La descolonización de México,
pendiente: Salomón Nahmad

Lorenzo León Diez


Salomón Nahmad Sittón, (México D.F., 1935) es sin duda uno de los antropólogos mexicanos más creativos y experimentados, tanto como investigador (especialista en los mixes), como profesor y funcionario público: durante 20 años desempeñó diversos cargos en el Instituto Nacional Indigenista hasta ocupar la dirección general y en dos ocasiones estuvo al frente de la Dirección de Educación Indígena de la SEP. Es autor de numerosos artículos, especialmente sobre la educación bilingüe en México, y ha trabajado con los grupos indígenas Tzeltales, Chochos, Chinantecos, Mixes, Mixtecos, Tlapanecos, Nahuas, Huicholes, Coras y Mayas, entre otros. Es miembro de las más prestigiadas agrupaciones académicas de la especialidad, nacionales e internacionales y actualmente es Director Regional del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social CIESAS-Pacífico Sur en Oaxaca. En esta entrevista da una buena noticia: la apertura de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

-Lorenzo León: Salomón Nahmad, en tu vida profesional, pero también en tu vida personal, ¿cuándo recuerdas haber escuchado por primera vez la palabra antropología?

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Bob Schalkwijk / 1965

-Salomón Nahmad- Empecé a estudiar Trabajo Social en 1954 a los 18 años de edad en la Facultad de Derecho, donde esta carrera estaba adscrita y dentro de las clases se incluía la materia antropología. Uno de mis maestros, que impartía psicología, me hizo leer a Erich Fromm. En su libro Etica y Psicoanálisis, hay un largo capítulo donde este autor relaciona el humanismo y la antropología. Fue de esta manera que permearon en mi vida dos conceptos fundamentales: humanismo y antropología. Cuando terminé Trabajo Social no sabía si seguir cursando Psicología -porque estaba yo muy interesado, fui profesor de esta materia en la Escuela de Medicina, como trabajador social especializado en esta ciencia-, pero conocí en el centro pedagógico de la UNAM a Felipe Montemayor, antropólogo físico y director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y de esta manera me vinculé a esta profesión. Me llamaba más la atención la idea de entender la sociedad, la humanidad, que el trabajo, en extremo individual, de la psicología.
-Después de 50 años que iniciaste tu carrera, ¿Es diferente tu concepto de lo antropológico?
-Sí, ha variado bastante. Primero había que entender los problemas de la sociedad humana, me di cuenta que son muy complejos. Leí a Ralph Lynton, uno de los grandes antropólogos norteamericanos y me empecé a dar cuenta del significado de esa palabra, que se dedica al  “estudio del hombre”. Es una concepción muy genérica, muy universal, la antropología es muy pretenciosa: ¡Estudiar al hombre en todas sus dimensiones! La biológica, la histórica antigua (su origen), el estudio de los restos culturales (la arqueología), el estudio de las lenguas (lingüística), y de las sociedades actuales y en particular la pluralidad cultural (antropología social y cultural). En efecto, el punto central de su interés es la cultura, cómo el hombre construyó la cultura en miles de años y cómo se preserva en pequeñas sociedades. Entiendo la antropología como el estudio del hombre en su especificidad. Y eso me pareció fascinante.
-¿Tuvo que ver esa fascinación con tu origen familiar?
-Sí, en mi caso es muy obvio, pues mi padre y mi madre habían nacido en el medio oriente y eran emigrados. Ellos llegaron jovencitos y yo nací en México. Pero en la casa se hablaba árabe. Teníamos la tradición judía árabe, que no tiene nada que ver con la tradición judía europea. No tiene nada que ver, es como ser católico en China o ser católico en Perú. Esos antecedentes en mi vida también me hicieron incursionar en el tema de la diversidad cultural. Y en la antropología la palabra cultura es el tema eje. Si tú te encuentras una punta de flecha de hace 10 mil años del hombre de Tepexpan, deducimos que el hombre de Tepexpan empezó a hacer cultura con una puntita de flecha de obsidiana y los antropólogos físicos y los arqueólogos con esa punta de flecha arman toda una construcción explicativa de esa cultura.
-¿Qué me puedes decir de tus maestros?
-Tuve muy buenos maestros. Don Pablo Martínez del Río me dio clase. Juan Comas, Ignacio Bernal, Mauricio Swadesh, Wigberto Jiménez Moreno y entre otros don Roberto Weitlaner, etc. Algunos de mis maestros de antropología social eran alumnos de Manuel Gamio quien a su vez era alumno del antropólogo Franz Boas de la Universidad de Columbia.
-¿Y cuál es el origen de la antropología mexicana?
-Yo creo que ya había una preocupación por lo étnico antes de la Revolución Mexicana. Porfirio Díaz ya tenía intranquilidad e interés por este tema, de la misma manera que el presidente Benito Juárez. Estoy hablando de 1850 a 1910. En ese momento en todos los países americanos se están preguntando cuál es el origen de ese mundo y esas civilizaciones que surgieron en América. A los alemanes, los franceses, los ingleses, les intrigan los mayas, los aztecas, los incas. Pero no existía  una información amplia y suficiente y, por supuesto, menos se tenía una política de  Estado hacía los pueblos indígenas. Lo que existía eran posicionamientos políticos frente a los indios. Lucas Alamán, que era un conservador, decía que nunca iban a evolucionar, que eran pueblos primitivos, salvajes. Lo mismo decía, a principios del siglo XX José Vasconcelos, el “padre de la cultura nacional”, quien era un racista y enemigo de los indios. Expresó que Mitla era arquitectónicamente un espantajo, que dicha ciudad era cosa de salvajes. Que el arte y la ciencia venían de Grecia, de Roma, del cristianismo. Durante todo el siglo XIX tiene lugar una discusión amplia entre académicos quienes sostenían que el primitivismo era irreversible en estos pueblos y por lo cual no se podía reconocer a estas sociedades como cultas o avanzadas. Pero la verdad es que toda la política era racista, la confrontación era dura. Por cierto, Vasconcelos, que era de Oaxaca, de niño viajó con su familia a Nogales, Sonora, donde habían nombrado a su padre jefe de aduanas. A esa población la atacaban los apaches con frecuencia y describe a los apaches como lo peor, a los yaquis como escorias. Este es el ideólogo de la cultura. Pero frente a esto está Manuel Gamio, quien afirma que los indígenas son seres humanos con culturas distintas y con enormes valores. Gamio también confronta problemas profundos de dicotomía frente a los pueblos originarios de México. Él era hijo de españoles y su papá quería que fuera ingeniero metalúrgico, pero él se sale de la carrera y la familia lo castiga mandándolo a su hacienda, en Zongolica, Veracruz. Allí aprende algunas palabras de náhuatl con los peones de la finca y empieza a entender que el náhuatl es el idioma mexicano, el idioma mexica, es el que hablaban los habitantes de Tenochititlán.
En los años cincuenta yo agarré el tren ya caminando con toda la carga ideológica de la Revolución Mexicana, hoy tan denigrada por todas las fuerzas oscuras y conservadoras que están vivas y han tomado el poder nacional denostando la Revolución Mexicana. Precisamente la Revolución lo que hace es reconocer que los indígenas son seres humanos y a los cuales se les va a dar educación y se les va a proteger frente a todos los actos de discriminación e injusticia y a reconocerles las  tierras que tienen en posesión y a devolverles las que les han sido quitadas por medio del colonialismo. Zapata decía: son las tierras de mi pueblo, Chinameca, en Morelos y posteriormente él estaba peleando por todas las tierras de las comunidades indígenas y campesinas de México. Manuel Gamio es el primero que reconoce que Emiliano Zapata no era ningún bandolero, sino un luchador social.

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Patricio Robles Gil / 1985

Sí, la antropología en México data de la Revolución Mexicana. Hace 100 años, antes de que ésta iniciara, se daban unos cursos en el Museo Nacional de México, que estaba en la calle de Moneda. Allí se almacenaban todos los restos arqueológicos, lo que después se concentró en el Museo Nacional de Antropología. Manuel Gamio es el primer antropólogo titulado en México y luego viajó a la Universidad de Columbia a continuar sus estudios. Pero al mismo tiempo se confronta con los líderes del movimiento revolucionario que no quieren reconocer la presencia india en el campesinado, se compromete a estudiar a la otredad, a las otredades, de las sociedades originarias de México y él se pregunta el por qué de esa complejidad social y cómo afrontarla. Y Manuel Gamio es el primero que no llama bandolero o ladrón a Emiliano Zapata, antes de que lo mataran, y reconoce que pertenece a un movimiento originario de las sociedades agrarias, que son pueblos muy antiguos, prehispánicos. Y luego, aún muy joven, entre 1915 y 1920, escribe un libro que se llama Forjando patria. Era arqueólogo, descubrió el Templo Mayor, pero fue transitando al indigenismo y terminó como uno de los indigenistas más grandes de América Latina.
Antes de esto, durante el régimen de Porfirio Díaz, se publica la obra del etnógrafo noruego Carl Lumholtz, México desconocido. Este personaje entró por Nogales, Sonora y salió hasta Michoacán con los purépechas, en mula, con cámaras fotográficas, recorriendo la zona tarahumara, la tehuana, la huichola, la cora hasta llegar con los purépechas. Ese México desconocido nos enfrenta a los antropólogos. Cuando yo era estudiante me mandaron a prácticas de campo aquí, en Oaxaca. Fue alucinante descubrir las lenguas, las culturas, las maneras de ser, los usos y las costumbres. Tuve la suerte de tener un maestro que era el gran etnógrafo Roberto Weitlaner, austriaco de la vieja escuela de etnografía de Viena. Creo que todos los antropólogos de mi generación fuimos formados de manera excelente, siempre ligados al trabajo práctico.
-¿Cuándo la sistematización de la información antropológica en México comienza a surgir como un sistema académico?
-       Un poco antes de 1940, cuando se funda el Instituto Politécnico Nacional se crea la Escuela de Antropología dentro de esa institución. Recordemos que por esos años Alfonso Caso descubre Monte Albán. Todo el mundo reconocía que aquí hubo una gran civilización, los únicos que no lo reconocían eran los criollos y los mestizos. La época prehispánica estaba oculta, transfigurada con la iglesia católica, pero siempre presente. En Quinta Roo los mayas estaban en guerra contra el gobierno mexicano. En esa región hasta en 1907 pudo entrar el ejército. Todavía en 1920, cuando Eric Thompson estaba trabajando en Chichén Itzá como arqueólogo, los mayas de Quintana Roo le dicen que si quiere explorar los templos mayas antiguos será sólo a condición de que el gobierno norteamericano les dé armas para independizarse de México , y él, a tráves de la Smithsonian plantea la necesidad de estudios sociales para poder penetrar al territorio de Quinta Roo ya que tenía la intención en contacto con Robert Redfield, ya que los mayas alzados son peligrosos y tal vez con los estudios sociales se pueda reducir la confrontación. De esta manera Redfield busca al profesor rural Alfonso Villa Rojas, que habla maya y se va con él a las comunidades rebeldes, entre otras, Chan Santa Cruz, hoy Carillo Puerto. De esta manera Villa Rojas escribe una etnografía y se empieza a documentar el conflicto a principios de los años 30. Más tarde llegó el general Lázaro Cárdenas, quien como presiente de la república llega a pacificarlos y firmar un acuerdo de convivencia. Entonces podemos decir que en esos años se comienza a trabajar sistemáticamente con la población maya de la Península de Yucatán.
-       ¿Cuál es la relación entre antropología y literatura?
-       La antropología también es literatura, de cierta manera, porque relatas la vida de la gente. Por ejemplo, Francisco Rojas González es etnólogo y al mismo tiempo literato, quien escribe El diosero. Rosario Castellanos es literata pero finca su obra en su propia vida, ella relata la relación interétnica entre su familia y el mundo de los coletos de San Cristóbal las Casas y los habitantes de Comitán, tal es el caso de Balún Canán. Está también Ricardo Pozas, que fue mi maestro, con su famoso libro Juan Pérez Jolote, sobre la biografía de un líder indígena del pueblo de San Juan Chamula. También existe una relación fundamental entre antropología y arte, yo estoy tratando de escribir sobre esto: cómo influye lo indígena o lo multiétnico o multicultural en el arte. Allí están David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, el Doctor Atl, entre muchos otros. Allí se da la articulación entre lo prehispánico y lo moderno. Son los artistas, los intelectuales, los que van adquiriendo piezas arqueológicas, revalorando el arte antiguo. Muchos de ellos pertenecen a algunas de las etnias. Empieza una crítica desde adentro e influye en la literatura, en la plástica, en la música, con Carlos Chávez, José Pablo Moncayo, Silvestre Revueltas, etc. de la misma manera en la cinematografía, en la fotografía y en general en las artes visuales. También la sociología  dedica una gran parte de sus estudios al tema de las poblaciones indígenas o la etnobotánica, etc.
-¿Por qué no hay una escuela de antropología en Oaxaca?

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Antonio Vizcaino / 1993

-Eso tiene que ver con un posicionamiento del marxismo, que planteó lo referente a las sociedades precapitalistas. Sostenía esta corriente que lo que éstas tenían que hacer era integrarse al capitalismo y de esta manera al proletariado y dentro de la lucha de clases  resolver sus problemas. Esto quería decir que debíamos olvidarnos de las identidades étnicas, de las lenguas y todo lo relacionado a la tradición. En México Lucio Mendieta y Núñez, que era oaxaqueño, que era abogado y que fue ayudante de Manuel Gamio, se separa de él y funda el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Él sostiene, siendo mestizo y nativo de la ciudad de Oaxaca, que no somos indios, aquí no hay indios, somos ciudadanos mexicanos. Después funda la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales. Escribió varios libros y artículos en los que se refiere a la problemática indígena y este autor es un racista social o darwinista y todos sus trabajos se ven matizados por esta posición: “en las diferencias de raza y de cultura de la población mexicana, debe buscarse el origen de todos nuestros males sociales pretéritos y presentes y el escollo más serio que se presente para el futuro desarrollo de la patria”, afirmaba textualmente. Él estaba muy vinculado a José Vasconcelos, a esa línea que dicta: olvidémonos de los indios, que vengan los gringos a estudiarlos, nosotros vamos a acabar con todo eso, modernicemos al país. Y desde esa posición, desde mi punto de vista se proyecta en los años 70s el origen del Instituto de Investigaciones Sociológicas en Oaxaca. Las élites oaxaqueñas no querían reconocer la diversidad étnica, a lo cual se resisten aún, porque la mayor parte son de origen indígena. Se da una contradicción y confrontación interna, aunque hay una élite muy criolla, pero son minoría. Debemos ver que Oaxaca no tuvo el mismo sistema que Chiapas, aquí Juárez entró al gobierno, dejó de hablar la lengua indígena. Se fue para arriba y escaló los niveles más altos de la vida política. La idea era: nosotros somos nacionales, no somos locales. Esto en un contexto con 420 municipios que se rigen por el sistema de usos y costumbres. Sin embargo, no obstante esta polémica, se acaba de colocar la primera piedra para construir la Escuela de Antropología de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, donde se va a enseñar arqueología, lingüística, antropología física y antropología social.
Debemos recordar que Oaxaca está ligada a la fundación misma de la antropología como ciencia. Bronislaw Malinowski, el padre de la antropología inglesa, junto con Julio de la Fuente, realizó en 1940 un importante estudio: La economía de un sistema de mercados en México. Un ensayo de etnografía contemporánea y cambio social en un valle mexicano, que se publicó por primera vez en español en 1957. Recientemente se ha impreso una segunda edición, en 2005, por parte de la Universidad Iberoamericana. A esta obra nunca se le ha reconocido por su importancia para Oaxaca.
- Finalmente, en el reciente conflicto del 2006-2007, en uno de los múltiples grafitis que se pintaron en paredes y camiones, vi algo, a mi parecer muy significativo; decía: “Mueran los españoles”.  ¿Cuál es tu opinión de los cíclicos conflictos que se viven en Oaxaca?

- La descolonización de México no se ha realizado. Se afirma que la colonia terminó entre 1810 a 1821, que es cuando se declara la independencia. Pero la descolonización profunda y el reconocimiento de la “plebe”, de la “naquiza”, de los “pobres”, de los “totonacos”, de los “nacos”, etc., que son como 70 millones en este país, no se ha efectuado. El Instituto Nacional Indigenista trataba de buscar una vía pacífica, de construcción de una relación interétnica justa no violenta, pero no la hemos terminado de construir, cuesta mucho trabajo, no es que los indios, o la indiada no quieran, los que no quieren son los otros, la sociedad dominante, considero que es ese el meollo del problema. Una relación intercultural no es un invento antropológico. En una propuesta viable para la convivencia pacífica y creativa de nuestra sociedad nacional y de la humanidad en general.

 

Ciclo Literario.

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