,
muchas veces,
de hermano.
Cerré la puerta
del cuarto
que, alguna vez,
me perteneció de niña
le dije cosas al oído,
cosas que se les dice a los muertos
para que no los dejen aquí
solos, solos, solos,
sin hermanos, sin cómplices, sin testigos
Una vez lo vi
recargado sobre un framboyán
mientras yo viajaba en el autobús
hacia la casa, quise bajarme
pero el chofer no escuchó el timbre,
no hizo la parada
hasta que era demasiado tarde.

Fotografía
Herbert List

Mi hermano tenía un nombre
que presagiaba la muerte.
El lo sabía,
por eso paseaba en los panteones,
en las iglesias
y construía altares.
Yo enloquecí de alguna manera
con la noticia.
No quise abrir las cortinas por meses
y dejaba sonar el teléfono
adiviné, en varias ocasiones,                    
el número de timbres en cada llamada.
Una vez me acosté en su tumba
y contraté a unos músicos
para que tocaran
por horas canciones
sobre la muerte
de todas las cosas.
Yo sólo miraba el cielo
y pagaba.
No quise hablar
sino con sus amigas
que con sus palabras
lo reconstruían.
Ayer, un muchacho
me preguntó por él.
¿qué se le contesta a alguien
que no sabe que, desde hace dos años,
él  ya no es tangible?
Sólo dije: está en el cielo,
como dicen los niños
 a quienes se les reconforta
con eso su imaginario.
A veces oigo a mi hija
hablar con sus muñecas,
ella pretende llorar
por un hermano muerto.
Yo la escucho mientras limpio
el polvo infinito
de la casa.
Mi hermano murió un jueves
de julio. Lloviznaba.



Guadalupe Ángela. Oaxaca, 1969. Su obra se encuentra publicada en Cocodrilo Poeta, Tierra Adentro, la Casa Grande, Literal y en la revista local Luna Zeta. Fue becaria del FOESCA en 1999. Guadalupe Ángela cursó la Licenciatura en la Enseñanza de Lenguas Extranjeras en la BUAP y la maestría en Literatura Mexicana de la UABJO. Ha participado como coautora en diferentes ediciones manufacturadas. En 2004 presentó la plaquette de autor: Hiedra de Luz. Forma parte de la antología Tres ventanas a la literatura oaxaqueña actual, Editorial Almadía, 2005 y de la antología: Oaxaca, 7 poetas, Editorial Almadía, 2006.

 

Ciclo Literario.

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