Lo gótico y el erotismo larvado

José Luis Martínez Suárez


La realidad envenenada
Lorenzo León
Editorial Almadía
2007

La literatura gótica es un género literario relacionado estrechamente con el de terror e incluido en éste a tal grado que resulta difícil diferenciar uno del otro; incluso se duda que exista el género terror sino hasta la aparición del terror gótico. La narrativa gótica prolifera entre 1765 y 1820, con imágenes estereotipadas: cementerios, páramos, castillos tenebrosos y misteriosos, agresores infernales, hombres lobo, vampiros, doppelgänger (dobles personalidades), etc. La obra fundadora del gótico es Elcastillo de Otranto, de Horace Walpole (1765). Otras obras claves de esta corriente son Los misterios de Udolfo(1794), de Ann Radcliffe, El monje, de Matthew Lewis, publicada en 1796. Sin embargo, obras del pleno siglo XIX como Frankenstein, El corazón delator, El horla, Otra vuelta de tuerca, entre otras, puede decirse que superan el terror gótico, en tanto no existen en ellas aullidos espectrales ni tormentas pavorosas, ni ocurren en castillos ruinosos o monasterios medievales; por tanto pueden considerarse ya como obras representativas del terror que se desarrolla contemporáneamente.

Fotografía
J.K. Potter / Trabajo privado inspirado por los disturbios rurales de los habitantes de la historia de H.P. Lovercraft en La Sombra sobre
Innsmouth/1994

El siglo XX, en su segunda mitad, cuenta con figuras como Stephen King, Ramsey Campbell y Clive Barker, autores de gran número de bestsellers, algunos de los cuales han sido adaptados con éxito al cine. En los últimos años, la producción de este género se ha trasladado, en gran parte, desde el campo de la literatura al de la cinematografía, la historieta, la televisión y los video-juegos, dando origen a un nuevo subgénero de terror, el gore, caracterizado por un exagerado recurso a las escenas sangrientas, a la carnicería barata.
En México no hay muchos autores de cuentos de terror. No hay que olvidar que el reto fundamental para los creadores contemporáneos en tal género es, concretamente, encontrar nuevas fuentes, nuevos yacimientos del horror. Lorenzo León ha expresado que el horror no desaparecerá de la literatura porque se  trata de un género clásico y porque el miedo siempre será muy atractivo para el ser humano. Y se encarga de ilustrar con sus cuentos la afirmación de que en nuestro tiempo la realidad actual aporta abundantes situaciones terroríficas.

Motivado por este planteamiento Lorenzo León ha puesto a circular su libro de cuentos titulado La realidad envenenada o de la arquitectura del horror, cobijado por el sello de Editorial Almadía; el volumen está integrado por dos títulos anteriores: Los hijos de las cosas (Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1985) y La realidad envenenada (publicado en 1986).
La realidad envenenada reúne cuentos de terror o fantásticos mientras que Los hijos de las cosas presenta temas más realistas, aunque también con matices de lo fantástico. El autor al respecto comenta ''son obras que mantienen su frescura y que fueron escritos con pasión y desenfado, pero al mismo tiempo con rigor, porque el cuento es un género clásico, con una identidad nítida". Son cuentos despreocupados por la floritura o el efecto del lenguaje, están fundados en la gana de contar una historia, y esa historia tiene la fuerza suficiente para poder significar.

Lorenzo León actualiza ideas que parecen sugeridas por Lovecraft, cuyo horror viene de lo exterior, de los planetas, o de lo interior, de las grutas, los subterráneos. Lorenzo actualiza tal horror deteniéndose en aspectos, como el horror ante lo fisiológico, la enfermedad, la corrupción, la decadencia ecológica o la contaminación industrial, demostrando que el horror no es lo ajeno a lo humano, sino lo humano, el horror está en lo humano.
Se ha dicho que el cuento es un género que debe trascender sus limitaciones materiales, es decir, que cuando terminemos de leerlo, el cuento siga en nuestra cabeza, rondando posibilidades. Esa capacidad de sugerencia que caracteriza a la literatura la advierto en los cuentos de Lorenzo León, principalmente en aquellos que hacen del concepto ‘metamorfosis’ su eje narrativo.

Metamorfosis indica alteración, es el proceso mediante el cual un objeto o entidad cambia de forma y, en las narraciones de León, el proceso deja al lector expuesto a horrores atisbados o plenamente comprobados. Por ejemplo, en “La realidad envenenada”, cuento que da nombre al volumen, la metamorfosis es precisamente el momento de fuga de un aspecto cotidiano que se convierte en improbable, un espejo transformado en una invitación a un tránsito desconocido:

“Tenía razón Fidencia. La advertencia salió de su boca para tocar la realidad y transformarla en un sortilegio. Me había dicho, fijando en mi sus cejas pobladísimas: “No acerque a su hijo al espejo. A los niños los encanta. Si lo deja se puede perder, se puede ir”. (“La realidad envenenada” p.8).

O Manuel, el protagonista del cuento titulado “Isis”, quien:
Mudo de terror talló un cerillo contra la caja y los objetos de la pieza aparecieron temblando en el final preciso de un movimiento fugaz. En el momento que se desvanecía la pavesa en sus dedos, a un lado de la repisa del tabaco, vio la perfección escultórica de unas nalgas frescas como la luz y cuando el lechosos espectro vagaba a su alrededor escuchó un sonido articulado: el lamento felino engendraba el vocablo de su nombre (“Isis” p. 6)

También existe la propuesta de la transformación atroz desde el interior mismo de los individuos, como ocurre en el cuento titulado “Las madres”, donde unos niños pepenadores albergarán una forma siniestra en sus intestinos tras devorar una nueva fruta prohibida producto de la polución ambiental:
El pequeño de mirada ávida y gestos abiertos  vio levantarse a sus orillas el árbol del que ahora nadie quiere saber nada. Todos los que se enteraron de esa sorda tragedia niegan la existencia del vegetal. (“Las madres” p.15)

El mal, que larva metamorfosis, atisba desde lugares aparentemente inocuos, como la atarjea de un lavabo:
Cierra la llave y el agua se ahoga en el fondo de la caverna metálica, en cuya garganta oscura nace un ojo luminoso, una intensa pupila que la mira” (“El bebé II” p.19)

O la metamorfosis ocurre lenta y bestial ante el ejercicio de una actividad cotidiana como sucede en el cuento titulado “Masaje”:
La desesperación me atacó y pretexté un viaje al tenerla la última vez tendida sobre la mesa, vibrando como un pulpo fuera del agua, pero su mirada (ésa también, ¡Oh Dios!, que se transformaba) me exigió con una luz demoníaca la introducción de mis manos en su algodonosa peste porque fue subiendo un asqueroso olor de aquella ciénaga humana que se derramaba de la mesa y mis manos no lograban contener” (“Masaje” p.24).

Para León Diez, el tiempo del relato debe de ocurrir a gran velocidad: ''Es como las películas que se hacen a altísima velocidad para que podamos verlas lentamente. Mi experiencia con la técnica del cuento es narrar a gran velocidad para que el lector pueda ver, en cámara lenta, tres o cuatro momentos de una circunstancia."

Lorenzo León logra en sus narraciones esa afirmación que acabo de citar; en sus relatos el lector encontrará un erotismo, a veces larvado, un amor por lo decadente y lo ruinoso, depresiones profundas, angustia, soledad, amores enfermizos; todo ello y más aparecen en estos textos vinculados con lo oculto y lo sobrenatural y deparan una propuesta de lectura de la realidad desde la perspectiva de lo gótico cuya novedad y alcances dejará satisfecho a quien gusta del claroscuro desasosegante del terror.

 

 

Ciclo Literario.

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