Mahatma Gandhi:
Mi vida es mi mensaje

Juan Antonio Canseco Vásquez


El 2 de octubre se cumplieron 138 años del nacimiento de Mahatma Gandhi (nació en 1869 en la ciudad costera de Porbandar, India). Es la fecha que él mismo consigna en su autobiografía, que empezó a escribir en 1925 y fue publicada en dos partes, la primera en 1927 y la segunda en 1929. La lectura de su vida es cada vez más necesaria en un mundo donde a la par de la riqueza (para pocos), y la pobreza (para los más), han crecido la intolerancia y el egoísmo; es así que en la sencillez de su escritura podemos percibir la fuerza que emerge de su pensamiento y activismo, convirtiéndolo en un líder espiritual de nuestro tiempo, un humanista cuyo ejemplo de amor a la paz y la verdad se ha vuelto imprescindible.

 

Escritos sobre Dios, la verdad y la no violencia
John  Dear
Sal Terrea,  Maliaño, España, 2003

Poco antes de ser asesinado, pidieron a Mahatma Gandhi que resumiera su mensaje para el mundo: “Mi vida es mi mensaje”, fue su respuesta. En su obra sobre Gandhi, el sacerdote John Dear intenta develarnos el legado del pacifista, a través de una narración ágil de algunos de los eventos y anécdotas  más significativos en la vida de este maestro espiritual y líder político, que trasformó al mundo  con  la no violencia.
Para la realización de este libro su autor hizo una extensa revisión bibliográfica que incluye más de 43 mil páginas de cartas, discursos, ensayos, telegramas, artículos y libros de Gandhi.  Dear logra equilibrar su trabajo cubriendo no sólo aspectos biográficos, sino discusiones sobre temas fundamentales en la filosofía de este singular líder social,  como la búsqueda de Dios, la búsqueda de la Verdad, la práctica de la no violencia,  la fuerza de la oración y el ayuno, entre otros temas.
Nace Gandhi en el sur de la India.  Contrae nupcias a la edad de 13 años en un matrimonio arreglado y unos años después se traslada a Londres para estudiar Derecho, profesión que junto con el periodismo  convergería en sus luchas sociales a lo largo de su vida hasta su trágico asesinato  por un fanático hindú el 30 de enero de 1948.

Fotografía
Mahatma Gandhi

Pero, ¿quién fue este gran hombre que conmocionó al mundo entero con la práctica moderna de la no violencia como un método práctico y efectivo de justicia social?  El sacerdote jesuita intenta en este libro respondernos la pregunta, y además va un poco más lejos, pues logra actualizar y redimensionar la urgente necesidad de la no violencia  como el único camino hacia la verdad.
El legado de Gandhi -nos dice el autor-, incluye la lucha contra el  racismo en Sudáfrica, el movimiento de la independencia en la India y un camino pionero de diálogo interreligioso, pero también incluye la primera aplicación generalizada  del satyagraha que en sánscrito significa “fuerza de la verdad”  como la herramienta más poderosa para luchar por el cambio social positivo.
Una de las anécdotas más importantes que ilustra la filosofía  que el apóstol de la no violencia nos trasmitió con su vida, y que sería su experiencia mas significativa según sus propias palabras,  tiene lugar  en los primeros días del arribo de Gandhi en Sudáfrica: al disponerse a tomar un asiento de primera clase en un tren, un revisor de boletos lo mandó al vagón de tercera clase por su color de piel. Al  oponerse a tal petición por considerarla totalmente injusta, Gandhi fue expulsado violentamente del tren, siendo abandonado de noche en un fría estación alpina en pleno invierno. La no violencia activa había nacido.
Dear plantea tres conceptos centrales en la vida y obra de uno de los hombres más célebres del siglo XX: Dios, la Verdad  y la no violencia. Nos dice que en su búsqueda de Dios, Gandhi llegó a la conclusión no de que Dios es la Verdad, sino que la Verdad es Dios. Con esta comprensión espiritual, se dedicó a buscarla en todas las facetas de su vida y en el mundo, entendiendo que el único camino era el de la no violencia.
La genialidad de Gandhi  estuvo no sólo en su búsqueda espiritual de Dios como la Verdad, -nos dice Dear- sino en su aplicación social y política, y así lo demuestran la luchas  que encabezó y que desafiaron radicalmente al  sistema  de su tiempo, como la igualdad racial en Sudáfrica, la lucha por la independencia de la India, la abolición de prácticas religiosas milenarias excluyentes  como la de la casta social más baja o de los  “intocables” en el hinduismo, o la lucha por el desarme nuclear.
La no violencia, o satyagraha  se constituyó  en la única fuerza de liberación en la lucha Gandhiana. Sin embargo, el autor nos ayuda a desmitificar la idea de que la no violencia es una forma inofensiva de compasión, de cobardía o sometimiento; nada más lejos: “Quienes se ponen a temblar o salen corriendo en el momento en que ven a dos personas peleándose –nos dice Gandhi-, no son no violentos, son cobardes. La personas no violentas ofrecerán su vida para impedir tales peleas”.
La no violencia, que no es resistencia pasiva, se revela entonces como  un método que además de exigir determinación, valor, coraje y estrategia,  no está exento de sufrimiento y sacrificio voluntario, y la prueba de ello son los seis años de encarcelamientos que Gandhi padeció, sus ayunos casi hasta la muerte, y, en general sus propuestas de la no colaboración con el opresor y la desobediencia civil.
Gandhi, nos dice Dear, llegó a la asombrosa conclusión de que el verdadero camino a la felicidad consiste en ir a la cárcel y padecer en ella torturas y privaciones por el bien propio, del  país o la religión;  que el verdadero interés personal consiste en el bien de todos, lo cual significa que tenemos que sufrir y morir por  otros.  Así mismo que someterse a  leyes injustas es un pecado, y  que la no colaboración con el mal es un deber tan importante como la colaboración con el bien.
El satyagraha plantea que, si hay un suficiente número de hombres y  mujeres que están dispuestos sin ningún rastro de violencia a luchar contra los explotadores, los tiranos y los dictadores, a entregar sus vidas antes que doblar las rodillas, habrán mostrado el camino hacia la libertad, la justicia y el fin de la  violencia como método de lucha: “vencer o morir sin matar ni hacer daño”
En ese sentido, Gandhi considera que si todas las personas hicieran  un voto de resistencia no violenta a leyes injustas y permanecieran fieles a su promesa y a Dios, aunque fueran arrestadas, encarceladas, torturadas y asesinadas, al final ganarían la batalla.
En conclusión, en este libro podemos conocer la historia de un santo entregado a la lucha política y de un revolucionario entregado a la espiritualidad y a la oración. Además, los fundamentos de la no violencia, que se plantea como la única vía de transformación radical de la sociedad -“los medios son el fin”-, sin matar ni dañar a nadie, al mismo tiempo se revela como la fuerza más poderosa del mundo y el camino más humano en la búsqueda por la justicia, la paz y la verdad.

Como homenaje a su nacimiento, seleccionamos de la autobiografía de Mahatma Gandhi (Autobiografía. Mahatma Gandhi. La historia de mis experimentos con la verdad. Editorial Solar. Bogotá, Colombia, 2006), algunos conceptos suyos para completar esta reseña.

Palabra y silencio

He contraído el hábito de restringir mis pensamientos. Rara vez se escapa una palabra de mi pluma o mi boca que no haya sido meditada. No recuerdo que jamás me haya tenido que arrepentir de algo dicho o escrito por mí. La experiencia me ha enseñado que el silencio es parte de
la disciplina espiritual de un cultor de la verdad. La tendencia a exagerar, a suprimir o modificar la verdad, sea voluntaria o involuntariamente, es una debilidad natural en el hombre, por eso es necesario el silencio, para superar ese defecto.

El abogado

La verdadera función de un abogado es unir a las partes en desacuerdo. Esta lección quedó tan firmemente impresa en mi espíritu que durante los veinte años de ejercicio de la profesión, casi todo mi tiempo estuvo ocupado en lograr, para cientos de casos, el acuerdo privado. Con lo cual yo no perdía nada, ni siquiera dinero, y mucho menos mi alma.

La voz interior

Había aprendido a dejarme guiar por mi voz interior. Me encantaba someterme a ella. Actuar contra mi voz interior, hubiera sido difícil y doloroso para mí.

El servidor público

No se puede cobrar nada por cumplir una tarea para el bien público. No debo aceptar ningún salario por trabajos en beneficio de la comunidad. Ya es suficiente que estéis todos conformes en confiarme vuestras cuestiones jurídicas. Si un corazón sincero abriga deseos puros, siempre los ve satisfechos. Por mi propia experiencia he visto cumplirse numerosas veces este axioma. Servir a los pobres ha sido siempre el deseo de mi corazón y siempre me he hallado entre los pobres, pudiendo identificarme con ellos.

El dinero

Había aprendido que jamás debe tenerse más dinero que el necesario. La minuciosa contabilidad es una conditio sine qua non para cualquier organización. Sin ello se desprestigia fácilmente. Sin unos libros claros, es imposible defender la verdad en toda su prístina pureza.

La Enfermedad

Cuidar a los enfermos no tiene ningún sentido, a menos que uno experimente una auténtica satisfacción en prestar ese servicio. Cuando se hace por exhibicionismo o por temor a la opinión pública, empequeñece a los hombres y aplasta su espíritu. El servicio que se presta sin alegría de servir, no es útil, ni al que sirve, ni al que lo recibe. Todos los demás placeres y satisfacciones palidecen y se convierten en nada ante el servicio abnegado que se presta.

 

 

 

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo65octubre2007/mahatma.html