Joseph Brodsky: Los destinos
abandonan la historia

Antonio Mestre-Domnar*


Reconocido como un extraordinario traductor desde la edad de diecinueve, veinte años por los maestros de la traducción en Rusia, Joseph Brodsky tenía sin embargo dos características que no le gustaban a muchos: los poemas que escribía eran líricos, no cantaban la gloria de la URSS sino la fatalidad humana, y era excesivamente seguro de sí mismo y de su poesía. A esa edad Brodsky ya había abandonado la escuela, y tenía trabajos eventuales, generalmente, aparte de los de la traducción, de mecánico. En una ocasión, una revista de Moscú le pidió unos poemas suyos. Cuando Brodsky les llamó para saber cómo iba la edición, le comunicaron que publicarían solamente una selección. Brodsky se molestó porque el poemario debía salir completo por su coherencia, y ante el rechazo, retiró los poemas y los insultó por teléfono desde Leningrado. Frecuentaba a Ajmátova y a la esposa de Mandelstam. Nadiezhda Mandelstam comentó en una ocasión a unos amigos que Brodsky tendría un gran destino. Cuando lo arrestaron por “parásito social y vagabundeo”, venganza de la nomenclatura literaria rusa ante el joven poeta irreverente, Anna Ajmátova comentó: “Estos tipos le están haciendo un hermoso destino a nuestro amigo”.
Joseph Brodsky nació en Leningrado en 1940 y murió en Nueva York en 1996. Fue arrestado en 1964 por la policía del régimen ruso, y condenado a cinco años de trabajos forzados, de los cuales cumplió solo uno gracias a la intervención de Jean-Paul Sartre. Liberado en 1966 fue expulsado de Rusia en 1972, y se instaló en Estados Unidos donde enseñó en la Universidad de Michigan. En 1987 le otorgaron el Premio Nobel de Literatura. Entre sus libros más importantes se encuentran Partes del mismo discurso, (1986) A Urania, (1992) y Así sucesivamente (1996).
Esta nota tiene la intención de presentar un fragmento del juicio de Brodsky recogido por la periodista Frida Abrámovna Vigdorova, el 18 de febrero de 1964, en Leningrado. Hasta ese momento sólo tenía escritos unos cuarenta a  cincuenta poemas inéditos, y algunas lecturas públicas, aunque sus versos eran populares entre los jóvenes de Leningrado, no era conocido en el extranjero, y sólo tenía una buena reputación de traductor de poemas.También se encontrará al final una traducción del inglés de uno de los poemas de su libro Una parte del discurso.

 

Juicio a un poeta

Juez  Savelieva¿Cuál es su profesión?
Brodsky -Escribo poemas. Hago traducciones. Yo supongo…
Juez -¡No está aquí para hacer suposiciones! ¡Mire al tribunal! ¡Responda como es debido a la corte! ¿Tiene usted un trabajo regular?
Brodsky - Yo pensaba que se trataba de un trabajo regular.
Juez  - ¡Responda a la pregunta !

Fotografía
Taryn Simon / La Jaula

Brodsky - Escribo poemas. Yo pensé que serían publicados. Yo supongo…
Juez - ¡No nos interesan sus suposiciones! ¡Responda a la pregunta! ¿Por qué no trabaja usted?
Brodsky - Yo trabajaba. Escribía poemas.
Juez - Eso no nos interesa. Lo que queremos saber es con qué institución estaba usted en contacto.
Brodsky -Tenía contratos con una casa editorial.
Juez - ¿Y tenía usted suficientes recursos para vivir? ¿Cuáles? ¿En qué fechas? ¿Qué cantidades? Precise.
Brodsky - No me acuerdo exactamente. Todo está con mi abogado.
Juez - Es a usted que le pregunto.
Brodsky - Dos libros con traducciones mías aparecieron en Moscú.
Juez - ¿Cuál es su experiencia profesional y cuanto tiempo duró?
Brodsky - Alrededor de…
Juez - Nada de «alrededor de». Eso no es una respuesta.
Brodsky - Cinco años.
Juez - ¿Dónde trabajó usted?
Brodsky - En una fábrica, y con un equipo de geólogos.
Juez - ¿Cuánto tiempo trabajó usted en la fábrica?
Brodsky - Un año.
Juez - ¿En calidad de qué?
Brodsky - De fresador.
Juez - De manera general, ¿cuál es su especialidad?
Brodsky - Soy poeta. Poeta-traductor.
Juez - ¿Quién ha decidido que usted era poeta? ¿Quién lo ha clasificado entre los poetas?
Brodsky -Nadie. ¿Y quién me ha clasificado entre el género humano?
Juez - ¿Ha usted estudiado para este fin?
Brodsky - ¿Cuál fin?
Juez - Para ser poeta. Usted no ha tratado de hacer estudios superiores para prepararse…para aprender…
Brodsky - Yo no pensaba que eso podía aprenderse.
Juez - ¿Cómo ser poeta entonces?
Brodsky - Yo pienso que… es un regalo de Dios.
Juez - Ciudadano Brodsky, desde 1956 usted ha cambiado trece veces de empleo. Trabajó un año en una fábrica, después dejó de trabajar durante seis meses. El verano siguiente participó en una expedición geológica, después estuvo cuatro meses sin trabajar. Explique a la corte por qué, durante esos lapsos de tiempo vivió usted como un parásito.
Brodsky - Durante esos lapsos de tiempo yo trabajaba. Me ocupaba de lo que me ocupo siempre: escribía poemas.
Juez - ¿Entonces usted escribía sus supuestos poemas? ¿Cuál era la utilidad de esos cambios frecuentes de trabajo?
Brodsky - Comencé a trabajar a los quince años. Todo me interesaba. Yo cambiaba de trabajo porque yo quería conocer muchas cosas y a mucha gente.
Juez - ¿Hizo usted algo de utilidad para la patria?
Brodsky Escribí poemas. Es mi trabajo. Estoy convencido… Creo verdaderamente que lo que escribí beneficiará no solamente a los hombres de hoy, sino a las generaciones venideras.

Fotografía
Bruce Davidson

Una voz en el público: -Vaya! ¡Se toma por cualquier cosa!
Otra voz: - Es un poeta, es normal que piense así.
Juez - ¿Así que usted considera que sus supuestos poemas son útiles a los hombres?
Brodsky - ¿Por qué califica usted siempre mis poemas como “supuestos” poemas?
Juez - Le llamamos supuestos poemas porque no podemos considerarlos de otra manera.
Sorokine (procurador general) -Usted nos dijo que estaba ávido de saber. ¿Por qué no tuvo deseos de hacer su servicio militar?
Brodsky - No responderé a semejantes preguntas.
Juez - ¡Responda!
Brodsky - Fui exentado. Mi “deseo” no tiene nada que ver. Fui simplemente liberado. No es la misma cosa. La primera vez a causa de la enfermedad de mi padre, la segunda a causa de la mía.
Sorokine - ¿Es posible vivir con lo que usted ganaba?
Brodsky - Es posible. En la prisión me piden todos los días firmar para que yo reconozca que yo le cuesto cuarenta rublos a la administración. Yo ganaba más de cuarenta rublos por día.
Sorokine - Pero le era necesario vestirse, calzarse…
Brodsky - Tengo un traje. Es viejo pero tengo uno. Con eso me basta.
La defensa - ¿Los especialistas apreciaban sus poemas?
Brodsky - Sí. Tchoukovski y Marchak han hecho grandes elogios de mis traducciones. Más de las que meritaba.
La defensa - ¿Estaba usted en contacto con la sección de traductores de la Unión de Escritores?
Brodsky - Sí. Participé en la revista Primera vez en lengua rusa, e hice lecturas de mis traducciones del polaco.
Juez - Usted debe interrogarlo sobre lo que ha hecho de útil, y le hace preguntas sobre las  lecturas de sus traducciones.
La defensa - Sus traducciones representan justamente un trabajo útil.
Juez - Explique más bien a la corte por qué usted no hacía nada entre dos empleos.
Brodsky - Yo trabajaba. Escribía poemas.
Juez - ¿En qué le puede impedir eso que usted trabaje realmente?
Brodsky - Yo trabajaba. Escribía poemas.
Juez - Hay mucha gente que trabaja en la fábrica y que escribe al mismo tiempo poemas. ¿Qué es lo que le impedía hacer lo mismo?
Brodsky - No todos somos iguales, incluso en el color de los ojos o en la expresión de la cara.
Juez - No es usted el que descubrió eso. Todo el mundo lo sabe. Haría mejor en explicarnos el valor de su participación en nuestra gran marcha progresiva hacia el comunismo.
Brodsky - No se construye el comunismo maniobrando únicamente máquinas o cultivando la tierra. Es también el trabajo intelectual que…
Juez - ¡Basta de grandes frases! Díganos más bien sobre qué bases pretende usted construir su futuro profesional.

Brodsky - Yo pensaba escribir poemas y hacer traducciones. Pero si es contrario a cualquier norma generalmente admitida, tomaré un empleo y escribiré de todas maneras poemas.

 

 

Ciclo Literario.

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