Legado mexicano de un inglés

Araceli Mancilla


Hace casi dos meses Moisés Villavicencio Barras, querido poeta radicado en Wisconsin, me recordó que este mes de mayo se cumplen diez años de la muerte de Robert Valerio; el  día 19, para ser precisos. De pronto me pareció increíble que hubiera transcurrido ese tiempo desde que este compañero entrañable nos dejara, quizá porque al volver continuamente a su obra lo sentimos cotidiano en nuestras vidas. Y es que Robert fue un escritor excepcional de nuestra lengua, aunque no era el español su idioma de origen pues nació en Sheffield, Inglaterra, pero de verdad sorprendía su dominio al hablarlo y escribirlo, de esto último dan cuenta sus libros.

Fotografía
Milon Novotný / 1966

Conocí a Robert Valerio en el taller de la Biblioteca Pública Central de Oaxaca que dirige Julio Ramírez. Su trabajo literario era  pulcro y mucho más que bueno, la originalidad que desplegaban hacía que siempre me quedara con sus “borradores”. Ahora son tesoros para mí. Difícilmente puedo pensar en alguien que iguale a Robert en modestia ante su propio rigor y cualidades artísticas. Tenía una amplia formación académica y su cultura era vasta, sin embargo su personalidad nada tenía que ver con la presunción. No era lo suyo andar pontificando y poniéndose de ejemplo. Es más, era todo lo contrario. La sencillez  con que se conducía atraía a cualquiera y creo que a eso se debió que hiciera tantos amigos en Oaxaca, y seguramente a donde quiera que fue. Siempre estaba dispuesto a aprender y aceptar nuevos retos. Su disciplina era tremenda. Le entraba a fondo a aquello que lo seducía. Por eso se aplicó a aprender español hasta la transparencia; por eso se enamoró de Sonia Carrasco, casó con ella y quedó prendado de Oaxaca; por eso escribió una nouvelle en el taller de Ludwig Zeller, durante dos semanas febriles; por eso nos dejó sus magníficos cuentos y poemas y el primer libro de crítica de artes plásticas en Oaxaca, una joya de conocimiento, precisión e ironía.
No olvido la ardiente primavera del 98 en que Robert partió. Fueron tales el calor y los incendios que hubo por aquellos días, que una vieja mujer de la Verde Antequera  pensó que se acababa el mundo.
 No olvido tampoco la  atención que puso en mis textos ni sus palabras inteligentes  que solían llevarme muy lejos del punto de partida, porque conversar con él era con frecuencia un viaje hacia reflexiones profundas. En esto se mostraba tranquilo, sin prisa, como parecía estar siempre.
Murió joven, repentinamente, cuando la lucidez de sus ideas había creado ya escritos admirables, algunos de los cuales se conocerían en forma póstuma.

Este número de Ciclo Literario rinde homenaje a su memoria, al legado del  amigo y escritor que, a decir de Christopher Domínguez Michael, es un inesperado protagonista de las letras mexicanas contemporáneas.

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo72mayo2008/legado.html