Walter John de la Mare

Traducción: David Horacio Colmenares


Poeta, cuentista, ensayista, dramaturgo y novelista inglés, Walter John de la Mare (1873-1956) es considerado un gran escritor del siglo XX. Su primer libro, Canciones de la infancia, fue publicado en 1902  bajo el seudónimo de Walter Ramal. El autor trabajó en una compañía petrolera y fue hasta que recibió una pensión, en 1908, que se concentró totalmente en su obra.
De la Mare fue muy popular por sus libros infantiles y escribió algunos refinados cuentos de terror psicológico, en los cuales se aprecia la perfección de su estilo y su gran fuerza evocadora de lo fantasmal. Algunos ejemplos lo constituyen La tía de Seaton y De las profundidades. Con su novela Memorias de una enana (1921), obtuvo el premio de ficción James Tait Black Memorial. En 1953 recibió la Order of Merit británica. El cuentista de horror H. P. Lovecraft, en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura afirmó de él:
“Era un poeta cuyos versos fantasmales y exquisita prosa están sellados con las huellas de una misteriosa visión que cala hondamente en las esferas veladas de la belleza y las tremendas y escondidas dimensiones del ser humano”.
Fue autor de una celebrada antología de poesía, en su mayor parte infantil: Ven aquí (1923), donde incluye a los más importantes poetas y escritores ingleses del momento. Su concepto de la imaginación era particular: consideraba que existían dos aspectos de la misma en el ser humano: la propia de los niños y la de los jóvenes. Era en el límite de ambas donde habían vivido Shakespeare, Dante y otros grandes poetas de la historia.

John de la Mare ha sido traducido al castellano hasta fechas recientes. Entre sus libros de poesía se encuentran: Los oyentes y otros poemas (1912) y ¡Oh, encantadora Inglaterra! (1953). Escribió además el largo y visionario poema El viajero (1946) y las novelas Henry Brocken (1904), El regreso (1910) y La orgía: un idilio (1949).

 

El invierno de Brueghel

Cumbres dentadas, verdes cielos de hielo
un muro en el monte, la escena fría debajo.
Iglesias, granjas, setos sin hojas y el mar
se dejan ver en el frío sosiego,
donde figuras negras juegan bolos, patinan,
se deslizan en campos inundados.
A la izquierda, una taberna gótica, una braza;
campesinos; un niño que observa, y allá,
mudos y sordos —bajo árboles desnudos
enfilados en apretada perspectiva—
van cazadores en tropel, funestas lanzas oblicuas.
Los perros husmean sus pasos en la nieve;
y cual flecha, delgado, sesgando el aire
un cuervo se abate en el espacio.

Ni la llama, ni el hielo, ni la roca aguda,
Ni el silencio, como de mar helado,
Ni la línea infinita inclinada hacia adentro
del letrero, pájaro, colina y árbol
Dan sino indicios sutiles de aquel
Que derrochó aquí el misterio de la vida

Fotografía
Edouard Boubat / 1964

 

 

Ciclo Literario.

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